PRIMERA PARTE
Henry se quedó mirando el conjunto que había abajo, ocultándose entre las sombras de la entreplanta. Guerreros de todo tipo firmemente colocados, golpeando sus armaduras, sonando de forma estridente, una gran pila de reluciente metal. Ellos eran los mejores soldados del Reino de Harten; la guardia personal del Gran Rey. Había sido creada hacía casi veinte años por el general Choi Siwon, el mejor espadachín que jamás ha existido y el famoso amante del Gran Rey, muerto hacía seis años.
Soldados. Henry odiaba hasta el último de ellos. El reino era algo más que soldados, pero incluso los dioses no serían capaces de dejar eso en claro a los hombres de abajo. Inquieto se colocó los plateados puños de su larga chaqueta, recordando lo complacido que estaba de la selección de su nuevo vestuario. Sabía que tenía buena
pinta. El intenso color azul hacía juego con sus ojos, el delicado estampado de la chaqueta era un guiño al escudo real. Su pelo no era de un color especialmente notable, pero estaba bien cuidado y la longitud mostraba su riqueza y estatus. Se complementaba con la cruda apariencia del Gran Rey. De hecho, él se había esforzado enormemente para garantizarlo. Podía no ser capaz de sostener una espada, pero podía ganar cualquier pleito en los tribunales como nadie.
pinta. El intenso color azul hacía juego con sus ojos, el delicado estampado de la chaqueta era un guiño al escudo real. Su pelo no era de un color especialmente notable, pero estaba bien cuidado y la longitud mostraba su riqueza y estatus. Se complementaba con la cruda apariencia del Gran Rey. De hecho, él se había esforzado enormemente para garantizarlo. Podía no ser capaz de sostener una espada, pero podía ganar cualquier pleito en los tribunales como nadie.
No es que sus habilidades parecieran importarle a nadie. No, el Gran Rey había hecho esa humillante declaración cuando vio a Henry tan frágil. Todavía podía oír la risa de la corte, y sus mejillas volvieron a arder de vergüenza.
Ridiculizado en la corte, desechado como un niño, rechazado a causa de su incapacidad -no es que su Majestad se hubiera molestado en aprender las habilidades de las personas- lo único que importaba era sólo si podía sostener una espada. Henry no sabía qué hacer, la idea de volver a casa le revolvió el estómago. Sus padres se habían gastado una fortuna incalculable en su educación, pero las únicas habilidades que poseía nadie más podría ofrecérselas al Gran Rey.
¿Cómo se suponía que iba a decirles que no deberían haberse molestado, que sólo deberían haber enviado a uno de sus hermanos mejor formados con la espada en su lugar? Toda su vida había hecho lo que se le decía porque sabía que todo tendría su recompensa, que sus habilidades serían de gran utilidad dondequiera que fuera.
En su lugar, se habían reído de él en la corte. Si regresaba a casa, la decepción le rompería el corazón a su madre y devastaría a su padre. Sus hermanos se reirían con aire de suficiencia y lo arrastrarían al patio para castigarlo. Sólo pensar en ello hizo que las cicatrices de su espalda dolieran. ¿Qué se suponía que debía hacer un pretendiente rechazado? Tendría que marcharse y seguir adelante. Henry buscó al hombre que le había rechazado fríamente, odiándole por la forma en que lo hizo, incluso cuando la humillación le revolvía el estómago y la rabia le hizo apretar sus manos en puños, su pecho le dolía con una estéril ansia.
El Gran Rey Hangeng era, maldito sea, lo suficientemente deseable como para enviar a un feliz sacerdote a los infiernos. Alto, fuerte, de pelo marrón retocado con un severo y sonrojado rostro, marcado en la mejilla y en la frente. Sus ojos eran de uno verde musgo, cálidos y brillantes cuando era feliz.
Cuando él no era feliz, se oscurecían y perdían toda calidez. Henry ahogó un suspiro mientras Hangeng se rio de algo que el hombre le dijo, dándole una palmada en su hombro. No sabía muy bien qué esperar de él, sólo esperaba que lo encontrara lo suficientemente atractivo
como para no defraudarle en esa parte de su matrimonio. Henry era muy consciente, observando a sus familiares y su hermano mayor, que una cama fría destruía un matrimonio rápidamente.
como para no defraudarle en esa parte de su matrimonio. Henry era muy consciente, observando a sus familiares y su hermano mayor, que una cama fría destruía un matrimonio rápidamente.
Al encontrarse con Hangeng, Henry se había dado cuenta que mantener su cama cálida no sería un problema. Lejos de ello. Él sólo tenía que encontrar la manera de conseguir que le invitara a entrar en ella. Pero ese punzante rechazo aún le ponía enfermo y ninguna de sus fluidas habilidades superaba la falta de callos en sus manos.
Al infierno con los malditos soldados. Henry se apartó de la fiesta y emprendió su camino a través de los pasillos del palacio, desesperado por escapar, deseando estar en casa, donde al menos sus padres y el consejo entendían sus capacidades.
No estaba seguro de qué pensar sobre el gran rey que lo había expulsado antes de conocer las capacidades de Henry. Bueno, lo que fuera, iba a ser algo mejor. Tenía que hacerlo, porque volver a casa no era una opción. Henry vaciló al llegar a la entrada, sabiendo que debía volver. Aunque fue humillado la noche anterior, no había sido expulsado del palacio, sólo de la corte. El Gran Rey iba a mantener al menos el protocolo.
Un grupo de soldados pasó junto a él, mirando, murmurando cuando pensaban que no podían oírle. Estimulado por sus jocosos comentarios, él continuó su camino fuera del palacio. El viento arreció mientras cruzaba el patio y distraídamente deseó haber traído un abrigo o algo así. Pero no era como si él fuera a permanecer fuera mucho tiempo. Dio un paseo, tratando de aclarar su mente y de encontrar una manera de mostrar al Soberano que sería un buen consorte. Tal vez golpeándole con un objeto
pesado sobre su arrogante y terca cabeza podría 10
solucionar el problema.
Cruzando el puente levadizo, caminó por la fuerte pendiente hacia la bulliciosa ciudad. La gente deambulaba por todas partes, los olores y las multitudes le recordaron brevemente los mercados de su ciudad. Al ser un reino fronterizo, Gaulden, su tierra natal había sido un lugar ideal para la formación de eruditos, era el término popular para un maestro del lenguaje. Cualquier persona que pudiera hablar con fluidez al menos tres idiomas era considerada una lengua de plata.
Una ciudad fronteriza de gran tamaño como en la que había crecido era el lugar perfecto para practicar los idiomas que sus tutores le habían enseñado. Sus hermanos siempre habían estado muy celosos de que visitara la ciudad con tanta libertad, mientras que ellos estaban atrapados en los patios de entrenamiento. Ellos nunca habían escuchado cuando él les había dicho que era todo por la enseñanza. Vagó por la ciudad sin rumbo fijo, deteniéndose delante de los mostradores de un par de puestos para admirar sus mercancías. Un puesto de venta de libros le atrajo, ya que era muy raro ver costosos libros en un puesto del mercado. Inclinándose sobre los libros, comenzó a mirar entre ellos. Le llevó sólo un momento ver por qué habían sido relegados a un puesto barato; estaban en mal estado, rotos y deteriorados, algunos les faltaban páginas o las cubiertas. Pero la variedad era interesante, al menos una docena de idiomas estaban allí expuestos, con un mezcla de cuentos populares, historias, e incluso unos pocos diccionarios raros. Faltasen páginas o no, eran valiosos.
Seleccionando tantos como podía llevar comodamente, Henry hizo una seña al aburrido vendedor que lo miraba y empezó a regatear. Se alejó con una sonrisa varios minutos más tarde, y ocho libros bien ordenados en una canasta que otro vendedor había tenido la amabilidad de darle. Henry se mantuvo errante, deteniéndose a comprar un pastel y más tarde una copa de vino, feliz de evitar sus pensamientos negativos por un tiempo.
El sonido de una discusión lo detuvo, sobre todo porque sonaba como cuatro hombres discutían acaloradamente en tres idiomas diferentes. Mirando a su alrededor, Henry finalmente los divisó agrupados en un tanque de agua en las afueras de un taller. Él lo habría dejado pasar, curiosidad aparte, si no fuera por el hecho de que uno de los hombres estaba vestido con una armadura de cuero negro y llevaba una venda en la manga con el símbolo de un dragón de tres cabezas.
En general, el Gran Rey utilizaba su ejército habitual y los de los distintos reinos bajo sus órdenes. Sin embargo, era un secreto a voces, que él empleaba pequeñas bandas de mercenarios para hacerse cargo de los asuntos más turbios. Los dragones de tres cabezas, eran los más famosos y dispuestos de los ejércitos mercenarios, el único abiertamente alabado por el Gran Soberano. Henry pensó que era más que un poco extraño que no tuvieran a un erudito para la traducción de dichas cuestiones. Escucharles, era bastante enredado. El mercenario hablaba Outland, el tendero hablaba Tricemore, y los otros dos hombres se hablaban con claridad el uno al otro en un vulgar Selemean.
Sacudiendo la cabeza, Henry se acercó a ellos y, después de observar el rango del mercenario, dijo: -
Saludos, capitán. ¿Puedo servirle?
Los cuatro hombres se detuvieron, lo miraron, señalando fijamente sus finas ropas. Por último, el capitán preguntó: -pero, ¿quién diablos es usted?
-Un traductor, nuevo al servicio del Gran Rey. Estaba fuera familiarizándome con la ciudad. Puedo traducir directamente para usted, si está dispuesto a desechar a los otros dos.
-Demuéstralo -respondió el capitán.
Dibujando una media reverencia, Henry se volvió a los dos hombres y dijo en Selemean, -Pueden proseguir su camino, caballeros. Hablo Outland y Tricemore con fluidez y puedo manejar mejor la traducción. -Él le entregó a cada uno media moneda, y se retiraron casi tan pronto como cogieron las monedas. Conteniendo su diversión, Henry volvió hacia el tendero y le dijo-: Puedo servir como traductor, buen señor.
Volviendo su atención hacia el capitán, dijo -¿Cuál es el problema?
-Necesitamos varios sacos de azúcar, y no podemos
llegar a un precio razonable. Él está tratando de desplumarme y yo no accedo a ello. Esto sólo se puede comprar en una tienda, pero no es la única. No tengo tiempo para transportarla al otro lado de la ciudad, pero tampoco tengo dinero para malgastarlo.
llegar a un precio razonable. Él está tratando de desplumarme y yo no accedo a ello. Esto sólo se puede comprar en una tienda, pero no es la única. No tengo tiempo para transportarla al otro lado de la ciudad, pero tampoco tengo dinero para malgastarlo.
Inclinando la cabeza, Henry se volvió hacia el tendero y le dijo en un delicado Tricemore -Explícame el problema.
-Quiere seis sacos de azúcar, ¡pero me los quiere comprar a mitad de precio! No me importa si él es el bastardo rey de la tierra de las tres cabezas de dragón, el precio justo para un saco son dos monedas de plata y una de plata más para cubrir los impuestos.
-Ya veo -murmuró Henry, y se volvió hacia el capitán. -Él dice que el azúcar son dos monedas de plata para un saco, y una más para cubrir el impuesto, lo que hace trece en total. En Outland sería medio soberano, y no hay vuelta atrás.
El capitán lo miró fijamente. -Eso no es lo que el otro me estaba diciendo.
-La moneda es engañosa -respondió Henry, y tomó la moneda que el capitán le tendía. Dándosela al tendero, le explicó todo y le dio de vuelta dos monedas de plata, que él entregó al capitán.
Con el dinero intercambiado, el comerciante llamó a su aprendiz para llevar los sacos de azúcar. El capitán guardó sus monedas y dijo -Gracias. Sé que usted dijo que es nuevo en el servicio del Gran Rey, ¿pero puedo convencerle para que trabaje para mí? Tenemos muy mala suerte con los traductores. Uno ha decidido dejarnos para casarse y ser granjero, otro fue comido por un dragón, y el último fue arrestado por deudas de juego. No doy para más en esto.
Henry vaciló, sin saber cómo explicar que él no era para nada un traductor oficial sino que era un príncipe.
-Por favor -declaró el capitán-. Vamos al interior de las montañas del clan de Cartha y me estremezco al pensar qué va a pasar si no entiendo una sola palabra de lo que los clanes puedan decir.
Henry hizo una mueca de dolor sólo con pensar en ello. Las montañas del clan de Cartha hablaban un dialecto particularmente difícil de Tricemore, el cual era bastante complicado. -¿Cuánto tiempo vas a estar allí? -preguntó, a sabiendas de que estaba haciendo el tipo de cosas estúpidas en las que había sido educado para no hacerlas desde que tuvo edad suficiente para caminar. Sus especialidades eran el lenguaje, la política y la diplomacia; Incluso un político idiota sabía mejor que no debía marcharse con una banda de mercenarios-. Por supuesto, yo sería feliz de ayudar. Voy a avisar al palacio que usted ha requerido mis servicios.
-Esplendido -dijo el capitán-. Mi nombre es Zhoumi . Nosotros estaremos fuera varios meses, ¿es eso un problema?
-No hay ningún problema. Soy Henry Lau - respondió Henry, y le estrechó la mano-. He escuchado mucho acerca de los dragones de tres cabezas.
Zhoumi soltó un bufido. -Estoy seguro de ello. -Él miró hacia otro lado mientras el aprendiz terminaba de cargar el azúcar en el carro que Zhoumi había traído con él, cargado con muchas otras provisiones.
-¿Por qué tanto azúcar? -preguntó Henry-. ¿Estás anticipando para el trueque con el Clan de Cartha?
-Sí -dijo Zhoumi, apretando la boca-. Probablemente deberíamos hablar en otro lugar, porque aunque me encantaría tenerle después de ver sus habilidades, no puedo tener junto a mi cualquier persona para esta tarea en particular. Va a ser difícil, más duro que de costumbre, y la violencia será excesiva.
Henry asintió con la cabeza. -¿Vamos a beber algo en algún lugar, o vamos de vuelta a su campamento?
-Me vendría bien un trago -dijo Zhoumi-. Espere un momento. -Se lanzó al otro lado de la calle y desapareció en una herrería. Mientras esperaba, Henry encontró a un niño para que llevara sus libros al palacio y no ir cargados con ellos.
Unos minutos más tarde Zhoumi resurgió con otro dragón a su lado. -El es Piet, se llevará el carro de regreso al campamento. Vamos, erudito, podemos hablar en el Songbird. -Se giró bruscamente sobre sus talones y se alejó en un tintineo de armas y armaduras. Henry le siguió rápidamente después de él, sintiéndose visible con sus elegantes ropas. Se sentaron en una mesa en el rincón, pidieron sopa y cerveza, comenzaron a hablar.
-El Gran Rey nos ha dado una misión de gran importancia, y por el momento espero que me perdones si no te digo todos los detalles.
-Eso sería muy ingenuo por tu parte -dijo Henry, y le indicó a Zhoumi que continuara-. Vamos a subir a la cima de las montañas del clan de Cartha, y luego iremos aún más lejos -continuó Zhoumi-. Pero para eso tendremos que pasar por el puerto de las Sombras.
Henry hizo una mueca. El paso de la sombra era el único camino para atravesar las montañas del clan de Cartha, para llegar a la ciudad de Benta, uno de los seis países no incluidos en el continente bajo el reinado del Gran Rey. No era de extrañar que Zhoumi no quisiera entrar en detalles. Lo que planeaban hacer, era peligroso. Si ellos fueran capturados en Benta podrían empezar una guerra. Y lo primero que tendrían que hacer era enfrentarse al Clan de Cartha, que estaban bajo el reinado del gran rey, pero eran un clan independiente. Nadie pudo someterlos el tiempo suficiente para controlarles, y no iban a entregar el control del Paso de las Sombras.
Así que el trueque para el paso era la única manera de conseguir atravesarlo, y era una ardua tarea en el mejor de los días. Las montañas eran inaccesibles, los clanes eran territoriales y estarían felices de emplear la violencia, y una vez que los dragones consiguieran atravesar el paso estarían en territorio enemigo.
-Si no quiere saber nada de esto, lo entiendo.
-No, yo quiero ayudar -zanjó Henry-. Sólo estoy preocupado de no ser un mercenario.
-Su conocimiento de idiomas compensa su falta para manejar una espada. ¿Sabe luchar?
Henry ahogó un suspiro y trató de aplastar su decepción. -No, no sé. Tengo miedo de haber pasado todo mi tiempo en la escuela aprendiendo, especialmente idiomas.
-¿Cuántos idiomas sabe?
-Doce -dijo Henry, sonriendo porque aunque nadie lo expresara, él estaba orgulloso de sus habilidades. Sólo necesitaba que un testarudo Soberano apreciara sus habilidades, en lugar de lamentar las habilidades de las que carecía.
Zhoumi miró fijamente. -Está bromeando.
-Se lo digo en serio, se lo aseguro -dijo Henry-. Mi formación es muy completa. Todos mis hermanos son cualificados caballeros. Mis padres decidieron que el quinto hijo sería mejor para otras utilidades.
-Sus padres son sabios -dijo Zhoumi con un gruñido-. Soldados, tengo por cientos. No hacen falta hombres capaces de empuñar una espada en estos días de guerra. Pero de los cientos de soldados que tengo sólo tres son oradores.
Henry asintió con la cabeza, pero dijo: -Sin embargo, si voy a viajar con ustedes por las montañas del clan de Cartha, yo no quiero estar totalmente indefenso. Eso sólo me convertiría en una carga.
Zhoumi se encogió de hombros. -Cuando tenga un poco de tiempo, estaré encantado de enseñarle, si eso es lo que está pidiendo. Pero necesito un orador que pueda hacer su trabajo, no uno en la cama por heridas que no necesita tener.
-Vamos a ver qué pasa -dijo Henry. Asintiendo con la cabeza, Zhoumi dijo: -En cuanto al pago, ya que eres un orador y no un soldado, recibirás cinco monedas a la semana. Los soldados también están autorizados a rescatar a cualquiera que cojan en la batalla...
Henry hizo un gesto desdeñoso. -Cinco monedas por semana es suficiente. No espero ninguna participación de tu generosidad si no la merezco.
-Si haces que no entremos en peleas con los clanes, te recompensaré por ello -dijo Zhoumi, y luego añadió con ironía-: Aunque sospecho que no carece de fondos. Usted va vestido como un maldito príncipe.
-Me gusta la ropa fina -objetó Henry-. Ningún hombre es demasiado bueno para rechazar un honesto
salario.
salario.
Zhoumi sonrió, recostándose en su silla y frotando pensativamente su perilla. -Usted es un extraño, no nos engañemos, pero sé cuándo aceptar los dones de los ángeles con la boca cerrada. -Dejó caer un par de monedas sobre la mesa y se levantó-. Vamos, le llevaré al campamento para que se familiarice, entonces usted puede volver a recoger sus pertenencias.
-Me parece perfecto. -Henry le siguió fuera del bar y por las calles, la mente dándole vueltas mientras trataba de decidir lo que debía hacer con sus pertenencias. Él no se atrevía a volver al palacio, por lo que tendría que comprar lo que necesitaba. Esperando ser capaz de obtener lo que necesitaba rápido y fácilmente.
La culpa se apoderó de él, pero Henry la ignoró. Su familia creía que estaba con el Soberano, y él dudaba mucho que Hangeng se diera cuenta que estaba ausente. En el peor de los casos, Hangeng diría que se había escabullido a casa. Por el momento nadie descubrió que faltaba, Henry estaría de regreso de su viaje a las montañas.
Esperaba que con sus habilidades durante el viaje y en la batalla le hicieran demostrar su valía. Se negó a considerar el fracaso, porque simplemente no era una opción. Henry miró hacia el palacio, recordó el resquemor del rechazo, la risa cruel que había llenado la sala. Lo que fuera, él demostraría a todos que era apto para ser el consorte del Soberano.
SEGUNDA PARTE
Hangeng estaba en una reunión con el consejo agrario cuando un mensajero irrumpió en la sala de reuniones sin permiso. La reprimenda que el Soberano iba a comenzar se detuvo en la punta de su lengua, al darse cuenta de que el hombre se veía como si hubiera corrido desde el extremo opuesto del reino sin parar. Iba vestido también con el uniforme de los dragones de tres cabezas, por lo que no presagiaba nada bueno. -¡Majestad!
-Respira -dijo el Soberano, medio asustando al hombre que se postraba a sus pies, consciente que estaba muy cerca de él. Respirando de forma irregular, el mensajero le tendió un pedazo de papel plegado, fijado con un sello de cera, su mano temblaba por el cansancio-. Del Gran Jefe del Clan de Cartha.
Frunciendo el ceño, inmediatamente preocupado, Hangeng tomó la misiva y rompió el sello de lacre negro marcado con la cima de la montaña y la luna de los clanes Cartha. Leyó el mensaje, pero era difícil porque la confusa sintaxis del lenguaje del clan de Cartha que hablaban Tricemore era excepcionalmente difícil de leer. Sin ser la primera vez, le habría gustado tener talento para los idiomas, pero él y sus tutores habían acordado que carecía de habilidad para esa materia. -Puedes irte -le dijo al mensajero-. Vamos a enviar a alguien más tarde con la respuesta. Gracias.
Frunciendo el ceño, inmediatamente preocupado, Hangeng tomó la misiva y rompió el sello de lacre negro marcado con la cima de la montaña y la luna de los clanes Cartha. Leyó el mensaje, pero era difícil porque la confusa sintaxis del lenguaje del clan de Cartha que hablaban Tricemore era excepcionalmente difícil de leer. Sin ser la primera vez, le habría gustado tener talento para los idiomas, pero él y sus tutores habían acordado que carecía de habilidad para esa materia. -Puedes irte -le dijo al mensajero-. Vamos a enviar a alguien más tarde con la respuesta. Gracias.
El mensajero asintió con la cabeza, dejándose caer con gratitud, ofreciendo una torpe reverencia antes de tropezar en la sala de reuniones. Hangeng señaló al consejo. -Disuelvo la asamblea. Reanudaremos la reunión más tarde.
Cuando se hubieron marchado, Hangeng tocó el timbre a su lado y, un momento después, su mayordomo,
Leeteuk, se coló dentro. -¿Qué ocurre, majestad?
-Necesito un traductor con fluidez en el idioma Tricemore del clan de Cartha -dijo Hangeng-. Tenemos un mensaje del Clan de Cartha, y dado el estado del mensajero no es una buena noticia. Siento que nuestra misión ha ido de mal en peor. -Él compartió una breve y preocupada mirada con Leeteuk. Si Cartha se había puesto en contacto con ellos, temía saber lo que había pasado con sus dragones. Esperaba que Zhoumi estuviera vivo.
Se inclinó de nuevo sobre el mensaje, mirándolo, pero la mala calidad de la caligrafía combinado con el difícil lenguaje sólo dio lugar a que comprendiera una palabra de siete.
Se inclinó de nuevo sobre el mensaje, mirándolo, pero la mala calidad de la caligrafía combinado con el difícil lenguaje sólo dio lugar a que comprendiera una palabra de siete.
Molesto consigo mismo, lo arrojó sobre la mesa con disgusto y esperó con impaciencia mientras Leeteuk pidió un traductor que pudiera leerlo. Cogió su copa de vino y la apuró, apenas resistiendo el impulso de golpear la copa contra la mesa. Cogió la carta de nuevo y se congeló cuando se dio cuenta de que no era una, sino dos, cuidadosamente pegadas por lo que la segunda pasaría desapercibida. Era un truco que había visto y utilizado muchas veces antes en el envío de mensajes a través de los reinos.
Separando las páginas, él frunció el ceño ante la elegante caligrafía y el hecho de que las palabras eran en la lengua antigua. Hangeng podía leerla, pero si le instigaban que escribiera una misiva por la fuerza no estaba en absoluto seguro de poder hacerlo, y ciertamente no tan bien como el que había escrito esta.
Majestad,Cartha ha unido sus fuerzas con Benta. Su objetivo es sacarle de la capital y diezmarla en su ausencia, mientras le asesinan en las montañas. Usaron flechas con puntas venenosas y cuchillos para diezmar a los Dragones. He enumerado los síntomas para que usted pueda identificar posibles venenos. Manténgase alejado, tenga cuidado.
Henry.
¿Henry? ¿No era su desaparecido potencial consorte? Hangeng se sintió enfermo y culpable de nuevo, pensando en su comportamiento ese día, y que de alguna manera le había llevado a este horrible mensaje.
Cualquiera que fuera su decepción porque le habían enviado a un muchacho bastante cortés en lugar de un guerrero como había solicitado, no debería haber actuado como lo hizo. Tenía la intención de hacer las paces en el almuerzo, pero Henry nunca apareció. Los hombres que envió para buscarle, encontraron la habitación vacía y la palabra de los guardias de la entrada de que había ido a la ciudad. Un confuso relato de alguien según la descripción que habían dado del muchacho había sido dada en el puesto de un vendedor de libros, pero después el rastro se había perdido.
¿Cómo un viaje a la ciudad había llevado que lo secuestrara el Clan de Cartha? Por todos los dioses ¿qué estaba haciendo con los dragones de tres cabezas? La puerta se abrió, y miró a Leeteuk, ignorando al traductor por el momento. -El príncipe Henry ha sido capturado por el Clan de Cartha, al parecer estaba con los dragones. Cartha está aliado con los Benta, y al parecer han sacrificado mis dragones. No sé cuántos siguen vivos...
Indicando al traductor que se acercara, le extendió la misiva original, y le dio la página secreta a Leeteuk. -
Dime lo que dice.
El traductor frunció el ceño en silencio durante varios minutos antes de que finalmente dijera -Cartha ha matado a todos los dragones salvo a cuatro. El capitán, su segundo al mando, el erudito del ejército, y el hombre que entregó este mensaje. Si quiere a los cautivos de vuelta, y evitar una guerra, tiene que venir personalmente a recogerlos y debatir por qué ellos están por las montañas sin permiso e intentan invadir Benta.
-Esas montañas son mías -dijo Hangeng-. Ya he tenido suficiente de su insolencia. Convoca a mis generales, informales de lo que está pasando. -Hizo un gesto hacia el traductor, indicándole que debía tomar asiento-. Pide lo que necesites, ya que vas a escribir mi respuesta a Cartha en breve. Estoy seguro de que no necesito decirte que todo lo que se escuche en esta habitación, debes guardarlo para ti mismo.
-Sí, Majestad -dijo el traductor, y tomó asiento. Leeteuk habló brevemente con un lacayo, que también habló con el traductor para traer lo que necesitaba, y Hangeng lo dejó con ellos. Derivó de nuevo su atención a la misiva de Henry.
La carta del clan de Cartha no había hecho ninguna mención de él, y eso era extraño. Si tuvieran un príncipe del reino, y que había sido ofrecido al Gran Rey como consorte potencial, lo habría mencionado. Podrían o no creer que Hangeng iría personalmente a recuperar lo que quedaba de los mercenarios que trabajan extraoficialmente para él, pero sin duda iría a recuperar a Henry.
Volviendo al traductor le dijo: -Dices que tienen a cuatro dragones capturados, el capitán, su oficial, un orador y el mensajero. ¿No hace mención de cualquier otra persona? ¿Estás absolutamente seguro?
-Estoy seguro Majestad -dijo el traductor.
Hangeng frunció el ceño de forma profunda y leyó el mensaje de Henry una vez más. -Empiezo a temer que mi potencial pareja está muerto. ¿Pero por qué lo mataron?
-Apuesto a su perdón, Majestad, pero... ¿podría ser el orador mencionado? -el traductor le preguntó vacilante, mientras el general entraba en la habitación y se sentaba en silencio-. Tuve un encuentro breve con su Alteza, pero él estaba leyendo un libro de historia Penfrost en ese momento. Lo leía con facilidad -añadió con un toque de envidia en su voz-. Puedo contar con una mano el número de personas en el palacio que pueden hacer eso. Oí que habla varios idiomas.
-Ya veo -dijo Hangeng, molesto consigo mismo de nuevo. No recordaba haber leído o que se le hubiera dicho que el príncipe Henry era un orador. Dado que él había escrito en la lengua antigua, y como los que había a su alrededor no lo entenderían fue suficiente para escribir el mensaje, de forma furtiva, y al parecer en un Penfrost...-
Muy bien, vamos a suponer que de alguna manera mi consorte terminó como orador de los Dragones. Eso todavía lo deja en peligro y al resto de ellos. Voy a buscarlo.
-No es una buena idea -dijo uno de los generales- . Yo no sé a quién va a ir a buscar, de hecho, puedo decir que es una mala idea para el Gran Rey abandonar el palacio e incursionar en tierras de Cartha para enfrentarse tanto a los Carthans como a los Benta.
Hangeng negó con la cabeza. -El mensaje dice que debo ir, y no son aún conscientes de que tienen al Príncipe Henry en sus manos. Si se enteran de su verdadera identidad, el asunto sólo va a empeorar. Voy. -Se sentó, hizo un gesto hacia ellos-. Dime cómo vamos a cuidar de
este asunto. -Él se echó hacia atrás, medio escuchándoles, mientras discutían a fondo sobre cómo llevar las estrategias tanto para la defensa de la ciudad 37 como para hacer frente a Cartha y Benta de una vez por todas.
Él compartió una mirada con Kyuhyun, el general de su actual ejército y medio hermano de Zhoumi, su capitán. Si Zhoumi todavía estaba vivo, era por sí solo suficiente para que Hangeng se aventurara a ir contra el clan de Cartha, sin importar el riesgo. Zhoumi había hecho demasiado por él durante años para que el Soberano traicionara su lealtad.
-Vamos a traerlo de vuelta -dijo en voz baja.
-Lo sé -dijo Kyuhyun-. Estoy muy preocupado por el príncipe Henry. Él es un soldado de la corte, no del campo de batalla. Cartha no será amable con él, y probablemente aún más brutal sólo porque es delicado.
La boca de Hangeng se tensó. Sabía eso, pero escuchar a alguien decirlo hizo que la situación fuera mucho más difícil de soportar. La culpa lo atravesó, haciéndole sentir aún más desgraciado.
-Voy a prepararme -dijo de repente, poniéndose de pie. Mirando a Leeteuk, dijo-: mantenme informado de los planes finales. Quiero irme tan pronto como sea posible. Enviad a un mensajero para decir que estamos en el camino y que estaré allí en tres días.
-Voy a prepararme -dijo de repente, poniéndose de pie. Mirando a Leeteuk, dijo-: mantenme informado de los planes finales. Quiero irme tan pronto como sea posible. Enviad a un mensajero para decir que estamos en el camino y que estaré allí en tres días.
-Lo podemos hacer en dos -dijo Kyuhyun.
-Dos entonces -respondió Hangeng, y salió antes de que nadie pudiera decir algo. Él caminó rápidamente por los pasillos del palacio, haciendo caso omiso de todos los que trataron de capturar su atención y se metió en sus habitaciones privadas suspirando.
Siguió caminando, hasta llegar a una de las dos puertas en la pared este. Una conducía a los aposentos privados del consorte, vacíos desde hacía seis años. Los otros llegaban a la habitación de sus hijos.
La niñera levantó la vista cuando él entró, y luego inclinó la cabeza. Él sonrió con aire ausente, y se fue a la cama a ver a sus hijos. Siwon tenía cuatro años, Zitao tres, dados a luz por mujeres que habían estado dispuestas a hacer su deber y seguir sus caminos como mujeres adineradas.
Zitao tenía la cara medio enterrada en un dragón de tela grande lleno de plumas. Él nunca iba a ninguna parte sin su mascota, y Hangeng temía el día en que tendría que quitárselo para comenzar el entrenamiento de Zitao.
Él no era como su impetuoso hermano, todavía quedaba mucho para que fuera como él. Hangeng estaba preocupado por lo que ese temperamento pudiera hacerle cuando Kai empezara a crecer. Esperaba que la marcial disciplina lo templara.
Reprimiendo un suspiro, alisó el pelo de Zitao y desenredó las mantas de Kai, y sonrió a la enfermera
antes de partir. En su habitación, su criado ya estaba completamente dedicado arreglando sus cosas para el viaje. -Con unas cuantas vestimentas imperiales son suficientes, pero que sean adecuadas para el clima.
antes de partir. En su habitación, su criado ya estaba completamente dedicado arreglando sus cosas para el viaje. -Con unas cuantas vestimentas imperiales son suficientes, pero que sean adecuadas para el clima.
-Por supuesto, su majestad.
El tono ofendido hizo sonreír a Hangeng fugazmente. Se acercó a los enormes ventanales que sus guardias odiaban y se quedó mirando las oscuras y nevadas montañas en la distancia. Él arrasaría todas las montañas si eso era lo que hacía falta para encontrar y traer a Henry de Cartha de una vez por todas.
La puerta se abrió y Hangeng se volvió, llevando una mano a su espada y se relajó cuando vio que sólo era Kyuhyun. -¿Han finalizado los planes ya? Eso sería
inusualmente rápido.
inusualmente rápido.
-Las circunstancias lo requieren -respondió Kyuhyun- . La vida del Príncipe Henry depende de una acción rápida, segura... al igual que la de Zhoumi -agregó en voz baja.
-Vamos a traerlo de vuelta -dijo Hangeng-. Lo que sea necesario. Vosotros habéis sido mi familia, ambos, desde que nos conocimos hace tantos años.
Kyuhyun sonrió débilmente. -Apenas nos tiene en cuenta. Estaba demasiado ocupado admirando a Siwon.
-Me di cuenta con el tiempo -respondió Hangeng, los pensamientos de Siwon revolvieron un dolor del pasado. Pero los pensamientos de su amante muerto sólo lo llevaron de vuelta al consorte que había rechazado con tanta crueldad-. ¿Cómo no supe que el Príncipe Henry era un orador?
Tras un momento de vacilación, Kyuhyun dijo: -
Honestamente, Hangeng, yo estaría muy sorprendido si recordara el color de su cabello. Has dejado muy claro desde el año pasado que no tienes ningún interés en tomar un consorte. Le hemos brindado candidato tras candidato, sólo para que pueda rechazarlos sin ser visto. Conseguimos traer al Príncipe Henry aquí sólo para que le diera la espalda. Cinco minutos en la entrevista, y se burló de él y lo echó fuera.
Honestamente, Hangeng, yo estaría muy sorprendido si recordara el color de su cabello. Has dejado muy claro desde el año pasado que no tienes ningún interés en tomar un consorte. Le hemos brindado candidato tras candidato, sólo para que pueda rechazarlos sin ser visto. Conseguimos traer al Príncipe Henry aquí sólo para que le diera la espalda. Cinco minutos en la entrevista, y se burló de él y lo echó fuera.
Hangeng hizo una mueca. -No niego que he sido un desgraciado, y me merezco todo lo que tengo. Yo... -Él no quería olvidarse finalmente a Siwon. Bastante malo era mantener a sus engendrados hijos, pero renunciar por completo y tomar un consorte...
-Mi hermano sería el primero en decirle que dejes el mal humor y sigas adelante. El príncipe Henry es un buen candidato.
-Parecía como si el sostener una espada le hiciera perder el equilibrio -dijo Hangeng-. Yo no quiero que mis niños sean criados por un risueño y atontado consorte.
Kyuhyun emitió un sonido de frustración. -Si lo miró y lo vio de esa manera, entonces estas equivocado, Hangeng. La próxima vez que te cruces con tú consorte, te sugiero que realmente lo mires y le des una oportunidad. Pero para que conste, su pelo es de color marrón, sus ojos son azules, y de acuerdo con su currículo habla doce idiomas. Saldremos en menos de una hora a menos que haya alguna objeción.
-No, ninguna -respondió Hangeng, y comenzó a despojarse de sus adornadas ropas reales mientras su sirviente traía la ropa de viaje y su ligera armadura-. ¿Tienen los curanderos oportunidad de componer una lista de posibles venenos?
Asintiendo, Kyuhyun sacó una pequeña hoja de papel y recitó varios nombres. -Venenos comunes suficientes
para tales usos, aunque me preocupa que Cartha tenga sus propias cepas. Varios antídotos se están fabricando, y entregándose entre los hombres. Estamos formando sólo un pequeño grupo de treinta hombres en total, todos míos. El resto del ejército permanecerá aquí para contrarrestar el ataque. Podría besar a tu consorte yo mismo, por proporcionarnos tan inestimable información.
para tales usos, aunque me preocupa que Cartha tenga sus propias cepas. Varios antídotos se están fabricando, y entregándose entre los hombres. Estamos formando sólo un pequeño grupo de treinta hombres en total, todos míos. El resto del ejército permanecerá aquí para contrarrestar el ataque. Podría besar a tu consorte yo mismo, por proporcionarnos tan inestimable información.
Hangeng gruñó divertido. -Podrías, pero no lo harás.
-No creo que estés todavía en posición de permitir ni decidir quién recibe sus favores.
-Tengo por lo menos la suficiente inteligencia como para saber que debo esforzarme para cambiar eso - respondió Hangeng. Se quedó quieto mientras su siervo ataba y abrochaba su armadura de cuero. Tomando el cinto de la espada se lo tendió, Hangeng lo abrochó en su lugar él mismo, luego colocó su espada, daga, y las bolsas en su lugar. Al aceptar el manto que le tendía, lo balanceó sobre sus hombros y lo aseguró con un pasador de hierro fundido con forma de grifo con ojos de rubí.
Preparado, se abrió camino de sus habitaciones y por el palacio hasta el patio donde estaban reunidos todos los demás ya. -Los suministros irán detrás de nosotros -dijo
Kyuhyun.
Kyuhyun.
Hangeng asintió y se subió a la silla de su caballo de batalla favorito. Afortunadamente, también era el más adecuado para las montañas, hasta que el camino se hiciera demasiado difícil para los caballos. Cuando todo parecía estar listo, dio la señal y marcharon, dirigiéndose a toda velocidad hacia las montañas Cartha.
TERCERA PARTE
Henry apretó los dientes contra un grito de dolor cuando fue desencadenado desde el poste de flagelación. Se desmayó mientras lo arrastraban fuera, pero despertó otra vez mientras un sanador se excusaba débilmente mirando sobre su espalda destrozada. —Usted dejaría de sufrir si acaba diciéndonos que era lo que estabas haciendo en las montañas.
—No lo sé, como ya he dicho infinidad de veces —dijo Henry, sin molestarse en abrir los ojos. Sólo la idea de mirar a la pringosa cara de ese bastardo le revolvió el estómago. Se estremeció cuando unos dedos se deslizaron sobre su cuero cabelludo, estúpidamente el desaparecido pelo que se había cortado para parecerse mejor a los mercenarios— . Soy nuevo en los Dragones. Me contrataron el mismo día en que nos pusimos en camino. El capitán todavía no confía en mí lo suficiente como para hablarme sobre la misión. Sólo sabía que íbamos a hacer un trueque para poder pasar a través del Paso de las Sombras. Golpeándome no voy a saber nada más.
—Ya veremos. Trátalo y llévalo de vuelta a su celda.
¿Cuándo va a estar listo para más preguntas?
¿Cuándo va a estar listo para más preguntas?
El curandero contestó —Yo lo dejaría descansar al menos tres días, su gracia. Cualquier cosa antes y las lesiones pueden ser demasiado. Él no es un soldado, para manejar tales abusos.
—Y sin embargo, su cuerpo lleva las cicatrices de muchos latigazos. Dos días más. —Sin esperar una respuesta, se marchó, dejando solos a Henry y al sanador.
Suspirando suavemente, el curandero comenzó a curar las heridas. Henry apretó los dientes otra vez a través de la curación, entrando y saliendo de la consciencia. No
estaba seguro de cuánto más podría aguantar, pero si se dieran por vencidos con él irían a por los demás. El único combate que había ganado fue el hecho de que no podían hablar Tricemore y Cartha no tenían traductores de su propia altura para esa tarea.
estaba seguro de cuánto más podría aguantar, pero si se dieran por vencidos con él irían a por los demás. El único combate que había ganado fue el hecho de que no podían hablar Tricemore y Cartha no tenían traductores de su propia altura para esa tarea.
Esperaba fervientemente que su mensaje hubiera llegado a través de los agotadores esfuerzos que él y Zhoumi habían hecho y no hubieran sido en vano. Fue sólo por la gracia del Panteón por el que Benta había optado enviando a uno de los dragones como mensajero, en lugar de uno de sus propios mensajeros.
El mensajero había salido hacia dos días, y si nada malo le hubiera ocurrido debería haber llegado al palacio ya. Henry se preguntó qué era lo que Hangeng habría elegido hacer, lo más prudente era dejarlos que se pudrieran, o tratar de enviar soldados a escondidas. Él no iba a considerar tener una conversación en el futuro con Hangeng si sobrevivía y lo llevaba de nuevo al palacio, pero preferiría tener la conversación a estar muerto.
Desafortunadamente, él no podía ver al hombre que tan vilmente lo había echado fuera de la corte arriesgándose a sí mismo y a sus valientes soldados mercenarios para rescatar a un consorte que no quería. Su muerte enfurecería a sus padres, pero los reyes habían suavizado los grandes problemas.
Por lo menos moriría sabiendo que había hecho todo lo posible para transmitir información vital.
Se desmayó de nuevo, vencido por el dolor causado por el no muy suave toque del sanador. Cuando se movió de nuevo, fue por el sonido de alguien diciendo su nombre. La voz no le resultaba familiar, pero sin duda conocía el acento; el que hablaba era del palacio.
La incredulidad y la esperanza hizo que de pronto tuviera dificultad para respirar, y Henry parpadeó hasta abrir los ojos temiendo que sólo estuviera alucinando. Pero los soldados, vestidos con el uniforme azul marino de la guardia personal del Gran Rey, eran muy reales. Hablaban escuetamente con el curandero, quien divagaba de nuevo, y era claro que apenas se entendían.
Henry trató de hablar, traducir, pero aún el intentar sentarse era demasiado para él. Se dejó caer de nuevo y cerró los ojos, deseando el día en que ya no tuviera miedo de un látigo. Había pensado, que cuando fue llamado a la corte del Gran Rey, ese día había llegado finalmente.
Por supuesto, se recordó, que estaría muy bien si no hubiera roto todas las reglas que alguna vez le habían enseñado sólo para demostrar su valía. Había actuado egoístamente, y en contra del bienestar del reino. No debería haber arriesgado tanto sólo para calmar sus sentimientos heridos.
Al ver que estaba despierto, uno de los soldados le miró y le preguntó: —¿Eres Henry, el orador que acompañaba a los mercenarios de la orden de los dragones de tres cabezas, verdad?
—Sí, lo soy —respondió Henry.
—Entonces nos lo llevamos —dijo el otro soldado al curandero, diciendo las palabras en un forzado Tricemore—. El Gran Rey exige ver a todos los cautivos, para asegurarse que el duque de Amorlay no ha mentido. No discutas, viejo.
Apartando al sanador a un lado, uno de los soldados se inclinó para mirar por encima de las lesiones de Henry. Podía ver por sus expresiones que sabían exactamente quién era y cómo iba a estar de enfadado el Soberano
cuando viera lo que habían hecho con él. Por otro lado, la tortura de un príncipe del reino era la excusa que Hangeng tenía para hacer lo que quisiera con Cartha y Benta. —Puede ponerse en pie, o...
cuando viera lo que habían hecho con él. Por otro lado, la tortura de un príncipe del reino era la excusa que Hangeng tenía para hacer lo que quisiera con Cartha y Benta. —Puede ponerse en pie, o...
—Voy a necesitar ayuda —dijo Henry, preguntándose si Hangeng creería que sus lesiones lo denotarían como un ser débil. Sin duda, los soldados aceptaban esas palizas mejor. Él reprimió un grito de dolor mientras los soldados le ayudaban a ponerse en pie. Aunque fueron cuidadosos, aún le dolía. Henry entraba y salía de la consciencia, y poco a poco se abrieron paso a través de la fría fortaleza a la gran sala.
Cuando llegaron, él era plenamente consciente de que estaba apenas vestido y cubierto de marcas de latigazos, chorreando sangre y sudor. Se tambaleó sobre sus pies, agradecido por la forma en que los soldados mantenían un firme control sobre sus brazos.
Todos los ojos de las sala estaban puestos en él, pero Henry no tenía ojos más que para Hangeng. Al mirarlo, guapo y fuerte, fue inesperadamente relajante. Cualquiera que fuera la ira y la amargura que aún sentía fue, al menos temporalmente, vencida por el alivio de que las palizas habían terminado y que había una oportunidad de volver a casa. Si iba a volver al palacio del Gran Rey o a casa de sus padres, él no lo sabía. Pero estaría lejos de esas montañas olvidadas de dios.
Hangeng miró furioso mientras caminaba por el pasillo, las espuelas tintineaban con fiereza. Dio la vuelta alrededor de Henry, examinando sus heridas, y finalmente se detuvo frente a él cuando se enfrentó al Jefe de Cartha y al duque de Amorlay. —¿Cuál es el significado de esto? — preguntó—. He respondido a tu orden, no tenías derecho a torturarlo.
—Tus hombres no tenían nada que hacer en las montañas, y lo cierto es que no hacían nada tratando de
colarse a través del Paso de la sombra. Teníamos todo el derecho a extraer información de los soldados.
colarse a través del Paso de la sombra. Teníamos todo el derecho a extraer información de los soldados.
—Yo podría haberte dejado vivir, si hubieras torturado a un soldado —respondió Hangeng—. Yo te habría golpeado y encarcelado, pero podría haberte dejado vivir. Sin embargo, este hombre no es un soldado, él es el príncipe Henry, del reino de Gaulden, y mi futuro consorte. Por torturar a un príncipe del reino, la pena es la muerte.
Sus hombres se movieron con sus palabras, y el hecho de que carecían de armas, probablemente tomadas a su llegada, parecía que no era impedimento. Se movieron todo lo rápido que Henry pudo mientras su doloroso estado le permitía, y en pocos minutos los Carthans estaban todos muertos con el duque de Amorlay y sus compañeros Benta capturados.
Hangeng hizo un gesto a los hombres de restricción del
Duque y sus compañeros. —Llévatelos con el cabecilla del duque de Amorlay a la frontera. Informadle a Benta que considero esto una declaración de guerra.
Duque y sus compañeros. —Llévatelos con el cabecilla del duque de Amorlay a la frontera. Informadle a Benta que considero esto una declaración de guerra.
—Sí, Majestad —replicaron los soldados, y arrastraron a un pálido duque a cumplir órdenes.
Volviendo a Henry, Hangeng dirigió a los soldados todavía con él. —Llevadlo a las habitaciones del duque, mis aposentos ahora. —Él levantó una mano para que se quedaran dónde estaban por un momento, y se volvió hacia el hombre que se acercaba ellos, con insignias de capitán en la túnica—. ¿Kyuhyun, cuando llegará el resto?
—Deberían estar aquí antes del anochecer, Majestad.
—Envía un tercio de ellos para asegurar el paso de la sombra. Envía un mensajero a reclamar las tropas del ejército. También quiero a los mercenarios del clan de los espectros; Tienen experiencia en la lucha en este tipo de terreno.
—Sí, Majestad.
Hangeng asintió, despidiéndolo, y se volvió de nuevo a Henry. —Vamos a hablar más tarde, después que haya terminado de ordenar este lío. ¿Hay algo que necesites?
Aunque sabía que probablemente sólo disminuiría la opinión que Hangeng tenía de él, Henry no podía soportar el dolor más. —Medicamentos para el dolor, si hay algo que pudiera tomar. Mis heridas son tratadas, pero el duque se negó a permitir que nadie aliviara el dolor. No confían en sus productos alimenticios. Estas personas están absurdamente encariñadas con sus venenos. Creo que han drogado a Zhoumi y a los otros para mantenerlos en sumisión.
—Gracias —dijo Hangeng, a continuación, Henry se
sorprendió al sentir la mano del Soberano tocando suavemente su mejilla—. Ve y descansa. Te pido disculpas por todo lo que has sufrido.
sorprendió al sentir la mano del Soberano tocando suavemente su mejilla—. Ve y descansa. Te pido disculpas por todo lo que has sufrido.
Él se marchó antes de que Henry pudiera contestar. No es que él supiera que decirle; el hombre que tenía delante no era el bastardo que lo había echado de la corte. Henry se marchó de buena gana mientras el soldado le guiaba, subiendo un tramo de escaleras hasta la gran habitación privada que poco antes había pertenecido al duque.
Ellos le ayudaron a entrar en la enorme cama, era más suave, más caliente de lo que Henry había sentido en meses. Él escuchó de lejos a los guardias deseándole un buen descanso, pero estaba dormido antes de que pudiera reunir una respuesta.
Estaba oscuro cuando se despertó, sólo una vela junto a la cama y la parpadeante luz alumbrando la habitación. Henry gimió, intentándose despertar, pero su cabeza se sentía claramente difusa.
—Ten cuidado —dijo una voz profunda, y una mano callosa descansado cuidadosamente en la parte baja de la espalda donde el daño era mínimo. El duque había preferido definitivamente fustigarle más arriba, donde el látigo se acurrucaba para golpear su pecho, sus hombros, de vez en cuando su garganta—. Puede que te sientas un poco embotado por la medicina. Pero espero que te encuentres con muy poco o ningún dolor.
Henry volvió la cabeza, miró a la oscura figura de Hangeng. —Uh, no, en realidad, no siento casi ningún dolor en absoluto. Gracias.
—De nada —respondió Hangeng, y se sentó en el borde de la cama, la mano aún apoyada en la espalda de Henry—. Siento que fueras tratado de esta manera, primero por mí y después esto.
Cerró los ojos de nuevo, Henry respondió —Quería un soldado, Majestad. Se le envió un diplomático. Usted tiene derecho a estar enfadado.
—No quiero ser un imbécil —dijo en voz baja Hangeng—. Pero vamos a hablar más sobre esto más adelante. Por ahora debes centrarte en la recuperación.
¿Quieres comer algo? Puedo ayudarte a incorporarte.
¿Quieres comer algo? Puedo ayudarte a incorporarte.
Henry obligó a sus ojos a abrirse de nuevo, porque incluso ese pequeño golpe de ausencia le parecía ser débil.
—Sí, por favor. Gracias. Siento estar indefenso.
—Lo estás haciendo mejor de lo que yo lo haría —dijo Hangeng con divertida ironía—. Mi padre me había atado una sola vez, diez latigazos en la espalda por ser esencialmente joven y estúpido. Ni siquiera me hicieron sangre, pero hice un buen escándalo de ello. Mi sanador personal dijo que muestras signos de ser azotado en varias ocasiones anteriores...
Se puso de pie y suavemente ayudó a Henry a sentarse y darse la vuelta, luego lo recostó contra una enorme pila de almohadas blandas. Cuando pareció cómodo, Hangeng se acercó a una mesa grande donde estaban puestos los platos de comida. Le preparó un plato con comida sobre una bandeja, llenó una copa de vino, y luego llevó la bandeja a Henry y la puso sobre su regazo. —¿Por qué fuiste golpeado?
—Mis hermanos —dijo Henry, con un suspiro, deseando poder renunciar a toda la conversación, pero no era como si pudiera hundirse mucho más adentro en los ojos de Hangeng—. Ellos fueron criados como soldados, siempre entrenando bajo el sol, la nieve, la lluvia. Todo su tiempo estaba dedicado a su formación, y cuando no lo hacían, no tenía otras lecciones. Siempre estuve dentro, o llevado a la ciudad, algo que no se les permitía hacer a ellos. Me vieron como mimado, malcriado, porque no tenía "reales" lecciones. Así que a menudo me arrastraban al patio cuando nuestros padres estaban ausentes, y me enseñaban "reales" lecciones.
Los azotes no habían sido lo peor. La parte verdaderamente horrible fue cuando había estado sentado todo el día en sillas duras e implacables mientras que él estaba estudiando, llevando ropa oscura para que las manchas de sangre no se descubrieran.
—Eso es inexcusable —dijo Hangeng—. ¿Por qué les permitiste que se salieran con la suya?
—¿Qué se supone que debía hacer? —Henry demandó irritado—. ¿Luchar contra ellos? Yo no podía hacer eso. ¿Decírselo a ellos? Eso sólo lo haría peor. He sobrevivido, que es lo que importa.
Y sus hermanos se habían callado rápidamente
cuando hizo el ridículo con sus lecciones inútiles, hablando con soltura en la ciudad y en la corte para todos los visitantes extranjeros, mientras se quedaban en silencio, sin poder hacer más que escuchar.
Y sus hermanos se habían callado rápidamente
cuando hizo el ridículo con sus lecciones inútiles, hablando con soltura en la ciudad y en la corte para todos los visitantes extranjeros, mientras se quedaban en silencio, sin poder hacer más que escuchar.
Hangeng asintió con la cabeza y dio un sorbo a su propio vino. —Mis disculpas. Parece que estoy haciendo un hábito de juzgar injustamente, y me prometí que dejaría de hacerlo. Dime por todos los dioses cómo pudiste dejar que los dragones te acogieran. Zhoumi todavía está enfermo y no está en condiciones de responderme.
—Nos conocimos por casualidad cuando le ayudé a resolver una disputa con un comerciante —dijo Henry con tirantez, y contó de nuevo la historia.
—No entiendo por qué te fuiste —dijo Hangeng, y no
dijo nada más por sentirse fuera de lugar. Henry suspiró.
—Yo no fui bienvenido en la corte. Yo no podía soportar ir a casa en desgracia después de todo lo que mis padres habían hecho para entregarme a su majestad. Zhoumi tenía necesidad de mí, y pensé que podía probarme. Lamento el haber hecho que el reino se meta en problemas, Majestad. Tenga la seguridad de que cuando pueda moverme de nuevo desapareceré.
dijo nada más por sentirse fuera de lugar. Henry suspiró.
—Yo no fui bienvenido en la corte. Yo no podía soportar ir a casa en desgracia después de todo lo que mis padres habían hecho para entregarme a su majestad. Zhoumi tenía necesidad de mí, y pensé que podía probarme. Lamento el haber hecho que el reino se meta en problemas, Majestad. Tenga la seguridad de que cuando pueda moverme de nuevo desapareceré.
—Si eso es lo que quieres, entonces voy a respetar tu decisión, pero por mi parte no tengo ganas de que te marches —Hangeng dijo en voz baja—. El día que desapareciste, ya tenía la intención de compensar mi conducta miserable. Te estaba esperando en el almuerzo muy impaciente y decepcionado al no aparecer. Cuando acabaste desaparecido... al principio pensamos que te habías escabullido de vuelta a casa, pero cuando eso también resultó falso rastreé los nueve reinos en tu búsqueda. Yo no esperaba que estuvieras aquí, y siento de nuevo que mis descuidadas palabras te condujeran a estos extremos. Me gustaría que te quedaras conmigo al menos el tiempo suficiente para que pueda perdonarme.
Lo que Henry había esperado oír, no era eso. ¿Hangeng planeaba disculparse algún día? Bueno, no lo convertía en un perfecto estúpido. —Si su majestad desea que me quede lo haré —respondió Henry, y cogió un trozo de pollo asado—. Para ser honesto, prefiero evitar a mis padres siempre que sea posible. —Probablemente estarían ensayando ya los sermones de autoculpa.
Hangeng se rio entre dientes, llamando su atención con una vacilante sonrisa. Nunca había oído reír al gran Rey antes, salvo para burlarse de él. —¿Así qué es cierto que sabes doce idiomas? —preguntó el Soberano—. Confieso que he sido un perfecto imbécil por haber dejado marchar a un consorte. He sido reacio a... bien, hace mucho tiempo que pasó. ¿Cómo, por todos los dioses has aprendido doce idiomas? —Uno pasa mucho tiempo en casa, sentado en las mesa, leyendo, escribiendo y recitando. Otros días, iba a la ciudad y hablaba con extraños, algunos eran amables y ayudaban, otros se reían y se burlan de ti con cada paso que dabas. Practicar y practicar y practicar, todo lo que puedas mientras envidias a tus hermanos cuando van a pasear a caballo y nadan y cazan. Por otro lado, todos los atractivos visitantes bailaron conmigo porque yo podía hablar con ellos.
Riéndose de nuevo, Hangeng le sirvió más vino y luego dijo: —Puedo imaginar las miradas de tus hermanos cuando lo hacías. Recuerdo haber estado en tu situación. No podía ni siquiera leer la misiva que envió Cartha, y apenas pude leer la tuya. Ha pasado mucho tiempo desde que leí en lengua antigua.
—Siempre fue mi favorita —admitió Henry en voz baja—. Aunque no tiene mucho uso práctico, lo estudié
sólo en mi tiempo libre.
sólo en mi tiempo libre.
Hangeng resopló. —Creo que has demostrado su uso en esta aventura. Estudia siempre que lo desees. Hay toda clase de libros acerca de esta fortaleza, no dudes porque ellos están atrapados casi todo el año. He traído algunos para ti y puedo traer más.
—Oh, gracias —respondió Henry, con una sonrisa vacilante. Pensaba que si Hangeng era atractivo incluso cuando estaba siendo un bastardo. Cuando era agradable resultaba aún más atractivo. De forma peligrosa—. Yo no debería estar convaleciente en la cama demasiado tiempo. Dos, tres días a lo sumo, y estaré bien. —Él parpadeó, bostezando, y encontró abruptamente difícil mantener los ojos abiertos—. Estoy seguro de que debe regresar al palacio, Majestad...
Se detuvo cuando la mano de Hangeng cubrió la suya, apretándola suavemente. Henry recordó de pronto que su figura era mucho más delgada, mientras el Soberano la envolvía. Era el tipo de contraste que había disfrutado siempre. Estaba sorprendido de nuevo de haber
encontrado al gran Rey tan atractivo.
encontrado al gran Rey tan atractivo.
Si por algún milagro Hangeng en realidad optó por mantenerlo después de todo, si de alguna manera logró suavizar todo lo que había pasado, estaba más seguro que nunca de que su cama nunca estaría fría. No iba a ser por falta de esfuerzo de su parte.
—Tú eres mi futuro consorte —dijo Hangeng—. No es necesario que sigas llamándome Majestad, por favor. Me sentiría honrado si utilizas mi nombre. De hecho, rara vez lo he oído.
Henry asintió, y dijo —Hangeng, entonces. Gracias.
Estoy seguro de que necesitas volver al palacio.
Estoy seguro de que necesitas volver al palacio.
—Ya he hecho los arreglos y la nieve está cayendo muy fuertemente para viajar en el próximo par de días.
Volveremos juntos cuando estés lo suficientemente bien como para hacer el viaje. —Cuando Henry empezó a protestar, Hangeng puso un dedo sobre su boca—. Descansa un poco, hablaremos más tarde. —Recogió la bandeja y la puso sobre la mesa. Henry se quedó dormido admirando la forma de su cuerpo a la luz del fuego.
PARTE FINAL
Encontrar a alguien para calentar su cama nunca había sido difícil. Siempre había sido insultantemente fácil y Hangeng había aprendido a una edad muy temprana que era sólo la corona del Soberano por la que estaban interesados en coger.
Siwon fue el primero en hacer que realmente funcionara, a pesar de que lo había hecho todo para ser un bastardo exasperante. Siwon había prosperado siempre en hacer su vida más difícil. Él era vibrante, fuerte y despiadado. Sarrica lo había amado por ello.
Henry estaba demostrando ser completamente un desafío, pero de una manera diferente por completo. Por un lado, Hangeng estaba bastante seguro de que Henry no sabía que él era un reto. Era muy contenido, muy controlador de sus pensamientos y sentimientos, eso era para el Soberano muy concluyente a la hora de darle instrucciones sobre su control respecto al gran consejo.
Él permanecía de pie en la puerta, abriendo el tapiz que había recogido para mirar la nieve fuera y admirando la forma en que la luz del sol se derramaba sobre la ventana abierta atrapando a Henry.
Las marcas medio curadas de los latigazos eran espeluznantes, pero las desaparecidas cicatrices de los azotes anteriores eran de alguna manera peor. Algunas de las que habían sido tratadas con ungüento para ayudar a aliviarle todavía brillaban. Hangeng dejó caer los papeles que había estado leyendo sobre la mesa y sirvió café para los dos. —¿Cómo estás esta mañana?
—Bien, gracias —respondió Henry, dejando caer el tapiz y volviéndose hacia él—. Lo suficiente como para devolverle su cama.
Hangeng se sentó y tomó un sorbo de café, recogió los papeles que había estado leyendo. —No te preocupes. Me cuesta dormir de todos modos, y tengo la esperanza que con el tiempo sea nuestra cama.
Cuando el silencio dio la bienvenida a sus audaces palabras, miró hacia arriba preparado para la desilusión, pero Henry sólo se veía contento y divertido, y no fue hasta que el alivio se extendió a través que Hangeng se dio cuenta de lo esperanzado que había sido. —No creo que sea un problema —dijo finalmente Henry, y se movió rígidamente a la mesa, se sentó lentamente y tomó un sorbo de café con un suspiro de felicidad—. Gracias.
—¿Por el café? Eres la persona más fácil de echar a perder de los nueve reinos —dijo Hangeng con diversión—. Mis perros de caza no son tan fáciles de complacer.
Henry se encogió de hombros. —El café es muy difícil de obtener tan al sur, ya que estamos muy lejos de los puertos. En el momento en el que llega a nosotros, hay muy poco y de mala calidad. Mis padres y la mayoría de la corte prefieren el té, ya que hay que pasar demasiado para obtener café.
Hangeng asintió, y volvió a llenar la taza de Henry. Le entregó los papeles que había estado hojeando. —Dime que piensas de esto —dijo—. Es un acuerdo comercial entre Rilen, Delfaste y Mesta. Son dos peldaños sobre asuntos de guerra, ya que ellos siguen reclamando diferentes cosas de las que fueron acordadas. Me siento cómodo con Mesta, y puede atravesar Delfaste sin perdidas, pero yo no soy digno de ordenar a través de estos contratos. No tengo traductores adecuados en este asunto, y no estoy seguro de que el comunicado que me han enviado en Harken sea lo que dicen los otros tres.
—Estoy feliz de ayudar —dijo Henry, y Hangeng le creyó. Tomó los contratos y les echó un vistazo, concentrándose frunciendo el ceño mientras empezaba a leer—. Aquí está el problema —dijo después de varios minutos—. Su contrato tiene la forma en que debería haber sido escrito, pero no fue escrito de esa manera en las copias Delfaste y Mesta. Es un error bastante común, los valores numéricos son siempre los más difíciles de traducir. Los borradores de Rilen y Harken utilizan el sistema del tribunal supremo, pero los otros dos contratos tratan transformar las leyes locales. Por desgracia, las cifras no son exactas, por lo que las cantidades apropiadas no pueden ser negociadas. Los contratos de Mesta y Delfaste tendrían que ser modificados para cambiarse al sistema de la Corte Suprema.
Le tendió los papeles, y Hangeng los cogió. —Gracias —dijo, poniendo los papeles a un lado—. Habría tenido que coger por lo menos dos traductores y me hubiera llevado bastante tiempo hacer eso. Mi mayor deseo es que se establezca un solo idioma. Podría tratar de hacerlo a través de las leyes, pero las relaciones son suficientemente tenues.
—Con el tiempo habrá que ponerse al día, creo. A lo largo de las fronteras es casi imposible hacer un seguimiento de quién habla qué. —Henry sonrió por encima del borde de su taza de café—. Mientras tanto, por lo menos a los oradores nunca les faltará el trabajo.
Hangeng sonrió brevemente y empezó a tomar el desayuno. Cuando terminó de comer, empujó la taza vacía a un lado y dijo: —Benta ha enviado sus disculpas y se retira de las montañas. Estoy seguro de que sólo están tramando cómo intentar acabar conmigo, pero al menos han parado por ahora. A menos que se diga lo contrario, creo que podemos volver a casa al final de la próxima semana.
—Eso suena bien. Estoy seguro de que podría viajar ahora... Está preocupándose demasiado.
—Más vale prevenir que curar, y honestamente no me molesta demasiado estar aquí. Una vez de regreso en Harken, estaremos encadenados al palacio y nunca tendremos tiempo libre. Siwon y yo no teníamos ni un momento libre, tan sólo unos minutos a solas... —Se interrumpió, dándose cuenta de su error—. Lo siento.
Henry frunció el ceño. —¿Sobre qué?
Hangeng terminó el café y se sirvió más. —Creo que es de mal gusto hablar de una pareja anterior a la que yo estoy tratando de cortejar.
—Era importante para usted —respondió Henry—. Estoy contento de que me hable de él. Yo... bueno, yo no soy soldado, y era intachable en ese sentido.
—Sí, no tenía igual —dijo en voz baja Hangeng—. Ganó todas las batallas que le ordené dirigir. Pero no tenía paciencia para la vida cortesana, y era una fuente de discordia entre nosotros. Me estoy dando cuenta cada vez más que tal vez todo el mundo sabía lo que era mejor para mí, excepto yo.
Henry sonrió débilmente sobre su taza de café. —Bueno, su opinión es la que importa.
—No, definitivamente es nuestra opinión la que importa —Hangeng le corrigió—. Ser consorte del Gran Rey no es cosa fácil, sobre todo porque su orador va a ser utilizado hasta el punto que tema que algún día te quedes sin voz.
—Sé algunos trucos que pueden ayudar con eso — dijo Henry, y finalmente comenzó a tomar su desayuno. Después de unos minutos, preguntó— ¿Por qué los
dragones trataban de llegar a Benta? Yo todavía no sé cuál era su verdadera misión. Hangeng lo miró con sorpresa. —¿Zhoumi nunca te lo dijo? Ellos estaban en una misión de rescate. Un barco nuestro fue interceptado frente a la costa de Benta, y capturaron a los supervivientes. Los dragones se van a recuperar. Están a salvo como condición impuesta por mí para no comenzar una guerra con Benta. Lo siento, te lo hubiera dicho todo si hubiera sabido que no lo sabias.
dragones trataban de llegar a Benta? Yo todavía no sé cuál era su verdadera misión. Hangeng lo miró con sorpresa. —¿Zhoumi nunca te lo dijo? Ellos estaban en una misión de rescate. Un barco nuestro fue interceptado frente a la costa de Benta, y capturaron a los supervivientes. Los dragones se van a recuperar. Están a salvo como condición impuesta por mí para no comenzar una guerra con Benta. Lo siento, te lo hubiera dicho todo si hubiera sabido que no lo sabias.
Henry se rio, sacudiendo la cabeza. —Estoy seguro de que Zhoumi es feliz de verme de vuelta. Me parece ser una fuente de mala suerte; y si Cartha y Benta se hubieran dado cuenta de quién era en realidad, todo habría sido mucho peor.
—Todo salió bien al final, aunque creo que todos van a estar más tranquilos en el futuro si dejas el palacio sólo por razones oficiales.
—Sí, Majestad —dijo Henry en broma, y terminó su café—. ¿Hay algo más que pueda hacer para ayudar? Me siento un poco perdido sentado aquí todo el día.
Hangeng terminó su café y dejó la taza a un lado, mirando pensativamente a Henry. —No puedo menos que simpatizar con estar inactivo. No soy muy bueno en eso yo mismo. ¿Estás seguro de que puedes estar sin hacer nada? No es que vayas a desaparecer de nuevo, pero...
—Estoy bien —dijo Henry, y lentamente se puso de pie, dándose la vuelta para mostrar sus heridas. Él pasó una mano por la parte de atrás de su cabeza, y Hangeng se dio cuenta de que estaba llegando reflexivamente para levantar el pelo que aún no estaba allí.
Hangeng se levantó y rodeó la mesa, extendiendo la mano para examinar cuidadosamente las heridas. Parecían estar sanando bien y rápidamente. Cuando marcharan, Henry no debería tener ningún problema para bajar la montaña. Hangeng dejó que su mano se detuviera un momento y luego lentamente se apartó. —Parecen estar sanando bien. No veo ninguna razón por la que no puedas estar tan aburrido como yo en algún otro lugar de la fortaleza.
Girándose, Henry le sonrió. Si había un hombre vivo que pudiera resistirse a ese tipo de tentación, Hangeng no quería ser ese hombre. Henry sabía a café y avena, calido y masculino, Hangeng lo besó con verdadero entusiasmo.
Apenas recordaba cuando envolvió entre sus brazos a Henry y lo estrechó. En lugar de eso, tomó la cara de Henry, devorando su boca, su mente corriendo a través de todo lo que de pronto quería hacer y escoger lo que era realmente posible.
Un golpe en la puerta lo obligó a detenerse, pero se demoró un momento, frotando el dedo pulgar sobre el labio inferior de Henry antes de dar un paso atrás con un suspiro.
—Entra —gritó.
La puerta se abrió para que entrara un guardia, haciendo una profunda reverencia. —Gran Rey, me complace informarle que todos están reunidos y
esperándole.
esperándole.
—Ve preparando las disposiciones para que el príncipe Henry se una a mí. Me ayudará con las audiencias de hoy.
Haciendo otra reverencia, el guardia dijo: —Sí, Majestad. —Cerrando la puerta sin hacer ruido tras él.
Alejándose a regañadientes, Hangeng dijo —Creo que podría tener alguna indumentaria adecuada para ti, aunque será un poco grande.
—¿Sólo un poco? —preguntó Henry, con la boca temblando—. ¿Cuáles son esas audiencias para que llegue todo el camino hasta aquí para mantenerlas? ¿Por qué no podían esperar hasta su regreso?
—Se trata de un asesinato que tuvo lugar en tierra neutral, por lo que hay que resolver. La víctima era un sheriff. Los otros se refieren a los contratos que han sido dictados por mí. El último tiene que ver con una disputa marítima, y consiste en clasificar algunos valiosos cargamentos. Estoy seguro de que nos llevará todo el día... Todos ellos parecen pensar que cuanto más hablen mejores opciones tendrán de conseguir lo que quieren.
La boca de Henry se curvó. —Sí, ciertamente parece ser el caso. He asistido a las sesiones del tribunal con mis padres a menudo. Hubo una ocasión que tuvieron que amordazar a un hombre porque se negó a estar en silencio el tiempo suficiente para dejar que los demás hablaran.
—Tengo que recordar el truco —dijo Hangeng, volviéndole a besar, besándole otra vez después de ese beso, incapaz de apartarse a sí mismo ni alejarse de la cálida y ansiosa boca de Henry. Él curvó sus manos alrededor de las caderas de Henry, acariciándolas suavemente por detrás de su pequeña espalda, bajando para agarrar su trasero, tirando de él más y más cerca.
—Tengo que recordar el truco —dijo Hangeng, volviéndole a besar, besándole otra vez después de ese beso, incapaz de apartarse a sí mismo ni alejarse de la cálida y ansiosa boca de Henry. Él curvó sus manos alrededor de las caderas de Henry, acariciándolas suavemente por detrás de su pequeña espalda, bajando para agarrar su trasero, tirando de él más y más cerca.
Unos delgados brazos se enroscaban alrededor de su cuello mientras devoraba la boca de Henry, encontrándose con la del Soberano sin medida. La calidez inundó a Hangeng, enhebrándose en su interior con satisfacción, ya que nadie lo había hecho sentir de esta manera desde Siwon. No se había dado cuenta hasta ese momento de lo mucho que había perdido queriendo a alguien tan desesperadamente.
Era fácil, natural, desde allí desatar los pantalones de Henry y sacar su miembro. Jugando con sus dedos a lo largo de su sexo, pasó el pulgar sobre la cabeza, y luego comenzó a acariciarlo lentamente con firmeza, despacio, todo el tiempo manteniendo sus bocas firmemente selladas, alimentándose de cada jadeo y gemido que Henry le entregaba. Las uñas clavándose en su piel, y se apartó cuando él empezó a acariciarle más rápido sólo para disfrutar de la vista del excitado rostro de Henry, con los ojos brillantes de lujuria, las pupilas dilatadas. Lo mejor de todo fue la manera en que Henry se aferró a él y dijo su nombre mientras sucumbía a su orgasmo con un escalofrío en los brazos de Hangeng.
A regañadientes lo apartó, Hangeng agarró una servilleta de la mesa para limpiarle lo mejor que pudo. Tirándola a un lado, señalando a Henry que se vistiera de nuevo y besándole suavemente. —Creo que tal vez llevarte a la audiencia sea un error después de todo —murmuró Hangeng, robándole la respuesta a Henry con otro beso. Al momento, se las arregló para retroceder, aprovechando la necesidad de respirar y mientras trataba de pensar de forma calmada.
Las manos de Henry se deslizaron hasta sus pantalones, pero Hangeng las capturó y las atrajo de nuevo hacia arriba, y las besó en la parte posterior de cada una.
—Pero...
—Soy más que feliz de que tengas que devolver el favor más adelante —dijo Hangeng—. No esfuerces tus heridas más de lo que ya están. Además, si tardamos en comenzar la audiencia vendrán aquí y entonces nunca nos libraremos de ellos. —Alejándose, se acercó al armario y sacó una ligera, túnica azul oscura. Era algo suave, desgastada, la usaba a menudo cuando se disponía a trabajar en el papeleo por la noche—. Prueba con esto. Es un poco fina para el frío, pero una buena capa y un poco de vino caliente con especias te harán entrar en calor.
Ayudó a Henry con la túnica, con un cinturón de tela para ceñirse a sus caderas. Satisfecho con eso, se volvió hacia el armario y sacó un pesado manto, azul oscuro recortado y forrado con piel suave y de color marrón oscuro. Meciéndose sobre los hombros de Henry, lo cubrió con un alfiler de plata representando un dragón y un grifo retorciéndose juntos. —Todo listo, vamos —dijo él, y le robó un último beso antes de alejarse para terminar de vestirse a sí mismo.
La gran sala se quedó en silencio mientras entraban, pero Hangeng los ignoró, caminando simplemente de la mano con Henry. Cuando llegaron a la tarima, colocó preocupado a Henry en un asiento preparado para no dañar su espalda.
Después de que tomara su asiento, y arreglara los papeles pertinentes sobre la mesa entre sus asientos, Hangeng dijo: —Para los que no están formalmente presentado, os hago saber que el príncipe Henry Lau, es mi prometido. Y como mi futuro consorte, me estará ayudando en la sesión de hoy. Empecemos con el primer caso.
—Majestades —respondió el alguacil e hizo una reverencia antes de girar y hacer señas hacia adelante a casi una docena de personas, uno de ellos encadenado. Hangeng miró hacia el grupo, teniendo en cuenta el mal estado del acusado, y la buena condición del vendedor que lo acusaba. El acusado también parecía más bien delgado, no lo suficientemente fuerte como para matar fácilmente a un saludable y fuerte sheriff. —Explícame los detalles otra vez, alguacil. Todas las partes permanecerán en silencio hasta que termine el recuento.
Hangeng escuchó mientras el alguacil relataba la historia de un robo que salió mal, el hijo del vendedor capturó al acusado, el sheriff fue contratado para resolver el asunto, pero todo delegó en tragedia. El atisbó algunos defectos en la narración. —Todavía no me aclaro de por qué el hombre atacó el sheriff. Acusado, cuénteme su versión de los hechos. En lugar de responder, el hombre sólo miraba aterrorizado, mirando con los ojos abiertos y al borde de las lágrimas. Hangeng frunció el ceño. —¿Qué hay de malo? — preguntó al hombre—. No tienes que tener miedo, puedes decirme tu versión de los hechos sin temor a ser castigado por hablar.
Uno de los vendedores, el hijo que había hecho la acusación formal, dijo: —Ha estado así desde que lo encadenaron. No habla ni una palabra, sólo mira y actúa nervioso. La mitad del tiempo reconoce haber matado, la otra mitad lo niega.
—Él no puede entender lo que se está diciendo — interrumpió Henry—. Usted dijo que el suceso ocurrió en un mercado neutral en una zona en la Mesta, entre Outland y Gearth. Eso también lo pone cerca del puerto principal de Outland. Probablemente habla un Outland muy cerrado, lo suficiente como para comerciar, comprar alimentos, pequeñas cosas. ¿Supongo que ha hablado sobre todo Outland con él? ¿Has probado algo más?
—Él sólo reacciona cuando se le habla en Outland — respondió el alguacil, mirando por encima de sus propias notas. Echó un vistazo al acusado—. Tiene pinta de ser de allí, con esos ojos y el pelo.
La boca de Henry se apretó enfadada, era la mayor emoción que Hangeng le había visto mostrar fuera de su dormitorio. —¿Qué te parece? —Le preguntó en voz baja.
—Creo que es un marinero, de las lejanas islas —dijo Henry, y antes de que el Soberano pudiera responder comenzó a hablar con el hombre en un idioma que Hangeng no reconocía para nada. Pero la manera como la cara del hombre se iluminó, la forma en que se puso a llorar abiertamente con alivio...
Eso hizo a Hangeng dolorosamente consciente de que las barreras lingüísticas eran un problema mucho más grande de lo que pensaba. Cuando por fin dejó de hablar, el Gran Rey miró a Henry consultándole silenciosamente.
—Su nombre es Tima. Según él, pensó que estaba comprando tres hogazas de pan y dos trozos de carne seca. Entregó su moneda y cogió sus compras, y de repente estaba siendo acusado de robo. Lo ataron, lo arrojaron a un cobertizo, y lo mantuvieron allí durante dos días hasta que el sheriff se acercó en sus rondas. En ese momento, Tima no sabe lo que pasó. Él estaba
encadenado y vio como los vendedores ambulantes que lo habían detenido le entregaban dinero al Sheriff. Pensó que estaba siendo vendido para esclavizarlo cuando apenas había obtenido recientemente su libertad. Él se asustó y trató de escapar. Él dice que ellos sacaron sus espadas y trataron de detenerlo. Que no fue él quien apuñaló al Sheriff, fue el hijo, y que se trató de un accidente debido a todo el tumulto ocasionado en un espacio muy pequeño.
encadenado y vio como los vendedores ambulantes que lo habían detenido le entregaban dinero al Sheriff. Pensó que estaba siendo vendido para esclavizarlo cuando apenas había obtenido recientemente su libertad. Él se asustó y trató de escapar. Él dice que ellos sacaron sus espadas y trataron de detenerlo. Que no fue él quien apuñaló al Sheriff, fue el hijo, y que se trató de un accidente debido a todo el tumulto ocasionado en un espacio muy pequeño.
Hangeng asintió, no muy sorprendido. —¿Te importaría traducir para mí, para todo el mundo?
—Por supuesto.
Sonriéndole brevemente, Hangeng volvió hacia el grupo delante de él y dijo: —El acusado será puesto en libertad, con las sinceras disculpas de la corona por el malentendido. Él debe ser compensado tres veces más. El hijo se enfrentará a la penitencia por el asesinato accidental de un sheriff. Los honorarios del juicio serán cubiertos por la corona. Este caso está cerrado.
Cuando se fueron, Hangeng no fue el único que se quedó mirando con asombro a Henry. —¿Qué diablos estabas hablando? Yo no estaba familiarizado con eso en absoluto. Supongo que debería haber preguntado cuales eran esos doce idiomas que sabes, cuando tengo sólo nueve reinos.
—Era Farland, es hablado principalmente por los navegantes y comerciantes. Es un dialecto del Outland, pero ha cambiado mucho a lo largo de los siglos y sólo están vagamente relacionados. Esto explica por qué él sabía suficiente Outland para salir del paso, pero no lo suficiente como para no meterse en problemas.
—Eres muy buen orador —murmuró Hangeng,satisfecho por la mirada que Henry le disparó con la sutil broma—. No creo que el ser orador te haga justicia.
La boca de Henry se curvó con diversión. —¿No, Majestad? ¿Qué soy, entonces?
—Mi erudito, por supuesto. Creo que vas a seducir a mi reino cuando pasees por él.
—No quiero seducir a un reino, Majestad. Sólo a un Gran Rey.
Hangeng sonrió y tomó su mano, entrelazando sus dedos. —Eso, ya lo has hecho, consorte. ¿Seguimos con el siguiente caso?
—Sigamos —dijo Henry en respuesta, sonriéndole por última vez antes de ir a trabajar.
Fin

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