CAPITULO 4
SungJon miró por la ventanilla del coche de camino a casa. Todas las drogas en su sistema estaban haciendo que su cerebro fuera papilla. No podía creer que ahora fuera un vampiro sin colmillos. Todo este drama porque su familia lo odiaba. Pensaba en como había lanzado a MyungSoo y a su familia a este lío, su compañero se merecía algo mejor, necesitaba alguien mejor.
Cuando el coche se detuvo frente a la casa Kim, no prestó atención a la gente a su alrededor. Salió del coche y trató de caminar por sí mismo. No iba muy bien. Sus piernas todavía estaban muy débiles.
MyungSoo estaba allí para levantarlo en brazos. Suspiró y se resignó a ser transportado. Veía impotente como su pobre compañero lo transportaba subiendo las escaleras a sus habitaciones y al cuarto de baño.
—Te prepararé un baño caliente, bebé. —Dijo MyungSoo besándolo en la cabeza. Cuando no dijo nada continuó—. HyunSeong ha recogido todas tus cosas. Deberían estar aquí.
SungJon no tenía nada que decir, así que solo asintió. En silencio miraban como se llenaba la bañera. Cuando estuvo lista, lo ayudó dándole una esponja y jabón.
—Voy a ayudarte a colocar las cosas. —Dijo MyungSoo en voz baja. SungJon vio a su compañero salir del cuarto de baño cerrando la puerta tras él. Luego dejó sus lágrimas caer. Su vida era un desastre, no podía ni concentrarse. Conteniendo el aliento se agachó bajo el agua. Al subir comenzó a lavarse toda la sangre y la suciedad.
Cuando estuvo limpio, fue capaz de salir de la ducha y andar los pocos pasos para conseguir una toalla. Dios, era realmente patético. Se secó, envolviendo la toalla en la cintura. No podía lavarse los dientes, así que en su lugar cogió el enjuague bucal y se limpió.
Salió del cuarto de baño, ignoró a la gente que había en su habitación y se metió en la cama. Oyó a MyungSoo decirle algo pero el sueño le llegó con mucha rapidez. Eso y que no prestaba atención.
MyungSoo lo vio meterse en la cama, ajeno a todo a su alrededor.
—Bebé, ¿quieres comer algo? —preguntó preocupado por su pequeño compañero. Cuando éste no respondió se sentó en la cama a su lado. Su compañero ya estaba dormido. Figurándose que necesitaba un poco de sueño, echó a todos de su dormitorio y cerró la puerta.
—¿Está bien? —preguntó HyunSeong, mirando lo preocupado que estaba MyungSoo.
—No lo sé. —Contestó pasándose la mano por el pelo—. Se ve tan malditamente derrotado que me rompe el corazón.
—Dale un poco de tiempo, hermano. —Dijo T.O.P abrazando a MyungSoo—. SungJon ha ido al infierno y ha vuelto en un mes. Está dopado en este momento, probablemente también en estado de shock.
—Sí, eso creo. —Contestó devolviéndole el abrazo—. Me voy a dormir algo, y a hacerle compañía a mi pareja. Gracias por toda vuestra ayuda chicos.
Todo el mundo le deseo buenas noches, diciéndole que no se preocupase mientras se iban.
MyungSoo sabía que SungJoon había pasado por más de lo que una persona podía soportar. Solo esperaba que su pequeño compañero pudiera recuperarse.
Desnudándose vio como dormía SungJoon. Era tan hermoso, tendido en esa cama enorme, parecía totalmente inocente. MyungSoo retiró la colcha, se deslizó bajo las sábanas y abrazó a SungJon.
MyungSoo no sabía cómo ayudar a SungJon a salir de esto. Solo esperaba tener la fuerza para hacer lo que fuera necesario. Tratando de relajarse, se acurrucó cerca de SungJon, inhalando su aroma. Tumbado aquí al lado de su compañero, sintió que era su mundo. MyungSoo deseaba que algún día SungJon sintiera lo mismo.
SungJon se despertó con un sobresalto, se puso la palma de la mano sobre la boca para no gritar. Miró a su alrededor y se dio cuenta que no estaba en la cueva, era la habitación de MyungSoo. Fue solo una pesadilla. No estaba con los demonios. Dejó escapar el aliento que había estado reteniendo y salió en silencio de la cama.
Después de usar el cuarto de baño, miró a su alrededor buscando su ropa. Se puso unos viejos pantalones de correr, y se tambaleó por el dormitorio hacia la puerta cerrándola al salir. Vio el maletín de su ordenador portátil y lo llenó de júbilo. Por lo menos todo su trabajo no se perdería. Lo encendió y mientras esperaba se acercó a la pequeña nevera que recordaba haber visto. Sacando una bolsa de sangre, fue a morderla. El dolor lo inundó al recordar los acontecimientos del día anterior. Encontró un vaso, cortó la bolsa y sirvió un poco de sangre. SungJon se puso a hacer los estiramientos que Ren le había ordenado que hiciera para que sus músculos volvieran a funcionar.
Una vez hecho esto volvió a llenar su vaso y se puso a trabajar en su portátil. Su agente tenía que estar molesto. SungJon siempre le había contestado. Pero al ser secuestrado y torturado no había podido responderle. Efectivamente tenía decenas y decenas de mensajes de correo electrónico de su agente. ¿Qué demonios iba a decirle?
Al final le escribió a su agente que había tenido un accidente de coche y que finalmente le habían dado el alta. Luego le dijo que estaba todavía recuperándose de sus heridas y se había mudado. Tecleó su nueva tarjeta de contacto, y le dijo a su agente que tenía que conseguir un nuevo teléfono móvil, pero de momento, le dio la dirección de la mansión Kim. Luego comprobó sus cuentas bancarias y ordenó una nueva tarjeta de débito y cheques.
Ahora que tenía libertad, podía hacer cosas por el estilo. Utilizando el número de tarjeta temporal que le dio su banco, compró un teléfono móvil y un plan de red wifi. Luego ordenó suministros, incluyendo una nueva impresora láser y un disco duro para hacer una copia de seguridad de todos sus escritos. Después de todo eso, respondió a todos los mensajes, la mayoría de los cuales eran repetidos.
En el momento que terminó de leerlos estaba listo para otra copa de sangre, se sirvió el resto de la bolsa en su vaso y siguió devolviendo correos. Todo lo que tenía era la aprobación de las modificaciones de su último libro. Tomándose un descanso del trabajo, se decidió a escribir agradecimientos.
¿Qué se le puede decir a alguien que te rescata de los dementes que hay en tu familia? Encargó un arreglo floral para Shindong y Nari, y otro para Ren en el hospital.
Para todos los hermanos Kim compro corbatas de seda de diferentes colores. Para MyungSoo, una impresionante chaqueta de cuero, se vería caliente. Por último, ordenó una serie completa de sus libros para su hermano HyunSeong.
Si iba a empezar a tener una relación con su hermano necesitaba que conociese al verdadero SungJoon. Pensando en ello, ordenó alguno más. MyungSoo podía tenerlos también. Por último cuando terminó su lista, se puso a trabajar en su libro. Se suponía que tenía que salir este mes, pero con su desaparición, su editor había puesto una nueva fecha de lanzamiento. Apenas notó el paso de las horas hasta que escuchó movimientos en el dormitorio.
—¿Bebé? —preguntó MyungSoo desde la otra habitación—.¿Dónde estás?
—Aquí, trabajando. —Respondió sin levantar la vista de su equipo. Por el rabillo del ojo vio a su compañero sentarse a su lado.
—¿Cómo te sientes? —indagó éste—. ¿Necesitas algo?
—No, estoy bien. —Murmuró consciente de que si hablaba como lo hacía normalmente su boca sin colmillos estaría a la vista.
—¿Has comido? —preguntó MyungSoo.
—Sangre. —Contestó señalando la copa—. Hice mis ejercicios.
—¿Desde cuándo estás levantado? —volvió a preguntar el musculoso hombre acercándose, pero se paró de golpe cuando notó que SungJoon se ponía rígido y se congelaba—. Lo siento, quería darte los buenos días.
—Buenos días. —Dijo alejándose—. Me levanté hace aproximadamente cuatro horas. Mi agente estaba asustado. Necesito poner las cosas al día. Mi último libro iba a salir este mes, ahora lo han retrasado hasta el próximo. Realmente necesito revisar estas ediciones y enviárselas de nuevo a mi editor. Entonces tengo que dar un paseo como me dijo Ren.
—Está bien puedo ir contigo. —Dijo MyungSoo mirando sus manos—. Si quieres.
—No te preocupes. —Contestó—. Estoy bien. Tienes otras cosas que hacer, estoy seguro.
—Bueno, me gustaría ir contigo y ayudarte. —Dijo MyungSoo en voz baja.
SungJon hervía por lo que le había dicho. No quería pasar tiempo con él, oh, no, MyungSoo solo quería ayudarlo, cumplir con su deber como buen compañero.
—Estoy bien. —Respondió manteniendo sus emociones bajo control—. No necesito tu ayuda. Puedo dar un paseo por mí mismo, gracias.
—SungJon, estas...
—MyungSoo —dijo interrumpiendo a su compañero—.Realmente tengo que terminar esto.
—Bien, SungJon. —Aceptó en voz baja—. No te molestaré más. —Con eso se levantó, salió de su habitación y se dirigió hacia el pasillo.
SungJon sabía que había sido grosero, pero lo que MyungSoo le había dicho le había hecho daño. No necesitaba ayuda para caminar. No tenían que mimarlo. Además su boca le dolía como el infierno y estaba de mal humor. Era consciente de que debía tomar su medicina para el dolor, pero necesitaba tener la cabeza clara para trabajar. Cuando terminara sus modificaciones, se tomaría sus pastillas y daría un paseo para aclarar su cabeza.
En un par de horas había acabado. Dejó su portátil en la mesa del café y salió al pasillo, miró a su alrededor y vio las escaleras. Esta iba a ser la parte difícil. Sentándose en el escalón, bajó las escaleras culeando, igual que un niño pequeño que aprendiera a bajarlas.
—¿Necesitas ayuda? —Se rio entre dientes un hombre detrás de él.
—No. —Gruñó jadeando—. Estoy bien y en realidad, no es divertido.
—Lo sé. Lo siento —dijo el hombre. Se dio cuenta que era Hangeng—. Simplemente no estaba preparado para ver esto. No era mi intención decirte nada, SungJoon.
—Lo entiendo —suspiró—. No necesitas pedir disculpas. Soy yo quien está siendo un idiota. Tú has sido siempre genial conmigo. Hangeng, gracias, por todo y por lo de ayer. Disfruté de tu tatuaje.
—Me alegro que te gustase —respondió Hangeng—. ¿Quieres ayuda? Podrías sujetarte de mi brazo mientras bajamos.
—Sí, eso sería genial —aceptó poniéndose de pie. Sintió como envolvía su fuerte brazo alrededor de su cintura y lo sostenía—. Gracias.
—No hay problema hermano —contestó Hangeng sonriéndole—. Estarás como nuevo en nada de tiempo. Va a ser un trabajo duro, pero lo lograremos. Todos estamos aquí por si nos necesitas.
—Gracias —le susurró—. No estoy acostumbrado a eso.
Hangeng lo miró y asintió. En realidad no había mucho que decir. Todo el mundo sabía como lo habían tratado, pero eso lo perseguía. Le iba a llevar un tiempo acostumbrarse. Cuando llegaron abajo, su cuñado lo dejó ir lentamente comprobando que mantenía el equilibrio.
—¿Y ahora qué? —Le preguntó Hangeng.
—Hora de mi paseo matutino —explicó señalando la puerta principal—. No voy a ir muy lejos, probablemente no pueda. Pero son órdenes del doctor.
—¿Quieres un poco de compañía?
—No, estoy bien, gracias. Ve a desayunar antes de que no quede nada. —Le aconsejó SungJoon en un intento de aligerar el ambiente fingiendo que no se estaba muriendo por dentro. Únicamente quería que lo dejaran solo.
—Está bien si necesitas algo, sólo grita. —Dijo Hangeng. Lo miró una última vez y se fue a la cocina.
SungJon dejó salir un suspiro de alivio, y fue hacia la puerta principal. Después de salir y caminar delante de la casa durante unos diez minutos. Su cuerpo no aguantaba más, así que se dirigió hacia la puerta. Una vez dentro se dirigió a la cocina, con la esperanza de encontrarla vacía.
Para su consternación estaba llena de gente. Se acercó hacia la silla vacía que había junto a MyungSoo y se sentó. Asintió saludando. De forma rápida y silenciosa cogió un plato lo llenó de comida y lo devoró. Justo cuando la gente esperaba que dijese algo sonó el timbre. Pasaron unos momentos antes de que el servicio llegara a la cocina con los brazos llenos de artículos.
¡Mierda! Tenía que salir de allí. La empresa de mensajería que había contratado se había movido rápido. Tranquilamente entre toda la conmoción, trató de ponerse de pie y salir de la cocina. No fue lo suficientemente rápido. Nari ya tenía sus flores e iba hacia él.
—Gracias SungJon —le dijo alegremente. Lo abrazó y fue a darle un beso en la mejilla. SungJon no pudo contener el grito de dolor—. Oh Dios, lo siento.
—No, está bien. —Jadeó tratando de respirar por el dolor. El abrazo no fue tan malo pero cuando lo besó en la mejilla le dolió muchísimo. Las encías y la mandíbula estaban muy inflamadas por su no planificada endodoncia del día de anterior—. De nada, gracias por todo.
—¿Dónde vas bebé? —preguntó MyungSoo cogiéndolo—. ¿No quieres estar aquí cuando abramos los regalos que has sido tan dulce de hacernos?
—No gracias. —Susurró una vez más tratando de salir de la habitación. SungJon sabía que querían detenerlo, pero cuando no lo hicieron escapó. Cuando llegó a la escalera, levantó la vista hacia ellas, jurando en voz baja.
—Señor. —Le dijo un mayordomo a su lado—. Tiene algunas entregas.
—¿Puede por favor, ponerlas en la habitación de MyungSoo?—preguntó tratando de sonreírle al hombre. No hay forma de que pueda llevarlas arriba, siento darle más trabajo.
—No hay problema, Señor. —Dijo el hombre.
SungJon subió poco a poco abriéndose camino por las escaleras. Llevaba unos diez escalones antes de estar a punto de colapsar. En su lugar se volvió y se sentó completamente enojado por no poder subir las jodidas escaleras.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Ren subiéndolas hasta él.
—Puedo hacerlo —gruñó de nuevo—. Estoy bien.
—No, no puedes. —Contestó el médico—. Y no, no es así. Te empujas demasiado fuerte SungJon. Ha pasado un día. Ve más despacio. Has estado en la cueva durante meses. Apenas estabas vivo hace unos días. Te va a llevar unas semanas más poder sentirte normal. Es necesario que seas lento y constante. Si te exiges demasiado te harás más daño que bien.
Cerró los ojos y asintió sintiendo cierto alivio cuando el otro lo recogió y lo llevó a su habitación. A pesar de lo vergonzoso y un poco humillante que era, necesitaba su ayuda, estaba demasiado agotado para luchar más.
—Gracias por la corbata, SungJon. —Dijo Ren colocándolo en el sofá—. No tenías por qué hacerlo.
—Lo sé. Pero quería hacerlo —comentó—. Lo siento, sé que soy un dolor en el culo como paciente.
—No eres tan malo —Se rio entre dientes el médico—. Sólo tienes que ser paciente contigo mismo ¿Has tomado las pastillas?
—No, quería tener algo de comida en el estómago primero—le informó SungJon—. Además tenía que hacer algunas cosas antes de atontarme con ellas.
—Bien. Déjame ver tu boca.
—¿Tenemos que hacerlo? Realmente no me siento cómodo enseñando lo que no está ¿Cómo puedes pedírmelo?
—Soy médico SungJon. No te estoy juzgando. Solo quiero ver como se está recuperando. No puedo ayudarte si no me lo permites.
SungJon no dijo nada. Sabía que Ren tenía razón. Necesitaba dejar de ser un idiota y luchar contra todo. Podría ser más fácil para su salud mental si acabara aceptándolo. Abrió su boca, cerró los ojos e hizo caso omiso del médico mientras comprobaba las cosas.
—Está bastante bien. —afirmó Ren cuando la cerró—. Considerándolo todo. Ahora te sugiero que tomes una siesta. Tu cuerpo necesita recargarse después de tanto esfuerzo.
—Muy bien doctor —acordó SungJon—. Tú mandas.
—Es bueno que alguien lo piense. —Dijo Ren riéndose entre dientes al salir.
SungJon se acostó en la cama y se metió bajo las sábanas, acurrucándose, e ignorando el sonido de la puerta del dormitorio. Su compañero se subió a la cama y lo abrazó.
—MyungSoo, por favor. —Gruñó girando los ojos.
—Solo necesito abrazarte SungJon —le pidió—. ¿Por favor? Después de todo lo que has pasado, solo necesito tenerte en mis brazos.
—No. —Susurró SungJon.
—¿Por qué no? —preguntó MyungSoo, sonando como si estuviera a punto de llorar.
—No soy adecuado para ti —respondió—. Te mereces algo mejor de lo que puedo darte.
—Eso no es cierto —contestó poniendo al pequeño hombre de espaldas y subiéndose encima—. Eres increíble. Adoro mi regalo, no tenías que hacerlo, pero así es como piensas. No quiero a nadie más. Te quiero a ti, SungJon.
—No puedo ni besarte —gritó—. No puedo hacer el amor contigo. No puedo ni jodidamente reclamarte porque no soy un vampiro.
—No digas eso. —Dijo su compañero tratando de tragarse sus lágrimas—. Eres un vampiro, uno del que estoy enamorado. Encontraremos la manera para que me reclames. O podemos esperar a que vuelvan a crecer tus colmillos. No importa. Estás aquí, y seguro que eso es lo que importa.
—No puedo MyungSoo. —Susurró. Las lágrimas corrían por su rostro—. No puedo hacerte esto. Eres un hombre maravilloso. Necesitas estar con alguien entero.
—Tú estás entero. —Dijo MyungSoo, besando su cuello—. Por favor, bebé. No me dejes. Por favor. Te necesito, SungJoon. Te quiero.
—No, no es a mí a quién quieres. —Exclamó tratando concentrándose en lo que estaba diciendo. Era realmente duro, ya que le gustaba lo que el hombre le estaba haciendo a su cuerpo—. Tú quieres a tu compañero. El destino te la ha pegado con un limón. Todavía puedes encontrar a alguien que esté entero. No tienes que mantenerme como a tu compañero. No te quedes con alguien roto por el sentido del deber.
—¡Deja de decir eso! —exclamó MyungSoo poniendo sus manos a ambos lados de la cabeza de SungJon—. No te quiero porque seas mi compañero. ¡No estás roto! Estás herido, te pondrás mejor. Te quiero a ti, porque eres tú. SungJon, por favor no me dejes. No podría soportarlo. Quédate conmigo, por favor. Pasemos esto juntos.
—No puedo. No sé cómo. —Murmuró—. No puedo compartir esto contigo. No es lo mejor para ti, y no quiero hacerte daño permitiéndote que compartas mi dolor.
—Me estás haciendo más daño al intentar mantenerme fuera—. Le respondió su compañero cuando comenzó a besarlo de nuevo—. Por favor SungJon. No me rechaces. Permíteme quedarme contigo. Sé que te preocupas por mí. Puedo sentir que lo haces.
Durante todo el tiempo que MyungSoo estuvo hablando le besaba el cuello, la clavícula. Se movió por su pecho, y pasó un rato lamiéndole y besándole sus pezones. Cuando MyungSoo siguió hacia su abdomen. SungJon abrió la boca. Su compañero debía haberlo oído, porque siguió estimulándolo. Lamiéndole todos los músculos de su abdomen.
—Por favor SungJon, déjame estar contigo. —Suplicó MyungSoo—. Te lo pido por favor, quiero amarte. Déjame tenerte, bebé, por favor. No quiero a nadie más. Te quiero. No me dejes, quédate. Quédate conmigo.
Trató de decir que no. Empujar a su compañero. Pero era un bastardo egoísta, y se derrumbó. Quería lo que Remus le ofrecía. Gimió cuando le lamió la punta de la polla, chupando suavemente la cabeza. SungJon no pudo negar que lo quería, la prueba estaba dura como una roca en la boca de su pareja. Dios, nunca había sentido nada tan bueno como lo que su compañero le estaba haciendo.
La boca de MyungSoo era como el cielo envuelto alrededor de su polla. Cuando su compañero puso su palma en sus huevos y se los apretó suavemente, fue todo lo que necesitó. SungJon se puso rígido y disparó toda su semilla en la boca, esperando que el hombre se lo tragase todo. Pulsación tras pulsación de su esperma estalló de sus bolas. Cuando terminó, MyungSoo dejó de chupar y lo lamió lentamente dejando su pene suave. Luego lo besó todo el camino de vuelta por su cuerpo hasta que estuvo mordisqueando su cuello.
—¿Ves lo bueno que es entre nosotros, bebé? —Le susurró MyungSoo — ¿Ves lo mucho que te deseo, que quiero darte placer? Sé que me quieres también. Podía sentir en mi boca lo mucho que me querías.
—Ni siquiera puedo corresponder. —Respondió sollozando—. Ni siquiera puedo complacerte.
—Si puedes. Tócame SungJon . —Dijo MyungSoo pasándose la mano de su compañero por su dura polla—. ¿Ves lo que me haces? No estoy duro porque seamos pareja cariño. Estoy duro porque eres tú.
—No es lo mismo que tú hiciste. —Le susurró comenzando a acariciar a su compañero—. No va a ser tan bueno.
—Sí. Lo será. —Gimió MyungSoo—. Se siente increíble cuando me tocas. Por favor, SungJon, quédate conmigo.
—Pero no puedo hacer nada más que esto. —Respondió el pequeño hombre respirando rápidamente.
—¿Si pudieras te gustaría hacer algo más?
—Dios, sí. —Gimió pensando en lo que sería—. Me gustaría hacer todo lo que quisieras si pudiera.
—Eso es todo lo que quiero, SungJon . —Respondió MyungSoo—. Todo lo que necesito es que tú me quieras. El resto lo averiguaremos juntos. Oh, joder, eso se siente bien. Sí, bebé, justo a sí.
SungJon se dio cuenta que su boca y su mandíbula estaban muy doloridas, pero su lengua trabajaba muy bien. Bajando por el cuerpo del hombre, acariciaba la polla de su compañero mientras lamía su cabeza. MyungSoo era enorme. No estaba seguro de poder metérsela toda ni siquiera cuando estuviera mejor.
Giró su lengua debajo de la cabeza mientras con la otra mano acariciaba los huevos.
—Joder, SungJon. —Grito MyungSoo—. Me voy a correr. —Justo en ese momento MyungSoo gruñó cuando cuerdas de blanco esperma salieron de su polla. Algunas fueron derechas a la boca de SungJon , el resto a su mano. Éste no pudo saborear debidamente el semen de su compañero. Era dulce y amargo al mismo tiempo. Sabía a té helado. Cuando el hombre hubo terminado, lamió hasta la última gota.
SungJon se movió de nuevo en la cama para ponerse al lado de MyungSoo , no muy seguro de qué hacer a continuación. Su compañero respondió a la pregunta por él. Acercándolo y envolviendo sus brazos a su alrededor.
—Gracias SungJon—susurró besándolo en la cabeza—. Incluso si esto es todo lo que podemos hacer juntos, no perdería la manera en la que me haces sentir por nada del mundo. Te quiero en mi vida, en mi cama y en mi corazón.
—Está bien. —Fue lo único que pudo decir mientras sentía las lágrimas en los ojos ¿Qué otra cosa podía decir? ¿Cómo podía negar que Remus lo quisiera?
SungJon tenía que confiar en que le estaba diciendo la verdad, no era como si pudiera estar dentro de la cabeza de su compañero y asegurarse. Con esta decisión, ahora tenía que lidiar con todo lo demás de su vida. Lo pensaría después de una siesta junto al enorme guerrero.
Despertó de su siesta antes que MyungSoo. Había tenido una idea genial antes de dormirse, y ya que se había despertado en primer lugar la podía poner en práctica. Rápidamente se puso sus pantalones de correr y sin hacer ruido entró en la sala y abrió su portátil.
SungJon encontró on line la tienda que quería. Se volvió loco con la cantidad de cosas que compró. Luego fue a la página de mensajería y pagó generosamente para que lo entregaran puntualmente.
Sonriendo fue a buscar un poco de sangre a la nevera, pensó en las compras que había hecho. Con la copa en la mano, volvió al portátil y comenzó su siguiente libro. SungJon había trabajado menos de dos horas cuando llamaron a la puerta. Se levantó a abrir recibiendo al mayordomo que estaba allí con una caja enorme.
—Gracias ¿La puede poner en la puerta del dormitorio? — dijo SungJon en voz baja—. MyungSoo sigue durmiendo.
—Por supuesto Señor. —Respondió el mayordomo con un guiño.
SungJon estaba seguro que el hombre no tenía ni idea de lo que había en la caja, pero seguro que sabía que era un regalo para MyungSoo . Cuando se fue se dio cuenta que realmente había estado pidiendo al servicio que hiciera un montón de cosas extras para él. Tenía que conseguir algo para ellos y demostrarles su aprecio.
Pero por ahora, era tiempo para jugar con sus compras. Sentado al lado de la caja, cambió su dedo a garra y rasgó la tapa abriéndola. En el interior había todos los juguetes sexuales para hombres que tenía la tienda donde había hecho las compras.
Era nuevo en esto. SungJon decidió empezar desde abajo. Agarró una de las botellas de lubricante y un pequeño vibrador que deslizó sobre su dedo. Colocándole las pilas, leyó las instrucciones rápidamente para asegurarse que estaba bien.
Fue hacia el dormitorio con sus divertidos juguetes y se subió a la cama donde su compañero estaba durmiendo. Afortunadamente para él, MyungSoo estaba acostado con una rodilla hacia arriba. Retiró la sábana hacia atrás y lubricó un dedo y el vibrador. Se tiró un momento acariciando el culo perfecto del hombre. Era hermoso, firme y redondo, unos globos apenas más grandes que la mano de SungJon .
Por último, movió su dedo lubricado hacia el agujero de su compañero, frotando hacia adelante y atrás por el agujero fruncido de MyungSoo. Intentó no reírse cuando su compañero gimió en sueños. Empujó lentamente un dedo moviéndolo para asegurarse que el vibrador tendría espacio, sacó su dedo y deslizó el dedo con el vibrador.
—Joder —murmuró MyungSoo cuando el dedo de SungJon se deslizó entero cubriendo el vibrador. Lo deslizó y frotó contra la próstata. Su compañero debía estar disfrutando porque empezó a gemir y a mover sus caderas. Dando el siguiente paso SungJon giró el vibrador mientras seguía frotando el punto dulce del hombre.
—¿SungJon? —Gimió MyungSoo en voz alta.
—Sí, MyungSoo. —Respondió moviéndose a la espalda de su compañero—. Shhh, solo disfruta.
—Muy bien, joder se siente fantástico. —Gimió—. Puedo sentirlo en mis bolas.
La única respuesta de SungJon fue girar el vibrador y seguir moviéndolo. MyungSoo se volvió loco, jadeando el nombre de SungJon, sus caderas se movían más y más rápido. Sentía al hombre acercarse, ajustó el vibrador para que fuera más rápido. Su compañero gritó en voz alta y SungJon sintió como sus músculos se apretaban sobre su dedo cuando se corrió.
Cuando MyungSoo estaba en su punto culminante SungJon apagó el juguete y deslizó fuera el dedo de su compañero. Se quedó en silencio, esperando que su pareja estuviera feliz con la sorpresa.
—¿Qué cojones me has hecho? —preguntó MyungSoo jadeando todavía.
—¿Estás enfadado? —preguntó SungJon en voz baja—. Solo quería complacerte.
—Joder, no estoy enfadado bebé. —Dijo dándose la vuelta para hacerle frente—. Fue increíble y me ha encantado que hayas sido tú quien me lo hiciera. Solo ha sido un shock.
—Bueno, tú me diste la idea. —Admitió—. Estabas diciendo que no podíamos hacer el amor todavía, pero eso no significaba que no podamos hacer otras cosas. Así, que fui a una tienda on line local y pedí algunas cosas. Tenían servicio de entrega.
—¿Cosas? ¿Más? ¿Hay más? —preguntó MyungSoo con una enorme sonrisa—. Veamos esas cosas.
SungJon le devolvió la sonrisa, tendiéndole el juguete.
—Entonces, ¿te gustó?
—Joder, sí. —Se rio—. Creo que he creado un monstruo. Ha sido impresionante SungJon . No había pensado en esto, gracias.
—De nada, lo disfruté también —señaló a la tienda de campaña de sus pantalones—. MyungSoo, tienes el mejor culo del mundo.
—No estoy de acuerdo. —Respondió inclinándose para morderle su oreja—. Creo que eres tú el que tiene el mejor culo del mundo. Pero no soy imparcial.
—Me alegro —se rio.
—Hablaste de más juguetes. —MyungSoo murmuró en su oreja lamiéndosela—. ¿Dónde están esos juguetes?
—En la puerta de la habitación. —Gimió—. Le dije al mayordomo que la dejara allí cuando llegó.
—Quiero verlos. —Exclamó MyungSoo saltando de la cama como un niño en navidad. Cuando llegó a la puerta y vio la caja, miró a SungJon , luego a la caja y de nuevo a SungJon —. Santa Mierda, bebé ¿qué hiciste comprar toda la tienda?
—Nunca he jugado con ninguna de estas cosas antes. — Respondió ruborizándose—. No estaba seguro de lo que era bueno y lo que no.
—Infiernos si lo sé. —Respondió MyungSoo recogiendo la caja y llevándola a la cama—. Pero vamos a disfrutar averiguándolo.—Dijo moviendo las cejas sugestivamente.
SungJon sólo pudo reírse. Esperaba que MyungSoo estuviera feliz de que estuviera intentándolo. SungJon no había esperado verlo de esa manera, tan emocionado, corriendo. Se rieron viendo la caja con grandes vibradores, bolas anales, consoladores, lubricantes y otros juguetes.
—Nuestra vida sexual nunca será aburrida, bebé. —Se rio MyungSoo inclinándose para besar la punta de su nariz—. ¿Qué son? —preguntó cogiendo una bolsa con tres tapones que SungJon había pedido.
—Son para mí. —Dijo ruborizado agarrando la bolsa.
—¿Qué son?
—Tapones anales. —Respondió—. Nunca he estado con nadie, y por si no lo has notado eres muy grande. Esto me ayudará a estar listo para cuando podamos tener relaciones.
SungJon se asustó cuando MyungSoo no dijo nada durante unos minutos. Reunió todo su valor y miró a su compañero. Había esperado un montón de cosas pero nada lo preparó para ver las lágrimas en su cara.
—¿MyungSoo? —preguntó en voz baja.
—No te merezco SungJon. —Susurró—. Todo lo que has pasado y estás planificando las cosas para que nuestra primera vez sea perfecta. Debería haber pensado en todos estos juguetes. Debería haber encontrado una manera para hacer especial la primera vez, más placentera. —lo colocó en su regazo apretándolo contra su pecho.
—Estoy seguro de que lo hubieras hecho gran hombre. — Respondió sonriendo—. Solo lo he pensado primero.
—Tal vez —susurró MyungSoo— pero tú pensaste en eso. Mi perfecto y pequeño compañero, mi SungJon.
—¿Realmente quieres que sea tuyo?
—Más que nada, bebé. —Respondió— Más de lo que he querido nada en toda mi vida.
—Reclámame MyungSoo. —Susurró—. Sé que no podemos hacer el amor, y no te puedo reclamar. Pero quiero ser tuyo. Reclámame.
—Sí. —Susurró poniendo a SungJon bajó él. Le lamió los pezones y le besó el pecho, frotándose contra su polla—. ¡Sí, SungJon eres mío!
—Siempre tuyo MyungSoo. —Gimió mientras se frotaban.
No rompieron en ningún momento el contacto visual. Fue el momento más íntimo de su vida. Se sentía tan jodidamente bien. Ni siquiera podía imaginar lo maravilloso que sería tener la polla de MyungSoo dentro de él. Al darse cuenta que estaba cerca echó la cabeza a un lado humildemente para el hombre.
—¡Mío! —Gruñó lamiendo el cuello del pequeño hombre—. Mío para tenerte. Mío para amarte. Mío para tocarte. Mío para follarte. Nadie más, SungJon . Solo yo. —Dijo antes de hundir sus colmillos en su cuello.
Gritó cuando se corrió, amando la sensación de los colmillos de MyungSoo en él. Pensó que su orgasmo duraría para siempre cuando una corriente de semilla salió disparada de su polla sobre ellos. Su compañero alzó la cabeza y alzó un dedo utilizándolo como garra sobre sí mismo cortándose el cuello.
—Reclámame SungJon . —Susurró MyungSoo poniendo el corte justo sobre sus labios. No tenía que decírselo dos veces. Bajó la cabeza de su compañero y chupó el corte del cuello. SungJon escuchó gritar su nombre cuando su compañero se corrió, mezclando ambas semillas entre sus cuerpos. No podía creer lo increíble que sabía MyungSoo. No se cansaba de su sabor, pero no quería beber tanto como para secarlo.
—Gracias. —Le susurró lamiendo su cuello y cerrando su incisión—. Gracias MyungSoo, por hacerme sentir completo.
—Estás completo, bebé. —Dijo mirándolo—. Ahora estamos acoplados. Eres mi otra mitad, como yo soy la tuya.
SungJon se limitó a sonreír, envolviendo sus brazos alrededor de su pareja. Rodó sobre MyungSoo para quedar tumbado sobre su pecho. Tiró de la colcha para cubrirlos y se tumbó escuchando el corazón de su compañero.
CONTINUARA........

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