martes, 23 de enero de 2018

THE HAVEN ( REFUGIO) 1: PRECAUTORIO, CONTENIDO BAJO PRESIÓN

Ninguna buena acción queda sin castigo. Hangeng sólo había estado haciendo su trabajo como un Ejecutor, pero ahora se encuentra siendo el líder del antiguo aquelarre de su enemigo. Y la posición viene con todo un lío de responsabilidad y estrés.  

Henry no puede creer que finalmente esté libre de su prisión. Tiene amigos, ropa limpia, y una cama caliente por la noche. También tiene a un vampiro muy grande y muy intimidante reclamando para ser su pareja. No sólo el hombre asusta como el infierno, pero Henry no es todo lo que parece ser, y mantener el secreto es más difícil de lo que imaginaba.  
Un obstáculo tras otro es lanzado en su camino para mantenerles separados. Incluso Henry parece estar luchando cada paso de su camino. Sin embargo, Hangeng no va a darse por vencido. Henry es todo lo que él nunca supo que quería, y está determinado a tener la última palabra.



CAPITULO 1


-Hangeng, necesito tu ayuda.

Zheng Hangeng presionó su móvil entre su oreja y hombro, mirando abajo hacia el montón de papeleo sobre su escritorio, y arrugó su nariz. -¿Qué pasa?

-En realidad no tengo tiempo para explicarlo todo. Yesung  está desaparecido. Sungmin nos está liderando allí, y tengo a toda la maldita manada Moonlight aquí. Pensamos que la madre de Yesung está detrás de todo. ¿Puedes empezar en la casa y seguir nuestro rastro? -Cho Kyuhyun, el nuevo alfa de la Manada Cloud Peak, habló rápidamente, su voz tensa y forzada como se derivaba de la línea.

Sentado recto en su silla, el corazón de Hangeng bombeó con entusiasmo. Esto era para lo que él había nacido. No estar sentado detrás de un escritorio y pretender gobernar un aquelarre. -Estoy asumiendo que vas a cambiar.

-Sí, ahora nos estamos dirigiendo afuera. Me vendría bien el respaldo.

-Estamos en camino.

Hangeng colgó, saltó de su silla, y corrió alrededor del escritorio. Ahora, sólo tenía que encontrar a sus Ejecutores. Odiaba el nuevo estado en el que vivían, odiaba la gran chirriante casa. Se sentía como compuesto, o una prisión. Por encima de todo, odiaba estar al cargo.

No había pedido nada de esto. No era que lamentara la muerte del Anciano Kim Suho, el antiguo líder del aquelarre Redway . Había hecho lo que tenía que hacer para proteger a Kyuhyun y a las parejas del alfa. Había hecho su trabajo. Por qué los ancianos le habían elegido para hacerse cargo del aquelarre y limpiar el lío de Suho, él nunca lo sabría.

Corriendo por el pasillo, le recordó una vez más un viejo, espeluznante castillo, completo con torres, mazmorras, y armaduras alineadas en los pasillos. Una vez que terminó la clasificación de los libros y el papeleo, su primera orden de empresa fue redecorar. El lugar sólo le ponía los malditos pelos de punta.

Navegando por los pasillos, salió al pasillo del ala oeste y dejó escapar un silencioso suspiro de alivio. Lo había encontrado. Incluso después de meses en su nuevo hogar, siempre estaba perdiéndose. Infiernos, aún estaba por explorar la obscena cantidad de acres de tierra rodeando la casa principal que no fueran los silos que Kyuhyun le había pedido que comprobara.

Kim Suho había sido un poco coleccionista. Desafortunadamente, en lugar de muñecos, cucharas, o pinturas, había coleccionado personas. Les había utilizado como fichas de trueque, vendidos, comprados, y comerciados de la manera más enferma que le fuese más útil.

Cuando el padre de Yesung murió y Kyuhyun se hizo cargo de la manada, el gran lobo cambia-formas inmediatamente se puso en marcha en la búsqueda de todos los paranormales desaparecidos. Fue un trabajo lento, y no habían tenido mucha suerte en localizar a muchos de los diferentes cautivos dispersos por el país. La red comercial había sido grande, y Hangeng imaginó que podría tomar meses, quizás incluso años, encontrar y rescatar a todos los esclavos y llevar a las diferentes manadas y aquelarres ante la justicia.

Golpeando su puño contra la primera puerta que encontró, comenzó a gritar nombres. -¡Suga! ¡Aron! ¡Todo el mundo sacad vuestros culos aquí! ¡TOP! ¡Yoochun!

Inmediatamente tres puertas se abrieron y cuatro grandes vampiros salieron disparados de las habitaciones, agachados y buscando problemas. -¿Qué? -preguntó Suga. Si los vampiros tuvieran un sistema de clasificación, Suga sería el beta. Ya que no lo tenían, era más un dolor en el culo que ocasionalmente se quedaba a cargo.

-¿Qué está pasando? -Ren dio un paso fuera de su habitación, pareciendo cansado y miserable. Parecía ser su nuevo estado permanente de ser desde que su pareja le había rechazado. Hangeng necesitaba encontrar una manera de meter sentido común en la cabezota de Minhyun o golpear a Ren para sacarle el acojone.

-Kyuhyun llamó, y necesita respaldo. Van a ir detrás de Yesung.

Aron se levantó de su postura defensiva y ladeó su cabeza hacia un lado. -¿Dónde está Yesung?

Hangeng se encogió de hombros. -No estoy seguro. Vamos a seguir el rastro de Kyuhyun desde su casa.

-¿No acabamos de rescatar a Yesung? -Yoochun se rascó la parte trasera de su cuello y frunció el ceño-. Como muy recientemente al maldito.

-Bien, parece que los problemas le encuentran. Así que, ¿vamos a ir, o simplemente vamos a quedarnos con los pulgares arriba en nuestros culos?

-Voto por el pulgar. -Con esto dicho, Ren pesadamente regresó a su habitación y cerró la puerta silenciosamente.

-Está deprimido como el infierno estos días, - murmuró TOP-. Realmente necesita echar un polvo.

-Estará bien. -Hangeng habló con convicción. Ren había sido su amigo por años, e iba a hacer todo lo que tuviese que hacer para que todo le fuera bien al hombre más pequeño-. ¿Estamos listos?

Yoochun miró su pecho desnudo y sus bóxers de algodón. -¿En serio?

Hangeng rodó sus ojos. -Conseguid vestir vuestros culos y nos vemos en el vestíbulo en diez minutos.

No esperó por la confirmación de que su orden había sido escuchada o que sería seguido. Girando sobre sus talones, marchó hacia el vestíbulo. 
Sólo se perdió una vez.

-Por la parte de atrás, -ordenó Hangeng, liderando el camino y manteniéndose cerca del lado de la casa-. Oigo voces.

-Sótano. -Suga sacudió su cabeza hacia la puerta abierta del sótano cuando doblaron la esquina hacia el patio-. ¿Quién infiernos cuelga ropa en la cuerda en medio del invierno?

Hangeng miró hacia la izquierda, sacudiendo su cabeza hacia las variadas prendas de vestir ondeando en el viento frío. Los cambiaformas eran un grupo extraño. Era evidente que los que vivían en esta casa no eran muy inteligentes.

-El Consejo comenzó a sospechar de los experimentos de tu padre. Suho lo arregló para que el antiguo alfa de la Manada Cloud Peak desapareciera, y Shindong se hiciera cargo como líder. Estableció una clínica así que él podría continuar su trabajo bajo el pretexto de tratar a la manada. Sabíamos que estábamos siendo observados, así que nos casamos, tuvimos hijos, y nos presentamos como una normal, familia feliz.

Hangeng no reconoció la voz femenina que flotaba desde el sótano. Sólo podía asumir que era la madre de Yesung. Había oído rumores sobre la amante de Kim Suho, pero en realidad nunca se había encontrado a la mujer. Sin embargo, desafortunadamente, había tenido el disgusto de encontrar a su descendencia. No eran nada más que una pareja de mentirosos, tramposos, crueles, y manipuladores bastardos.

-Tienes que estar bromeando, -murmuró una voz masculina, pero Hangeng no tuvo problemas en oírle. Pensaba que era Kyuhyun, pero no podía estar seguro.

-Así que, ¿por qué te fuiste? -La fría, nítida voz definitivamente pertenecía a la pareja de Kyuhyun, Yesung. Hangeng dio un suspiro de alivio de que el hombre estuviera ileso. Sólo había hablado con Yesung en contadas ocasiones, pero le gustaba el rudimentario pequeño cambiaformas.

El silencio se prolongó hasta que se hizo evidente que Xiao Sora no iba a contestar a su hijo. Hangeng no sabía todos los detalles o particularidades, pero de lo que había aprendido desde que se hizo cargo del clan de Suho, sabía lo suficiente para unir juntas las partes importantes.

-Porque Suho necesitaba a alguien para cuidar de sus hijos mientras intentaba derrocar al Consejo, - respondió Hangeng la pregunta de Yesung mientras dirigía a sus Ejecutores por las escaleras de cemento dentro del frío y húmedo sótano-. ¿No es cierto, Sora? Necesitaba un guardián para los niños desobedientes.

-Me alegro de que hayas podido venir, Hangeng. - Yesung cruzó sus brazos sobre su pecho, sin apartar los ojos de su madre mientras hablaba.

-Bien, oímos que había una fiesta, y fuimos invitados, -bromeó Yoochun desde detrás de Hangeng-. Sabes cómo nos gusta una buena fiesta.

Hangeng contempló la escena, sus ojos precipitándose alrededor del sótano. Todo el mundo parecía sano y salvo excepto por los hermanos Kim. Uno estaba plano sobre su espalda, mirando al techo y murmurando bajo su respiración. Era malditamente espeluznante para presenciar.

El otro parecía como si hubiera salido mal de un ataque de oso. Captando la vista de la sangre desfigurando el pecho desnudo de Sehun, Hangeng imaginó que él estaba muy cerca de la marca. El gran leopardo cambiaformas parecía relajado, pero sus ojos estaban fijos en el lobo blanco que acechaba a Sora.

Ese tenía que ser la pareja de Sehun y el hermano de Yesung, Luhan. Hangeng nunca había visto al chico cambiaformas, pero era la única explicación para la tensa mirada de Sehun. Él no sabía que los cambiaformas se incrementaban, así que mantuvo su boca cerrada y esperó.

-¿Quién es ese? -chilló Sora, ambas manos cubriendo su cara mientras ella continuó retrocediendo del grupo.

Yesung resopló y dio un paso más cerca de su madre. - Tu historia rompe mi corazón, en realidad lo hace. - Hangeng sonrió burlonamente el sarcasmo goteando de su voz-. En realidad no doy una mierda sobre por qué te fuiste o cómo comenzó todo esto. Sólo quiero saber dónde están los amigos de Sungmin.

Ah, así que había una razón detrás de toda esta locura. Ellos aún estaban buscando a los sobrenaturales desaparecidos, y Yesung parecía creer que su madre sabía dónde encontrar al menos alguno de ellos. Ellos ya buscaron en los silos de la parte trasera de la finca Kim a los amigos desaparecidos de Sungmin. Sin embargo, habían venido con las manos vacías. Había sido un duro golpe, y Hangeng aún estaba frustrado por su falta de progreso.

El lobo blanco se acercó a la mujer, tropezando con sus piernas y empujándola hacia un lado. Sora gritó, casi saltando de su piel mientras se arrastraba lejos del contacto. -El Clan , -exclamó cuando todo su cuerpo comenzó a temblar.

-¿Comprobaste los silos? -preguntó Kyuhyun.

-Sí, -respondió Suga antes de que Hangeng pudiera abrir su boca para responder-. Nada, hombre.

-¿Dónde están? -Yesung repitió su pregunta en un tono duro, frío, y Luhan embistió su cabeza contra el muslo de su madre.

-Hay una pequeña cabaña en el límite de la propiedad. Por favor, eso es todo lo que sé.

-Joder, -sopló TOP.

Hangeng compartía el sentimiento. Por supuesto había visto la cabaña, pero nunca había entrado, nunca pensó buscar en ella. -Vamos a echarle un vistazo, -aseguró al alfa-. ¿Qué quieres que hagamos con esos tres? -Señaló entre Sora y sus dos hijos.

-Llévales al ICPJ. -El tono de Kyuhyun contenía acero incluso sin un rastro de simpatía.

-¿Qué? ¡No! -Sora dejó caer sus manos de su cara y parpadeó varias veces antes de adoptar una mirada de pura indignación-. ¡No puedes arrestarme! ¡No hice nada malo!

-Quizás no, -murmuró Yesung-. Pero no hiciste nada para detenerlo.

-Esto es una mierda. -Hangeng miró sobre su hombro para ver a Aron patear el suelo de hormigón con la punta de su bota como un pequeño niño decepcionado-. Llegamos tarde aquí. Perdemos todas las cosas divertidas. Ahora tenemos que llevar a alguna puta loca a esos viejos tontos del International Council for Preternatural Justice.

Hangeng hizo una mueca. No tenía ganas de ello, pero bien, era su trabajo. Con un pesado suspiro, sacudió su cabeza hacia Sora. -No tenemos mucho tiempo. Suga y TOP, vosotros dos regresad y comprobad la cabaña en el límite de la propiedad. Llamadme si encontráis algo. El resto de vosotros... Vamos a sacar la basura.

Su móvil comenzó a vibrar en su bolsillo cuando salió de la sala de reuniones después de entregar a sus prisioneros al Consejo. Sacándolo rápidamente, las manos de Hangeng temblaron un poco cuando vio el nombre de Suga en la pantalla. ¿Habían encontrado a los cautivos desaparecidos? ¿O era sólo otra búsqueda inútil que terminaría en decepción?

-Dame buenas noticias, hombre.

-Les encontramos.

Hangeng se quedó sin palabras. Mientras había esperado que lo hicieran, no había esperado encontrar a los desaparecidos ocultos delante de sus narices.

-Hangeng, ¿aún estás ahí?

-Uh, sí. -Hangeng tosió para aclarar la aspereza de su voz-. ¿Cuántos encontrasteis?

-Treinta y cinco en total. -Suga sonaba como si fuera a vomitar-. Estaban escondidos debajo de la cabaña en un pequeño espacio reducido. Caminamos sobre ellos una docena de veces y casi nos fuimos. Finalmente uno de ellos tuvo las bolas para llamarnos. Pensé que íbamos a tener que destrozar el maldito suelo hasta que encontramos una trampilla en la despensa de la cocina.

Hangeng froto una mano sobre su cara con cansancio. -¿Qué tan grave es?

-Malo, -gruñó Suga-. No tienen nada excepto piel y huesos. Están asustados, cansados, hambrientos, fríos, lo que sea. -Su voz descendió, y hubo una pequeña dificultad cuando habló de nuevo-. Han estado comiendo insectos y ratas, Hangeng. Esto es jodidamente serio.

-Sólo llevadles a la finca y hacedlo lo mejor que podáis. Pide ayuda a Ren. Él es pequeño y menos intimidante. Ellos podrían responderle. Estoy en camino.

Antes de que se dirigiera a la finca Redway, se volvió y se encaminó a través de las puertas dobles, su corazón se hundió cuando encontró la habitación vacía. Llevó a sus Ejecutores, pero no quería estar a cargo de todo un aquelarre. Con tan pocos miembros abandonados del Clan Redway, tal vez podría presentar una petición a los ancianos para dejarles unirse al Aquelarre Snake River.

-Ah, Líder Zheng, ¿puedo ayudarte con algo? -El Anciano Zhang entró desde el otro lado de la habitación con una brillante sonrisa-. Te ves preocupado.

-Quiero presentar una petición al Consejo para que el Clan Redway se una al Aquelarre Snake River. -No tenía ningún sentido andarse por las ramas. Aparte, él no tenía mucho tiempo de sobra. El sol pronto se pondría, y aún había cosas que necesitaba hacer antes de retirarse por el día. -¿Estás seguro de que eso es lo que quieres? -El anciano unió sus manos delante de él e inclinó su cabeza hacia un lado-. Eres un gran líder, Hangeng. Creo que tu gente te necesitará más que nunca. ¿Puedes honestamente decir que el líder de tu antiguo aquelarre tiene un interés adquirido en el bienestar de esos hombres?

Hangeng parpadeó varias veces. -¿Lo escuchó?

El Anciano Zhang sólo sonrió burlonamente. -No hay mucho que me pierda. -Consideró a Hangeng seriamente ,durante varios segundos e inclinó su cabeza-. Hablaré con los otros ancianos y tendré una respuesta para ti en breve. Sin embargo, espero que lo reconsideres.

Hangeng bajó su cabeza respetuosamente. -Gracias, Anciano. Cualquier cosa que usted pudiera hacer sería apreciada.

El elfo hizo una señal de su agradecimiento con una sonrisa cordial. -No me lo agradezcas aún. Aún estoy esperando que llegues a tus sentidos. Entiendo la cantidad de responsabilidad que ofrece tu posición, pero también hay beneficios. Puedes hacer mucho bien como un líder. Más de lo que podrías hacer como un mero Ejecutor. Piensa sobre ello, Hangeng. Estaré en contacto.

Hangeng asintió con la cabeza y salió apresuradamente de la sala de reuniones. Nada en la tierra podría hacerle cambiar de opinión. Hasta que fuera libre de la carga, el anciano estaba en lo correcto, sin embargo. Él tenía responsabilidades que necesitaban su atención, y cuanto antes mejor.



CAPITULO 2


Acurrucado en la cama, Henry llevó sus rodillas hacia su pecho y se presionó tanto en la cabecera como pudo. Nadie había intentado hacerle daño o forzarle para hacer nada que él no quisiera hacer, ¡pero ellos eran tan malditamente grandes! Nunca había visto hombres tan grandes antes.

Estaba libre de su oscura, fría, y terrorífica prisión. Le había sido entregada su propia habitación con una cómoda cama y comida real para comer. Incluso le habían permitido bañarse y le dieron ropas limpias para llevar.

Aún estaba esperando que cayera el otro zapato.

Aunque no había tenido la mejor vida creciendo, siempre había pensado que sus padres le amaban. Y quizás lo hicieron. Sin embargo, aparentemente, ellos amaban más el dinero. No siempre había sido un esclavo, forzado a cumplir las órdenes de sus ―amos‖ o arriesgarse a varios castigos. Sus padres le habían vendido cuando cumplió catorce, en su cumpleaños. No se atrevió nombrar a nadie para un regalo de cumpleaños de mierda.

La puerta de su habitación crujió al abrirse, y un hombre grande que nunca había visto antes dio un paso dentro de su habitación. Todo el cuerpo de Henry tembló violentamente, y apretó sus brazos alrededor de sus rodillas. Era esto. Aquí era donde ellos le forzaban dentro del sótano o lo encadenaban afuera como a un perro.

-Hola, pequeño. -La voz del hombre era profunda, rica, y suave como la seda. Hablaba suave, gentilmente, y no se movió más lejos en la habitación-. Soy Hangeng, el líder aquí para todos los efectos.

Henry no podía moverse. No podía hablar. Su corazón martillaba fuertemente, y el aire atrapado en sus vías respiratorias oprimidas. Moviendo su boca, intentó forzar un sonido a través de sus labios, sabiendo las consecuencias por desobediencia y grosería.

Hangeng dio un paso hacia la cama, y finalmente Henry hizo un sonido. Gimió. El pánico le arañaba las entrañas, pero el miedo le paralizó. No le gustaba esto. ¿Cómo se suponía que iba a mantenerse fuera de problemas si ellos no le decían lo que esperaban de él? ¿Por qué estaban pretendiendo ser tan amables con él?

-¿Tienes un nombre? -Hangeng aún hablaba tranquilamente, su voz constante y uniforme.

-He-Henry, señor.

-Puedes llamarme Hangeng, no señor. Ahora eres libre, Henry. No tienes amo y puedes hacer lo que quieras. ¿Tienes familia? Podría llamarles por ti.

Hangeng dio otro paso adelante, lento y deliberado en sus movimientos, pero eso no asustó a Henry demasiado esta vez. -No. Mi familia no me quiere.

Una mirada pasó sobre la cara del gran vampiro que Henry no pudo denominar, y estaba aterrorizado de que hubiera dicho algo malo. Levantando su cabeza, mirando a los ojos de Hangeng, abrió su boca para suplicar misericordia cuando el aroma más embriagador le golpeó como un camión Mack.

Su estómago se apretó, su polla se hinchó, y su cabeza le dio vueltas a la calidez, dándole la bienvenida al aroma. Olfateando el aire, se inclinó hacia Hangeng ligeramente sin darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Un profundo estruendo resonó alrededor de la habitación, emanando de los labios curvados de Hangeng. - Mío, -gruñó, dando un paso más brusco hacia adelante.

El rugido, el gruñido de sus labios rompieron el trance, y Henry gritó, luchando hacia atrás hasta que no sintió nada sino aire y con una voltereta cayó de culo sobre el lado del colchón.

-¡Henry! -Hangeng corrió alrededor de la cama, cayendo de rodillas y alcanzó a tocarle. Gritando, Henry rodó lejos de la mano descendiendo hasta que estuvo apretujado debajo de la alta cama. Hangeng no gritó o intentó alcanzarle como Henry esperaba que hiciera. Sólo se sentó allí, su cara escondida de la vista durante largo tiempo. Entonces, muy lentamente, se puso de pie y arrastró los pies a través de la habitación.

-Nunca te haría daño, Henry, -dijo Hangeng suavemente-. El sol casi está arriba, pero vendré a verte esta noche. Por favor intenta comer algo y descansar un poco.

Henry observó las botas recorrer el resto del camino hacia la puerta y desapareció antes de que finalmente liberara la respiración que había estado conteniendo. Acurrucándose en un lado, cerró sus ojos y frunció la frente mientras pensaba sobre lo que había sucedido.

Una cosa era cierta. Hangeng era su pareja. Henry sólo no sabía cómo se sentía sobre eso. El gran vampiro ciertamente era magnífico con su pálida piel y el pelo negro como la tinta. No había intentado hacer daño a Henry e incluso parecía preocupado por la seguridad de Henry.

¡Sin embargo, se estaba volviendo bastante loco! Y a Henry le habían dicho muchas mentiras en su vida para que sólo cayera en los brazos del hombre porque eran pareja. Aunque, si Hangeng decidía reclamarle, no había mucho que él pudiera hacer sobre ello. Naturalmente pequeño, el hambre que había sufrido sólo le había dejado más débil. En plena forma, no sería capaz de luchar contra Hangeng. En su condición actual, ni siquiera sería capaz de huir.

Había mucho que pensar. Le hubiera gustado poder ver a sus amigos. Incluso si ellos no sabían qué hacer para ayudarle, al menos no estaría solo. Si Hangeng realmente había querido decir lo que dijo y Henry era libre ahora, entonces tal vez podría pedírselo.

Había pasado mucho tiempo desde que le habían permitido pedir cualquier cosa, y el mero pensamiento hizo que su estómago se revolviera dolorosamente. ¡Maldita sea! Odiaba estar débil. Detestaba estar asustado de todo y todo el mundo. A pesar de todo, no podía detener el temblor de sus músculos cuando se encogió debajo de la cama.

Chupando su labio inferior entre los dientes para detener los temblores también, abrazó sus brazos alrededor de su abdomen y dejó su cabeza descansar en el suelo alfombrado. Tenía mucho sobre lo que pensar, pero estaba tan malditamente cansado. Mientras una parte de él temía lo que pudiera ocurrir si se dormía, su mente y cuerpo no podían manejar la tensión del constante temor, y estuvo dormido en cuestión de segundos.

Hangeng se levantó y caminó alrededor de su habitación antes de que el sol se hubiese puesto en el día. No es que pudiera ver la bola de fuego ya que las placas de acero que estaban sobre las ventanas le protegían de los rayos dañinos. Odiaba la casa, pero las ventanas cubiertas fueron un bonito detalle. Mejor aún, estaban ajustadas con temporizador automático, así que incluso si él se olvidaba, el sistema informático no lo haría. Incluso no tenían uno sino dos generadores de emergencia en el sótano en caso de un corte de energía.

Toda su vida era un jodido lío. Tenía un aquelarre que no quería. Ren apenas podía funcionar por su depresión. Treinta y cinco hambrientos, golpeados, y aterrorizados hombres le miraban en busca de ayuda y repuestas. Entonces, para poner una buena cereza jugosa encima de todo, había encontrado a su pareja. Y no había ido muy bien.

No podía culpar a Henry por estar asustado, pero le hacía daño cuando su pareja se apartaba de él o lloriqueaba de miedo cuando Hangeng se acercaba demasiado. Los protuberantes huesos, los ojos hundidos, y las huecas mejillas le rompieron el corazón. Kim Suho no mereció la rápida muerte que había recibido. No, ellos deberían haberle torturado lentamente antes de matarle.

Los efectos de la vida que Henry se había visto obligado a llevar eran evidentes. Su pelo estaba opaco y débil, sus ojos no tenían ningún tipo de luz, y su piel parecía casi gris por su palidez. No era algo que restara a su belleza.

El dulce aroma que jamás había olido le había llevado a la habitación de Henry la noche anterior. Como si estuviera en trance, había caminado directo hacia esa habitación y casi había caído sobre sus rodillas cuando vio al ángel sentado en la cama, temblando desde la parte superior de su cabeza rubia hasta las puntas de sus pequeños pies. Henry era impresionante. Una vez que hubo regresado a la realidad, Hangeng imaginó que sería tan hermoso que le haría daño mirarle.

-Salud. -Hangeng chasqueó sus dedos, y una amplia sonrisa se extendió en su rostro. Tenían que llamar a un médico. No sólo quería que Henry fuera examinado de arriba abajo, probablemente debería hacer que el médico también viera a los otros hombres.

Se sintió un poco mejor ahora que tenía un plan, sin embargo, por vago que fuera. Entonces se le ocurrió otro pensamiento, e hizo una pausa en su caminata y frunció el ceño. ¿Podrían necesitar un médico diferente para los diferentes sobrenaturales? ¿Debería un médico poder tratar 
a todos ellos? ¿Y qué clase de médico podría necesitar para Henry? Ah, infiernos, incluso no sabía si su nueva pareja era vampiro, cambiaformas, híbrido, o humano. Seguramente Henry no era humano, pero Hangeng estaba comenzando a darse cuenta de que no debería descartar nada cuando se tratara de todo el conjunto de mierda de la situación.

Hubo un suave pitido y entonces un chirrido metálico cuando las placas de acero se deslizaron lejos de las ventanas. La luz de la luna se filtró en la habitación, el efecto fantasma sobre la pálida piel de Hangeng, dándole una cualidad casi ardiente.

Emocionado de tener un plan de acción, se vistió rápidamente y se apresuró a salir de su habitación en busca de sus Ejecutores. Cada parte de él quería correr por los pasillos y directamente a la habitación de Henry, pero había asuntos que necesitaba atender antes de que pudiera ir hacia su pareja.

Encontrando el camino hacia la habitación de Suga fácilmente, Hangeng sonrió. Cada vez era mejor en esto. Levantando su mano, golpeó en la puerta, indiferente de si estaba despertando al gran vampiro. Para su alivio, y una pequeña sorpresa, la puerta se abrió casi inmediatamente, y Suga salió al pasillo. Se veía como si no hubiese dormido en todo el día, y Hangeng se preguntaba qué cargaba la mente del Ejecutor.

-¿Estás bien, hombre?

Suga asintió con la cabeza secamente. -Sí. Estoy bien. Espero como el infierno que tengas un plan, porque no sé qué hacer sobre esto.

El más grande de los Ejecutores, un culo inteligente, y con la misma frecuencia un alborotador, Suga secretamente tenía un tierno corazón. Hangeng sabía que tenía que estar sangrando después de encontrar a esos hombres debajo de la cabaña. Una parte de él lamentaba que fuese Suga quien los encontrara. El resto de él sólo estaba contento de que pudiera contar con el hombre. Nadie era más adecuado para la tarea en cuestión.

-Necesitamos conseguir un médico aquí para que les examine y les trate si fuese necesario. También necesitamos algunas instrucciones. No sé lo que comen o cómo cuidar de ellos. Infiernos, incluso no sé si un médico puede tratarlos a todos. -Hangeng hizo una pausa en su frustrada divagación y pasó una mano por su espeso, negro cabello-. ¡Joder! Incluso no estoy seguro de lo que son la mayoría de ellos.

Suga no parecía tan preocupado. -Bien, si ellos no nos los dicen, podemos llamar a Yesung. Tiene toda la información en su ordenador. Los amigos de Sungmin eran los únicos que no estaban clasificados.

-Eso es otra cosa. -Hangeng suspiró, debatiendo cuánto decir a su amigo. Al final, decidió simplemente dejar caer todo. Podía confiar en Suga, incluso si tuviese que tomar algunas bromas juguetonas por un tiempo-. Henry es mi pareja.

Suga asintió con la cabeza sombríamente. -Estoy feliz por ti.

-Sí, bien, está asustado a muerte de mí. Intenté hablar con él la última noche, y terminó debajo de la cama, llorando cómo si yo fuera a azotarlo sangrientamente o algo así.

Suga hizo una mueca y sacudió su cabeza. -Están asustados de su propia sombra, hombre. Lo que Suho hizo fue más allá de la crueldad. No me puedo imaginar tener que vivir así.

Obligándose a distanciar los pensamientos desagradables, Hangeng intentó regresarlos de nuevo a la tarea en cuestión. -De acuerdo, voy a llamar a Kyuhyun. Con suerte, tendrá alguna idea, y pueda conseguir la lista de Yesung.

-Pregúntales si traerán a Sungmin.

Hangeng ladeó una ceja en cuestión. -¿Qué tiene que ver Sungmin con esto?

-Él es amigo de Henry, ¿verdad? Estoy seguro de que le gustaría ver una cara familiar. -Suga se encogió de hombros-. A Sungmin le gustas. Infiernos, le gusta todo el mundo, -agregó con una sonrisa-. Quizás él pueda hablar bien de ti.

Hangeng no había pensado en eso, pero le gustó la idea. -De acuerdo, puedo hacer eso. -Se quedó en silencio, mirando hacia abajo al suelo y empuñando sus manos en sus caderas mientras continuaba pensando-. Quizás podamos mover a los amigos de Henry a las habitaciones contiguas. De esa manera tendrán su propio espacio pero estarán cerca unos de otros.

Suga le dio una palmada en el hombro cuando comenzaron a bajar hacia el vestíbulo. -Ahora, estás pensando. Vamos a resolver esto, Hangeng.

-Odio estar al cargo.

Una profunda risa resonó en la sala. -Hangeng, nos llevas dirigiendo durante años. Ser un líder del aquelarre en realidad no es muy diferente. Es sólo una escala ligeramente mayor.

Hangeng no dijo nada, pero su amigo sin duda le había dado algo sobre lo que pensar. Quizás había estado mirando mal la situación. Era cierto que había estado a cargo de los Ejecutores durante más tiempo del que podía recordar. Sin embargo, eran más que un equipo. Aunque él tenía la última palabra, les miraba para pedir consejo y valorar sus opiniones.

-Detenlo, -dijo una suave voz delante de ellos.

Hangeng levantó la mirada para encontrar a Ren mirándole. Estaba tan aliviado al ver una mirada distinta de la desolación que ni siquiera le importó que Ren estuviera enojado con él. -¿Detener qué?

-Escuché parte de ello, y te conozco lo suficientemente bien como para ver dónde está tu cabeza en este momento. Eres un buen líder, y puedes hacer esto. Esas personas han sido heridas. No sólo estoy hablando de los cautivos que encontrasteis ayer. Kim Suho ha destruido este clan. Necesita una clase especial de líder para regresarlo. No sé de nadie más perfecto para el trabajo. 

-¡Hey, mequetrefe! -Suga ignoró el monólogo de Ren y corrió a levantarle sobre sus pies y girarle a su alrededor en el aire-. ¿Finalmente decides unirte a la tierra de los vivos?

Ren rió, el primer sonido alegre que Hangeng había oído de él en semanas. -¡Bájame, gran idiota!

Suga le balanceó unas cuantas veces más antes de depositar a Ren sobre sus pies y alborotar su pelo. -No seas un palo en el barro. Eres el único al que Hangeng escucha, y está comenzando a alterarme los nervios.

Mirando sobre Hangeng, Ren cruzó sus brazos sobre su pecho y arqueó su ceja. -Bien, no podemos permitir eso, ¿verdad?

Hangeng sonrió como un tonto, feliz de ver a su mejor amigo en buen ánimo para un cambio. Era genial, pero tenían cosas que hacer. Rápidamente dio a Ren un resumen de su plan, esperando que el pequeño vampiro tuviese alguna idea.

-Cualquier médico con amplios conocimientos en medicina debería ser capaz de tratarlos a todos. Si recuerdo correctamente, hay siete vampiros, doce cambiaformas, tres weres, y un elfo. Creo que Kyuhyun dijo ocho híbridos, y por supuesto, cuatro desconocidos.

Hangeng sonrió con orgullo. Quería agarrar a Ren y besarle tontamente. -Sabía que había una razón para que te mantuviéramos alrededor.

Ren resopló y rodó sus ojos. -No te engañes, Hangeng. Sólo te permitimos simular que estás a cargo.

-¡Hey! -Hangeng se cruzo de brazos con indignación- . Creí que dijiste que yo era un buen líder.

-Lo hice. -Ren le sonrió burlonamente-. Eres un excelente líder... porque me tienes para decirte que hacer.

Siguieron por el pasillo. Hangeng riendo bajo su aliento y lleno de alivio. Ren tenía un punto. Aunque Hangeng pudiese tener cualidades de un buen líder, sabía que no sería nada sin sus amigos a su lado. Un líder era tan bueno como los consejos que seguía, y él tenía un maldito buen grupo de asesores.

Mientras caminaban juntos, Ren mantenía un constante flujo de conversación, detallando exactamente lo que deberían hacer y cómo deberían hacerlo. No se escapó a la atención de Hangeng que Suga escuchaba cada palabra de Ren. Había visto el destello de interés en los ojos del Ejecutor durante años, pero no podía imaginar a los dos como una pareja. Aparte, Ren ahora tenía una pareja. No importaba que Minhyun fuera demasiado terco para reclamar al vampiro, el enlace de apareamiento era sagrado. Ren nunca podría querer a otro.

-¿Alguna vez te reuniste con el Ejecutor que Kyuhyun asignó a la manada de Seul? -preguntó Ren, aparentemente de la nada.

Hangeng pensó sobre ello durante un minuto y sacudió su cabeza. -He oído sobre él. Kang Baekho es uno de los mejores. -Asumió que Ren estaba preocupado por la seguridad de Minhyun-. Tu pareja estará protegida.

Ren asintió con la cabeza lentamente, sus ojos adquiriendo un aspecto vidrioso. -Él es la pareja de Minhyun.

Hubo una fuerte ingesta de aire, y Hangeng sacudió su cabeza hacia un lado para ver a Suga mirando a Ren como si le hubiera crecido una segunda cabeza. -¿Creí que Minhyun era tu pareja?

Ren se encogió de hombros. -Yesung tiene dos. - Hangeng se alegró de que Ren y Yesung se hubiesen convertido en buenos amigos durante los últimos meses-. No veo por qué Minhyun no puede.

-Sabes lo que eso significa...

Hangeng dio un codazo a Suga en las costillas y sacudió la cabeza ligeramente. Sí, sabía lo que significaba que Ren también tuviera dos parejas, pero no pensaba que su amigo pudiera querer oír eso en ese momento. Si Baekho también se negara a su apareamiento, Ren sería aplastado. Hangeng no sabía si el pequeño vampiro se recuperaría la próxima vez.

-Llama al médico, y consigue que SungJong, Jiyong, y JunKook se muevan a las habitaciones de alrededor de la de Henry. -Hangeng habló enérgicamente, esperando distraer a Ren de la media voz de condena de Suga-. Tendré a Kyuhyun en el teléfono y ver sobre lo de tener que traer aquí a Sungmin.

Suga asintió con la cabeza, alejándose cuando sacó su móvil de su bolsillo. Ren también asintió con la cabeza, regresando por el camino por el que vino. - Despertaré a los otros y les pondremos en movimiento. Todo estará bien, Hangenh. Vamos a resolver esto.

Con un pesado suspiro, Hangeng sacó su propio teléfono de su bolsillo y marcó. Fue respondido a la segunda llamada, y antes incluso de que Kyuhyun pudiera decir algo, Hangeng habló. -Necesito tu ayuda.



CAPITULO3


Henry estaba extasiado. Tenía a sus amigos con él, y aunque estuvieran en habitaciones diferentes, estaban tan cerca que podían visitarse cada vez que quisieran. Una pequeña puerta servía como acceso a la habitación de Jiyong, y desde allí también podía visitar a SungJong y JungKook.

-¿Puedes creer esto? -preguntó Jiyong, saltando sobre su colchón y mirando alrededor de la habitación con una amplia sonrisa-. Es tan agradable esto, y no tenemos que limpiar nada. Nadie viene a visitarnos en la noche. - Hizo una pausa y se estremeció un poco antes de continuar-. Todo el mundo ha sido tan grandioso. ¡Ni siquiera nos golpean!

-¡Y podemos ir a cualquier lugar que quedamos! - JungKook empezó a hablar con una sonrisa vertiginosa-. ¡Incluso nos dijeron que podríamos tener todo lo que quisiéramos para comer!

-¿Y habéis visto los músculos de esos chicos? - preguntó SungJong-. ¡Yum!

Henry se sentó en silencio, escuchando a sus amigos a medida que hablaban efusivamente sobre cómo sus vidas habían mejorado. Él tuvo que estar de acuerdo, pero aún no podía evitar sentir que sólo era un breve alivio. Eventualmente, los Ejecutores se darían cuenta de que Henry y sus amigos no merecían el esfuerzo, y o bien les regresarían a ser esclavos, o serían expulsados.

Nunca había estado por su cuenta. Toda su vida - incluso antes de que sus padres le hubiesen vendido- había tenido a alguien que le dijera que hacer, cuando hacerlo, y cómo debía llevarse a cabo. Nunca tomó decisiones por sí mismo, y la perspectiva hizo que le saliera sarpullido. Si fuese enviado lejos de la casa, no estaba seguro de que supiera qué hacer para cuidarse a sí mismo. Sus amigos no estaban en mejor posición.

-¿Qué pasa si no quieren que nos quedemos aquí? - preguntó, expresando su miedo-. ¿Qué pasa si sólo están siendo amables hasta que estemos mejor?

-Suga dijo que podíamos quedarnos aquí el tiempo que quisiéramos, -dijo Jiyong a la defensiva. 

-Pero Suga no está a cargo, -argumentó Henry-. Hangeng lo está. ¿Qué pasa si decide que somos demasiada molestia?

Sabía que Hangeng era su pareja. Simplemente no sabía lo que quería hacer al respecto aún. Si continuaba alejando a Hangeng, el gran vampiro con el tiempo se cansaría de intentarlo y seguiría adelante. Así era como funcionaba, ¿verdad? ¿Se cansaría y seguiría adelante?

-No creo que Hangeng sea así, -dijo Jungkook, su voz suave y soñadora-. No es como la Señora Sora. Es realmente amable.

Henry mordió su lengua para evitar gruñir. No tenía derecho a sus celos, pero no podía detenerlo. Hangeng era su pareja. Él pertenecía a Henry. No le gustaba la manera en que los ojos de JungKook eran todo empalagosos cuando hablaba sobre el hombre.

-Bien, hemos estado aquí durante una semana. - SungJong se puso de pie y comenzó a pasear en la alfombra cerca de la puerta-. Trajeron un médico para que nos observara. Nos compraron ropa. Nadie nos ha dicho nada sobre irnos.

-Sungmin dijo que podíamos confiar en ellos, -dijo Jiyong suavemente, casi suplicante-. No quiero irme, Henry. Me gusta estar aquí.

Henry levantó sus manos en señal de rendición. -Nunca dije que tuviésemos que irnos. Sólo quería que estuvieseis preparados en caso de que sucediera.

Había sido agradable ver a su viejo amigo, Sungmin. El elfo parecía más feliz de lo que Henry nunca le había visto. Sungmin le dijo una y otra vez lo magníficos que eran los Ejecutores. Le dijo que podía confiar en Hangeng. Henry quería creerlo, pero muchas veces había creído en algo que terminaba haciéndole daño.

Había creído en el amor de sus padres y mira a dónde le había llevado. Creyó en la Señora Sora cuando le dijo que sólo tenía que hacer algunas tareas del hogar y nada más. Entonces había sido hecho uno de los juguetes personales de sus dos perversos hijos. Sabía que él no fue el único. Sungmin había tenido su cuota justa de abuso, en su mayoría de JungMo. Se preguntaba si Sungmin tendría las mismas cicatrices que él. O si JungMo y Wooky habían forzado a Sungmin para servir una de sus fiestas de luna llena. Aunque podía ser agradable saber que no estaba solo, no rezó. Nadie debería tener que ir a través de algo como eso.

Ahí estaba el problema de estar acoplado a Hangeng. Si fuese a aceptarlo, eventualmente tendría que decir la verdad a su pareja. Hangeng vería las cicatrices ensuciando su cuerpo. Probablemente estaría disgustado por ellas, especialmente cuando descubriera cómo llegaron a estar allí.

Dios, ¡no era justo! No había pedido que ninguna de esas cosas le ocurriera. Ahora, tenía una oportunidad real de un futuro con un hombre maravilloso que el destino había elegido sólo para él. Sin embargo, nunca llegaría a buen término si Hangeng descubría la verdad. Daría una patada en el culo a Henry tan rápido que haría que su cabeza girara. ¿La mejor parte? Henry no le culparía ni un poco por ello. Nadie querría a una pareja que estuviese manchada como mercancía usada.

-¿Henry?

La tranquila voz de Jiyong penetró la niebla de auto- odio, y Henry parpadeó, enfocando a su amigo. -Lo siento, cariño. Sólo estaba pensando. -Era egoísta dejar que sus temores y debilidades se desbordaran hacia los demás-. Estás bien. Estaremos a salvo aquí. -Tenía que creerlo, porque era la única cosa que le quedaba por creer.

-¿Henry? Henry, ¿dónde estás? -La voz de Hangeng se filtró a través de la puerta que conectaba las habitaciones de Henry y Jiyong. Hablaba tranquilamente, pero sonaba preocupado.

Jiyong, JungKook, y SungJong todos le rodeaban, sonriendo como colimbos. -Ve por él, Henry, -susurró JungKook-. Realmente es caliente.

Henry gruñó a su amigo. -¡Él es mío! 
JungKook batió sus pestañas juguetonamente e hizo pucheros. -Bien, no has hecho nada sobre ello. Si no le quieres, me lo llevaré.

Henry rodó sus ojos y pisoteó fuerte hacia la puerta. No sería el cebo. Sí, quería a Hangeng, pero también quería protegerse a sí mismo. Hangeng aún le asustaba como el infierno. No sólo porque era enorme, y Henry no le conocía de Santa Claus, sino porque hacía sentir a Henry cosas que no estaba seguro que tenía que sentir. Hangeng le hacía querer cosas que él no podía tener.

¿Y quién infiernos dijo que no podría tenerlas? ¿Sus padres? ¿La Señora Sora? ¿El Amo Suho o sus hijos idiotas?

Enderezando su espalda y cuadrando sus hombros, Henry caminó a través de la puerta y dentro de su habitación. Al minuto que Hangeng se volvió para mirarle, su valor sufrió una muerte dolorosa. Sus hombros se hundieron, sus ojos bajaron para mirar sus pies, y se acurrucó en sí mismo.

-Henry, aquí estás. -Hangeng siempre era tan cuidadoso con él. Nunca hablaba gritando, nunca llamaba a Henry por apodos o le menospreciaba-. Quería hablar contigo sobre Henry tragó duro, y su corazón golpeó dentro de su garganta. Esto fue todo. Esto era donde Hangeng le decía que era demasiada molestia y necesitaba que se fuera.

-Tengo que salir de la ciudad durante unos pocos días al final del mes. Algunos amigos míos se van a casar, y me han pedido asistir a la ceremonia en Seul.

La frente de Henry se arrugó, pero no quitó los ojos de los cordones de sus zapatos. ¿Por qué Hangeng le estaba diciendo esto?

-Me estaba preguntando si te gustaría unirte a mí. No tienes que hacerlo, por supuesto, pero te lo quería preguntar. -Hangeng sonaba nervioso, lo que era una extraña emoción en un hombre tan grande. Si Henry fuese de ese tamaño, nunca estaría asustado de nada. Nunca nadie se metería con él.

No dijo nada. ¿Era un truco? ¿Iba Hangeng a llevarle a Seul y abandonarle allí? Quizás acabaría dándole una patada directamente fuera del avión. De acuerdo, ahora estaba siendo estúpido, pero realmente. ¿Por qué Hangeng le pediría ir?

Un profundo suspiro derivó en sus oídos. -Dejaré que pienses sobre ello. Sólo dime lo que decidas. O puedes decirle a Ren si estás más cómodo hablando con él.

A Henry le gustaba Ren. Era mucho menos intimidante, y también sucedía que no era la pareja de Henry, lo que hacía más fácil hablar con él. Antes de que pudiera averiguar qué respuesta quería oír Hangeng, el hombre había dejado la habitación, cerrando la puerta. Detrás de él con un silencioso toque ligero.

-Así se hace, pasmado, -murmuró Henry a sí mismo. No quería seguir estropeando las cosas. Desafortunadamente, ese parecía ser su estado permanente.

-Lo siento, -dijo Kyuhyun desde su asiento en el otro lado del escritorio-. No pensé advertir a Sungmin para que no mencionara nada sobre Ren. Nunca le dije que Minhyun era la pareja de Ren. Él no lo sabía.

Hangeng suspiró y presionó las palmas de las manos en sus ojos. -Lo sé, Kyuhyun. No estoy enfadado con Sungmin. - No sabía cómo alguien podría estar molesto con el pequeño elfo. Sungmin estaba tan lleno de vida. Todo lo que él quería era que todos a su alrededor fuesen felices. Nunca haría daño a Ren intencionalmente, y probablemente, estaría devastado cuando comprendió que lo había hecho-. Hablaré con Ren.

-Lo siento, -repitió Kyuhyun-. Me gusta el chico, y sé que esto es duro. Sin embargo, no sé cómo ayudarle.

-Te lo agradezco. -Ren no parecía excesivamente molesto por que Baekho estuviese acoplado a Minhyun. Lo había escondido bien. Después de que el médico viniera, revisara a los nuevos residentes de la casa, y se marchara, Ren se había retirado a su habitación, y nadie le había visto desde entonces-. No creo que haya estado comiendo. -Bajó la vista a los papeles en su escritorio y suspiró-. Ahora hay esto.

Kyuhyun se sentó un poco más erguido. -¿Qué es eso?

-Un contrato de acoplamiento para Ren de LeeJoon . -Hangeng restregó su cara y gimió-. Ren no está acoplado, Kyuhyun. Por ley, tengo que honrar esto. Sin embargo, es mi mejor amigo. No puedo hacerle eso. Algunas de las disposiciones de este contrato son... - Se calló, incapaz de terminar.

Una disposición del contrato señalaba que Ren tenía que llevar un tapón anal todo el tiempo, día y noche, para que siempre estuviese ―disponible‖ para LeeJoon. Eso hizo que el estómago de Hangeng se revolviese, pero no sabía cómo solucionarlo.

-Hangeng, si no honras ese contrato, sabes lo que puede suceder. Lo de menos es que lancen tu culo en una celda.

-Es mi mejor amigo, -repitió Hangeng.

-Sí, pero ¿qué pasa con Henry? -Kyuhyun le dio una mirada comprensiva, pero Hangeng no creía que nadie pudiera entender realmente cómo se sentía. Tendría que elegir entre un hombre que había sido como un hermano para él por más de cien años o su nueva pareja.

-Henry no me quiere. -Lo había sabido durante un tiempo, pero le hacía mucho más daño decir las palabras en voz alta.

-Sólo está asustado y no sabe que te quiere. Ha 
pasado por un infierno, y te necesita, Hangeng.

-¿Qué pasa con Ren? -explotó Hangeng-. ¡No puedo enviarle a Jeju como una pieza de jodida propiedad!

Kyuhyun estuvo en silencio durante unos pocos minutos, y cuando finalmente miró hacia arriba para encontrar la mirada de Hangeng, hubo un malvado brillo en sus ojos. - ¿Vas a ir a la boda?

Hangeng asintió con la cabeza lentamente, aunque no entendía que tenía que ver eso con la situación de Ren. -Sí, vamos todos.

-Entonces asegúrate de que Ren esté allí. Por lo que Luhan le dice a Yesung, Minhyun es desgraciado. Cuando no está encerrado en su habitación, está siendo un completo cabrón con todo el mundo, incluyendo Baekho.

-No sé, Kyuhyun. ¿Qué pasa si hace más daño que beneficio? -La única manera de conseguir que Ren saliera del contrato era que sus compañeros le reclamaran. Sin embargo, no sabía si Minhyun le reclamaría.

Realmente Kyuhyun se rió entre dientes. -No sabes mucho sobre cambiaformas, ¿no?

-No realmente, -admitió Hangeng-. ¿Qué estás intentando conseguir?

-Los cambiaformas son posesivos, territoriales, y básicamente trogloditas cuando se trata de nuestros compañeros. Incluso si Minhyun no piensa que quiere estar acoplado a Ren, tampoco quiere a nadie más con él.

-Eso parece un poco injusto. -Hangeng unió sus dedos en la parte superior de su escritorio y frunció el ceño-. ¿Dónde deja eso a Ren? -Contratado para un gilipollas en Jeju. No le gustaba ese pensamiento, así que lo apartó rápidamente y giró su muñeca hacia Kyuhyun para que continuara.

Kyuhyun movió su mano. -Minhyun es joven, y por lo que entiendo, ha tenido malas compañías con vampiros. Lo mismo sucede con Baekho. Está arraigado en él querer estar con sus parejas. No será capaz de luchar contra ello para siempre. Sólo estoy diciendo que le demos un pequeño empujón en la dirección correcta.

Hangeng vagamente vio hacia donde iba esto. Realmente debería aprender más sobre cambiaformas. Parecían más animales que humanos. -El hecho de que Minhyun no quiera que Ren esté con otra persona no quiere decir que lo quiera. Suena más como un niño mimado peleando por un juguete y luego escondiéndolo en el armario donde nadie pueda verlo.

-No lo estoy explicando bien, pero sólo confía en mí. Ningún tipo de instinto puede hacer que Minhyun quiera a Ren. Si lo ve con alguien más, y realmente no le quiere, no reaccionará en absoluto. Sin embargo, no creo que ese sea el caso. Me gustaría recomendar a alguien lo suficientemente grande para hacer frente a un cambiaformas.

Hangeng pensó sobre ello durante varios minutos antes de que una leve sonrisa se abriera camino a través de sus labios. -Un pequeño empujón, ¿verdad? -Minhyun no reclamaría a Ren de inmediato. El hombre era demasiado testarudo para eso. Además, Baekho tendría que reclamar a Ren también, y los dos ni siquiera se habían conocido. Si Hangeng pudiese conseguir a los tres juntos, sin embargo, podría ser capaz de comprarles un poco de tiempo.

Kyuhyun sonrió maliciosamente y bajó la cabeza. - Apenas un pequeño empuje.

-Conozco al hombre para el trabajo.

Se levantó de su escritorio, vio a Kyuhyun desde la puerta, y luego fue en busca de su amigo.

La conversación con Ren no llevó mucho tiempo. Hangeng estaba sorprendido de que Ren hubiese aceptado realmente dejar que Suga le acompañara en la boda. Sólo esperaba que todo saliera bien, y Minhyun tuviese un buen vistazo de lo que podría perder si seguía negando a su pareja.

Con una cosa más fuera de su lista de tareas pendientes, Hangeng fue a hablar con su propia pareja. No sabía el bien que haría esto. No era como Henry respondió a todo. Aún, a Hangeng le gustaba pasar tiempo con Henry, incluso si era el único que hablaba. Con suerte, si mantenía sus visitas nocturnas, finalmente Henry se acostumbraría a que él estuviese allí. Quizás incluso comenzaría a relajarse un poco en lugar de temblar de miedo cada vez que Hangeng entraba en la habitación.

Dio un golpe ascendente, luego empujó la puerta abierta. -Buenas tardes, Henry. ¿Has comido hoy?

-Sí, -llegó una respuesta en voz baja. 

Hangeng estaba tan sorprendido, no supo que más decir durante un minuto. Excepto por unas pocas palabras cuando se conocieron, Henry nunca dijo nada. Decidiendo jugar fuera como si fuera un avance transcendental, Hangeng se aclaró la garganta y sonrió. -Me alegro. Te ves mucho mejor.

-Gracias.

Henry se sentó en medio de la cama, sus piernas encogidas debajo de él, y aún no miraba a Hangeng. Aunque por lo menos estaba hablando.

-¿Has estado durmiendo bien? ¿Hay algo que necesites?

-Nunca he tenido tanto. -Henry se asomó por debajo de sus pestañas cuando Hangeng se sentó en la cama-. Gracias por ayudarnos.

Estaba en la punta de la lengua de Hangeng informar a su pareja de que ese era su trabajo. Mientras que eso puede haber sido cierto, había más que eso. A él realmente le gustaba ayudar a estos hombres y mujeres jóvenes. Le daba un sentimiento de utilidad saber que había hecho algo para hacer mejor sus vidas.

-Para mí es un placer, -se decidió en su lugar-. Me alegra que pudiera ayudarte a ti y a tus amigos. -Dios, quería tocar a Henry de la peor manera-. ¿Recuerdas la conversación que tuvimos la semana pasada?

-¿Sobre nosotros siendo pareja?

-Esa misma. ¿Sabes lo que eso significa, Henry?

Henry asintió con la cabeza lentamente. -Que te pertenezco.

No sonaba muy feliz al respecto. Si Hangeng hubiese vivido la mitad de lo que había vivido Henry, se imaginó que no le gustaría ser propiedad de alguien.

-Cariño, es mucho más que eso. Sí, si lo deseas, me pertenecerás. Sin embargo, no eres mi esclavo o una mascota. Eres mi pareja. La elección es completamente tuya. Sólo quiero que seas feliz.

En un nivel, las palabras le mataron al decirlas. Sin embargo, Hangeng sabía lo que ellas significaban. Incluso si Henry no quisiese estar con él, sólo quería ver al pequeño hombre sonreír, aunque fuese una vez.

Lo que obtuvo fue un bufido poco convencido. -¿Así como así?

Hangeng contuvo un suspiro y se levantó de la cama. - Así como así, Henry. No voy a forzarte a hacer nada. Si quieres hablar, sabes dónde encontrarme. No te molestaré más.

Le daría a Henry el espacio que necesitaba. Tal vez si se aferraba a su promesa, Henry comenzaría a confiar en él. Al menos sabría lo que Hangeng quería decir.

No esperaba una respuesta, así que no se sorprendió cuando no recibió ninguna. Con una mirada final a su pareja, Hangeng atravesó la puerta y la cerró detrás de él silenciosamente.



CAPITULO 4


El golpe suave en la puerta de su oficina hizo que Hangeng levantara la vista de su ordenador. Imaginándose que era Ren entrando para quejarse sobre asistir a la boda de nuevo, gimió en voz baja antes de decir a su amigo que entrara. Entendía la situación de Ren. Realmente, lo hacía. Sin embargo, tenía mucha mierda con la que tratar. Algunos días la presión para cumplir con las expectativas le hacía sentir que debería venir con una etiqueta de advertencia. ¿Cuántas cosas más podrían ir mal antes de que perdiera por completo y explotara?

Lo peor era cuando era la misma mierda una y otra vez. Sólo había tantas veces que podría vencer a un perro muerto.

—Um, ¿puedo hablar contigo?

Hangeng casi se cayó fuera de su silla cuando Henry entró en su oficina. Habían sido cuatro días desde la última vez que había visto a su pareja. Había hecho su promesa y no había ido de nuevo a la habitación de Henry. Había sido una de las cosas más duras, más dolorosas que había tenido que hacer, pero con suerte estaba a punto de dar sus frutos.

—Por favor, entra, —respondió con tanta naturalidad como su corazón latiendo a ritmo acelerado se lo permitió— . ¿Hay algo mal?

Henry arrastró los pies más cerca del escritorio, su cabeza agachada, y sus manos torciéndose juntas nerviosamente delante de él. —No hay nada realmente malo. Yo sólo, bueno, supongo que quería decir que lo siento por la otra noche. —Tomó una profunda respiración, la dejó salir lentamente, y finalmente levantó la vista para encontrar los ojos de Hangeng—. Mantuviste tu palabra. Nadie ha hecho eso.

Levantándose lentamente, Hangeng caminó alrededor del escritorio y se detuvo frente a Henry. Entonces se acercó tentativamente, tomó la mano de Henry entre las suyas, y le acarició los nudillos con su pulgar. Henry temblaba, pero no se alejó, así que Hangeng tomó eso como una buena señal.

—Si esto es todo lo que quieres darme, seré feliz con ello. Sólo quiero una oportunidad para llegar a conocerte.

—No hay mucho para conocer. No creo que yo te gustara demasiado.

—¿Qué tal si me dejas ser el juez de eso? —Hangeng llevó la mano que sostenía hacia sus labios y la besó cuidadosamente—. Ya hay un montón de cosas que me gustan de ti. Quizás podemos comenzar hablando.

Henry miró su mano mientras pensaba que nunca había visto eso antes. —Creo que puedo hacer eso.

Y así hablaron. Henry no ofrecía mucho a menos que se le preguntara una cuestión directa, pero al menos lo estaba intentando. Y estaba mirando a Hangeng. En el momento que Hangeng le acompañó de regreso a su habitación y le dio un beso en la mano de buenas noches, incluso había dejado de temblar.

—Gracias por ser tan comprensivo, —susurró Henry—. ¿Podemos hablar más esta noche?

—Nada me gustaría más. —Hangeng hizo una pequeña reverencia y un ostentoso giro de su mano, y allí estaba. La primera sonrisa que había visto en la cara de Henry desde que encontró al hombre. Fue una pequeña, apenas tirando de las comisuras de sus labios, pero calentó el corazón de Hangeng—. Duerme bien, Henry.

Henry bajó la cabeza y cerró la puerta.

Esa fue su rutina durante las siguientes dos semanas. Hangeng iba a la habitación de su pareja, o Henry venía a su oficina. Se quedaban despiertos toda la noche, hablando sobre nada importante. Henry era más que inteligente, y Hangeng se encontró cautivado.

Nunca hablaban de las cosas malas que Henry había experimentado. Hangeng sabía que finalmente tendrían que hacerlo, pero iban a trabajar hasta ello. Henry se estaba sintiendo más relajado con él, sonriendo con frecuencia, y en realidad se reía cuando Hangeng le contaba la historia sobre cómo la pareja de Kyuhyun, Sungmin, había cambiado a un gato grande y clavó a Suga en el suelo.

La vida era buena. No era perfecta, pero era buena. Hangeng aún tenía que hacer retroceder su deseo por Henry. Valía la pena, pero algunas noches se sentía como que iba a reventar por querer tanto a Henry. Aún tenía el trato de LeeJoon  colgando sobre su cabeza, o más concretamente, la cabeza de Ren. Estaban trayendo a supervivientes golpeados y maltratados a un ritmo alarmante, y Hangeng estaba comenzando a preguntarse dónde iba a ponerlos a todos. 

—Quizás podrías construir más casas, —sugirió Henry cuando Hangeng expresó sus preocupaciones una noche—. Podrías hacer algo así como una comunidad para paranormales sin ningún lugar a donde ir.

—Esa es una gran idea, Henry. —Hangeng inmediatamente comenzó a hacer planes en su cabeza para hablar con El Consejo y adquirir los fondos necesarios para tal aventura. Sería diferente de cualquier otro aquelarre en el mundo. Cualquier persona en busca de refugio sería bienvenida. Nadie sería rechazado por lo que ellos fuesen.

Cuanto más pensaba en ello, más se emocionaba hasta que hizo caso omiso del sentido común, y agarró la cara de Henry y plantó un ansioso beso en sus labios.

En el momento que sus labios se encontraron, Hangeng se congeló. Muy lentamente, se apartó y miró a los muy abiertos, brillantes ojos de Henry. —Lo siento, cariño. —No se arrepentía de haber besado a su pareja. Aún podía saborear a Henry en sus labios, y quería más. Sólo lamentaba haberlo hecho sin el permiso de Henry.

Henry sacudió la cabeza adelante y atrás en silencio. Se veía un poco aturdido, y alcanzó a pasar los dedos por sus labios. Hangeng sostuvo su respiración, esperando para ver lo que sería la reacción final de Henry. Cuando una pequeña, dulce sonrisa se extendió sobre la boca de Henry, casi se desmayó de alivio.

—Me gustas, Hangeng. Me asustaste un poco, pero fue agradable. —Mordió su labio y miro abajo hacia su regazo— . ¿Podemos intentarlo de nuevo en algún momento cuando yo sepa que está viniendo?

Deslizando sus dedos por debajo de la barbilla de Henry, Hangeng empujó su cara hacia arriba y besó la punta de su nariz. —Puedes tener tantos como quieras. ¿Qué tal si te dejo dar el primer paso la próxima vez?

—Gracias. Realmente estoy muy contento de que te encontrara.

—Y estoy muy contento de que te encontré, cariño.

—Así que, eres el que manda aquí, ¿cierto?

Hangeng asintió con la cabeza, pero sintió que se le arrugó la frente de confusión por el cambio de tema. ¿Iba a ser motivo de ruptura? No le sorprendería que Henry tuviese problemas con las personas con poder. Sólo esperaba que pudiese probarle que no era como esos otros cabrones.

—Tomas decisiones y decides quien necesita ir a que tareas, ¿cierto?

—El Consejo algunas veces pedirá específicamente a uno de los Ejecutores, pero mayormente eso es correcto.

—Y ¿no tienes que ir con ellos? —Henry comenzó a inquietarse en su asiento, retorciendo sus manos juntas. No había hecho eso en varios días. Su nerviosismo puso ansioso a Hangeng.

—No, no tengo que ir con ellos, pero lo hago con frecuencia. Sentarme alrededor y estar con el papeleo simplemente no es para mí.

—¿Puedes no ir?

La sonrisa comenzó lentamente, pero se extendió hasta que Hangeng pensó que su cara se dividiría en dos. Henry estaba preocupado por su seguridad. Era un buen paso en la dirección correcta. —¿Qué pasa si sólo voy cuando El Consejo lo ordene?

La cabeza de Henry se inclinó a un lado, y pareció estar pensando sobre ello. —Me siento raro cuando no estás aquí, —dijo después de un tiempo—. Mi estómago se retuerce cuando pienso que te has hecho daño. Entiendo que tienes que ir cuando y donde los ancianos te dicen que vayas. ¿Harás el favor de tener cuidado?

Hangeng no sabía si quería reír con alegría, desmayarse de alivio, o cantar con esperanza. Así que, se decidió por una sacudida de cabeza y una sonrisa torcida. —Cualquier cosa que quieras, cariño. ¿Has pensado más acerca de venir a Seul conmigo?

—Umm, aún no estoy seguro.

Algo de la felicidad de Hangeng se desinfló, pero intentó no tomarlo como algo personal. —Eso está bien. No es hasta la próxima semana, así que tienes un montón de tiempo para decidir. Si no quieres ir, no voy a estar molesto, Henry. Depende completamente de ti.

—¿Sabes cómo pescar?

Y de nuevo regresaron a hablar de temas no emergentes.

—¿Has visto a Hangeng? —Henry había estado buscando a su pareja desde que se despertó. No estaba en su oficina, su habitación, o la cocina. Henry era reacio a salir fuera para buscar en los terrenos, pero se había asomado por la ventana.

—Se fue con los otros Ejecutores tan pronto como el sol descendió, —respondió Jiyong alrededor de la uña del pulgar que estaba masticando—. TOP dijo que volverían antes del amanecer.

—¿Qué? —El corazón de Henry cayó a la boca de su estómago, y sus palmas comenzaron a sudar—. ¿Adónde se fueron?

—No sé donde exactamente, pero creo que encontraron a más prisioneros. Tiene que estar cerca si van a regresar al amanecer, ¿cierto?

Jiyong estaba asustado, y eso sólo sirvió para hacer que Henry se asustara. Hangeng le había contado un poco sobre los varios grupos de sobrenaturales que vivían en todo el estado. La manada más cercana amable con ellos era la Manada Cloud Peak donde Sungmin vivía con sus parejas. Luego existía el Aquelarre Snake River, el aquelarre de vampiros del que Hangeng había sido parte antes de que tomara el liderazgo de la propiedad. La manada más cercana que posiblemente podría plantear un trato con ellos era una manada de hombres lobos allí mismo en Ulsan. El pensamiento hizo que Henry enfermara del estómago.

A pesar de que quería expresar sus preocupaciones, Jiyong parecía que ya estaba a punto de derrumbarse. — ¿Dónde están JongKook y SungJung?

—Abajo en la cocina aprendiendo cómo cocinar. — Jiyong parecía agradecido por el cambio de tema—. Realmente son felices aquí, Henry.

—¿Tú eres feliz?

—Sí, —susurró Jiyong y una sonrisa soñadora se extendió sobre su cara. —Me gusta estar aquí. Me gusta la gente de aquí. ¿Alguna vez pensaste que la vida podría ser así?

No, no lo había pensado. Henry nunca se había atrevido a pensar que su vida pudiera ser cualquier otra que la pesadilla que había sido. Sin embargo, Hangeng lentamente estaba cambiando su manera de pensar. El gran vampiro hacía que fuese tan fácil dejarse llevar y relajarse a su alrededor. Si Henry no se viese, iba a caer duro y rápido por Hangeng.

—Vamos a hacer algo divertido. —Necesita mantener su mente fuera de los peligros que Hangeng estaría enfrentando, y parecía que también Jiyong necesitaba levantar su espíritu. Henry no sabía exactamente qué estaba pasando con su amigo, o por qué estaba tan preocupado, pero ambos podrían utilizar una distracción.

—¿Qué podemos hacer?

Bien, eso le confundió. ¿Qué había que hacer en el lugar? Él aún tenía que explorar la totalidad de la enorme mansión. Sin duda allí tenía que haber algo. —―Vamos a explorar.

Caminando a lo largo de los pasillos, mirando las horribles pinturas y extrañas esculturas llevó más tiempo del que Henry se dio cuenta. El lugar era tan enorme. En realidad se perdieron dos veces. Aún, era una aventura, y algunas de las cosas en la casa eran bastante fascinantes. Henry quiso meterse dentro de una de las armaduras, pero se imaginó que estaría mal visto.

Luego se dirigieron a la cocina y se unieron a las lecciones de cocina de JongKook y SungJung. Fue algo divertido, y Henry se olvidó de las preocupaciones por Hangeng un rato. Hornearon pasteles, galletas, y bizcochos de chocolate. Al parecer, los Ejecutores eran golosos. La dulce, pequeña dama vampiro que cocinaba para el aquelarre les mostró cómo hacer una lasaña, palitos de pan caseros, y la forma correcta de pelar y asar a la parrilla el maíz. ¿Quién sabía que se podía asar a la parilla el maíz?

—Bien, mírate, —vino una divertida voz desde el otro lado de la cocina.

Henry se dio la vuelta y su corazón subió hasta su garganta. Hangeng tenía un corte corriendo por el lado de su cara, su camisa estaba rasgada y cubierta de sangre, y su ojo izquierdo estaba magullado e hinchado. Sin embargo, tenía la sonrisa más grande en su cara.

Saltando a través de la habitación, Henry no sabía si quería abrazar a su pareja o ennegrecer su otro ojo. — Prometiste que serías cuidadoso, —le acusó.

—Aún estoy de una pieza, ¿no? —La sonrisa cayó de su cara, y las palabras de Hangeng estaban mezcladas con acero—. Esto es lo que hago, Henry. Este es mi trabajo.

—¿Es tu trabajo conseguir que te pateen el culo? — Henry sabía que necesitaba callarse, pero no podía detenerse. Podría pagar por ello, pero había estado saliendo de su mente por la preocupación sólo para tener a su compañero entrando tan fresco en la cocina y confirmar sus temores.

—No he tenido mi culo pateado.

Ahora, Henry había despertado el orgullo del hombre. Fabuloso. —Eres un soberano, un líder. Deberías estar aquí liderando las cosas. Deberías estar aquí conmigo y no fuera arriesgando tu vida.

—Debería estar donde más me necesiten. Mis hombres me necesitaban, así que ahí es donde fui. ¡Al menos parece que les gusta tenerme alrededor!

Henry se echó hacia atrás como si Hangeng le hubiese golpeado. —Lo siento. —No sabía por lo que se estaba disculpando, pero lo haría una y otra vez si recibía esa mirada de la cara de Hangeng. Conocía esa mirada particularmente bien –quizás no de Hangeng, pero sí de otros– y siempre terminaba con él lastimado.

Los hombros del vampiro se hundieron, y cerró los ojos en un suspiro. Cuando los abrió de nuevo, el enfado había desaparecido, y sólo parecía cansado. —Ven aquí, Henry.

Henry se movió vacilante, dando un paso más cerca de su pareja. Mordió el interior de su mejilla y se obligó a no estremecerse cuando Hangeng le alcanzó. En vez de un golpe en la cara, la gran mano de su pareja palmeó su mejilla suavemente. —Siento haberte preocupado, y siento que te gritara. ¿Me perdonas?

¿Hangeng estaba pidiendo su perdón? Henry no sabía qué hacer con eso. Nunca le importó una mierda a nadie lo que pensaba y si ellos le molestaban. No era más que un conveniente blanco para furiosos, musculosos cabrones.

Su pareja tenía los músculos, y había estado enojado, pero no era un cabrón. Era la persona más amable que Henry había conocido. Tenía que llegar a eso en su cabeza y dejar de comparar a Hangeng con esos malditos que habían hecho de su misión en la vida causarle tanto sufrimiento como fuera posible. No era justo para Hangeng. ¿Acaso no le había demostrado que era un hombre de valía una y otra vez?

Acariciando el lado de su cara en la palma de Hangeng, Henry le dio una tímida sonrisa. —También lo siento.

—Detente. No tienes nada por lo que disculparte. — Hangeng tomó una profunda respiración, y parecía estar fortaleciéndose a sí mismo para lo que estaba a punto de decir—. Tengo que regresar, bebé. Ayudamos escapar a algunos alfas de la manada. No fueron comprados como esclavos, pero no fueron tratados mucho mejor. Sin
embargo, esa fue la parte fácil. El alfa y su círculo más cercano van a tener que ser llevados ante los ancianos para enfrentar cargos por las cosas que ha hecho. También tenemos razones para creer que su hermano está manteniendo esclavos en su manada en Mokpo.

—¿No pueden los otros hacer eso? —Henry no quería sonar llorón y desagradecido de lo duro que Hangeng trabajaba para mantenerles a todos seguros. Sólo quería al hombre fuera de peligro.

—Tenemos tiempo para hablar sobre ello, —dijo Hangeng igualmente—. Necesitamos obtener más pruebas antes de ir detrás de cualquiera de ellos.

—¿Crees que vendrán tras de ti?

—Yo... —Hangeng se calló y sus cejas se unieron en concentración—. No pienso en eso, pero no puedo descartarlo. Vamos a tener que ser más cuidadosos.

—¿Puedes pedir al Consejo más Ejecutores?

Hangeng sonrió de nuevo y acarició la mejilla de Henry. —Eres tan inteligente, cariño. Desafortunadamente, somos escasos y estamos estirados. No estoy seguro de que haya Ejecutores que puedan estar libres para ayudar a protegernos.

—Si nosotros, vosotros vais a convertir este lugar en un refugio, vais a necesitar más seguridad. De otra manera, sólo se está reuniendo a los vencidos, rotos, y abusados en un lugar así que son más fáciles de coger. Dios, Henry realmente necesitaba cerrar su Hangeng. Estaba haciendo que sonara como si Stavion no estuviera haciendo su trabajo, pero ese no era el caso en absoluto. Sólo quería hacer las cosas un poco más fáciles para su pareja.

—Tienes toda la razón, —respondió Hangeng para sorpresa de Henry—. Tienes legítimas e inteligentes preocupaciones, Henry. Sólo va a tomar un milagro para conseguir lo que necesitamos ahora.

Henry había querido ayudar, pero todo lo que había hecho fue crear más estrés para su ya sobrecargada pareja. Quizás sólo debería no volver a hablar.   



CAPITULO 5


Henry caminaba por su habitación. Parecía que últimamente lo hacía mucho. Se sentía como un animal enjaulado, merodeando por la alfombra, inquieto y frustrado.

Echaba de menos a su pareja. Sus amigos habían hecho todo lo posible para levantarle el ánimo, pero estaba desesperado. El hombre le había pedido en repetidas ocasiones durante las últimas semanas que lo acompañara en su viaje. ¿Por qué no pudo haber abierto su boca y decirle a Hangeng que quería ir a Seul con él?

¿Y por qué tenía que irse durante tanto maldito tiempo? Habían pasado tres días desde que Hangeng, Ren, y los Ejecutores habían partido justo después del atardecer. La boda no podía haber durado más de unas pocas horas. ¿Qué es lo que posiblemente tuviera que hacer más que eso?

Unos celos absurdos burbujearon en su interior, y Henry gruñó a la habitación vacía. Estaba siendo poco razonable y sólo un poco ridículo. Lo sabía, pero no hacía nada para calmarse. ¿Qué pasa si Hangeng encontraba a alguien más mientras estaba lejos? ¿Qué pasa si estaba cansado de soportar a Henry y su incapacidad de mirar a los vampiros?

—¡Joder! —Gritó la palabra lo suficientemente alto como para sacudir las ventanas. Quizás sólo debería irse. No quería quedarse y ver a Hangeng con otra persona. Pero ¿qué pasa si Hangeng no regresaba? ¿Qué pasaría con él entonces? ¿Aún se le permitiría quedarse?

Con un suspiro de derrota, se dejo caer de nuevo en su cama y miró la blanca, textura del techo. —¿Qué voy a hacer?

—Bien, podrías comer, para empezar, —dijo Jiyong cuando entró tan fresco en la habitación con una bandeja llena de comida—. Sopa de tomate, emparedados de queso a la plancha, y pudín de chocolate caliente. Todos tus favoritos.

Henry se levantó sobre sus codos y miró boquiabierto a su amigo. —¿Cómo supiste eso?

Jiyong le sacó la lengua y colocó la bandeja en la cama junto a él, entonces se sentó en el suelo junto a la cama con las piernas cruzadas delante de él. —Lo creas o no, en realidad escucho cuando hablas.

La culpa le inundó, y Henry se elevó a una posición sentada, cuidando de no volcar su bandeja. —No quise decir algo como eso. Gracias, Jiyong.

—Así que, ¿quieres hablar sobre ello?

—En realidad, no.

—¿Qué tal si me lo dices de todos modos? Has estado evitando a todo el mundo, y te quedas encerrado en esta habitación. ¿Te has duchado desde que se fue?

Henry tiró su bandeja hacia su regazo y cogió la mitad del emparedado. Tomó un mordisco y masticó lentamente mientras pensaba sobre qué contar a su amigo. —Le echo de menos. Y sí, me he duchado, sabelotodo. —Bajó la mirada hacia su sopa y suspiró—. No sé cómo estar con él. No sé qué decir, y estoy asustado de meter la pata y ser rechazado.

—Tienes miedo de él, —dijo Jiyong simplemente.

—Sí y no. Quiero decir, es tan grande, y nosotros exactamente no tenemos experiencias con hombres de su tamaño. Sin embargo, no creo que realmente me hiciera daño. Creo que estoy más asustado de que no me quiera.

—Eso no tiene ningún sentido. —Jiyong sacudió su cabeza, sus rizos rubios saltando alrededor de su cara—. ¿Tienes miedo de que te quiera pero miedo de que no te quiera? Creo que es un tipo agradable.

Colocando su bandeja a un lado, Henry se levantó de la cama y comenzó a caminar por la habitación de nuevo. — Es un tipo agradable, casi demasiado agradable. Eso es lo que me preocupa. Es casi demasiado bueno para ser verdad. Nadie es siempre amable con nosotros a no ser que quieran algo.

Jiyong resopló. —De nuevo, no tiene ningún sentido. Tan grande como es el hombre, no tiene que ser amable para coger lo que quiere.

Él tenía un punto. En más de tres semanas desde el encuentro con el hombre, Hqngeng nunca había hecho ni una vez cualquier tipo de movimiento agresivo hacia él. No había elevado su voz. No gruñía o demandaba cosas cuando Henry se negaba a mirarle o a hablar con él. De hecho, parecía casi triste por ello.

Detuvo su caminata y miró a Jiyong. —¿Qué hago?

—No puedo decidir eso por ti. Sin embargo, diré esto. Tienes una oportunidad real de ser feliz. Nadie puede forzarte. Es algo que tienes que querer. —Se levantó y cruzó la habitación para envolver a Henry en un suave abrazo—. ¿Le deseas lo suficiente?

Lo hacía. Lo quería más que nada, y lo quería con Hangeng. —¿Qué sucederá cuando descubra lo que soy? Quiero decir, tengo que contárselo, ¿verdad?

Jiyong le soltó y ahuecó sus mejillas con ambas manos. —Sí, tienes que contárselo, y cuanto antes mejor, amigo mío.

—¿Qué pasa si me odia?

Jiyong sonrió y besó su frente. —No te odiará. Sólo cuéntaselo.

Henry no pensaba que fuese tan fácil. Jiyong, JungKook, y SungJong eran los únicos que sabían su secreto, así como él era el único que sabía los suyos. Incluso no habían confiado en Sungmin.

—Hey, va a estar bien. —Jiyong y liberó su cara y dio un paso hacia atrás—. Espero que un día encuentre a mi pareja y pueda ser feliz. Nos lo merecemos después de la mierda que hemos atravesado. 

—Nos lo merecemos. Tú más que ninguno. —Amaba a Jiyong como a un hermano y esperaba que pudiera encontrar su felices para siempre—. Voy a intentar dormir. ¿Sabes cuándo se supone que todo el mundo esté de regreso?

Jiyong sacudió su cabeza. —TOP dijo que estarían de regreso a final de semana. Aunque no dio un día exacto. Tengo su número si quieres llamar y hablar con Hangeng.

Henry sacudió su cabeza. Mientras quería que su compañero regresara a casa, aún tenía que pensar que hacer y encontrar algo de valor. —Gracias por animarme. Hablaré contigo más tarde, ¿de acuerdo?

Esperó a que Jiyong saliera de la habitación antes de regresar a su cama. Comió rápidamente para calmar los gruñidos de su estómago pero en realidad ni siquiera probó la refrescante comida. Luego puso su bandeja fuera de su puerta para que el personal la cogiera. Después de quitarse su ropa, se metió en la cama y se acurrucó bajo las sábanas.

Quería que Hangeng regresara a casa, pero parte de él esperaba que tuviera unos poco días más para averiguar qué hacer.

—Mierda, es bueno estar en casa.

Hangeng sonrió y golpeó a Yoochun en el hombro. No podía estar más de acuerdo. La boda había sido agradable. Se divirtió hablando con sus amigos. Si bien Ren no lo había resuelto con sus nuevas parejas, había accedido a quedarse y darles una oportunidad. Hangeng no podía ser más feliz.

Sin embargo, había echado de menos a Henry. Quizás el tiempo alejados había permitido a Henry procesar y pensar sobre su nueva vida y lo qué quería de su futuro. Quizás incluso había echado de menos a Hangeng... sólo un poco.

—Ve a ver a Henry. —Aron se rió entre dientes mientras subía detrás de ellos—. Sé que lo quieres, hombre.

Hangeng sonrió. —Sí, lo hago. —Henry probablemente estaba durmiendo, pero necesitaba ver a su pareja y estar seguro de que estaba a salvo.

Corriendo por los pasillos, recorrió el mismo camino que había tomado un centenar de veces desde la noche que había conocido a Henry. Algunas veces al comienzo, se había encontrado a sí mismo simplemente caminando arriba y abajo en el pasillo frente a la puerta de Henry, sólo feliz de estar tan cerca de su pareja sin el hombre saltando fuera de su piel. ¿Qué tan malditamente patético era eso?

Levantó su mano para llamar, pero un fuerte grito le tuvo irrumpiendo en la habitación, agachado y preparado para un ataque. Sin embargo, no había nadie allí. Un resplandor color ámbar de la pequeña lámpara de noche llenaba la habitación, pero las esquinas permanecían oscuras. Levantándose de su postura de defensa, Hangeng lanzó su mirada por la habitación y levantó su cabeza para olfatear el aire. 

Captó un persistente rastro de olor de Jiyong, un olor que estaba haciéndose muy familiar. El único otro olor en la habitación era de Henry, e hizo a Hangeng querer ronronear. Su polla tembló de interés, las encías alrededor de sus caninos picaban cuando sus colmillos amenazaron con alargarse. Los detuvo por pura voluntad. La última cosa que quería hacer era asustar a su pareja.

Una vez que estuvo satisfecho de que estaban solos en la habitación y no había truco, sus ojos se enfocaron en la cama. Henry batía su cabeza de un lado a otro, sus manos apretando y soltando las mantas una y otra vez mientras luchaba y lloriqueaba.

Probablemente se arrepentiría más tarde cuando Henry se despertara y le mirara con miedo, pero Hangeng no podía soportar ver a su pareja en dificultades. Corriendo hacia la cama, se acomodó en el lado del colchón y agarró los hombros de Henry, dándole una suave sacudida.

El hombre se volvió salvaje. Sus brazos se agitaban, sus pies daban patadas, y sus gritos se elevaron en volumen hasta que Hangeng pensó que sus tímpanos se destrozarían. —¡Henry! ¡Despierta! —Sacudió un poco más fuerte, intentando sacar a Henry de cualquier pesadilla en la que estaba atrapado.

Los suaves ojos verdes de Henry se abrieron de golpe, cerrándose con la presencia de Hangeng, y su cuerpo inmóvil y tenso bajo las manos de Hangeng. Su boca trabajaba, abriéndose y cerrándose, pero no emitió ningún sonido.

Apartando sus manos lentamente, Hangeng no tenía ni idea de lo que hacer a continuación. Cada célula en su cuerpo dolía por tirar al hombre dentro de sus brazos y consolarle. Sin embargo, por la mirada de terror en la cara de Henry, sabía que no era una posibilidad.

—Sólo era un sueño. Aquí estás a salvo. —Hablaba suavemente, sólo poco más que un susurro.

Los ojos de Henry se ampliaron, brillando en la luz con lágrimas no derramadas. Su labio inferior comenzó a temblar, su respiración se aceleró, y su pequeño cuerpo comenzó a temblar violentamente. Hangeng no pudo soportar ver la mirada dirigida a él un segundo más.

Fue a levantarse de la cama, pero antes de que pudiera moverse, se encontró a sí mismo con un regazo lleno de su muy desnuda pareja. Los brazos de Henry fueron alrededor de su cuello, aferrándose a él con fuerza. Se movió alrededor del regazo de Hangeng, presionándose a sí mismo más cerca y hundiendo su rostro en el cuello de Hangeng. —Regresaste, —susurró.

El pecho de Hangeng se hinchó y su corazón se disparó. Envolvió a Henry en sus brazos, tirando de él incluso más cerca, y besó la parte de arriba de su rubia cabeza. —Por supuesto que regresé. ¿Dónde más iba a ir, pequeño?‖

Henry sólo sacudió su cabeza y presionó su cara más firmemente en la garganta de Hangeng mientras seguía temblando.

A pesar de que no creía que el temblor tuviese algo que ver con la temperatura de la habitación, Hangeng se puso de pie con Henry aún envuelto a su alrededor, y tiró de la manta de la parte superior de la cama para cubrir a su pareja. Entonces se echó hacia atrás en el colchón y metió las esquinas alrededor de los hombros de Henry mientras le mecía de un lado a otro.

—Regresaste, —repitió Henry después de varios minutos de silencio.

Hangeng no sabía por qué el hombre sonaba tan sorprendido, y en ese momento no le importaba. Finalmente tenía a su pareja en sus brazos. Henry encajaba tan perfectamente, como si estuviera hecho para estar allí. Descansando su mejilla contra la parte de arriba de la cabeza de Henry, Hangeng acarició sus cabellos sedosos y comenzó a tatarear una melodía inventada.

No sabía qué le había poseído para hacer eso, pero parecía funcionar. Tomó sólo unos minutos para que los tensos músculos de Henry se relajaran y su respiración se igualase. Sus brazos se deslizaron del cuello de Hangeng y bajaron hacia su pecho donde agarraron a su camisa de algodón.

Hangeng continuó meciendo a su pareja por un largo tiempo después de que Henry se hubiese dormido. No quería dejarle ir, pero el sol saldría pronto. Tampoco estaba seguro de lo que esperaba cuando Henry se despertara. ¿Había buscado consuelo en Hangeng a causa de su pesadilla? ¿Incluso sabría lo que había hecho?

Con el corazón encogido, aflojó a Henry de su regazo y le bajó hasta el colchón, con cuidado de no despertar a su dormida pareja. Cuando intentó soltar las manos de Henry de su camisa, el hombre se aferró a él más estrechamente.

—No te vayas, —susurró Henry sin abrir sus ojos—. Por favor, quédate conmigo.

Hangeng sabía que probablemente se odiaría a sí mismo por esto más tarde, pero era exactamente lo que quería hacer. Nunca quiso estar lejos de Henry. Además, ¿cómo se iba a resistir a tales ruegos?

—Déjame quitarme mis botas, bebé. —El cariño se deslizó de sus labios sin pensar, y Hangeng se tensó, esperando por la reacción de Henry.

No esperaba la suave sonrisa que se inclinó en la esquina de los labios del hombre, pero le dio esperanza. Henry liberó su camisa, pero de manera vacilante, y Hangeng se dedicó a quitarse sus botas y ropa. Se dejó los bóxers y se arrastró bajo las mantas, casi asfixiándose cuando Henry inmediatamente se movió para acurrucarse contra su pecho.

—Regresaste, —dijo Henry por tercera vez—. Te eché de menos, Hangeng. Me alegra que estés en casa.

Cogiendo a su pareja en sus brazos, Hangeng le abrazó con fuerza mientras las lágrimas picaban en las esquinas de sus ojos. No sabía que había cambiado en su ausencia, pero siempre estaría agradecido por ello. —También te eché de menos, Henry.

Hangeng suspiró, besó la parte superior de la cabeza de Henry, y cerró sus ojos. Oyó las placas de acero deslizarse sobre las ventanas justo antes de que se sumiera en el primer sueño tranquilo que había tenido en las últimas semanas.

El chirrido de metal sobre las ventanas le despertó.
Henry parpadeó abriendo sus ojos y sonrió cuando la luz de la luna bañó su rostro con un resplandor blanco. No podía recordar la última vez que había dormido por tanto tiempo y sin pesadillas. Imaginó que el cuerpo caliente que se presionaba contra su espalda tendría algo que ver con ello.

Girándose lentamente, se dio la vuelta hasta que estuvo de cara a su pareja y se acurrucó contra su pecho, inhalando profundamente. Dulce misericordia, el hombre olía como el cielo. Las dudas, reservas, y la incertidumbre se deslizaron en su felicidad, pero les venció de nuevo sin piedad. Podría no funcionar. Podría terminar en desastre. Nunca lo sabría a ciencia cierta a menos que les diera una oportunidad.

Frotándose contra la tibia garganta de Hangeng, olfateó una y otra vez, amando el dulce aroma. Le recordaba al helado de fríjoles de vainilla al que había sido aficionado de niño, frío y azucarado.

Vacilando, alcanzó con las manos temblorosas, presionando sólo las puntas de sus dedos en el pecho de Hangeng y rozándolos sobre los pectorales del hombre. Oh, la piel era tan suave. Henry no podía encontrar una sola imperfección, y era increíblemente lisa, nada de pelo. La curiosidad le tuvo frotando su mano más abajo hasta que alcanzó la cinturilla de los bóxers de Hangeng. Se preguntó si el gran vampiro no tendría pelo en ningún sitio.

Chupando su labio inferior entre sus dientes, trazó un dedo hacia atrás y adelante a lo largo de la parte superior de la cinturilla, inseguro de cómo proceder. Hangeng era su pareja, así que seguramente eso quería decir que era libre para explorar como quisiera, ¿cierto? Entonces de nuevo, quizás podría ser rudo hacerlo sin permiso. Henry nunca había iniciado el contacto sexual, y ciertamente nunca tuvo una pareja. No tenía claras las reglas y los límites.

Sin embargo, no quería despertar a Hangeng para preguntar. El hombre aún le ponía nervioso, y se estaba divirtiendo aprendiendo el cuerpo de su pareja sin la ansiedad de que pudiese hacer algo mal. Si Hangeng estaba durmiendo, no podría estar decepcionado.

Con la respiración entrecortada, metió dos dedos en la cinturilla para frotar sobre la piel de la parte inferior del abdomen de Hangeng. Así como había esperado, era tan suave como el resto del cuerpo del vampiro. Hizo una pausa y mordió su labio de nuevo. ¿Debería continuar?

Henry empujó sus dedos sólo un poco más abajo hasta que las puntas frotaron sobre la base de la polla de Hangeng. Respiró profundamente y tragó un gemido cuando la encontró dura y caliente al tacto. Su propia polla respondió, llenándose e hinchándose en tiempo record para presionar contra el vientre de Hangeng.

Pasando suavemente sus dedos a lo largo de la polla hinchada de Hangeng, Henry tragó duro cuando parecía que no terminaba nunca. El hombre estaba firme como un maldito caballo, y Henry quería verlo. Sin embargo, no quería moverse. Así que, en su lugar, se colocó para trazar la vena pulsante que serpenteaba a lo largo de la parte superior del eje y luego pasó el dedo alrededor de la pequeña cresta de la corona en forma de hongo.

Tentativamente, se movió más adelante a lo largo de la cabeza, apretándolo muy suavemente entre su pulgar e índice. Su pulgar se movió más cerca de la punta, apenas rozando la lisa piel, y jadeó cuando se encontró con la humedad. Frotando su pulgar sobre el escape de la hendidura y untando el líquido pre-eyaculatorio del glande de Hangeng, Henry se preguntó si el hombre sabría tan bien como olía.

Aún estaba debatiendo envolver sus labios alrededor de la monstruosa polla cuando un profundo gemido retumbó desde el pecho de Hangeng. Henry se congeló, incapaz de moverse cuando el miedo le paralizó. Sus dedos inmóviles en su exploración, su columna vertebral rígida, y sus músculos bloqueados. ¿Estaría enojado Hangeng? ¿Le enviaría lejos ahora?

Hangeng movió su cabeza, frotando su mejilla sobre la parte superior de la cabeza de Henry. —Se siente bien, bebé.

Henry se inclinó hacia atrás, pero no pudo alzar sus ojos, así que miró el pecho de Hangeng cuando habló. —¿No estás furioso?

Largos dedos se deslizaron debajo de su mentón e inclinaron su cabeza con una ligera presión. Estaba sorprendido de encontrar a Hangeng sonriendo. —Me desperté con un hermoso hombre en mis brazos. ¿Por qué estaría enfadado?

—¿Crees que me veo bien? —Soltó Henry mientras sus ojos se redondeaban. Sabía que estaba tan desnudo como el día en que nació, pero quizás Hangeng realmente no había sido capaz de ver su cuerpo en la penumbra.

Hangeng se inclinó muy lentamente y frotó sus labios sobre los de Henry. El simple contacto tuvo su polla palpitante y un gemido de necesidad escapó de sus labios entreabiertos. —Wow, —respiró cuando Hangeng se alejó. Había tenido su cuerpo utilizado de varias maneras, pero nadie le había besado antes. Le gustó. Le gustó mucho, y esperaba recibir muchos más de esos besos suaves.

Riendo entre dientes, Hangeng presionó sus labios juntos de nuevo, un poco más insistente en esta ocasión, y el cuerpo de Henry se encendió y su piel quemaba. —Estás mucho más que bien, —susurró Hangeng contra los labios de Henry—. Eres tan hermoso que me dejas sin aliento.

Nadie le había dicho algo tan dulce. Le habían dicho que era ―caliente‖. Alguien había comentado sobre su culo firme. Sin embargo, nadie le había dicho que era hermoso. —Está bien para los chicos ser hermosos, ¿cierto?

Los labios de Hangeng susurraron sobre sus mejillas, sus ojos, y los frotó sobre su frente. —Sí, bebé. Definitivamente está bien.

Henry se derritió aún cuando su corazón arrancó y corrió saltando en superdirecta. ¿Por qué había estado tan asustado? Hangeng era el hombre más amable, perfecto que nunca había conocido. Su interior se derretía cuando Hangeng le llamaba ―bebé‖. La gran mano que descansaba en su cadera le hacía sentir seguro. También hizo que su piel quemara y su polla latiera. No pensaba que Hangeng pudiera hacerle daño, pero entonces de nuevo, aún no había metido la pata.

Extrayendo la mano de los bóxers de Hangeng, se movió para descansar sobre el corazón de su pareja. Latía tan rápido y tan duro que Henry podía sentirlo contra su palma. No sabía lo que quería decir, y le asustaba. —Está latiendo muy rápido, —susurró, esperando que no estuviera haciendo algo mal.

Hangeng puso su mano sobre la de Henry ,y la presionó más firmemente contra su pecho. —Esto, —murmuró. Entonces envolvió sus dedos alrededor de la mano de Henry y la guió de vuelta a su hinchada polla, presionando la palma de Henry contra ella a través del delgado algodón—. Esto, —dijo de nuevo. Luego quitó la mano de Henry, la giró lentamente, y la presionó contra el corazón de Henry—. Es debido a esto. No puedes comenzar a imaginar lo mucho que te quiero. Sin embargo, no quiero presionarte. Te daré tanto tiempo como necesites. 

Henry tragó fuertemente cuando lágrimas hicieron su visión borrosa. Hangeng le quería, pero no le estaba forzando. Estaba dispuesto a esperar, darle a Henry el tiempo que necesitara para estar cómodo. Infiernos, ni siquiera estaba pidiendo nada a cambio.

—Por favor di algo. —Hangeng sonaba tan preocupado como Henry se sentía—. No quiero que me tengas miedo, Henry. Nunca –jamás– te haría daño, ni por accidente. Voy a hacer todo lo posible para asegurarme de que estés a salvo y feliz.

Bien, eso lo hizo. Las lágrimas contra las que había estado luchando se desbordaron, derramándose sobre sus mejillas y corriendo hacia abajo a ambos lados de su cara. Sorbió e hipó mientras presionaba sus labios juntos para no llorar. Movió su mano hacia arriba, pero hizo una pausa antes de que hiciera contacto con la cara de Hangeng.

Llegó un poco más lejos y se calmó de nuevo. Le tomó varios intentos, y en el momento que su palma descansó sobre la mejilla de Hangeng, su mano temblaba tanto que vibraba la cara de su pareja. Sin embargo, a Hangeng no pareció importarle. Cerró sus ojos y suspiró, girando su cabeza ligeramente para que pudiera frotar su mejilla contra la palma de Henry.

Sus dedos calientes se enroscaron alrededor de la mano de Henry, sujetándola en un agarre suelto. Entonces giró su cabeza un poco más y puso un tierno beso justo sobre la vena palpitante en su muñeca. —Te daré todo lo que quieras, Henry. Podemos tomarnos tanto tiempo como necesites. Sólo te quiero cerca de mí.

Armándose de valor y tomando una oportunidad, Henry expresó su primer deseo en casi cinco años. —Me gusta cuando me llamas bebé. ¿Me harás el favor de llamarme así de nuevo?

Los párpados de Hangeng se abrieron, y sonrió lo suficientemente brillante como para rivalizar con el sol, sus dientes blancos y brillantes bajo la luz de la luna. Muy suavemente frotó la parte de atrás del cabello de la cara de Henry , besó las lágrimas de sus mejillas. —Mi bebé, — susurró.

A Henry le gustó aún más. Su corazón se sentía como si fuera a saltar de su pecho y su estómago hacía volteretas y bucles, pero no era incómodo. Su primera petición había ido bien, así que esperaba que tuviera tanto éxito en la segunda.

—¿Me... Me besarás de nuevo? Me gusta la forma en que me besas.

Hangeng acunó la parte posterior de la cabeza de Henry en su gran mano mientras ponía pequeños besos a lo largo de la mejilla de Henry  abajo en las esquinas de sus labios. —Nunca tendrás que pedir un beso. —Presionó sus labios juntos, suave al principio, luego con más presión.

Henry jadeó cuando sintió la lengua de su pareja hacerle cosquillas en la junta de sus labios. Su repentina ingesta de respiración le permitió a Hangeng deslizarse dentro, su lengua frotando contra la de Henry, acariciándola y alentándole para responder.

Gimiendo suavemente, los brazos de Henry se movieron alrededor del cuello de Hangeng como si por instinto, se abrió más, empujándose a sí mismo más cerca de su pareja. Hangeng mantuvo el beso suave, lamiendo el interior de la boca de Henry lentamente, deslizamientos lentos y débiles de su lengua.

Henry quería más. Apretó sus brazos y sacudió sus caderas, su cerebro en cortocircuito cuando Hangeng continuó para hacerle el amor a su boca. Su polla dolía, sus bolas agitadas, y todo su cuerpo se sentía como si estuviera en fuego cuando frotó su polla sobre el musculoso estómago de Hangeng.

Oh, le gustaba besar. Había algo tan íntimo sobre el acto. Aunque no tuviera nada para compararlo, tenía que ser el mejor beso en la historia de los besos. Hangeng sabía exactamente lo que estaba haciendo. Cada caricia de su lengua avivaba las brasas en el vientre de Henry hasta que pensó que habría una combustión entre ellos.

La otra mano de Hangeng se apodero del mentón de Henry, inclinando su cabeza ligeramente y tomando el beso más profundo. Henry estalló como un cohete. Su cuerpo se puso rígido, su polla pulsaba, y un bajo gemido fluyó en el pecho de Hangeng, y se quedó inmóvil.

Henry salió bruscamente de los brazos de su pareja y se revolvió hacia atrás hasta que se cayó de la cama. Sabiendo que era inútil correr, se hizo un ovillo y envolvió sus brazos alrededor de su cabeza. Las cosas habían estado yendo tan bien. ¿Por qué tuvo que ir y joderlo? —Lo siento. Lo siento. Por favor, lo siento mucho. 



CAPITULO 6


El corazón de Hangeng se hizo pedazos en su pecho cuando escuchó a Henry disculpase una y otra vez. Tendría que haber llevado las cosas más despacio. Pero, Dios, Henry sabía tan bien, y no había sido capaz de ayudarse a sí mismo. El hecho de que Henry hubiese estallado con nada más que un beso era la cosa más sexi de la que Hangeng había sido testigo. Estaba tan encendido, que había estado malditamente cerca de seguir a Henry directo sobre el borde.

Lanzando sus pies sobre el borde de la cama, se deslizó hacia el suelo y se arrodilló junto a su angustiada pareja. Apoyó su mano en el hombro de Henry, pero la retiró cuando el hombre se estremeció bajo su toque.

—Lo siento, Hangeng. Lo siento. Por favor, no fue mi intención. —Los sollozos sacudiendo su cuerpo estremecieron su pequeño cuerpo con tanta violencia, que Hangeng pensó que iba a morir cuando lo vio.

—Henry, cariño, mírame.

Cuando Henry sólo sacudió su cabeza, Hangeng tomó una rápida decisión que esperaba que no fuese contraproducente y le estallara en la cara. Asentando su espalda contra el lado de la cama, cogió a Henry en sus brazos y le sostuvo ligeramente mientras el hombre luchaba contra él.

—Guarda silencio ahora, bebé. Todo está bien. — Acarició el cabello de Henry, su espalda, cada parte de él que podía alcanzar mientras intentaba calmar y consolar al pequeño hombre—. No estoy furioso. Nunca te haría daño, ¿recuerdas?

Siguió hablando, manteniendo su voz tranquila y calmante mientras sostenía a su pareja apretada contra su pecho. Eventualmente, la lucha de Henry disminuyó y de repente, se aferró a Hangeng con una fuerza impropia de su pequeña estatura. Sus sollozos también se calmaron, aunque sus delgados músculos aún temblaban y se estremecían bajo las manos de Hangeng.

Su pequeño rostro se enterró en la garganta de Hangeng, y Henry se movió alrededor hasta que pudo trabar sus piernas alrededor de la cintura de Hangeng. Se sentaron así durante mucho tiempo, ninguno dijo una palabra. Había muchas cosas que Hangeng quería preguntar, tantas cosas que necesitaba decir. Sin embargo, podían esperar. Consolar a su pareja era más importante que apaciguar su curiosidad.

Continuó rozando sus dedos sobre la delgada espalda de Henry mucho después de que el hombre se hubiese calmado. Las comisuras de su boca bajaron hacia los golpes y moretones. La piel estaba elevada y arrugada en círculos de tamaño de una moneda de diez céntimos en algunos lugares. Cuanto más exploraba, más se le apretaba el estómago y la bilis subió por su garganta. Le tomó cada gramo de fuerza de voluntad mantener su boca cerrada y no preguntar de dónde habían venido las cicatrices. Tuvo una idea bastante buena, pero quería que Henry confiara en él lo suficiente para que le contara la historia. Esa confianza aún no había llegado, pero esperaba que algún día, pronto.

—No soy tan hermoso ahora, ¿no? —murmuró Henry contra su cuello.

Hangeng apretó sus ojos cerrados contra el dolor en su corazón. —Siempre serás hermoso para mí.

Aunque la piel estropeada lo hiciera enfermar por lo que su pareja había atravesado, de ninguna manera restaba de su belleza. Sólo lamentaba esas cosas tan terribles que le habían sucedido al hombre. No importaba que apenas hubiese conocido a Henry. Una parte de él murió en su interior ya que no había protegido a su pareja de las crueles manos de Kim Suho.

—No fue mi intención hacer eso, Hangeng. Lo siento mucho. Por favor no estés decepcionado de mí. Lo haré mejor. Nadie me había besado antes, y eso fue tan asombroso.

Henry siguió divagando sucesivamente, pero Hangeng había dejado de escuchar. No sabía cuánto más podría aceptar su corazón. Cada nuevo descubrimiento que hacía sobre Henry era a la vez sorprendente y doloroso. Cómo podía el hombre funcionar después de lo que había atravesado era un milagro en sí mismo.

—¿Nunca antes habías sido besado?

Henry se tensó de nuevo, pero sólo brevemente antes de que se relajara contra el pecho de Hangeng. Hangeng lo tomó como una buena señal, y esperaba que floreciera dentro de él. —Bien, ahora lo he sido, —dijo Henry, y Hangeng podía oír la sonrisa en su voz, sentir los deliciosos labios de su pareja extenderse sobre su garganta.

—Sabelotodo. —Hangeng se rió entre dientes y besó la sien de Henry para que el hombre pudiera saber que estaba satisfecho y él no estaba siendo reprendido—. ¿Te gustó? Fue una pregunta estúpida, pero Hangeng quería oír la voz de Henry de nuevo, especialmente ahora que no estaba llena de miedo. Además, esperaba que el pequeño hombre se sintiese más cómodo expresando lo que le gustaba y lo que no le gustaba.

Henry se inclinó hacia atrás un poco e introdujo su mano entre ellos, sumergiendo sus dedos en el semen seco en el estómago de Hangeng. Tomó todo en él no gruñir ante el vacilante toque. Entonces Henry levantó sus dedos y los sostuvo en la boca de Hangeng mientras levantaba la mirada hacia él con temor en los ojos de color verde pálido. —¿Qué piensas? —Habló tan suavemente, que si no fuera por su oído de vampiro, Hangeng no le habría escuchado.

Incapaz de soportar la incierta mirada en los ojos de su pareja otro instante, y porque realmente quería saber a qué sabía Henry, Hangeng abrió su boca e inclinó su cabeza para capturar los dedos de Henry en su boca.

El sabor del semen de su pareja explotó sobre sus papilas gustativas e hizo que su cabeza girara. Dulce y salado, un poco a tierra, nunca había probado nada tan divino. No pudo detener el gemido ahogado o la hinchazón de su polla cuando arremolinó su lengua alrededor de los dedos en su boca. Quería más de ese dulce néctar pero se mantuvo bajo control, ahogando su deseo.

Parpadeó al abrir sus ojos, y casi deseó no hacerlo. El ardiente deseo en los ojos de Henry fue cautivador, pero también hizo que su polla latiera dolorosamente y sus bolas se tensaran ajustadas a su cuerpo. Henry lamió sus labios, sus fosas nasales, y Hangeng gimió patéticamente.

Dejando que los dedos de Henry se deslizaran de su boca, se sintió atrapado por la mirada de su pareja. No podría haber apartado la mirada si la habitación estuviese en llamas. Había esperado cientos de años para encontrar a su pareja, su sol. Henry no estaba exento de sus problemas, y podría ser un camino lento y tortuoso para navegar, pero a Hangeng no le importaba. Henry era perfecto y valía la pena la espera.

—Necesito contarte algo.

Hangeng asintió con la cabeza lentamente. Si el temblor en el labio de Henry era alguna indicación, no sería un secreto alegre. —Puedes contarme cualquier cosa.

—Tengo miedo, —susurró Henry cuando su mentón cayó hacia su pecho—. No me querrás después de que te lo cuente.

Deslizando la mano por la suave columna de la garganta de Henry, Hangeng acunó su mentón y levantó su rostro. —No hay nada que puedas contarme que me haga no quererte.

Henry no parecía convencido, pero tomó una profunda respiración y la dejó salir lentamente. —Sé que te has estado preguntando qué soy. El médico no pudo averiguarlo. Me preguntó, pero tenía demasiado miedo para decírselo, así que sólo le dije que era humano. Obviamente, no soy humano, o no sabría que eres mi pareja.

Hangeng puso su mano sobre la boca de Henry para detener sus nerviosas divagaciones y sonrió. El chico realmente era adorable. —Sólo cuéntamelo, cariño. Prometo que no estaré furioso, y te juro que aún te querré sin importar el que.

Asistiendo una vez con la cabeza, Henry enrolló sus delgados dedos alrededor de la muñeca de Hangeng y quitó la mano de su boca. —Soy un híbrido. Soy parte humano, así que realmente no mentí sobre eso. —Tomó otra profunda respiración y cerró sus ojos, hablando sin abrirlos—. Soy un Demonio Aíma.

Hangeng bajó la cabeza en reconocimiento mientras la sonrisa poco a poco se deslizaba en su rostro. Entendía por qué Henry había estado asustado de contárselo. Demonios de cualquier clase tenían una mala reputación, principalmente debido a los Arsidians. Los demonios chupadores de almas eran viciosos, manipuladores, y claramente malignos. Sin embargo, no todos los demonios eran creados igual.

Levantando la mano de Henry, Hangeng rozó sus dedos a lo largo de la suave piel del brazo de su pareja y suspiró. La carne estaba llena de cicatrices así como tres nuevas marcas en diagonal. Parecía como si nadie hubiese educado jamás a Henry acerca de su naturaleza.

—Bebé, la primera cosa que quiero que sepas es que no estoy furioso, y aún te quiero mucho. —Ignoró la mirada de sorpresa de Henry  continuó—. Necesito preguntarte unas pocas cuestiones. ¿Te parece bien?

Henry balanceó su cabeza mientras miraba a Hangeng con alivio. —Te contaré cualquier cosa.

—¿Sabes lo que significa ser un Demonio Aíma?

Henry sacudió su cabeza y frunció el ceño. —Necesito sangre. Eso es todo lo que realmente sé.

Eso era otra cosa que tendrían que analizar. Hangeng no sabía quién estaba donando la sangre, pero desde ese momento, se detendría. Él sería el único que le diera a su pareja lo que necesitara. —Eso es porque un Aíma es un demonio de sangre. Los Aímas realmente no son muy diferentes de los vampiros. —Muchos de los demonios de sangre incluso fueron capaces de vivir entre los aquelarres porque eran muy parecidos. Había sólo dos diferencias reales—. Sabes que puedes salir de día.

Henry asintió con la cabeza de nuevo, pero esta vez permaneció en silencio.

—Necesitas sangre para vivir como yo, como un vampiro. Cuando tomo sangre, la absorbo dentro de mi cuerpo donde me alimenta. Es como poner gasolina a un coche. Mi cuerpo usa la sangre hasta que desaparece, y entonces tendré que alimentarme de nuevo.

—De acuerdo, entonces ¿cómo de diferente es eso de mí?

—Piensa en tu cuerpo más como una bañera. —Era una extraña analogía, pero Hangeng realmente no podía pensar una mejor manera de explicarlo. Sostuvo la muñeca de Henry holgadamente y frotó su pulgar sobre las cicatrices—. Llenas tu cuerpo con sangre, y hace su trabajo. Si estuvieran en una bañera, la llenarías con agua y limpiarías tu cuerpo. Cuando terminas, tienes que drenar el agua. Tu cuerpo trabaja de la misma manera. La sangre circula a través de tu cuerpo y se mezcla con el agua, causando que se duplique el volumen. Puede ser muy doloroso.

Henry asintió con la cabeza solemnemente. —Es doloroso. Ese es el por qué hago esto. —Se miró las heridas con costra de su antebrazo—. Es como esta gran presión construyéndose dentro de mí hasta que siento como si fuera a explotar. Cuando me corto y sangro, disminuye un poco.

—Sin embargo, eso no es suficiente.

—No. —Henry levantó la mirada y suspiró—. Duele mucho. Nunca deja de doler, pero algunas veces sólo duele un poco menos.

—Eso es porque cortarte no es la respuesta. —Hangeng sonrió y besó la punta de la nariz de Henry—. Es muy afortunado para ti que estés acoplado a un vampiro. Necesitas a alguien para alimentarte, bebé.

Henry parecía excitado cuando saltó en el regazo de Hangeng. Sin embargo, duró sólo un instante antes de que se calmara e inclinara la cabeza hacia un lado. Sus cejas se juntaron, y frunció sus labios. Se veía tan lindo que Hangeng quiso besarle. Así que lo hizo.

—¿Qué pasa con los Aímas que no están acoplados? ¿O los jóvenes? He estado cortándome desde que tenía nueve años. ¿Se supone que debemos vivir con el dolor hasta que nos encontremos con nuestras parejas y sólo esperar que ellos sean vampiros? 

—Realmente esas son buenas preguntas, bebé. — Hangeng cepilló un mechón detrás del rostro de Henry  sonrió con orgullo. Su pequeña pareja era tan inteligente—. Nunca he visto un bebé Aíma o encontrado un adulto con hijos. Así que, en realidad no puedo decir qué hacen para los más pequeños. Los demonios adultos que he encontrado tienen saunas construidas en sus casas. Una o dos veces a la semana se sientan durante horas dentro de la habitación y purgan sus cuerpos del exceso. —Hangeng arrugó su nariz—. Es un poco asqueroso, y puede ser aterrador si no sabes lo que está pasando. La sangre se filtra a través de sus poros.

—¿Sudan sangre? Quiero decir, ¿yo sudo sangre? — Henry hizo una mueca y se estremeció un poco—. Sí, eso suena realmente asqueroso.

Hangeng se rió entre dientes. —En este momento es probable que sudes ríos de sangre. Aunque, normalmente, sólo sudarás agua. Creo que la mayoría de tus cicatrices también desaparecerán.

—¿Lo harán? —Henry miró a Hangeng con tanta esperanza, que Hangeng rezaba para que estuviera diciendo la verdad.

—¿Recuerdas qué hablamos sobre esa bañera? Bien, si no drenas el agua, después de un tiempo se quedará estancada e incluso será bastante desagradable. —Acarició la mejilla de Henry con sus nudillos—. Eso es lo que está ocurriendo en tu cuerpo ahora mismo. Una vez que te deshagas de toda la sangre mala, tu cuerpo será capaz de curarse a sí mismo.

—No puedes beber de mí, —dijo Henry severamente. Hangeng parpadeó de sorpresa, pero su pareja continuó antes de que él pudiera hablar—. Podrías enfermarte, y no quiero que eso ocurra. Me sentaré en una sauna y conseguiré sacar toda esa repulsiva sangre de mí. Entonces podremos empezar de nuevo y seguir desde ahí.

Realmente Hangeng no había pensado sobre ello. — Inteligente y sexy, —ronroneó—. ¿Qué voy a hacer contigo?

—Se paciente conmigo, —suplicó Henry—. Realmente lo estoy intentando duro, pero parte de mí aún está asustado e inseguro. Sin embargo, realmente me gustas. Quiero esto más de lo que alguna vez he querido nada. Así que, por favor, sólo no me abandones.

—¿Qué tal si dejo que tomes la iniciativa? Iremos a tu paso, y eres quien manda. Voy a estar aquí contigo todo el camino.

Henry sonrió y asintió con la cabeza con entusiasmo. Fue una buena mirada para el hombre, y Hangeng esperaba verla con más frecuencia. Saltando de su regazo, Henry apoyó sus manos en sus desnudas caderas y miró alrededor de la habitación como si buscara algo. —De acuerdo, ¿dónde está el artilugio de la sauna?

Riendo para sus adentros, Hangeng también se puso de pie y tomó la mano de su pareja. —Voy a construir una tan pronto como sea posible. Por ahora, creo que tengo una idea.

Henry le miró durante todo un minuto antes de asentir con la cabeza. —Confío en ti, Hangeng. Espero que te lo merezcas.

Hangeng tiró de Henry hacia su pecho y besó la parte superior de su cabeza. Nadie volvería a levantar un dedo a su pareja con ira de nuevo. Destruiría a cualquiera que siquiera mirara a Henry con agresividad. El pequeño hombre jamás querría nada por mucho tiempo mientras él viviera. Hangeng le bañaría en regalos y atención cada día y nunca se cansaría de él.

—Puedes confiar en mí, Henry. —Haría lo que fuese necesario para probarlo.

Hangeng estaba en lo cierto. Es total absolutamente la cosa más asquerosa que Henry había presenciado jamás. Bueno para él que se trataba de su cuerpo parecía sacado de una película de terror de limitado presupuesto.

Había estado dentro de la enorme ducha durante casi una hora. No sólo su piel estaba cubierta de sangre que brotaba de sus poros, si no que estaba comenzando a convertirse en una ciruela pasa por el vapor. Hangeng le había puesto en una silla de plástico en la esquina trasera de la ducha que era lo suficientemente grande como para sostener al menos a cuatro hombres adultos. Luego apuntó la ducha hacia abajo, apagó los chorros que recubrían la pared de la ducha, comenzó el agua caliente, y cerró la puerta de cristal.

Sin embargo por asqueroso y aburrido que fuera, Henry no se quejaría. Se sentía mejor de lo que se había sentido en años. Ya no se sentía como si se estuviera quemando vivo. La presión que había estado continuamente construyéndose dentro de él estaba desapareciendo, y realmente pudo respirar por primera vez en mucho tiempo.

—¡Hangeng!

Henry entendía que su pareja tenía responsabilidades como el líder del aquelarre, pero deseaba que el hombre pudiera estar con él. Aún estaba un poco nervioso alrededor del gran vampiro, pero rápidamente estaba descubriendo que le gustaba la compañía de Hangeng.

—¿Sí, Henry? —contestó Hangeng cuando entró en el cuarto de baño.

Todo lo que Henry pudo ver a través del brumoso cristal fue un contorno borroso, pero reconoció la voz de Hangeng y olió su aroma inmediatamente. —¿Cuánto tiempo tengo que quedarme aquí? Estoy todo arrugado, y creo que mis bolas se están convirtiendo en pasas.

Hangeng se rió entre dientes, su voz profunda y sexy. Henry se estremeció involuntariamente, y un suspiro de satisfacción salió de sus sonrientes labios. Hangeng tenía una gran risa. El cuerpo del hombre era una obra de arte. Era inteligente, divertido, amable, y hacía a Henry sentirse especial. Dudaba que pudiera haber encontrado una pareja mejor si hubiese elegido al hombre a dedo.

—¿Henry?

Sacudiendo sus pensamientos, Henry levantó la vista hacia los preocupados ojos de Hangeng. La puerta de la ducha estaba abierta sólo un poco, y Hangeng aparentemente había estado hablando con él mientras él había estado perdido dentro de su propia mente. —Lo siento, —dijo inmediatamente.

Las cejas de Hangeng se juntaron, y las comisuras de sus labios tiraron hacia abajo en un gesto fruncido. —No te disculpes. No hiciste nada malo.

Henry casi se disculpó de nuevo por disculparse. Dios, era tan inútil. En su lugar, pegó una sonrisa en su cara e inclinó su cabeza hacia un lado. —No escuché lo que dijiste.

—Creo que has estado aquí el tiempo suficiente. Siempre podemos hacerlo mañana un poco más si aún estás herido. —Cerró la puerta de la ducha y luego la deslizó para abrirla desde el otro extremo para ajustar la temperatura del agua e inclinó la alcachofa hacia arriba—. De acuerdo, todo listo. Continúa y límpiate mientras nos encuentro algo para comer. ¿Hay algo que te guste?

Henry estaba tan acostumbrado a comer sólo lo que podía tener en sus manos, que no le importaba. Así que, se encogió de hombros y arrugó su nariz. —Cualquier cosa está bien, Hangeng.

—Estoy seguro de que lo está, pero pregunté si hay algo especial que quieras.

Se inclinó un poco más en la ducha y presionó sus labios con los de Henry mientras la ducha empapaba su cabeza.

Eso hizo reír a Henry. —Estás loco.

Hangeng rió junto con él cuando sacudió su cabeza como un perro para disipar el agua de su corto pelo negro. Henry rió más fuerte. ¿Alguna vez se había divertido tanto haciendo algo tan aburrido como tomar una ducha? Hangeng lo estaba intentando tan duro. Incluso si Henry ni pudiese encontrar al hombre a mitad de camino, aún podría hacer un esfuerzo. —Me gustan los emparedados de queso a la plancha, sopa de tomate, y pudin de chocolate caliente. — Mordió su labio mientras pensaba—. Creo que me gustaría probar gofres, y quizás perritos calientes. Nunca los he comido antes.

Algo brilló en los ojos de Hangeng antes de que se suavizaran, y se inclinara hacia delante de nuevo para capturar los labios de Henry. Mantuvo el beso corto, pero no fue menos sensual por su brevedad. —Lávate, Henry. — Luego deslizó la puerta de cristal a su lugar y se apresuró a salir de la habitación.

Henry sólo se encogió de hombros. Quizás a Hangeng realmente le gustaran los gofres.

Terminó su ducha y se secó rápidamente, sólo entonces dándose cuenta de que no tenía ropa limpia en el baño para cambiarse. Oh, bien, Hangeng le había visto desnudo antes. Envolviendo la gran, esponjosa toalla alrededor de sus caderas, salió del cuarto de baño, sonriendo un kilómetro de ancho cuando vio a Hangeng sentado en un lado de la cama, esperando por él.

—Realmente me gusta esa camisa, —comentó a propósito de nada. Era una gris ahumada, gris antracita con pequeños botones blancos y parecía increíblemente sexy extendida por la pálida piel de Hangeng.

Hangeng miró abajo hacia su pecho, luego regresó la mirada hacia Henry, y sonrió. —Gracias, cariño. 

—¿Crees que podría conseguir algo de ropa como esa? —Henry mordió sus labios y cambiaba nerviosamente de un pie a otro. Los Ejecutores ya habían hecho tanto por él que parecía egoísta e ingrato pedir por más.

Le habían comprado ropa, pero todas eran cosas como vaqueros, camisetas, pantalones de chándal y pantalones cortos de gimnasia. Quería algo que pudiera llevar si Hangeng alguna vez le llevaba a algún lugar lejos de la propiedad. La ropa que tenía era cómoda y práctica, pero no era nada como la ropa de Hangeng. No quería avergonzar a su pareja. Quería ser alguien –incluso en el exterior– con el que Hangeng se sintiera orgulloso de ser visto.

—No tengo dinero, pero podría hacer algo para pagarte, —se apresuró a añadir—. Podría ayudar en la cocina, o cualquier cosa que quieras. Quizás podría conseguir un trabajo que pagara dinero real y pagarte de esa manera. O si tuviese un trabajo real, supongo que podría comprarme mi propia ropa. Por otra parte, probablemente necesitaría algo para llevar a trabajar hasta que hiciera algo de dinero. Realmente no tengo habilidades, así que no sé qué clase de trabajo podría conseguir. Y vivimos bastante lejos aquí, así que tendría que preocuparme por cómo llegar. No me importa caminar. Eso podría estar bien. Sólo tengo que saber cómo llegar allí.

Henry aspiró una bocanada de aire y masticó su labio inferior cuando Hangeng comenzó a reír. Sí, sabía que eran sueños poco realistas, pero sólo quería ser normal. Las personas normales tenían trabajo, hacían dinero, compraban sus propias cosas, y cuidaban de ellos mismos.

—Henry, ven aquí, bebé. —Hangeng sostuvo sus brazos bien abiertos, y Henry dejó caer su cabeza y se movió entre las rodillas de su pareja.

Hangeng lo recogió en su regazo y le inclinó el mentón para colocar un rápido beso en sus labios. —No me estaba riendo de ti, ¿de acuerdo? —Espero a que Henry asintiera con la cabeza—. Amo tu entusiasmo, y creo que probablemente fue lo máximo que me has dicho de una sola vez. —Se rió para sus adentros—. Aparte, fue algo lindo. Me reí porque estaba feliz. Eso es todo.

¿Cómo se suponía que Henry iba a mantenerse fuerte contra algo como eso? No podía y lo sabía, así que ni siquiera lo intentó. Incluso no luchó contra la tonta sonrisa que se extendió sobre su rostro mientras se acurrucaba en el pecho de su pareja y rozaba su nariz a lo largo de la piel perfumada de la garganta de Hangeng. Quizás las cosas iban a estar bien. Quizás finalmente había encontrado un lugar para pertenecer donde no tendría que estar constantemente mirando por encima de su hombro.

Quizás, pero sólo el tiempo lo diría. Y desde que eran inmortales, no tenía nada excepto tiempo. 



CAPITULO 7


Hangeng observaba a Henry devorar sus gofres y perritos calientes. —Así que, ¿te gustan?

—¡Están impresionantes!

Euforia brotó de su interior, alejando su ira por la vida que Henry había sido forzado a llevar hasta que había venido a vivir con Hangeng. El pequeño hombre era el epítome de todo lo que era bueno y correcto en el mundo. Pensando en el infierno que Henry había vivido hizo que el estómago de Hangeng ardiera. ¿Quién alcanzaba la edad de diecinueve sin haber comido un gofre?

—¿Puedo preguntarte algo?

Hangeng estudió a su pareja durante un momento y asintió con la cabeza.

—¿Cómo es que te fuiste por tanto tiempo? —Henry se mordió el labio y bajó la mirada hacia su plato cuando sus mejillas brillaron rojas.

—¿Me echaste de menos? —Hangeng no quería que el chico estuviera avergonzado. No estaba bromeando. Tenía mucha curiosidad acerca de si Henry había pensado en él o no durante su ausencia.

—Sí, —susurró Henry después de una significativa pausa—. Como que me acostumbré a que vinieras a visitarme cada noche.

En lugar de saltar de la pequeña mesa y bailar alrededor de la habitación como un idiota, Hangeng se conformó con una sonrisa radiante. —También te eché de menos, Henry. Tenía algunos asuntos que atender antes de que pudiera regresar a casa.

Cuando levantó la mirada, las cejas de Henry estaban juntas, y parecía estar debatiendo algo. Hangeng esperó, dando a su pareja la oportunidad de trabajar a través de lo que quería preguntar. Finalmente, Henry sacudió su cabeza y suspiró. —No sé si se me permite preguntar esto, pero ¿qué clase de asunto era?

—Somos pareja, lo que quiere decir que puedes preguntarme cualquier cosa. —Hangeng se inclinó sobre la mesa y mantuvo su palma hacia arriba, muy emocionado cuando Henry inmediatamente la tomó y le dio un pequeño apretón—. No tengo secretos para ti, —continuó Hangeng—. Recibí un contrato de acoplamiento de un líder de aquelarre en Jeju para Ren.

Los ojos de Henry se ensancharon y su boca cayó abierta. —¿Alguien le compró como me compraron a mí?

Hangeng hizo una mueca, pero supuso que era todo verdad. Las leyes de su especie habían estado en vigor durante cientos de años, y algunos de ellos, como los contratos de acoplamiento, estaban más que obsoletos. — Supongo que tienes razón. Rense quedó en Seul con sus parejas. Normalmente, un vínculo de acoplamiento anula un contrato ofrecido.

—De acuerdo, aún no entiendo por qué no regresaste a casa justo después de la boda.

—Tuve que reunirme con El Consejo sobre una misión. Aunque soy el líder de este aquelarre, aún comando a los otros Ejecutores. Han localizado un aquelarre vampiro  que debe ser llevado ante los ancianos.

En realidad Henry le gruñó, y la polla de Hangeng se animó al darse cuenta del sexy sonido. —Hangeng, no tiene ningún sentido. ¿Cómo está relacionado con dos?

—Ren debe ser reclamado por sus dos parejas o el contrato será honrado. El Consejo ofreció la misión de traer a este líder del aquelarre a Kang Baekho, una de las parejas de Ren. Yo estaba intentando persuadirles para que eligieran a alguien más.

—Porque Baekho no puede reclamar a Ren si no está allí.

—Exactamente. —Hangeng podía sentir su frustración creciendo ante la difícil situación en la que se encontraba—. —Recibí otra carta del Líder LeeJoon esta mañana, preguntando sobre el estado del contrato. No puedo posponerlo por mucho más tiempo.

—Quizás sólo necesitas decírselo a Ren, —ofreció Henry—.Es un hombre adulto, y realmente es inteligente. Quizás él pueda ayudar. Sé que es tu amigo, pero necesita saberlo. No me gustaría que las personas mantuvieran secretos de mí, especialmente si son sobre mí.

De nuevo, su pareja tenía absolutamente razón. Sin embargo, con todo lo que sucedía con Minhyun y Baekho, Hangeng no pensó que Ren necesitara algo más sobre lo que preocuparse. —Necesito decírselo, pero no ahora.

—Cuanto más tiempo lo pospongas, será peor para todo el mundo.

Algunas veces cuando Henry hablaba así, Hangeng olvidaba cuán joven era su pareja. El hombre tenía una gran intuición y era muy perceptivo. También tenía una manera de simplificar las cosas y analizarlas de la forma más básica. Imaginó que podía aprender mucho de Henry.

—Baekho aceptó la misión. Entiendo por qué lo hizo, pero después de informarme, Kyuhyun, y sus parejas de que no tomarían a otro, va a causar problemas. Por no mencionar, que será peligroso. Ren no necesita nada más sobre qué preocuparse ahora mismo.

—Tienes miedo, —respondió Henry tranquilamente.

¿Lo tenía? —Estoy preocupado. Hay muchas cosas que podrían ir mal, y muchas personas van a hacer daño si ellos lo hacen.

—Es duro estar al mando y tomar decisiones. Sin embargo, quizás no tengas que hacerlo todo por ti mismo.

Hangeng empujó su silla hacia atrás de la mesa e indicó a Henry que se fuese hacia él. Su pequeño hombre saltó y se apresuró alrededor de la mesa, una prueba de los avances que estaban haciendo en su relación. Una vez que tuvo a Henry seguro en su regazo, frotó su mejilla a través de la parte superior de la cabeza del hombre y suspiró. —Enviaré a los mejores Ejecutores que tengo con Baekho. Una vez que él regrese seguro a Seul, se lo diré a Ren. Creo que dar un paso a la vez sería lo mejor.

—Tú eres el jefe, —musitó Henry—. Sólo espero que esto no explote en tu cara.

Hangeng también lo esperaba. Fue reacio a contarle a Henry lo que ocurriría si se negaba al contrato de acoplamiento sin una causa justa, pero recordaba las palabras de Henry de momentos antes sobre que no le gustaban los secretos. Desde que esto también afectaría a su pareja, Hangeng sabía que Henry necesitaba saber.

—No puedo rechazar el contrato.

—No, no puedes, —dijo Henry inmediatamente—. No sé por qué, pero puedo oírlo en tu voz.

—Si lo rechazo sin una buena razón, LeeJoon podría presentar una sanción contra mí. Podría ser lo mismo que si yo hubiese interferido con un acoplamiento real.

Henry se aterrorizó en su regazo y sacudió su cabeza. — No puedes hacer eso. Sé que es tu mejor amigo, pero yo soy tu pareja. ¡No puedes dejarme! —Comenzó a respirar rápidamente, su pequeño pecho subía y bajaba mientras se esforzaba atraer aire a sus pulmones—. Por favor, Hangeng. Lo prometiste. Dijiste que no me abandonarías. Estoy mejorando, ¿cierto? Realmente no me abandonarías, ¿no?

Hangeng tiró a su pareja hacia su pecho y le sostuvo estrechamente, acariciando su pelo e intentando calmarle. Antes de que hubiese conocido a Henry, no habría habido ninguna cuestión de si iba a dar la cara por Ren o no y 
tomar la caída por él si fuese necesario. Pero, había conocido a Henry, y el hombre le necesitaba. Henry era su pareja, su primera prioridad, y la cosa más importante para él.

—Vamos a resolverlo, pequeño. No voy a abandonarte. —Sólo era elegir entre su pareja y un hombre que era esencialmente su hermano. De cualquier manera, iba a perder a alguien que le importaba. No era gran cosa, ¿cierto?

Eran momentos como este, cuando la presión era tan grande, que Hangeng desearía poder purgar la tensión de su cuerpo como lo hizo Henry. Nunca había pedido nada de esto. No quería ser un líder y tomar esta clase de decisiones.

El aquelarre aún se resistía a su mandato. Había muchos cambios que necesitaban ser hechos alrededor de la propiedad. Aún tenían más de la mitad de los cautivos a su cargo después de regresar a los demás a sus familias. Ahora tenía que preocuparse de Ren así como de Henry.

Se sentía como si estuviera tirando en una docena de direcciones diferentes, y simplemente no había suficiente de él para todos.

—Vamos a resolverlo, —repitió. Tenía que hacerlo, porque realmente no había ninguna otra opción.

—Dijiste que querías tomar las cosas con calma, —le recordó Jiyong.

Henry explotó. —¡Sí! ¡Quería tomar las cosas con calma, no vivir como un maldito monje! —Había pasado casi una semana, y Hangeng apenas ya le sostenía la mano. Se abrazaban cuando dormían, pero Hangeng insistía en llevar pantalones de pijama en la cama. En lugar de los besos apasionados que habían compartido antes, ahora le besaba en la frente.

¿Había hecho algo mal? Quizás Hangeng había decidido que realmente no le quería.

—Estoy seguro de que sólo ha sido distraído con todo lo que está pasando, —trató de tranquilizarlo Jiyong.

—No creo que sea eso. —TOP paseaba en la habitación de Henry, sus ojos iban directamente a Jiyong. Miró al amigo de Henry de arriba abajo durante todo un minuto antes de continuar su tren de pensamientos.

Algo estaba pasando allí, pero Henry tenía sus propios problemas para tratar con ellos.

—Ha estado ocupado, y bajo mucha presión, —dijo TOP—. Puedo verlo en tus ojos que estás preocupado de que no te quiera. Creo que es justo lo contrario. Está intentando respetar tus deseos, pero se está quemando vivo con desearte.

TOP hablaba como si supiese por experiencia, y mantuvo una mirada proyectada en Jiyong por la esquina de su ojo. Jiyong se había sonrojado con un profundo carmesí, Henry estaba sorprendido de que el chico no se encendiera en llamas. Oh, sí, definitivamente había una historia aquí. Tan pronto como averiguara que hacer con su pareja, mantendría a Jiyong abajo y sacaría la información fuera de él.

Regresando la mirada a TOP, Henry abrió sus brazos ampliamente. —Así que, ¿qué infiernos hago? —Si bien su vida amorosa no podría ser todo volcanes y fuegos artificiales, realmente disfrutaba el tiempo que pasaba con Hangeng. No parecía haber mucho de ello últimamente, porque Hangeng siempre estaba ocupado con sus deberes como un líder de aquelarre. Pero cuando se las arreglaban para encontrar tiempo, ese tiempo le pertenecía a Henry. Tenía toda la atención de su pareja, y le encantaba.

No importaba sobre lo que divagaba, o lo absurdo que era. Hangeng siempre escuchaba con embelesada atención como si Henry estuviera parloteando sobre física cuántica. Hangeng no le trataba como un crío estúpido. Le escuchaba, realmente escuchaba, y le daba mérito a los pensamientos e ideas de Henry. Incluso había buscado el consejo de Henry y valorado sus opiniones.

Le hacía sentir como... un igual.

—Bien, supongo que depende de lo que quieras que suceda. —TOP frotó la parte trasera de su cuello y suspiró—. Todo lo que le has dicho a Hangeng es que tome las cosas con calma. Necesitas averiguar con qué estás cómodo, y dónde estableces la línea. Al menos ese es un buen punto de partida.

—Tiene razón, —elevó la voz Jiyong—. Si le quieres para joder vuestros cerebros, entonces necesitas ser feroz y seductor. —Movió sus cejas y le dio a Henry una sonrisa maliciosa—. Si sólo quieres besos y abrazos por ahora, no hay nada malo con eso.

—Encuentra tu zona de comodidad y parte desde allí, —continuó TOP—. No tengas miedo de pedir lo que quieres.

—Y no tengas miedo de decir no cuando las cosas sean demasiado, —añadió Jiyong.

La cabeza de Henry estaba empezando a girar. Captó la esencia de lo que estaban tratando de decirle, pero iban demasiado rápido, y le lanzaban todo demasiado rápido y a la vez. Por lo tanto, ¿se suponía que iba a seducir a Hangeng o dibujar una línea invisible en la proverbial arena?

Miró hacia abajo su cuerpo endeble y sacudió su cabeza. ¿De qué infiernos estaba hablando Jiyong sobre ser ―feroz‖? Henry no sabía malditamente nada sobre ser sexy o seducir a alguien. Había pasado la mayoría de su vida escondiéndose en las sombras e intentando no ser notado. ¿Y si se pusiera en ridículo a sí mismo?

—No lo harás, —le aseguró TOP.

—¿Qué? ¿Así que ahora puedes leer mi mente? —Henry cruzó sus brazos sobre su pecho y resopló. Eso es justo lo que necesitaba.

TOP se rió entre sientes, y Jiyong se rió. —Has estado hablando en voz alta, cariño. —Jiyong se apresuró y lanzó sus brazos alrededor del cuello de Henry. La acción provocó un suave gruñido del gran vampiro en la habitación, pero TOP rápidamente lo cortó y salió corriendo de la habitación antes de que Henry pudiera preguntar.

—¿Qué está pasando con vosotros dos?

Jiyong rodó sus ojos y apretó a Henry antes de liberarle. —Ahora mismo estamos hablando sobre ti. No cambies el tema.

Henry quería argumentar, pero quería saber más sobre qué hacer con Hangeng. —De acuerdo, así que ¿qué hago?

—¿Honestamente? Creo que deberías hablar con Hangeng sobre todo esto. Cuéntale que es lo que quieres y cuáles son tus preocupaciones. Entonces quizás él pueda ayudarte a descubrir cuál es tu zona de comodidad.

Henry besó la mejilla de su amigo y sonrió. —Creo que esa es una gran idea. ¿Qué haría sin ti? 
Jiyong se ruborizó y sacudió su cabeza. —Me alegra que pudiera ayudarte.

—Así que, ¿qué debería vestir para ir a seducir a mi pareja de manera que posiblemente no pueda resistirse?

Los ojos de Jiyong bailaron con picardía cuando miró a Henry de arriba a abajo. —Nada.

—Os reuniréis con él en el aeropuerto  mañana por la tarde. Miraos mutuamente las espaldas y mantener un ojo en Baekho. Ren no va a estar feliz si le ocurre algo. 

Aron y Suga asintieron con la cabeza bruscamente, luego se levantaron de sus asientos y avanzaron hacia la puerta sin decir una palabra. Se reunirían con Baekho , junto a los Ejecutores de tres aquelarres diferentes. Hangeng había elegido lo mejor de los mejor. Sólo esperaba que fuera suficiente para mantener a todo el mundo a salvo.

El círculo interno del aquelarre que iban a capturar era grande, uno de los más grandes del país, y no podían ir pacíficamente. Suga se aseguró que hubiesen hecho su reconocimiento y tuviesen un plan. Con suerte, sería un simple trabajo de entrar y salir.

Por supuesto, nada era tan simple en estos días. — Suga, Aron. —Ambos hombres se detuvieron y asomaron sus cabezas de regreso en su oficina—. No jodáis esto, y traed vuestros culos de regreso de una pieza.

—Sí, señor, —corearon. Suga le guiñó un ojo, orgulloso y engreído, y desaparecieron por el pasillo.

Habían estado fuera por sólo unos minutos antes de que Yoochun entrara corriendo en la habitación con un gran sobre marrón. —Es de LeeJoon, —gruñó, lanzando el paquete sobre el escritorio delante de Hangeng.

—¡Mierda! —Hangeng arrancó el sobre y lo abrió. Extrajo el papel de dentro, gruñendo mientras leía la carta—. Tengo cinco días para responder su solicitud, o irá al Consejo.

—Y Ren aún no está reclamado, —dedujo Yoochun.

Hangeng asintió con la cabeza. —Baekho se va mañana por la tarde. Si todo va como debiera ir, estaría de regreso en Seul dentro de tres días—. Eso es muy justo de tiempo, pero debería funcionar.

—¿Cuándo se lo vas a decir a Ren?

Había una acusación en la voz de Yoochun que a Hangeng no le gustó. Sin embargo, no hizo ningún comentario sobre ello, porque sabía que el Ejecutor tenía razón para estar molesto con él.

—Esta no es una conversación que quiera tener a través del teléfono. Necesito explicárselo todo a Henry, pero parece que me dirijo de nuevo a Seul.

—¿Debo llamar al Consejo y tenerles preparado un avión?

—Aún no. Haré las llamadas cuando lo tenga todo en orden.

—Déjame saber si me necesitas para hacer algo. Yoochun pareció preocupado por estar en su camino. No era el único de los Ejecutores de Hangeng que había estado actuando extraño últimamente. Mientras no se convirtiera en un problema con sus obligaciones, decidió no preocuparse sobre ello. Finalmente lo descubriría.

Yoochun apenas había salido de su oficina cuando otra persona caminó dentro. Hangeng mantenía su cabeza inclinada, estudiando la carta, e intentó no gemir. ¿Por qué no podía todo el mundo sólo dejarle solo? ¡Todo lo que quería eran cinco minutos para respirar, joder!

—¿Es mal momento? —La suave, musical voz de Henry preguntó.

Hangeng levantó la cabeza y gruñó cuando encontró a su pareja de pie delante de su escritorio, desnudo como Dios lo trajo al mundo. —¡Henry!

Henry saltó, sus ojos como platos, y comenzó a temblar. —Uh, supongo que lo es.

Intentando controlar sus celos, Hangeng tomó varias profundas respiraciones e indicó al hombre que fuera hacia él. Henry dudó durante más tiempo del que Hangeng se sintió cómodo. Habían hecho muchos progresos. ¿Había destruido todo eso?

—Lo siento, —susurró Henry cuando caminó alrededor del escritorio para pararse justo en frente de Hangeng con sus manos cubriéndole—. Sabía que esto era una mala idea.

Hangeng sabía que necesitaba decir algo para asegurar a su pareja que todo estaba bien, pero no era capaz de hacer que su boca trabajara. Sus manos vagaban sobre la suave piel de Henry, sus ojos seguían su trayectoria, y el único pensamiento coherente en su cerebro era poner a su pareja en una superficie plana.

—Uh, ¿Ha-Hangeng? —El delgado cuerpo de Henry comenzó a temblar bajo sus manos, su pecho subía y bajaba con mayor rapidez, y sus brazos se pusieron en piel de gallina.

—¿Sí, Henry? —Hangeng no podía apartar sus ojos del desnudo pecho liso, delante de él, o los pequeños pezones rosados que le hacían la boca agua. Las marcas en el cuerpo de Henry estaban sanando, las cicatrices estaban desapareciendo muy bien, y se imaginó que tan pronto como Henry se alimentara de nuevo iban a desaparecer completamente.

—¿Q–Qué estás haciendo?

Hangeng mantuvo su toque liviano como una pluma mientras rozaba la punta de sus dedos sobre la cadera de Henry y bajaba hacia el sexy pliegue del muslo donde se encontró con la ingle. —Te estoy tocando. ¿No te gusta? — Había mantenido su distancia toda la semana, torturándose a sí mismo porque no pudo hacer todas las cosas que quería con su pareja. Sin embargo, Henry necesita tiempo para estar cómodo con él, y quería darle todo el tiempo.

Viendo a Henry pasear desnudo en su oficina, sabiendo que había caminado por los pasillos y a saber cuántas personas le habían visto, trajo su posesividad. Quería marcar a su pareja, reclamarle y marcarle, para que todo el mundo supiera que el pequeño diablillo rubio le pertenecía y que mantuvieran la distancia.

—Pensé que estabas enojado conmigo.

—Oh, estoy enojado, —le aseguró Hangeng—. Nadie debería ver este magnífico cuerpo excepto yo. Sólo pensar en ti caminando por el pasillo para que todo el mundo te vea, me hace querer arrancarles sus ojos. Sin embargo, no estoy enojado contigo.

Para su sorpresa, Henry comenzó a reír. —Hangeng, no hice todo el camino desde mi habitación exhibiendo todas mis partes. —Miró sobre su hombro y señaló hacia un lugar en el suelo cerca de la puerta—. Me quite eso cuando entré en la oficina.

Hangeng miró alrededor de Henry , sonrió a la arrugada, brillante túnica roja en el suelo. —Mucho mejor, bebé. — Algo de su autocontrol regresó, pero aún no podía quitar sus manos de su pareja, aunque siguió su exploración—. Así que, ¿has venido aquí para seducirme? —Esperaba que la respuesta fuese afirmativa.

Henry estaba mirándole con curiosidad con sus carnosos labios entreabiertos y sus ojos se estrecharon un poco. — Estabas enojado, —dijo después de una larga pausa—. Estabas enojado, pero no me hiciste daño.

—Henry Lau, escúchame. —Hangeng se apoderó de las caderas de su pareja y le sostuvo perfectamente aún cuando habló—. No importa qué tan enojado esté, nunca, jamás, te haría daño. Es mi trabajo protegerte, y tomo eso muy seriamente. Siempre estarás completamente seguro conmigo al cien por cien.

En el momento en que terminó de hablar, Henry tenía la más bella sonrisa en su angelical rostro. —Estoy comenzando a ver eso. —Luego dejó caer su cabeza, asomándose a través de sus pestañas hacia Hangeng tímidamente mientras se sonrojaba adquiriendo un color rosado—.Vine aquí para seducirte.

Hangeng estaba emocionado. —Bien, misión lograda, bebé.

Sacudiendo su cabeza, Henry mantuvo una mano hacia arriba, con la palma hacia afuera, y tomó una profunda respiración. —Jiyong y TOP dijeron que necesito encontrar mi zona de comodidad para que no nos pongamos frenéticos ni tengamos accidentes. Creo que tienen razón.

Hangeng pensó sobre ello durante un minuto y agachó su cabeza. —Creo que es una muy buena idea. ¿Has decidido esos límites? —Tanto como quería hacer todo a su pareja, era más importante que Henry disfrutara su tiempo juntos.

—No. —El rostro de Henry se enrojeció más, y se agitó un poco más—. No sé lo qué me gusta, lo que no me gusta, o qué está definitivamente fuera de límites. Estaba esperando que quizás pudiésemos descubrirlo juntos.

Oh, a Hangeng le gustó esa idea incluso más. —Iré tan lento como necesites que vaya, Henry. Si te pones nervioso o quieres parar, todo lo que tienes que hacer es decir la palabra. Eres lo más importante para mí. Puedes confiar en mí.

Henry le miró en silencio durante mucho tiempo, y entonces, muy lentamente, alzó la mano y ahuecó el lado de la cara de Hangeng. Una suave, dulce sonrisa tiró hacia sus labios, y sus ojos brillaban con lágrimas no derramadas. —Lo sé.



CAPITULO 8


Henry estaba tan desbordado por las emociones que apenas le salían las palabras. Prácticamente podía sentir la ira saliendo de Hangeng cuando el hombre había hablado primero con él. La delicadeza que Hangeng estaba siguiendo le tenía sorprendido y confuso.

Sentía la convicción de las palabras de Hangeng como una fuerza física. El hombre podría ser grande y poderoso, pero nunca había levantado un dedo a Henry de una manera agresiva. Siempre estaría a salvo con Hangeng.

—Así que, ¿qué tenías en mente?

—Bien, supongo que podríamos empezar con un beso. Sé que eso me gusta. —Henry empujó a Hangeng de regreso a su silla, audaz como nunca antes había sido, y se deslizó sobre su regazo—. Luego supongo que partimos de ahí.

El gruñido que retumbó en el pecho de Hangeng hizo a Henry estremecerse. Por una vez en su vida, sin embargo, fue de deseo más que de miedo. El sonido fue sexy, posesivo, y puso su cuerpo en llamas. Enrollando sus brazos alrededor del cuello de su pareja, Henry lamió hacia arriba un lento camino hacia la garganta de Hangeng y raspó sus dientes sobre la mandíbula del vampiro.

Hangeng respondió introduciendo un puño en el pelo de Henry aplastando sus bocas juntas, tomando completamente el control y dominando el beso. Su lengua se hundió entre los labios entreabiertos de Henrry exploró cada resquicio, incluso la parte trasera de sus dientes. Henry intentó seguir el contacto, pero al final, se dio por vencido y dejó que Hangeng se encargara de todo.

El hombre más grande estaba en todas partes, y en todas partes en una gran, maldita prisa. Sus manos tocaron, acariciaron, y trazaron un mapa de cada centímetro del cuerpo de Henry. Pellizcó y tiró de los pezones de Henry, amasó los musculosos globos de su culo, y trazó las líneas de la cara de Henry con la punta de sus dedos. Lamió y mordisqueó los labios de Henry arremolinó sus lenguas juntas.

Henry no podía respirar, pero realmente no le importaba. Las atenciones de Hangeng eran primitivas, firmes, y demandantes. Nunca querría detenerse. Sólo cuando su cabeza comenzó a girar, y estaba seguro de que iba a desmayarse por falta de oxígeno, Hangeng se apartó de su boca y apoyó juntas sus frentes. Aferrándose a su pronto-a-ser-amante, y sería muy pronto si Henry tenía algo que decir en el asunto, jadeó y se retorció, rogando sin palabras para que Hangeng continuara.

—¿Bien hasta ahora?

—Sí. —La palabra salió más como un gemido desesperado, pero otra vez, a Henry no le importó una mierda—. Tócame. Por favor, tócame.

—¿Qué tal esto? —Hangeng arrastró sus labios a lo largo del lateral de la garganta de Henry mientras sus manos reanudaron su itinerancia—. ¿Esto está bien?

—Uh-huh. —Henry dejó caer su cabeza hacia atrás en sus hombros y gimió—. Más.

—¿Y esto? —Su pareja bromeó, frotando las yemas de sus pulgares sobre los erectos pezones de Henry—. ¿Aún lo estoy haciendo bien?

El hombre le estaba torturando, pero era una tortura deliciosa. Aunque quemaba por el hombre en sus brazos, Henry amaba este lado juguetón de Hangeng. —Continúa, — ordenó.

Una de las manos de Hangeng desapareció, y hubo varios golpes sordos cuando el contenido de su escritorio salió rodando al suelo alfombrado. Entonces esas enormes manos aferraron su cintura y lo levantaron hasta el escritorio. Henry siseó en el aire a través de sus dientes cuando su carne caliente se reunió con la fresca madera.

Los ojos de Hangeng barrieron sobre él, el color ámbar oscureciéndose a un marrón dorado. Lenta, tentativamente, extendió la mano y rozó los nudillos a lo largo de la parte inferior de la dura polla pulsante de Henry. —¿Te gusta esto? —susurró.

Henry apretó sus ojos cerrados y balanceó su cabeza. Si abriera su boca para responder, probablemente habría rogado al hombre que le jodiera allí mismo en el escritorio.

—No puedo oírte, cariño. —Hangeng envolvió sus dedos alrededor de la gruesa longitud de Henry  apretó gentilmente—. ¿Te gusta esto?

—¡Sí! —gritó Henry, sujetándose en el borde del escritorio en un agarre con los nudillos blancos.

Hangeng se rió entre dientes perversamente. — Entonces vas a amar esto. —Los labios de Hangeng se envolvieron alrededor de la corona de la polla de Henry, y su lengua resbaladiza se arremolinó sobre la punta antes de que se sumergiera más abajo, envolviendo a Henry hasta la raíz.

—Oh, ¡dulce Niño Jesús!

Hangeng se rió entre dientes de nuevo, enviando vibraciones que fueron hacia abajo al eje de Henry  causando que calor líquido se acumulara en sus bolas. Henry no estaba exactamente seguro de lo que ocurrió después de eso. Todo lo que supo fue que la succión alrededor de su polla se incrementó, los músculos de la garganta de Hangeng parecían estar masajeando la corona, y no podía meter suficiente aire en sus pulmones.

Su orgasmo le golpeó dentro de él, rasgando a través de él como ondulantes fuegos de una explosión. Un millón de pequeños relámpagos golpearon rebotando a través de su cuerpo, haciendo que sus músculos se contrajeran y su cuerpo vibrara por la intensidad.

Un gemido largo y bajo se derramó de sus labios cuando montones de cremosa semilla brotó de su ranura y llenó la boca de Hangeng. Cuando el último rastro de semen se vació de sus bolas, cayó de nuevo al escritorio, débil y saciado con una sonrisa tonta en la cara.

Hangeng le lamió para limpiarle y luego se desprendió de su polla aún medio dura con una sonrisa de satisfacción. —¿Y eso, bebé? ¿Te gustó eso?

—Oh, sí, —Henry arrastró las palabras, su cabeza colgando de lado a lado sobre la brillante madera del escritorio—. No creo que hayamos cruzado ninguna frontera aún.

—¿Sí? ¿Eso quiere decir que quieres más?

Henry se levantó sobre sus codos y se encontró con los ojos de Hangeng antes de dejar que su mirada cayera hacia el impresionante bulto detrás de la bragueta de su pareja. Lamiendo sus repentinos labios secos, se sentó con la espalda recta. —Definitivamente quiero más, y parece que no soy el único. —Sus manos temblaron ligeramente cuando alcanzó la cinturilla del vampiro—. Dime qué hacer.

Las manos de Hangeng cubrieron las suyas e inmovilizaron sus torpes movimientos. —No.

El dolor del rechazo duró sólo un segundo. Hangeng le quería. El calor en sus ojos, el estallido de sus fosas nasales, y la dura erección confinada dentro de sus pantalones era toda la prueba que Henry necesitaba. —¿Por qué no?

Hangeng gimió y frotó la palma de su mano sobre el duro bulto en su bragueta. —No sé si pueda ser lento y gentil ahora mismo, y no estoy seguro de que estés preparado para esto.

Henry sonrió, pero interiormente, estaba rodando sus ojos. —No me romperé, Hangeng.

Su pareja se rió entre dientes, pero parecía no estar nada convencido. —Tendremos todo el tiempo del mundo, bebé.

—¿No dijiste que me ibas a dejar estar al mando?

—Sí, pero...

—¿Y no dijiste que podríamos ir tan rápido o lento como yo quisiera?

—Bien, sí, pero...

Henry trazó sus dedos a lo largo de la fuerte línea de la mandíbula de Hangeng. —Me quieres.

—Sí.

—Y te quiero, probablemente más de lo que he querido nada en toda mi vida.

—Henry...

—¿Sabes cuál es una de mis cosas favoritas sobre ti?

Hangeng sacudió su cabeza, pareciendo feliz con el cambio de tema. —¿Cuál sería, Henry?

—Que nunca me tratas como a un niño estúpido, incluso aunque sólo tenga diecinueve años. Siempre me escuchas y respetas lo que tengo que decir.

—Eres muy joven, Henry, pero no eres estúpido. Nadie podría vivir a través de lo que has vivido y aún ser un niño.

Henry sonrió y se inclinó para presionar sus labios con los de Hangeng. —Gracias. —Frotó sus labios juntos de nuevo—. Nunca he confiado en nadie como confío en ti, ni siquiera en Jiyong. Ahora, te pido que confíes en mí para saber lo que quiero. —Entonces aplastó sus bocas juntas, sin darle a Hangeng la oportunidad de discutir con él.

Él sabía lo que quería, y estaba decidido a conseguirlo por cualquier medio necesario.

Aunque el cerebro de Hangeng aún se rebelaba, aparentemente su cuerpo tenía una mente propia de esto y no dudaba de lo que estaba sucediendo. Sus manos vagaban por el cuerpo de Henry, su lengua saqueaba la dulce profundidad de la boca de su pareja, y su polla se hinchó hasta el punto de dolor, todo sin su consentimiento.

Los roncos gemidos dulces deslizándose a través de los labios de Henry le estimularon hasta que la línea entre lo que quería y lo que sentía que era correcto se hizo borrosa y luego se desvaneció hasta desaparecer por completo.

Perdido en el delicioso sabor y aroma celestial de su pareja, Hangeng no se dio cuenta inmediatamente de que no eran sólo sus manos las que estaban vagando. Henry era sigiloso, por no mencionar rápido, y tuvo sus vaqueros desabrochados y la polla de Hangeng fuera antes de que incluso pensara formar una protesta. Cuando esos suaves, esbeltos dedos se envolvieron alrededor de su palpitante longitud y le dieron una agradable, larga caricia, supo que estaba perdido.

—Necesitas prepararme, —musitó Henry contra la sensible piel de su garganta.

—De acuerdo. —El cerebro de Hangeng se apagó, y su cuerpo tomó completo control, moviéndose por instinto mientras sacaba el cajón del escritorio al lado de él y extraía una pequeña botella de lubricante.

—¿Guardas lubricante en tu oficina? —Había sorpresa, y quizás un poco de diversión en la voz de Henry.

Hangeng ni siquiera tenía suficientes células del cerebro funcionando para sentirse avergonzado. —Me encuentro pensando mucho en ti últimamente, —explicó distraídamente—. No siempre puedo salir de mi oficina.

—Oh, me gusta eso, —ronroneó Henry. Echándose hacia atrás en el escritorio, se apoyó en sus codos y sonrió. Luego subió sus pies para que descansaran al lado de su animado culo en el escritorio, abriéndose a la hambrienta mirada de Hangeng.

Cuando Henry extendió sus rodillas ampliamente, sus mejillas separándose para revelar su palpitante entrada rosada, Hangeng gimió patéticamente. ¿Cómo iba a ser fuerte contra esa invitación tan descarada? ¿Cómo podría alejarse de un espectáculo tan hermoso? —Vas a matarme.

—Hangeng, necesito que dejes de pensar ahora. — Había vacilación en la voz de Henry, lo que hizo a los ojos de Hangeng lanzarse a encontrar la mirada de su pareja.

Henry podría estar actuando todo atrevido y cachondo, pero eso era todo lo que era, una actuación. La inseguridad en sus ojos, el silencioso estremecimiento de su cuerpo, incluso la manera en que se mordía su labio inferior, le dijeron a Hangeng que su pequeño hombre estaba tan nervioso como lo estaba él. Era el momento para que Hangeng dirigiera y tomara el control de la situación.

—No te dejaré caer, —prometió tranquilamente mientras lamía sus dedos—. Sólo dime si esto es demasiado, y nos detendremos en cualquier momento, sin hacer preguntas.

Después de aspirar una profunda respiración y dejarla salir lentamente, Henry asintió con la cabeza. —Estoy listo para esto.

Con ternura, con más cuidado del que nunca había mostrado a un amante, Hangeng acarició el apretado pliegue, tocando los músculos y persuadiéndoles para que se relajaran para él. Observando los ojos de Henry por cualquier señal de malestar o angustia, insertó la punta de un dedo, lentamente facilitando la entrada en el caliente pasaje de su pareja.

La piel de Henry se sonrojó hermosamente, un tono de color rosa suave asomando bajo el reluciente brillo del sudor que le recubría. Su cabeza cayó hacia atrás sobre la mesa, sus dedos hundidos en la parte posterior de sus muslos, y su músculos saltaban y se flexionaban. Sus rizos rubios flotaban alrededor de su rostro como un halo, sus pezones se pusieron erectos, y la dura polla entre sus piernas se sacudía con cada perezoso deslizamiento de los dedos de Hangeng.

La propia polla de Hangeng pulsaba y derramaba, su piel hormigueaba, y su corazón se aceleró frenéticamente dentro de su pecho. Agarrando su propio deseo por la garganta y su cuerpo golpeando a un segundo plano, se enfocó en Henry y en darle tanto placer como fuese posible.

Cuando el apretado esfínter comenzó a aflojarse, cediendo el agarre del dedo de Hangeng, cuidadosamente insertó un segundo dedo. Henry gimió y maulló, lanzando su cabeza hacia atrás y adelante contra la brillante caoba del escritorio. —¡Por favor, Hangeng!

—Aún no estás preparado, cariño. —El cuerpo de Hangeng comenzó a vibrar con el esfuerzo que ejercía sobre sí mismo para contenerse. Sin embargo, no haría nada para dañar o asustar a su amante.

En el momento que tuvo tres dedos bombeando dentro del ajustado agujero de Henry, su pequeña pareja estaba haciendo los sonidos más deliciosos. Con un poco de coordinación, Hangeng consiguió hacerse con el lubricante y lubricar su dolorida polla con una mano. Una vez que tuvo la turgente carne cubierta desde la raíz hasta la corona, aflojó sus dedos del tembloroso canal de Henry.

Inclinándose hacia adelante para cubrir el cuerpo de Henry, empujó las piernas de su amante alrededor de su cintura y deslizó una mano bajo el delgado cuerpo de Henry y la otra la acercó para acariciar su rostro. La punta de su polla empujó contra la entrada de Henry, encontrando su camino sin ningún tipo de orientación de Hangeng.

—¿Estás preparado, bebé?

Los párpados de Henry revolotearon abriéndose, y una serena sonrisa bailó sobre sus labios. —Hazme tuyo.

—Siempre fuiste mío. —Entonces Hangeng empujó dentro, avanzando poco a poco y envolviendo su polla en el estrecho calor del cuerpo de Henry.

La conexión fue instantánea, el placer inmenso, y fuertes, gruñidos salvajes estallaron en su agitado pecho. Nada que jamás hubiese enfrentado le había preparado para los sentimientos que explotaron en su interior al estar finalmente unido a su pareja.

Desafortunadamente, todos ellos parecían tener una línea directa con su polla.

—Esto no va a durar mucho tiempo, —dijo a modo de disculpa.

—Casi estoy allí, ahora, —coincidió Henry—. Joder, se siente increíble.

Cielos dulces, eso fue decir poco. Hangeng incluso no tenía palabras para lo que estaba sintiendo. Sus embestidas comenzaron de forma errática, desigual, y fuera de ritmo. Nunca obtuvo nada mejor. Henry parecía estar allí con él, sin embargo, retorciéndose y gimiendo, su cabeza agitándose de lado a lado contra el escritorio.

—Por favor, por favor, por favor, —rogaba Henry. Su pequeña mano en un puño en el pelo de Hangeng y tiró su cabeza hacia abajo, incitando su boca hacia la garganta de Henry—. Quiero esto.

Hangeng lo quería tanto que le dolía, pero tenía que estar seguro. —Sabes que es para siempre.

—¿Me quieres? —Henry retrocedió y miró a sus ojos con desafío.

—Siempre. —Hangeng dio una dura embestida de sus caderas para recalcar su declaración.

—Entonces pruébalo.

Esa pequeña sonrisa malvada en el rostro de su amante finalmente le quebró, y Hangeng atacó. Sus colmillos explotaron a través de sus encías en apenas un latido de corazón antes de que los estuviera hundiendo a través de la suave piel del cuello de Henry.

Hangeng se detuvo sólo por un momento, gimiendo al rico sabor exótico del rojo carmesí bañando su lengua, antes de extraer sus colmillos y lamer la herida cerrada.

Rayos recorrieron su columna vertebral, su vientre se apretó, y sus bolas se extendieron a su muy ceñido cuerpo, anunciando su inminente clímax. Palmeando la parte posterior de la cabeza de Henry, levantó a su pareja más cerca cuando inclinó su cabeza hacia un lado para descubrir su garganta. —Tu turno, bebé.

Henry no vaciló. En el minuto que sus colmillos empujaron a través de la carne de Hangeng, un cegador orgasmo explotó en él, robando la respiración de sus pulmones y causando que su mundo se difuminara en los bordes. Hangeng rugió fuertemente, el sonido vino directamente de su alma cuando bombeó a través de su clímax. Montones de esperma caliente brotaron de su palpitante polla, llenando las profundidades de Henry y reclamándole más.

El gemido sordo que vibró contra su cuello fue la única advertencia que tuvo Hangeng antes de que la polla de Henry se descargara, rociando su pegajosa liberación entre ellos pintando sus pechos y abdominales. Sus paredes interiores convulsionaron en olas, sujetando hacia abajo y alrededor de la polla de Hangeng, escurriendo lo último de su semilla de él.

Sin salir del culo de Henry, Hangeng levantó al hombre en sus brazos y se dejo caer de nuevo en la silla de su escritorio. Se sentaron de esa manera durante mucho tiempo, sudorosos y jadeantes, sólo aferrándose el uno al otro mientras trataban de dominar sus impulsos fuera de control.

—Eres lo primero que he tenido que llamara propio, — susurró Henry un poco más tarde—. Gracias.

Hangeng ni siquiera pudo ahogar las palabras a través del nudo en su garganta. Así que, se colocó para mantener a Henry más apretado y acariciar su cabello. Aún podía ver la mirada en el rostro de Henry cuando el hombre cayó por el borde con él. Su pequeña pareja estuvo impresionante. Había una luz dentro de Henry que era caliente y pura.

Hangeng esperaba que nunca se desvaneciera. Por primera vez en su larga, sombría vida, había visto el sol, y anhelaba volver a verlo una y otra vez en los próximos años. 

El Anciano Zhang tenía razón. Nadie tenía un interés más personal en el bienestar de Henry que él. Sería difícil. Habría momentos en los que tendría problemas con su papel de liderazgo, pero había gente que contaba con él, gente que necesitaba el tipo de atención y comprensión que sólo su aquelarre podía ofrecerles.

Más importante, Henry le necesitaba, y Hangeng necesitaba tener la última palabra cuando se trataba de la seguridad de su pareja.

Tenía una llamada telefónica que hacer. El anciano estaba seguro de que estaría contento. 



CAPITULO 9


—Jefe, tenemos un problema, —Yoochun prácticamente gritó cuando irrumpió en la oficina de Hangeng dos noches después—. Baekho está desaparecido.

Hangeng salió volando de su silla y se apresuró alrededor de su escritorio. —¿Qué coño quieres decir? ¿Adónde se fue?

Yoochun cruzó sus brazos sobre su pecho y arqueó una ceja. —Si supiera eso, no estaría desaparecido.

—De acuerdo, de acuerdo, comienza por el principio. ¿Qué sabemos? —Una pequeña mano se deslizó en la suya y la apretó gentilmente. Hangeng envolvió un brazo alrededor de los hombros de Henry, arropando al hombre contra su lado. Si no pudieran encontrar a Baekho y traerle de regreso a Ren antes de que los cinco días se incrementaran, habría una oportunidad muy real de que Hangeng pudiera perder a Henry para siempre. Se negaba a permitir que eso ocurriera.

—Llegó en su vuelo como estaba previsto. Suga y Aron le llevaron al hotel, le informaron sobre las indagaciones que habían reunido, y quedaron para ir esta noche. Cuando Suga se despertó. Baekho se había ido.

—¡Joder! —Hangeng liberó su agarre de Henry, metió ambas manos en su pelo, y comenzó a caminar por la habitación—. Sabía que esto era una mala idea. Hay demasiada mala sangre aquí.

—Oh, hardy har —dijo Yoochun con un despectivo bufido.

Hangeng se espantó. —No quise decirlo como eso. Ahora, cállate. Estoy intentando pensar. Creo que podemos estar seguros al asumir que Baekho se fue por su cuenta tan pronto como el sol salió.

—Eso es lo que Suga piensa. Si no regresa y no ha habido noticias de él, creo que también podremos asumir que ha sido capturado.

Eso era exactamente donde el tren de pensamientos de Hangeng estaba parando en la estación. El estúpido cambiaformas iba a hacer que lo mataran. —Dime que Suga tiene un plan.

Yoochun sonrió. —Suga tiene un plan. Le traeremos de regreso, Hangeng.

Sí, lo harían, pero ¿estarían a tiempo? —Voy a ir a Seul. Esta no es una conversación que quiera tener con Ren por teléfono.

—Va a poner las manos en tu culo. —Yoochun sacudió su cabeza, pero parecía casi mareado ante la perspectiva—. Voy a por el piloto a la pista de aterrizaje.

—¿Qué está pasando, Hangeng? —preguntó Henry tan pronto como Yoochun salió de la habitación—. ¿Por qué vas a ir a Seul? ¿Por qué Baekho está desaparecido? ¿Qué tiene esto que ver con Ren?

Tragando de nuevo su gemido, Hangeng se giró para enfrentar a su pareja. Ren no era el único que iba a darle una charla sobre la difícil situación en la que se habían metido. —¿Te dije que Baekho es un Ejecutor, y que aceptó una misión ? —Henry asintió con la cabeza en silencio—. Está desaparecido.

—¡Oh, no! —La mano de Henry fue a su boca, y sus ojos redondos—. Eso es terrible. Vas a traerle de regreso, ¿cierto?

—Sí, bebé. Le traeremos de regreso. —Hangeng respiró hondo, inestablemente—. Recibí otra carta del Líder LeeJoon hace un par de noches. Tengo dos días para entregarle a Ren, o él va a ir al Consejo.

—Pero, Ren está acoplado. —Henry inclinó su cabeza hacia un lado y su ceño se frunció por la confusión—. Él no tiene que ir con ese tipo, ¿no? ¿No es eso lo que me dijiste?

—Minhyun y Baekho no le han reclamado. Hasta que tenga la marca de acoplamiento de sus parejas, sigue siendo elegible para el contrato.

—¿Y aún no se lo has dicho? —Henry entrecerró los ojos en acusación—. ¿No piensas que tiene derecho a saberlo? Por no mencionar a Minhyun y Baekho. Has sabido sobre esto durante más de un mes, Hangeng.

—Voy a encargarme de ello, —respondió Hangeng secamente. —Sí, debería habérselo dicho a su mejor amigo. Sí, debería haber informado a Minhyun y Baekho. Sin embargo, era demasiado tarde para los podría, debería, haría.

—¿Qué ocurrirá si Minhyun y Baekho no le reclaman y se tiene que ir a vivir con ese tío vampiro? Porque sabes que eso es una posibilidad. ¿Qué ibas a hacer, Hangeng? ¿Sólo mostrarte en su puerta y arrastrarle fuera pataleando y gritando?

—Henry, ¡lo estoy intentando!

—¡No! —Henry gritó de regreso—. Necesitas aprender que todo esto no se trata sobre ti. Sé que quieres ser un buen líder, pero manteniendo la mierda así de la gente se va a volver para morderte en el culo.

Si la situación no fuese tan seria, Hangeng se habría reído. Henry era un pequeño guerrero feroz cuando se trataba de personas que le importaban y sobre las cosas que sentía apasionadamente. Era refrescante verle de pie por sí mismo.

—Voy a contárselo ahora, —musitó Hangeng, como si eso hiciese que todo estuviese bien.

—Demasiado poco y demasiado tarde, —disparó de regreso Henry—. —Si no traes de regreso a Baekho,Ren va a ser arrancado de sus parejas y enviado a vivir como algún esclavo virtual. —Rodó sus ojos cuando Hangeng se giró para mirarlo con sorpresa—. Sí, Hangeng, se unas pocas cosas sobre esos contratos de acoplamiento. Créelo o no, te escucho cuando hablas. Lo que estoy intentando decir es que mucha gente va a salir lastimada debido a esto.

—¡Nadie va a ir a ninguna parte, y nadie va a salir lastimado! Me ocuparé de ello.

—Suenas como de dos años de edad. —Henry suspiró y lanzó sus manos al aire—. Si rechazas el contrato de mierda, entonces tu culo estará en la sartén con El Consejo. ¿Dónde coño me deja eso a mí? —Henry estaba gritando en el momento que terminó. Su rostro estaba manchado de un rojo furioso, su delgado pecho exhalaba, y sus manos estaban cerradas en puños a ambos lados—. Normalmente no soy egoísta, pero no voy a renunciar a ti porque no puedas sacar tu cabeza de tu culo. Prometiste que no me abandonarías, así que mejor encuentra una manera de hacer esto bien.

Hangeng quería tirar a Henry dentro de sus brazos, pero no creía que su toque pudiera ser bienvenido justo en ese momento. Así que se conformó con pasear un poco más. — Todo va a estar bien.

Tenía que estarlo. No tenía elección.

—Sí, de acuerdo. —Henry caminó hacia la puerta y la abrió—. Déjame saber cuándo te creas eso. —Entonces salió. Nada más fue dicho. No hubo mirada hacia atrás. Sólo jodidamente se fue.

Hangeng supuso que se lo merecía, pero eso no lo hacía más fácil para digerir. No le impidió seguir cabreado. Marchando hacia la puerta, la arrancó al abrirla, preparándose para gritar el nombre de Henry por los pasillos.

Se quedó corto cuando encontró a Henry de pie al lado de la puerta con sus brazos cruzados sobre su pecho. — Tuve un sentimiento se que tendrías que tener la última palabra.

—Mira, Henry. Lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Nunca pedí ser el líder de mi propio aquelarre. No quiero toda esta responsabilidad, y definitivamente no quiero a la gente que me importa lastimada. Quizás no hice un gran trabajo con esto, pero quizás pudieras darme un pequeño jodido crédito por intentarlo.

Aunque los ojos de Henry estaban como platos y su cuerpo estaba temblando, se mantuvo firme. —Intentarlo realmente no cuenta cuando es la vida de las personas sobre lo que estás hablando, cuando es mi vida. No soy un Demonio Arsidian. No cojo y elijo tantas parejas como quiera. Los Aímas obtenemos uno, Hangeng, sólo una. —Se inclinó contra la pared y dejó caer su cabeza—. No puedo creer que me reclamases sabiendo que nunca podría verte de nuevo.

Hangeng se sintió como de dos pulgadas de alto cuando se desinfló y su ira se desvaneció. —Bebé, te prometo que todo va a estar bien. Vamos a traer a Baekho de regreso. Él y Minhyun van a reclamar a Ren. Entonces todo el mundo será feliz y LeeJoon se puede ir a la mierda.

Henry le miró, y Hangeng resistió el impulso nervioso de agitarse. Estaba en mal estado, pero no fue tan malo, ¿cierto? No era como si Henry fuese a abandonarle.

—Entonces voy contigo.

Hangeng sacudió su cabeza inmediatamente. —Es demasiado peligroso. Necesitas quedarte aquí donde estás a salvo.

—Así que, ¿qué es esto? ¿Vas a arreglar esto y todo estará bien? ¿O es demasiado peligroso para mí abandonar este mausoleo que llamas casa?

—Es peligroso, pero no por la situación con Ren. Kim Suho y sus hijos están en custodia, pero no hemos podido localizar a todo el mundo que está involucrado con él y el retorcido proyecto del Alfa Xioa. No sé todo lo que has vivido, pero no quiero ver nunca que se repita.

—¿Quieres saber lo que me ocurrió? —Henry se apartó de la pared y dio un paso hacia adelante con una ardiente determinación en sus ojos. —JungMo y Wooky me usaron como su saco de arena. Tenían pequeñas fiestas e invitaban a sus amigos para golpearme, patearme, morderme, apuñalarme, darme latigazos y quemarme. Hubo momentos en que pensé que no iba a vivir durante toda la noche, pero lo hice.

El interior de Hangeng hervía por la crueldad que su pareja había sido obligada a soportar. No quería oír nada más, pero Henry no estaba dispuesto a dejarlo estar.

—¿Sabes lo que me regalaron por mi cumpleaños número dieciocho? —Henry no esperó por una respuesta antes de continuar—. Me sujetaron boca abajo y mi espalda fue utilizada como un cenicero.

Hangeng recordó las cicatrices con forma de moneda de diez centavos en la espalda de Henry. Eso hizo que su estómago se apretara violentamente y la rabia burbujeara bajo la superficie. Desde que se purgó a sí mismo –y la infusión se añadía a la sangre de Hangeng– las cicatrices que cubrían el cuerpo de Henry habían desaparecido. Sin embargo, sus cicatrices emocionales podrían no sanar nunca.

—Entonces nos tomaron y nos tiraron a través de una trampilla debajo de la cabaña. Había muchos de nosotros, casi no teníamos espacio para movernos. Yo vivía en el frío y la suciedad, comiendo ratas, insectos, y en ocasiones zarigüeyas o ardillas cuando eso maravillaba en ese angosto espacio. Lo odiaba, pero era un poco mejor que vivir en constante temor de JungMo y Wooky.

—Henry, detente, —rogó Hangeng. No sabía cuánto más podría soportar antes de desmoronarse. Sólo lo estaba oyendo de segunda mano, y quería enroscarse como una pelota y morir. Henry había vivido eso, sobrevivido. No había duda de quién era la persona más fuerte en su relación.

Sin embargo, Henry no podía detenerse. —Ahora, tengo una cama para dormir, comida para comer, y todas las comodidades de una casa. Tengo una amable y generosa pareja, incluso si puede ser un poco cerrado algunas veces.

Hizo una pausa y sonrió hacia arriba a Hangeng. — Tengo una vida real donde llamo a las oportunidades y nadie me hace daño. Nunca pensé que los finales felices eran para gente como yo. Eso cambió cuando vine aquí, y lo quiero con cada respiración que tomo. Pareja o no, no te voy a dejar que te alejes de mí. Tengo un interés personal en que vuelvas a casa de manera segura, y voy a ir contigo.

Su corazón aún dolía por el abuso que Henry había sufrido. Furia hervía en sus entrañas hacia la gente que había hecho de la vida de su pareja un infierno. Pero todo fue empujado a un lado cuando Henry detuvo su pequeño discurso. El orgullo creció en su pecho, y Hangeng pensó que brotaría de allí.

Henry se estaba afirmando, apostando su reclamo, y dispuesto a hacer todo lo necesario para asegurar su futuro al lado de Hangeng. —Sí.

—¿Sí? —Henry frunció el ceño e inclinó su cabeza a un lado.

—Sí, vas a venir conmigo. —No parecía haber nada más que decir.

Henry dejó escapar un largo, tembloroso suspiro, y asintió con la cabeza secamente. —Así que, ¿cuándo nos vamos?

—Tan pronto como hagas las maletas. Espero que no te importe volar.

Henry se encogió de hombros. —Nunca he estado en un avión antes, así que no lo puedo decir. Sin embargo, supongo que lo sabremos muy pronto.

—Realmente eres ador...

—No digas eso, —advirtió Henry.

—Sólo iba a decir que creo que eres lin...

—Hangeng. —Henry cruzó sus brazos y gruñó.

—De acuerdo. —Hangeng se rió entre dientes cuando mantuvo sus manos arriba en rendición—. Cedo. —Esperó a Henry para girarse y alejarse antes de hablar de nuevo—. Eres lindo como el infierno cuando estás enojado.

Henry lanzó sus manos al aire y se quejó en voz baja, pero no se dio la vuelta. —Siempre Señor Última Palabra.

Era oficial, Henry odiaba volar. Cada bache y oscilación enviaba su pulso acelerado y su estómago rodaba. — ¿Cuánto falta?

Hangeng levantó el reposabrazos que separaba el espacio entre ellos y tiró a Henry a su lado. —Aterrizaremos en unos cuarenta y cinco minutos. Tenemos que hablar de algunas cosas primero. 

A Henry no le gustó como sonó eso. —¿Y ahora qué?

—Quiero que te quedes en el avión cuando lleguemos allí.

—¿Qué? ¡No! —¿Cuál era el punto para él de soportar este terrible vuelo si ni siquiera le iba a permitir bajar del maldito avión cuando aterrizara?

—Henry, escúchame. No conozco a Baekho o Minhyun tan bien. Quiero confiar en ellos porque confío en Ren. No sé mucho sobre cambiaformas, pero sé una cosa o dos sobre estar acoplado. —Besó la parte superior de la cabeza de Henry y le apretó suavemente—. Haría cualquier cosa para mantenerte seguro, cualquier cosa. Tengo que creer que Minhyun y Baekho no serían diferentes con Ren.

—¿Qué tiene eso que ver con que me quede en este avión? —Hangeng siempre hablaba en círculos. La mayor parte del tiempo no le molestaba, pero Henry deseaba que simplemente llegara al punto en este momento.

—Bebé, no quiero que ellos te utilicen contra mí.

—Hangeng. —Henry suspiró y se sentó con la espalda recta, cambiando a su asiento para que así pudiera mirar a su pareja a la cara—. Eso no tiene una pizca de sentido. ¿Cómo podría utilizarme contra ti?

—¿Realmente necesitas que te responda eso? Haría cualquier cosa, rechazar el contrato, y aceptar cualquier castigo que me impusieran para evitar que te hicieran daño. ¿Crees que ellos no saben eso?

—Eso es una locura. Minhyun y Baekho no harían eso.

Henry intentaba hablar con convicción, pero nunca había conocido a los hombres. Sin embargo, le gustaba Ren. Ren no permitiría a sus parejas hacer algo estúpido.

—También quiero creer eso, pero no puedo correr el riesgo. Sólo me he reunido con Minhyun dos veces. Sé de Baekho, pero la primera vez que le encontré fue en la boda. Esto es importante, Henry. Sólo voy a estar fuera un par de horas, y necesito que te quedes aquí donde estés seguro.

—No parece muy seguro para mí estar aquí solo. No me hago ilusiones de que sea capaz de luchar contra... bien, cualquier persona realmente.

Hangeny se rió entre dientes y besó la punta de su 
nariz. Henry se derritió, tal y como hacía siempre que Hangeng hacía algo tan simple, pero tan dulce. En realidad no era justo. Todo lo que el gran vampiro tenía que hacer era batear sus largas pestañas, hacer brillar esa sonrisa de megavatios y Henry era masilla en sus manos.

—TOP está volando. Estará aquí contigo.

—Wow, —sopló Henry. No sabía por qué le sorprendía tanto que el Ejecutor pudiera hacer algo tan magnífico como volar en un jet privado. Sin embargo, era algo genial. Otra idea se le ocurrió, e inclinó su cabeza a un lado cuando habló—. Dijiste Baekho y Minhyun. Así que, ¿quiere eso decir que han encontrado a Baekho?

—Saben dónde está. Suga va tras él. Desafortunadamente, no lo va a hacer regresar en el tiempo previsto. Voy a tener que averiguar una manera de comprarnos algo más de tiempo.

Henry sintió nauseas sólo de pensar en ello. Estaba depositando todas sus esperanzas en un cambiaformas desaparecido y su falta de voluntad para reclamar a Ren. Simplemente no parecían buenas posibilidades para que todo resultara de un entusiasta color de rosa como Hangeng le decía.

Sin embargo, ¿qué podía hacer sobre ello? Podría sentarse allí y hacerse el enfermo, o podría confiar en su pareja para cuidar de ellos. ¿Pero era justo poner ese tipo de presión sobre Hangeng? Entonces nuevamente, no era como que el hombre le pidiese ayuda.

Dios, estaba tan confundido que no sabía si rascarse el reloj o dar cuerda a su culo. Esto ni siquiera era su problema. No tenía nada que ver con él, sin embargo, tenía todo en el mundo que ver con su futuro.

Si toda la ayuda que podía ofrecer a su pareja era sentarse en el avión y mantenerse fuera del camino como un pequeño demonio bueno, supuso que podría hacer mucho.

—Ve a salvar el mundo. Me quedaré aquí y te echaré de menos.

Hangeng se rió entre dientes cuando arrastró a Henry sobre su regazo. Entonces plantó un ardiente beso en su boca que le dejó jadeante y su cabeza girando. —No sé sobre salvar el mundo. ¿Qué tal si sólo salvo el día?

Henry sacudió su cabeza solemnemente. —Desde el momento que me reclamaste, te convertiste en mi mundo. Mantener tu culo a salvo es lo único que importa. Puede no ser el mundo de todos, pero es mío, y espero que lo salves. —Movió sus cejas y sonrió con malicia—. Sin presiones ni nada.  



CAPITULO 10


Hangeng no regresó. 
Henry se iba a volver loco. El avión era grande – infiernos, incluso tenía un dormitorio– pero cuanto más tiempo se quedaba en el interior, más claustrofóbico se sentía.

Vomitó dos veces cuando el sol comenzó a ascender, y aún no había señal de su amante. ¿Dónde estaba? Hangeng no podía estar a la luz del sol. Se freiría como el tocino. ¿Había sido herido? ¿Las noticias iban peor de lo que esperaba? Henry odiaba no saber. Se mantuvo diciéndose a sí mismo que no tener noticias eran buenas noticias, pero creerlo fue la parte dura.

—Tienes que calmarte, —dijo TOP con un suspiro— . Me estás poniendo nervioso, y sé que todo está bien.

—¿Qué? —Henry voló a través del avión, sin juego de palabras, y agarró a TOP por la parte delantera de su camisa—. ¿Sabes algo? ¿Hablaste con Hangeng? ¿Qué está pasando?

—Whoa, hombrecito. —TOP separó las manos de Henry de él, y dio un paso atrás—. Sí, el jefe llamó justo antes de que saliera el sol. —Hizo un gesto hacia las placas de metal que cubrían las ventanas del avión, al igual que las que tenían en su casa—. Tomó un poco más de tiempo del que pensaba que tomaría, pero tienen a Baekho, y él y Suga estarán aquí mañana por la noche. El Anciano Zhang fue capaz de comprar un poco más de tiempo. Hangeng simplemente no tuvo tiempo de regresar aquí a la pista de aterrizaje antes de que el sol saliera.

—¿Y no pensabas contármelo?

—Apenas estoy despierto aquí. Lo siento. ¿Por qué no intentamos dormir? Hangeng dijo que regresaría mañana después de la puesta de sol.

Henry no quería ir a dormir. Quería agarrar al Ejecutor y sacudir la mierda fuera de él. Había estado saliéndose de su mente por la preocupación, y TOP simplemente había ―olvidado‖ decirle que su pareja no estaba fuera tostándose al sol en alguna parte.

Baekho estaba a salvo y regresando a casa, tenían más tiempo, y todo debería estar bien. Así que, ¿por qué se sentía como si fuera a lanzarse de nuevo? Las cosas simplemente no se solucionaban de repente cuando él las necesitaba cambiar. Así no era como funcionaba la vida, y especialmente no su vida.

Suponía que era afortunado en algunos aspectos. Su vida había estado llena de una decepción tras otra. Nunca había tenido la desventaja de ver el mundo a través de gafas color de rosa. Así que, cuando las cosas malas ocurrían, no eran tan impactantes porque las había estado esperando.

Sin embargo, esto era diferente. Esta era su pareja. 
Incluso si Hangeng no hubiese sido la única persona en la tierra hecha sólo para él, no había duda de que aún querría al hombre. ¿Cómo alguien podría no quererlo? El hecho de que Hangeng quería a Henry a cambio sólo fue la guinda del pastel.

Quizás había tenido razón en su hipótesis inicial. Los finales felices no eran otorgados a gente como él. Eso no quería decir que sólo fuese a agacharse, agarrar sus tobillos, y dejar que el destino le jodiera.

Algunas veces tienes que salir, agarrar tu destino por las pelotas, y mostrar quién es el jefe. La forma en que él lo veía, esto se perfilaba para ser uno de esos momentos.

Hangeng arqueó su espalda y gimió. Había pasado mucho tiempo desde que se había visto obligado a dormir en el suelo dentro de un armario. La casa de la manada en Seul no era exactamente favorable a los vampiros, sin embargo, había tenido que conformarse con lo que estaba disponible.

Se sentía como una mierda por dejar a Henry solo todo el día. Sin embargo, había habido pocas opciones. En el momento que había terminado de hablar con Minhyun y Ren, el sol se estaba coronando en el horizonte. No hubo manera para él de regresar al avión.

Esperaba que TOP hubiese pasado su mensaje. El hombre sonaba como un muerto viviente cuando había hablado con él. De cualquier manera, tenía la sensación de que no iba a salvarse de Henry, siquiera. El pequeño demonio tenía bastante temperamento cuando estaba irritado.

Riendo entre dientes para sus adentros, Hangeng se sentó en el borde de la cama y extrajo su móvil fuera de los arrugados pantalones. La primera llamada que hizo fue a Suga.

—Aterrizaremos en unos diez minutos, —dijo el Ejecutor tan pronto como respondió al teléfono. Le dio a Hangeng un breve resumen de los eventos que condujeron al rescate de Baekho—. No pudimos llegar al líder o a sus guardias personales. Simplemente desaparecieron, hombre. Sin embargo, tenemos a los hombres lobos y a la mayoría del círculo interno.

Hangeng miró fuera de la ventana y frunció el ceño. Era más tarde de lo que pensaba. Dios, Henry iba a estar enojado. Al mismo tiempo, acababa de despertarse, y era demasiado temprano para hacer frente a esta mierda. —Os veré cuando lleguéis aquí, y hablaremos. —Se despidieron, y Hangeng inmediatamente comenzó a marcar de nuevo.

—Necesitas regresar tu culo aquí, —respondió TOP. ¿Nadie más decía hola?—. Voy a encerrar a tu pareja en el lavabo en dos minutos.

Con cualquier otra persona, Hangeng hubiese perdido la calma. Sin embargo, sabía que TOP no haría nada que dañara a Henry. Así que, en su lugar, se encontró a sí mismo riendo entre dientes. —¿Qué hizo?

—Me dio una patada en la jodida espinilla, me mordió la oreja, y me lanzó postres congelados.

Hangeng rió más fuerte con las imágenes mentales que las palabras de TOP le produjeron. —¿Qué hiciste para enojarle?

—¿Cómo que esto es culpa mía?

—¿Qué hiciste? —Hangeng estaba teniendo dificultades para controlarse a sí mismo. TOP sonaba tan indignado, y Hangeng se sentía como un padre arbitrando un partido de rivalidad entre hermanos.

—¡Estaba haciendo mi trabajo! No le permití salir del avión. Seriamente, si me da una patada de nuevo, voy a pegarle con una correa.

Hangeng sacudió su cabeza. TOP estaba tan lleno de mierda, y ambos lo sabían. —Estaré allí tan pronto como pueda. Mantenle dentro y juega limpio. —TOP comenzó a farfullar, pero Hangeng sólo sacudió su cabeza y terminó la llamada.

Parte de él se sentía mal por no hablar con Henry  asegurar al hombre que todo estaba bien. Sin embargo, aún tenía llamadas que hacer y cosas que necesitaban su atención. Henry insistiría en que se le permitiera llegar a casa, y Hangeng cedería como siempre.

Minhyun podría haber reclamado a Ren esa mañana, pero hasta que su amigo fuera reclamado por ambas parejas, Hangeng estaría jugando sobre seguro. Lo más probable, es que estuviese exagerando. Probablemente, Minhyun y Baekho eran buenos tipos y nunca harían nada para dañar a Henry. Sin embargo, no estaba dispuesto a arriesgar el bienestar de Henry en ―más probable‖ y ―probablemente‖.

La siguiente llamada que hizo fue a Kyuhyun. El alfa le dio un saludo real, pero no sonaba muy feliz.

—¿Qué ocurrió? —Hangeng sabía que era demasiado esperar que todo se resolviera con LeeJoon ahora.

—LeeJoon está exigiendo una audiencia con El Consejo. Yo podría haber emborronado un poco los hechos y decir que tanto Baekho como Minhyun habían reclamado a Ren, en lugar de solamente Minhyun. Sin embargo, esto no va a colar. LeeJoon está argumentando que envió la petición del contrato antes de que Ren fuese reclamado, y por lo tanto su reclamo reemplaza a la mordedura de acoplamiento.

Hangeng gruñó y golpeó su puño contra el lateral de su muslo. —¿Cuándo es la audiencia?

—En tres días. —Hubo una larga pausa, y Hangeng pudo oír el pesado suspiro de Kyuhyun—. Hangeng, esto no tiene buen aspecto.

—Te veré en unos días.

—Intentaré encontrar una escapatoria, pero quería que estuvieses preparado.

—Sí, —musitó Hangeng—. Gracias, Kyuhyun.

Alejó el teléfono de su oreja y colgó en una especie de aturdimiento adormecido. Había estado despierto durante diez minutos, y ya, quería arrastrarse de vuelta a ese armario y dormir hasta que todo tuviese sentido.

Sin embargo, tenía gente dependiendo de él. Henry estaba el número uno en esa lista. Así que, se empujó desde el colchón, hizo todo lo posible para suavizar las arrugas de su ropa, y cruzó la habitación hacia la puerta.

Al salir al pasillo, fue recibido de inmediato por dos cuerpos desnudos, meciéndose juntos contra la pared justo fuera de su puerta. Hangeng no era un puritano, pero la sorpresa calentó sus mejillas y le hizo jadear por la sorpresa.

Siwon disminuyó sus embestidas, pero no se detuvo por completo, ni tampoco se avergonzó en lo más mínimo. Heechul mantuvo un brazo alrededor del cuello de su pareja y utilizó el otro para darle a Hangeng un alegre saludo.

Hangeng le devolvió el saludo de manera automática, gimiendo en su interior por su comportamiento idiota. Apresurándose alrededor de la pareja, tomó las escaleras de dos en dos hasta la sala de estar. Lo hizo todo en dos pasos antes de que su cerebro con exceso de trabajo se encontrara con lo que estaba viendo y oyendo.

—¿Hay alguien en esta casa que utilice ropa?

Minhyun se echó a reír como si fuera un hecho cotidiano para alguien el caminar follando a sus parejas. Saliendo del culo de Baekho, se giró y dio a Hangeng una enorme, sonrisa de comemierda. —¿Puedo entender que no somos los primeros que te sorprendemos?

Hangeng nunca iba a entender a estos cambiaformas. Sólo sacudió su cabeza y gimió. 

* * * *

Flynn estaba en casa. Las noticias de la audiencia habían sido entregadas. Hangeng sólo quería meterse en un agujero y dormir durante el siguiente año. Estar al mando era jodidamente agotador. Ahora, tenía que lidiar con un compañero muy enojado.

—¿Dónde está? —preguntó a TOP en el momento en que entró al avión.

TOP señaló con el pulgar hacia la parte trasera donde estaba el dormitorio. —Ha estado ahí durante horas.

Hangeng suspiró y se pellizcó el puente de la nariz. — Voy a lidiar con él.

—Jefe, tenemos otro problema.

—No. —Hangeng sacudió su cabeza—. No más problemas. No más mierda saliendo mal. Todo el mundo está feliz, y nada se está desmoronando. Eso es lo que me cuentas. De otro manera no tienes permitido hablar.

—Ha habido hombres lobos rondando las tierras alrededor de la finca.

—¡Maldición! ¿No has escuchado una maldita palabra? No hay hombres lobos ni nada más que necesite mi atención.

Hangeng estaba a punto de tener un ataque de nervios. Podía sentirlo venir. ¿Cómo infiernos la gente lidiaba con esta mierda? Tan pronto como conseguía arreglar algo, había otros cien problemas que surgían.

—¿Qué esperabas, Hangeng? ¡Te llevaste miembros de su manada!

—No me llevé a nadie. Ya no son niños, TOP. Les ayudé a salir de una mala situación y les di un lugar para vivir. No es como si hubiésemos secuestrado un par de malditos niños pequeños.

TOP presionó sus labios juntos y miró. —¿Qué hacemos?

—Suga está trayendo comida. Vamos a comer. Luego voy a lidiar con Henry. Después de eso, volaremos a casa y prepararemos una reunión con el Consejo donde yo pueda o no terminar en una celda de la cárcel, y Ren podría ser forzado a mudarse a Jeju. —Hangeng apretó los puños y gruñó en voz baja—. ¿Han hecho los hombres lobos algún movimiento amenazante? ¿Cuántos hay?

TOP sacudió su cabeza. —Hay seis de ellos, dos hembras y cuatro machos. Simplemente merodean los límites alrededor de la propiedad.

—Así que, ¿en realidad no han llegado a nuestras tierras?

TOP sacudió su cabeza de nuevo.

—Entonces mantén un ojo en la situación por ahora. Realmente necesitamos conseguir más guardias. No podemos hacer nuestro trabajo y preocuparnos por los hombres lobos al mismo tiempo. 

—¿Qué hombres lobos?

Hangeng se tragó un gemido y se volvió hacia Henry. — No es nada.

—Al igual que la razón por la que no regresaste ayer por la noche no es nada.

Henry cruzó sus brazos sobre su delgado pecho y gruñó. —Dijiste que las parejas se cuentan todo, pero ¿eso no se aplica a ti? ¿O quizás piensas que soy demasiado estúpido para entender qué está pasando? —Lo dijo con una mueca de desprecio, pero Hangeng pudo oír el dolor en su voz.

—Bebé, no es así. —Joder, no necesitaba esta mierda ahora—. Sólo no quiero que te preocupes.

—Voy a ver si Suga está de regreso. —Entonces TOP salió a toda prisa del avión. Cobarde.

—Bien, ya estoy preocupado. ¿Esto va a ser un hábito de los tuyos? Si lo es, me gustaría saberlo ahora.

—Ha habido algunos hombres lobos merodeando los límites de las tierras. No sabemos por qué están allí, pero no parecen agresivos. Henry se desinfló y sus hombros comenzaron a temblar. —No estoy intentando ser un dolor en el culo. Sólo estoy asustado. Por primera vez en mi vida, soy feliz. No quiero que se lo lleven. Cuando guardas cosas de mí, yo... yo no sé. Me hace sentir que las cosas no están tan bien como dices que están.

Cruzando la distancia entre ellos, Hangeng levantó a Henry en sus brazos y le llevó a la parte trasera del avión hacia el pequeño dormitorio. Tumbó a su pareja suavemente en el centro del colchón y permaneció sobre él, sólo mirando los ojos verdes de Henry. —Las cosas están un poco locas ahora mismo, pero van a asentarse. No tienes que tener miedo jamás, Henry. Eres lo más importante para mí, y haré cualquier cosa que tenga que hacer para mantenerte a salvo.

Una solitaria lágrima escapó de la esquina del ojo de Henry se deslizó por su sien. —No es sólo sobre mí. También necesito que estés a salvo. Da miedo tener algo que perder.

Hangeng conocía la sensación demasiado bien. La idea de algo sucediéndole a Henry hacía que su garganta ardiera y su estómago se apretara. —No más charla, —susurró antes de dejar caer su boca en la de Henry y besarle con todo lo que sentía y no podía decir.

Arqueándose contra él y quejándose en voz baja, Henry abrió su inquisitiva lengua cuando sus brazos y piernas rodearon a Hangeng. Era uno de esos besos que consumen mucho, la clase que parecía no terminar nunca, borrando todo en el mundo excepto a ellos dos. Cada loco deslizamiento de sus lenguas, cada suave caricia de sus manos, y cada dulce sollozo o gemido de la boca de Henry empujaban el deseo de Hangeng hasta el límite de la locura.

Nunca había sentido tanto de sólo un beso antes. Nunca nadie le había tenido al borde del orgasmo por simplemente frotarle el pelo de la cara. Sin embargo, todo parecía diferente con Henry. Era como tener un cable de alta tensión moviéndose debajo de él, haciendo cada sentimiento, urgencia, y necesidad más intensos.

Henry se puso rígido y un gemido ahogado salió de sus labios cuando dejó caer su cabeza hacia atrás en la almohada. La mirada de felicidad en su rostro, la comprensión que había venido con sólo un beso, empujó a Hangeng al borde. Dejó caer su frente en la de Henry, sólo mirando a los ojos de su pareja cuando recubrió la parte frontal de sus bóxers con su liberación. Probablemente debería de haber estado avergonzado por su falta de control, pero simplemente no podía encontrar la vergüenza en sí mismo para que le importara.

—Podría dormir. —Henry marcó la declaración con un gran bostezo.

Hangeng robó otro beso y se levantó de la cama para encontrar algo para limpiarles. Una siesta sonaba magnífico. Una siesta con su pareja acurrucado en sus brazos sonaba como el cielo. La idea de alejar todos sus problemas y simplemente disfrutar de estar con Henry sonaba como un milagro.

Definitivamente, podría utilizar unos pocos más de esos.         



CAPITULO 11


El Anciano Lee Seungri, el representante de los cambiaformas en El Consejo, les miró por encima de su torcida nariz y suspiró. -Lo siento, pero no tengo más remedio que fallar a favor de LeeJoon y conceder la autorización de su contrato.

La habitación estalló en gritos, gruñidos, y rugidos. Kyuhyun comenzó a gritar cosas a los ancianos. Ren luchaba contra el guardia que le sujetaba, dando patadas y sacudiendo mientras trataba de liberarse y llegar a sus parejas. Minhyun y Baekho se volvieron locos mientras luchaban contra una docena de Guardias del Consejo.


Hangeng también luchaba, pero fue más por instinto que otra cosa. Su corazón se hundió cuando vio a LeeJoon llevarse a Ren fuera de la habitación a través de una puerta justo al lado de la tarima donde los ancianos se sentaban. Se había acabado, y habían perdido.


Antes de que Hangeng pudiera averiguar cómo zafarse de los guardias que le sujetaban, las puertas posteriores de la habitación se abrieron de golpe. Siwon y su manada entraron corriendo en la habitación, seguidos por las parejas de Kyuhyun, Sungmin y Yesung. Todos parecían excitados, con grandes sonrisas en sus caras. Hangeng rezaba para que finalmente Yesung hubiese encontrado algo que pudiera sacarles de este lío.


-¡Esperad! -gritó Siwon, su voz sonando alrededor de la habitación. Todo el mundo se detuvo inmediatamente. Infiernos, incluso Hangeng hizo una pausa en su lucha. No sólo era el enorme tamaño del cuerpo del alfa, si no que el aire de autoridad que le rodeaba imponía respeto.


Suga, Aron, Yoochun, y TOP entraron a través de una puerta cercana a la parte frontal de la habitación, y Hangeng vio como sus amigos se movían para estar con Siwon. La puerta por la que LeeJoon había salido se abrió de nuevo, y cinco hombres que Hangeng nunca había visto se presentaron, uno de ellos empujando a LeeJoon delante de él.


-¿Cuál es el significado de esto? -gritó el Anciano Seungri.


Sí, eso era lo que Hangeng quería saber. ¿Quién demonios eran estos tipos con LeeJoon? Mirando alrededor de la habitación, Hangeng intentó evaluar si su entrada fue tan impactante para alguien más aparte de él. Kyuhyun y Baekho estaban sonriendo como locos. Minhyun, sin embargo, simplemente parecía tan confundido como Hangeng.


-¿Kyuhyun?


El alfa miró sobre su hombro y guiñó un ojo a Hangeng. -Simplemente mantén ese pensamiento.


Hangeng decidió que realmente no tenía elección, así que regresó su atención a LeeJoon. Tuvo el privilegio de mirar hacia arriba justo a tiempo para ver a Sehun golpear al líder vampiro en la cara, tomar a Ren de él, y llevarle con Minhyun. Hangeng supo que le gustó ese tipo desde el momento que había conocido al cambiaformas leopardo.


-Baekho, está en deuda con nosotros por esto. ¿Cómo es estar siempre entrando en la mayoría de los problemas? Habló uno de los recién llegados en su encantador acento irlandés.


Los ojos de Hangeng revolotearon hacia Baekho, y finalmente se dio cuenta de por qué los hombres parecían familiares. Todos ellos parecían diferentes versiones de Kang Baekho. -¿Hermanos? -La pregunta salió de su boca. Kyuhyun sonrió y asintió con la cabeza.


-También te he echado de menos, Zhoumi, y eres un regalo para la vista, -devolvió Baekho.


-¿Y qué tienes que decir al resto de nosotros? -Otro de los dobles de Baekho pateó su pie hacia un lado cuando habló, conectando con uno de los guardias caídos. Hangeng mordió su lengua para no reírse-. Estoy pensando que me va a gustar mucho Corea .


Hangeng se perdió el rastro de la conversación durante un minuto cuando una vez más trató de encontrar a su pareja entre todo el caos. No iba a entrar en pánico. Todo estaba bien. Todo iba a estar bien. Joder, ¿dónde estaba Henry?


De acuerdo, Hangeng fue presa del pánico. Sus ojos se lanzaron alrededor frenéticamente, aterrizando brevemente en cada cara en la habitación antes de pasar a la siguiente. -Oh, bebé, ¿dónde estás? -susurró a sí mismo.


-Aquí mismo, -respondió Henry tranquilamente, deslizando su mano en la de Hangeng.


Hangeng dio media vuelta, casi desmayándose de alivio por la vista de su pareja de pie junto a él. Tiró más cerca a Henry, aplastándolo en sus brazos, y una lluvia de besos en la parte superior de su cabeza y por el lado de su cara. Sus manos bordaron sobre el cuerpo de Henry, comprobando por cualquier señal de lesión.


Henry simplemente soltó una risita. -Hangeng, relájate. Estoy bien. -Sus brazos fueron alrededor de la cintura de Hangeng, y apretó suavemente-. Respira, gran hombre.


-Respirar. Bien. -Hangeng aspiró una bocanada grande de aire y lo soltó lentamente cuando metió a Henry en su costado y mantuvo un firme control sobre él-. No te muevas.


Henry resopló y rodó sus ojos pero no hizo ningún comentario.


Ahora que Henry estaba con él, y Hangeng sabía que su pequeño hombre estaba a salvo, regresó su atención al caos que les rodeaba.


Se sentía un poco exagerado para Hangeng, pero no les daría la espalda a los aliados dispuestos. A pesar de todo, no era como que fueran a ganar al Consejo con fuerza bruta. Así que, ¿qué era exactamente lo que Kyuhyun tenía bajo la manga? Hangeng no tenía ninguna duda de que todo este pequeño episodio era cosa de Kyuhyun. Tenía las huellas del alfa por todas partes.


-¡Disculpad! -gritó el Anciano Seungri. 


Aparentemente, estaba cansado de ser ignorado en su propio tribunal. Oops-. ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué están haciendo aquí?


-LeeJoon no ha reclamado a Ren, - respondió Yesung, la pareja de Kyuhyun, cuando dio un paso hacia adelante. Hangeng asintió con la cabeza hacia Suga y Aron, y se movieron asumiendo una posición defensiva detrás de Yesung.


Yesung y su otra pareja, Sungmin, continuaron explicando que dado que Ren aún no se había desvinculado del Aquelarre Snake River y jurar lealtad a Hangeng, el contrato no era vinculante ya que el contrato tenía que ser presentado al líder del aquelarre de Ren. Hangeng no podía dejar de estar impresionado mientras describían las lagunas y el funcionamiento técnico de la ley de los vampiros. También pensó que dejaría caer las rodillas con alivio cuando se dio cuenta de que lo que estaban diciendo era cierto.


Cuando terminaron de hablar, el Anciano Seungri se puso de pie y se frotó la cara como si les encontrara a todos muy agotadores. -Si nadie tiene nada más que añadir, entonces por la presente declaro el contrato nulo y sin efecto. Ren permanecerá con sus parejas.


Probablemente había más que decir después de eso, pero Hangeng no se quedó allí para escucharlo. Se metió entre los guardias y se apresuró fuera de la habitación, aún sujetando a Henry en su pecho.


-¿Eso es todo? ¿Se acabó?


Hangeng giró justo fuera de las puertas dobles y fijó a Henry en la pared, anclándole allí con su cuerpo mucho más grande. -Eso es todo, bebé. Ren consigue quedarse con sus parejas, y yo consigo quedarme contigo.


-¡Sí! -gritó Henry, sonriendo brillantemente y lleno de alegría.


-Mmm, -ronroneó Hangeng-. Te ves lo suficientemente bien para comerte. -Intentó capturar los labios de Henry, pero el hombre chilló y sacudió su cabeza hacia un lado, esquivando sus avances.


-¡Hangeng, no podemos hacer eso aquí!


-¿Quién lo dice? -preguntó Hangeng distraídamente, intentando aún conseguir la boca de Henry. 


Henry empujó sus hombros, sus ojos como platos mirando arriba y abajo el desierto pasillo. -Alguien podría vernos.


-¿Y qué?


-¿Y qué? Hangeng, tienen leyes de decencia pública, lo sabes.


Dado que Hangeng no podía conseguir los labios de Henry el tiempo suficiente para besarlos, en su lugar se fue para la piel de olor dulce a lo largo de la garganta de su pareja. -Cállate.


Henry continuó retorciéndose, pero dejó de empujar a Hangeng y dejó caer su cabeza hacia atrás contra la pared, arqueando su cuello y dándole a Hangeng más espacio para jugar. -Esto es una mala idea. 


-Creo que es una gran idea. -De hecho, era la mejor idea que había tenido en muchísimo tiempo. Tirando del faldón de la camisa de Henry libre de sus pantalones, acarició la suave piel del abdomen de su pareja, amando la manera en que los músculos saltaban y se apretaban por él. Continuó besando y pellizcando su camino arriba hacia el cuello de Henry, luego a lo largo de la línea de su mandíbula, y finalmente fue capaz de reclamar el premio que buscaba.


Sus labios se encontraron en un beso caliente, y Henry se abrió para él, todas las señales de resistencia desaparecieron. Gimió y gruñó, apretando sus brazos para arrastrar a Henry más cerca, y atacó su boca como un hombre hambriento.


Alejando su boca y jadeando por aire, Henry miró a los ojos de Hangeng y sonrió perversamente. -Tengo una sorpresa para ti.


-¿Esa sorpresa implica mi polla en tu culo?


Henry se reía entre dientes sin aliento mientras Hangeng continuaba atormentando sus sentidos. -Da la casualidad de que eso es exactamente lo que implica.


Hangeng no dijo una palabra cuando puso de pie a Henry y comenzó a desgarrarle la ropa. Henry aún estaba nervioso sobre alguien viniendo hacia su pequeña franja de pasillo y que les vieran, pero no pudo negar la reacción de su cuerpo a su pareja. El deseo de Hangeng, el hambre en sus ojos, puso el cuerpo de Henry en llamas e hizo que su polla palpitara.


Pequeños temblores sacudiendo su cuerpo, le hicieron temblar hasta los dedos de sus pies cuando se dio la vuelta, presionó las palmas de sus manos contra la pared y mostró su sorpresa. Técnicamente había sido idea de Sungmin, pero Henry pensó que fue una maldita buena idea.


La fuerte ingesta de aliento de Hangeng y el gemido que siguió hicieron que Henry se sintiese como un dios. Las grandes manos de su pareja vagaban por su espalda, suavizadas por encima de sus caderas, y agarraron su culo en un firme dominio. -Sabía que sólo te estabas haciendo de rogar. -Henry pudo oír la sonrisa satisfecha en la voz de Hangeng cuando el hombre tocó la base del tapón anal.


Henry sacudió su cabeza rápidamente y luego se detuvo y asintió con la cabeza. Se detuvo y sacudió su cabeza de nuevo. -Sí, quería sorprenderte, pero no era mi intención que ocurriera para joder aquí.


-Joder aquí es exactamente lo que quiero hacer.


Henry rodó sus ojos, pero no pudo borrar la sonrisa tonta de su cara. El sexo con Hangeng era divertido. Eso no lo hacía menos alucinante, pero a Henry le encantaba el lado juguetón de su generalmente seria pareja.


Cuando el tapón de silicona comenzó a moverse, dentro y fuera en su tembloroso agujero en pequeños incrementos, Henry pensó que perdería su mente. Con cada empuje hacia adentro, la punta del juguete chocaba contra su próstata, haciendo que su polla se sacudiera y su corazón martilleara. Un extraño gemido calló de sus labios, y Henry dejó caer su frente en la pared delante de él. -Más.


El sonido de una cremallera hizo que su culo se apretara con codicia. Hangeng le dio unos cuantos bombeos más y un par de giros del tapón anal antes de sacarlo del resbaladizo agujero de Henry dejarlo caer al suelo. Henry gimió por la sensación de vacío. -¡Por favor!


-Guarda silencio ahora, bebé. ¿No te doy siempre lo que necesitas? -La punta de la gruesa polla de Hangeng se deslizó arriba y debajo del pliegue de Henry, frotando sobre su necesitado agujero pero nunca entrando. Lo hizo varias veces, burlándose de Henry hasta que pensó que explotaría.


Justo cuando estaba a punto de gritar y demandar a Hangeng que le jodiera hasta el día siguiente, su amante se lanzó hacia adelante, penetrando la entrada de Henry y estirándole ampliamente. Hangeng no hizo una pausa hasta que tuvo sus bolas profundas y su ingle se colocó contra las mejillas del culo de Henry.


-¿Preparado?


En lugar de ofrecer una respuesta verbal, Henry arqueó su espalda y se echó hacia atrás, empalándose a sí mismo más en la dura longitud de Hangeng. Los dedos de su amante se enroscaron alrededor de las caderas de Henry en un agarre que ocasionaría un moretón cuando ambos jadearon y gimieron.


Hangeng le tomó rápido y duro, golpeando sus caderas y moviéndose dentro de su canal en un ritmo exigente. Su musculoso brazo serpenteó alrededor de la cintura de Henry, levantando sus pies del suelo y cambiando el ángulo mientras dirigía su polla dentro del cuerpo de Henry una y otra vez.


El sudor resbalaba por su cara, su pelo humedecido, e hizo su agarre en la pared precario. Henry apenas notó nada de eso. Sus bolas dolían, su polla pulsaba, y cada terminación nerviosa de su cuerpo hervía por la avalancha de placer que estaba recibiendo.


Sólo cuando pensó que no podría tomar nada más, Hangeng se inclinó hacia adelante, cubriendo su espalda, y largos dedos rodearon su saltarina polla. Hangeng le sostuvo en un férreo agarre, acariciándole desde la punta hasta la base al ritmo del movimiento de sus caderas.


-Córrete para mí, bebé. Enséñame a quién perteneces, Henry.


Henry intentó responder la pregunta no formulada, pero su orgasmo explotó a través de él, cortando cualquier cosa que pudiera haber dicho. Tiras de perlas de semen brotaron de su hendidura para salpicar contra la pared o caer al suelo, y Henry se hundió sin fuerzas en los brazos de Hangeng.


Su pareja gruñó, sumergiéndose tan profundo como pudo conseguir dentro del convulsivo canal de Henry, y se sosegó. Su gran cuerpo se estremeció, y Henry pudo sentir el corazón del vampiro latiendo contra su espalda. Pegajoso, húmedo calor llenaba su pasaje, sus paredes interiores pintadas, y se filtró de regreso afuera alrededor de la aún dura polla de Hangeng.


-Sucio hipócrita, -dijo alguien con una ruidosa risa.


Henry agitó su cabeza hacia un lado para ver no sólo a Minhyun, si no a cada jodida persona que sabía que estaba de pie fuera de la puerta de la sala de reuniones. Alguna pequeña parte de él le dijo que debería estar avergonzado, pero era un poco difícil para él sentir nada por el momento.


Hangeng se echó a reír con los demás cuando salió del agujero de Henry y le envolvió en sus brazos, ocultando la mayoría de sus partes. -Es demasiado tentador para su propio bien.


-¡Oh, es tan lindo! -Chilló un hombre rubio de baja estatura-. ¿Por qué no nos dijiste que tenías una pareja?


-Jin. -Un hombre que Henry asumió que era NamJoon dio un paso detrás del rubio y puso una mano sobre su boca-. No es un gatito, amor. -Jin se dio la vuelta para enfrentar a su pareja, pero Namjoon sólo se rió y sacudió su cabeza antes de que pudiera hablar-. Y no, no podemos tenerlo.


Los ojos de Henry se agrandaron en estado de alarma, y miró hacia arriba a Hangeng cuando se movió más en el abrazo de su pareja. -¿Quiere tenerme como una mascota? -susurró.


Todos se reunieron alrededor de ellos estallando en carcajadas, incluyendo Jin. Hangeng besó la parte superior de la cabeza de Henry y acarició el lateral de su cara. -Te acostumbrarás a Jin, cariño. Además, realmente no importa lo que quiere. Eres mío.


Henry bajó la cabeza con brusquedad y le sacó la lengua a Jin. -Sí, soy suyo.


Todo el mundo rió más fuerte, y Henry se unió en ese momento.


Así que, esto era lo que era tener una familia, docenas de personas alrededor para molestarle, reírse de él, e interrumpir su tiempo de juego con su pareja. Personas que siempre le daban la espalda, estaban junto a él contra los malos, y le hacían sentir a salvo y bienvenido, eso era una familia.


Sí, podría vivir con eso.





CAPITULO 12



Los siguientes meses se pasaron haciendo cambios drásticos a la propiedad. Cuarenta pequeñas cabañas fueron construidas a lo largo de trescientas hectáreas. Tuvieron una fiesta de tres días para quemar la cabaña de la parte de atrás de la propiedad en el terreno. Dos edificios estilo cuartel fueron construidos, cada uno con la capacidad para alojar al menos a doce hombres y mujeres.


En realidad Jiyong había sido el único en proponer un acuerdo para ellos para financiar las mejoras. El hombre era un genio cuando se trataba de planificación financiera. Incluso había sido capaz de ayudar a Yesung en trabajar una propuesta para presentar a los ancianos. Cada alfa, líder, beta, o miembro del círculo interno que arrestaron fue obligado a pagar una multa por encima de su sentencia de prisión. Se había avanzado mucho en el relleno de su cuenta bancaria.


—Suga y TOP están trayendo tres más hoy, —dijo Henry cuando entró en la oficina. Paseó alrededor del escritorio y picoteó a Hangeng en los labios a modo de saludo—. Dos hombres y una chica. Uno de los hombres y la hembra son hombres lobos. El otro hombre es un licántropo. 


Hangeng se estremeció. Aunque su aquelarre se había convertido en un refugio de clases para paranormales descarriados sin otro lugar a donde ir, estaba receloso de traer a los hombres lobos. Ya estaban alojando a cinco weres que habían estado recogiendo basura cerca del límite de la propiedad. Resultó que estaban huyendo de su manada, que por casualidad era la Manada Mokpo, y el alfa era su padre. Hangeng aún estaba esperando por las consecuencias. Nadie se había salido de la línea o causado problemas, pero su presencia aún le ponía nervioso. — ¿Cuál es su historia?


Henry bajó la mirada hacia el papel en su mano y sacudió su cabeza. —Al parecer igual que los otros. Todos fueron vendidos por sus familias a una manada de hombre lobos . —Henry levantó la mirada y frunció el ceño—. ¿Cuál es la diferencia entre un licántropo, un cambiaformas regular como Minhyun, y un hombre lobo? Pensaba que un licántropo sólo era otro nombre para hombre lobo.


—En realidad no hay mucha diferencia. —Hangeng agarró las caderas de Henry e introdujo al hombre en su regazo. Su pequeña pareja había hecho enormes avances en los últimos meses. Su confianza había crecido a pasos agigantados, actualmente estaba trabajando hacia su GED y Hangeng no podía estar más orgulloso de su hombre.


Cada día, Henry estaba aprendiendo a confiar en él un poco más. Cada día traía nuevos descubrimientos como piezas de la personalidad de Henry brillaban a través de los años de desconfianza y cautela en los que él mismo se había envuelto. A medida que cada nueva pieza del rompecabezas encajaba en su lugar, Hangeng se encontraba a sí mismo cayendo un poco más por el hombre.


—Bien, eso fue útil. —Henry rodó sus ojos y mordisqueó el labio inferior de Hangeng—. Estoy esperando que haya más de esa explicación.


—Oh, bien. —Hangeng siempre tenía dificultades para mantener su tren de pensamientos cuando Henry estaba alrededor. Sin embargo, prefería tener a su pareja con él que ser capaz de pensar con claridad—. Bien, los hombres lobos realmente no tienen una forma animal. Están en algún lugar entre un hombre y un lobo, pero sobre todo lobo. Los licántropos son lo mismo. Cambian a una forma medio-lobo en la luna llena, pero son más hombres que bestias. Los hombres lobos tienen que cambiar en la luna llena. Los licántropos no. Los hombres lobos son un poco más grandes en su forma cambiada que los licántropos. Supongo que eso es todo.


—¿Qué pasa con los cambiaformas lobo?


—Son como otros cambiaformas. Se transforman completamente en sus homólogos animales. La mayoría de los cambiaformas no tienen que cambiar en la luna llena, pero Minhyun lo hace.


—Porque es un cambiaformas blanco. —Henry asintió con la cabeza su entendimiento—. —Él y Ren me lo explicaron un poco.


Hangeng estaba encantado de que Minhyun y Baekho hubiesen acordado mudarse a Ulsan y vivir en la propiedad con Ren. Baekho había sido capaz de mantener su trabajo como un Ejecutor, pero sus funciones consistían sobre todo en la vigilancia de los terrenos y el patrullaje de la residencia. Era más como un sheriff del aquelarre que cualquier otra cosa.


Las cosas estaban realmente mejorando para ellos. No sólo Baekho había decidido quedarse, si no que sus hermanos también. Como Ejecutores plenamente entrenados, habían sido muy valiosos para ayudar a rastrear a los prisioneros que aún estaban desaparecidos y llevar a sus torturadores ante la justicia. Kang J-Hope, especialmente, era indiscutible en sus habilidades como Rastreador. Hangeng nunca había visto a nadie mejor.


—Estoy tan orgulloso de ti. —Henry le hizo cosquillas a Hangeng en la unión de sus labios con su lengua y suspiró—. Eres asombroso.


Hangeng se sentía asombroso. Una vez que se dio cuenta de la clase de bien que podría hacer como líder, había aceptado de buen grado el trabajo. Todos sus Ejecutores, incluidos los hermanos Kang, Minhyun, e incluso Ren le habían jurado su lealtad y oficialmente se habían unido a su aquelarre.


Los miembros originales que quedaron del dominio Suho habían sido lentos en llegar alrededor, pero no podía culparles. Sus vidas habían sido un infierno bajo el pulgar de Suho. Una vez que vieron los cambios que Hangeng quería hacer no sólo en la propiedad si no también en el aquelarre, se habían puesto a trabajar para ayudar con todo desde la construcción hasta la enseñanza a leer y escribir de algunos de los refugiados más jóvenes.


—De acuerdo, acepto que soy asombroso, —bromeó. Atrapando la barbilla de Henry en su mano, puso un breve pero apasionado beso en sus labios—. Sin embargo, ¿qué llevó a esto?


—Has hecho de este lugar un hogar, Hangeng. No son sólo esclavos y prisioneros que necesitan un lugar a donde ir. Toda clase de sobrenaturales están viniendo, esperando unirse a tu aquelarre. Este es un lugar donde las personas pueden ser ellas mismas, tener una buena vida, y no tener que preocuparse por las personas que quieran hacerles daño. Has renovado completamente este aquelarre.


La garganta de Hangeng ardía y sus ojos picaban con emoción. Sin embargo, no lo había hecho todo por su cuenta. —Hiciste de este lugar un hogar, Henry. Sólo nos encontré algunos nuevos miembros de la familia. —Una lenta sonrisa se dibujó en su rostro cuando pensó volver sobre las palabras de Henry—. Renovado, ¿huh?


Henry le frunció el ceño durante todo un minuto antes de que su frente se suavizara y rodara sus ojos. —Oh, porque eres un vampiro, y dije que renovaste el lugar. ¡Oh, ya entiendo! —Entonces cayó contra el pecho de Hangeng y se rió de su tontería distraído.


Era ese entusiasmo y alegría lo que más adoraba Hangeng sobre su pareja. Henry también era inteligente, divertido, amable, y la persona más generosa que Hangeng nunca había conocido. Le daría a un extraño la camisa directamente de su espalda en pleno invierno y nunca se quejaría acerca de que hiciera frío.


—Me alegra que decidiéramos renombrar el aquelarre.


Henry dejó de reír y se sentó con la espalda recta. —Yo también, chico grande. Aquelarre Haven se ajusta perfectamente a lo que estamos haciendo aquí.


—Entonces es una buena cosa que tenga una pareja muy inteligente que pensara en ello. —Hangeng hurgó en las costillas de Henry, encantado por los gritos y risas que surgieron de la boca de Henry—. Tengo un secreto que contarte.


Los ojos de Henry se iluminaron cuando jadeó para recuperar el aliento. —Cuéntame.


El corazón de Hangeng revoloteó y las palmas de sus manos comenzaron a sudar. Sabía cómo se sentía sobre Henry, pero nunca había dicho las palabras a nadie excepto a la familia antes. Sólo habían pasado seis meses desde que Henry llegó a su vida. ¿Era demasiado pronto? ¿Le devolvería Henry sus sentimientos, o huiría asustado?


—Yo...


Su móvil sonando le interrumpió. Hangeng no sabía si estaba molesto o frustrado por ello. De cualquier manera, dudaba que fuese una llamada amistosa para darle a la lengua. Agarrando el teléfono del escritorio, frunció el ceño al número de Suga mostrado en la pantalla.


—¿Qué pasa?


—El líder de la manada, su beta, y tres de sus centinelas desaparecieron cuando entramos después de los prisioneros. Bien, les encontramos, o quizás debería decir que ellos nos encontraron. Estamos a unos veinte minutos de las puertas delanteras, pero tenemos compañía. Aparentemente, el Alfa Lee no está preparado para renunciar a sus esclavos. Hay dos coches llenos de hombres lobos sobre nuestros culos.


—¡Joder! —Hangeng saltó de su asiento, casi dejando caer a Henry al suelo. Atrapó a su pareja y le puso suavemente sobre sus pies, besando la parte superior de su cabeza para disculparse—. Sólo llegad hasta aquí. Nos reuniremos en las puertas.


—Hangeng, no están solos. El hermano de Lee es el alfa de la Manada Boulder.


—Sólo llegad hasta aquí, —repitió Hangeng y colgó el teléfono. Se lo echó en el bolsillo y alcanzó el rostro de Henry para acunarlo con ambas manos—. Necesito que te quedes aquí. Voy a tener a Baekho y Minhyun reuniendo a los otros y llevándoles a la casa principal.


—¿Qué está pasando?


Rompió el corazón de Hangeng como la voz de Henry temblaba y quebraba cuando habló.


—Tenemos compañía, y no están aquí para darnos la bienvenida al vecindario. —Se inclinó y aplastó su boca en la de su pareja, ronroneando todo lo que quería pero no podía decir en el beso—. Quédate aquí donde estás seguro. Tengo que ir.


Henry agarró su cintura, sosteniéndole en su lugar, y levantó la vista para mirarle con ojos suplicantes. —Ten cuidado y vuelve a mí.


Hangeng sonrió y guiñó un ojo, mostrando más confianza de la que sentía. —Tengo esto, bebé.


—¡Henry! ¡Tenemos que ayudarles! —Jiyong irrumpió en su habitación, agarró su mano, y comenzó a tirar de él hacia la puerta—. Por favor, Henry. ¡Por favor! Mi pareja está ahí fuera.


—Mi pareja también está ahí fuera. Crees que no estoy asus... —Henry se interrumpió a sí mismo y agitó su cabeza alrededor—. ¡Lo sabía! ¡TOP es tu pareja!


Jiyong sacudió su cabeza. —No, no lo es. No quise decir eso.


—¿Por qué lo estás escondiendo? ¿No te quiere?


—¡Henry! —Jiyong lanzó sus manos al aire y gruñó—. Es complicado, ¿de acuerdo? No tenemos tiempo para hablar sobre ello ahora mismo. ¡Tenemos que ayudarles!


Hangeng dijo que me quedara aquí. Ellos pueden ocuparse de esto, Jiyong.


Jiyong fue sobre Henry y le empujó en el pecho. — Aron y Yoochun están fuera de misión. Los hermanos de Baekho están de misión. Eso deja a nuestras parejas, Suga, Baekho, y Minhyun para luchar contra un montón de mierda cabreada de hombres lobos.


—Míranos. —Henry mantuvo sus brazos abiertos y luego agitó una mano hacia arriba y hacia abajo para indicar a Jiyong—. ¿Qué podemos hacer contra los hombres lobos?


Jiyong resopló y sacudió su cabeza. —¡Eres un maldito demonio, Henry!


—¿Y qué? Esto es todo. —Henry hizo un gesto hacia sí mismo de nuevo—. Lo que ves es lo que hay. No tengo ningún poder especial. No soy súper fuerte o rápido como un rayo. Sudo sangre. ¡Ese es mi súper poder! —No sabía quiénes habían definido su carrera como demonios, pero la habían jodido mayormente. No había nada ni siquiera mínimamente aterrador acerca de él. En todo caso, pensó que deberían clasificarse junto con las hadas.


—Bien, quédate aquí si estás asustado. Sin embargo, no me voy a esconder debajo de mi cama mientras mi pareja está luchando por su vida.


No, Henry no podía hacer eso. Simplemente no sabía cómo se suponía que iba a ayudar. Quizás tenía un don especial, pero sus padres nunca se habían molestado en incluirle en el secreto. A pesar de todo, si su pareja le necesitara, él estaría allí para ayudar.


—De acuerdo, pero necesitamos un plan. —Antes de que pudiese decir nada más, Jiyong corrió fuera de la habitación—. O simplemente puedes correr allí afuera como un idiota, —masculló Henry en voz baja mientras despegaba después de su amigo.


Atrapó a Jiyong a mitad de camino por el pasillo, le agarró por su codo, y le dio la vuelta. —¡Escucha! No podemos salir corriendo ahí afuera simplemente con una escoba y una oración. Ellos son más grandes, más fuertes, y más rápidos que nosotros, así que tenemos que ser más inteligentes.


—Necesitamos números. Hay cambiaformas y vampiros viviendo aquí. También están los hombres lobos que comparten la cabaña del estanque. Tal vez no sean Ejecutores, pero pueden ayudar.


—También podemos ayudar, —dijo JungKook cuando él y SungJung llegaron corriendo por el pasillo—. Puede que no tengamos a nuestras parejas ahí fuera, pero tenemos amigos. Hangeng dice que somos una familia, y las familias se suponen que permanecen juntas. Yo digo que reunamos a tantas personas que estén dispuestas a ayudar como podamos encontrar, y pateemos algún culo peludo.


Todos los ojos se volvieron hacia Henry, buscando su guía. Tirando sus hombros hacia atrás y estabilizando su columna vertebral, Henry asintió con la cabeza una vez. Podía hacer esto. —Jiyong, habla con los vampiros. JungKook, ve a buscar a los cambiaformas. SungJong, reúne a cualquier persona que esté dispuesta a ayudar.


—¿Adónde vas?


Henry tomó una profunda respiración y la dejó salir lentamente. —Voy a ir a hablar con los weres.


Oh, se había mentido tanto a sí mismo. No podía hacer esto.


Henry inquieto, saltaba de un pie a otro y se retorcía las manos cuando estuvo de pie en el porche de la cabaña que compartían los hombres lobos. —Deja de ser un cobarde, — se reprendió a sí mismo—. Hangeng te necesita.


La puerta se abrió de golpe, y Henry gritó, dando un traspié hacia atrás tan rápido que se cayó por las escaleras del porche y rodó por el suelo cubierto de rocío. —¡No me comas!


Una menuda mujer se apresuró al porche y se arrodilló junto a él en la hierba. —Oh, cariño, ¿estás bien? No te hiciste daño, ¿no? Aquí, déjame que te ayude a levantarte.


De acuerdo, definitivamente Henry no había estado esperando esto. Dejó que la mujer le ayudará a ponerse de pie y se sacudió la hierba de su trasero. Pasos en los tablones de madera del porche le llamaron la atención, y Henry casi comenzó a gritar de nuevo.


Tres enormes hombres con músculos de sobra se pararon hombro con hombro, los brazos cruzados, y la mirada fija en Henry como si fuese el almuerzo especial. Le tomó a Henry unos pocos segundos notar a la otra mujer de pie sólo un poco detrás de ellos. —Diles que no me coman, —susurró a la mujer que aún se aferraba a su mano.


Ella simplemente se rió y le dio una palmada en el

brazo. —Oh, bombón, nadie va a comerte. Soy Amber. Esa es mi pareja, . —Señaló hacia el hombre en el extremo derecho—. Hermosa, ¿huh?

Henry asintió con la cabeza aturdido. —¿Su nombre es Kristal?


—Eww. —Amber arrugó su nariz y sacudió su cabeza, haciendo que sus rizos negros rebotaran alrededor de su cara—. Ese es mi hermano Kris. Mi pareja es la sexy pequeña princesa escondida detrás de él.


—Oh, entonces sí, es hermosa. —Henry no sabía qué demonios estaba diciendo. Aún estaba intentando no hacerse pis.


—Así que, está diciendo que no soy atractivo, —gruñó Kris.


Henry literalmente sintió que la sangre se le drenaba de su cara. —Uh no. Quiero decir sí. Yo... bien... oh joder. — Cerró sus ojos y gimió, deseándose él mismo callarse.


Amber comenzó a reír, y unas profundas, masculinas risas se unieron a ella desplazándose a través del caliente aire del verano.


—Relájate, pequeño, —dijo Kris amablemente—. Nadie va a hacerte daño. Estamos agradecidos de que tu líder nos permitiera refugiarnos aquí. No somos como la mayoría de nuestra especie. —Indicó a los otros hombres de pie al lado de él—. Estos son míos y los hermanos de Amber, Baekhyun y Kibum .


Henry empuñó sus manos a los lados, se armó de valor, y dio un paso más cerca hacia el porche. —Soy Henry. Hangeng no es sólo el líder de mi aquelarre, es mi pareja, y está en problemas. Todos estamos en problemas. He venido para pediros vuestra ayuda.


Lo siguiente que supo fue, hombres lobos con el torso desnudo preguntándole una docena de diferentes cuestiones al mismo tiempo rodeándole.


—¿Qué pasa?


—¿Dónde está él?


—¿Quién está viniendo?


—¿Qué necesitas que hagamos?


La última pregunta tuvo temblando de alivio las piernas de Henry. —Mis amigos están intentando encontrar a otros miembros del aquelarre que nos ayuden. No sé todo. Sólo sé que tenemos hombres lobos viniendo, y van a estar a aquí pronto. La mayoría de nuestros Ejecutores están fuera en misiones. Estamos superados en número.


—¿Por qué están viniendo aquí? —demandó Kris.


—Les quitamos a una pareja de esclavos que estaban reteniendo.


La dulce pequeña Amber gruñó como una bestia feroz. —Estamos dentro.


—Kristal fue retenida como una esclava por nuestra familia, —susurró Baekhyun en el oído de Henry—. Ese es el por qué estamos aquí. Nuestra familia está jodidamente loca.


—Yo también lo estuve, —dijo Henry silenciosamente cuando alcanzó a tomar la mano de Kristal y la apretó suavemente—. Sin embargo, tienes amigos aquí. Nadie va a hacerte daño de nuevo.


Kristal sonrió tímidamente y agachó su cabeza. —Me alegra que encontráramos este lugar. Sólo quiero amar a Amber sin que las personas nos odien por eso.


—De acuerdo, todos podemos llegar a conocer las historias de nuestras vidas más tarde. —Kibum hizo crujir sus nudillos y sonrió con entusiasmo—. Tenemos algunos culos que patear.           



ULTIMO CAPITULO




Hangeng, Minhyun, y Baekho estaban de pie cerca de las grandes puertas de hierro vigilando la entrada a la propiedad. Hangeng y Baekho estaban empaquetando todo el acero que podían llevar mientras Minhyun estaba de pie al lado de ellos en su forma cambiada como un ciervo blanco.

Un ciervo no podía ser de mucha ayuda en una lucha, pero el status de Minhyun como un Moonlighter, podría ser útil. La magia rodeándoles fue una locura poderosa cuando cambiaron. Durante mucho tiempo se creyó que alguien que estaba cerca de ellos se volvía loco en cuestión de minutos. Kyuhyun, siendo el genio que era, había sido el único en demostrar que sólo aquellos a quienes la ira de los Moonlighter era dirigida eran afectados por la magia.

Con la amenaza a su pareja, Minhyun estaba destinado a estar bastante molesto en la inminente batalla.

—Aquí está Suga, —dijo Baekho apenas una SUV negra ingresaba a la carrera alrededor de la esquina.

El plan era conseguir que Suga, TOP, y los prisioneros entraran y luego sellar y cerrar con barricadas las puertas. Los dos turismos y los tres SUV yendo a máxima velocidad detrás de ellos, lo suficientemente cerca para empujar su defensa trasera, lanzó esa idea a la maldita agua.

—Esto es todo, —dijo Hangeng solemnemente. No sabía cuántos hombres lobos había, pero sabía que eran superados en número.

TOP aceleró hacia las puertas y luego frenó, sacudió bruscamente la rueda, y envió la SUV en picado hasta que finalmente se detuvo, sentado de lado en el coche y bloqueando la puerta. Las puertas se abrieron de golpe y todo el mundo salió, Suga y TOP instando a los prisioneros delante de ellos.

—¡Vamos, vamos, vamos! —gritó TOP, empujando a la mujer a través de la puerta—. Corre directamente a la casa principal. ¡No mires atrás!

Para sorpresa de Hangeng, la mujer se soltó de un tirón y gruñó. —¡No! Arriesgasteis vuestras vidas para salvarnos. Nos quedaremos y lucharemos con vosotros.

Suga parecía que iba a discutir, pero Hangeng mantuvo su mano arriba para detenerle. —Necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir.

Fuertes aullidos rasgaron a través de la noche cuando diecisiete hombres lobos llegaron a la carga de los coches, muchos de ellos ya habían cambiado. Hangeng desenfundó su espada de su vaina mientras Suga, TOP, y Baekho hacían lo mismo. Quizás fuese el momento de que los Ejecutores comenzaran a envolverse en el calor. Hangeng tendría que hablar con El Consejo sobre eso si sobrevivía a esto.

No hubo caminata lenta, intimidante. El alfa de la manada no dio un monólogo tediosamente largo. En el momento en que sus pies golpearon el suelo, fueron corriendo hacia las puertas, gruñendo, rugiendo, y aullando. Sus colmillos goteaban con saliva y sus garras cortaban el aire.

Minhyun dejó caer su cabeza, apuntó con su cornamenta hacia el hombre lobo más cercano, y se lanzó hacia allí a todo galope. El gran lobo se salió fuera del camino, agarró a Minhyun hacia la mitad, y lo envió volando por el aire como un muñeco de trapo.

Antes de que el resto de los hombres lobos incluso llegaran a la puerta, una docena más estaba apareciendo desde los árboles a cada lado del camino de entrada. Oh, ellos estaban muy, muy jodidos. El más grande se separó de la manada, sus ojos fijos en Hangeng, y sonrió grotescamente.

—Voy a por el alfa, —gritó Hangeng a los otros.

Nunca llegó tan lejos. Algo de la magia de Minhyun estaba trabajando en los lobos, pero sólo les estaba haciendo más fuertes, más feroces. El ciervo blanco estaba volando a través del aire de nuevo, forzando a Hangeng a sumergirse en el suelo o arriesgándose a ser empalado en la cornamenta de Minhyun. Antes de que pudiera ponerse sobre sus pies de nuevo, tres de los hombres lobos estuvieron encima de él, rasgándole y mordiéndole, masticando su carne.

Todos iban a morir. Hangeng podía sentir la inconsciencia llegar a él. Sus párpados comenzaron a caer y todo alrededor de los bordes se puso borroso. Sus propios gritos se mezclaban con los de sus aliados. Todo acabaría pronto.

El único pensamiento de Hangeng antes de que se deslizara en el vacío fue que nunca había tenido la oportunidad de decirle a Henry cómo se sentía sobre él.

—¡Hangeng! —Henry se volvió en una explosión de velocidad, sus nuevos amigos corriendo directamente al lado de él mientras docenas de cambiaformas, vampiros, y toda variedad de sobrenaturales seguían detrás de ellos.

Vio como Hangeng quedó inerte debajo de las bestias encima de él. Apenas podía ver a través de las lágrimas corriendo por su cara, pero aún siguió corriendo. Si pudiera llegar a Hangeng, podría solucionarlo. Todo estaría bien si sólo pudiera llegar a su pareja.

—¿Los tomamos vivos? —La voz de Amber era dura y áspera en su forma cambiada, pero Henry no tuvo problemas para entenderle.

—No me importa. —Fue frío y cruel de su parte, pero ver la sangre que salía de su pareja dejaba poco espacio en su corazón para la misericordia y el perdón.

Amber, Kristal, y sus hermanos se lanzaron a la batalla sin vacilar. Lobos y grandes gatos, enormes halcones, y vampiros de todos los tamaños corrieron pasando a Henry, los más pequeños trabajando juntos para derribar a los grandes hombres lobos.

Henry sólo siguió corriendo hacia Hangeng. Un alto sollozo escapó de sus temblorosos labios y el dolor le hizo caer sobre sus rodillas cuando estuvo lo suficientemente cerca para ver bien a su pareja. Aunque naturalmente pálida, la piel de Hangeng parecía gris y sin vida en la áspera iluminación de seguridad. El brillante color carmesí se destacaba en relieve, pintando una horrible imagen que Henry sabía que nunca iba a olvidar.

Yendo puramente por instinto, dejó que sus colmillos se alargaran y mordió su muñeca, rasgando un poco la carne para permitir un mejor flujo de la sangre. Entonces agarró la barbilla de Hangeng, tiró su boca abierta, y presionó su sangrante muñeca sobre los labios de su amante.

—Por favor permite que esto funcione, —susurró—. Hangeng, despierta. Prometiste que nunca me abandonarías. Necesito que te despiertes ahora. —Sin embargo, no estaba funcionando. Hangeng sólo se quedó allí, inmóvil.

Henry separó su muñeca de la boca de su pareja y comenzó a moverla sobre las numerosas heridas en el cuerpo del vampiro. —Detén el sangrado, —murmuró en voz baja mientras trabajaba—. Tengo que detener el sangrado y cerrar las heridas. Va a estar bien.

La lucha rugía a su alrededor. Cuerpos volaban sobre su cabeza. Algunos chocaron con él antes de que se apartara o bloqueara. Horribles sonidos llenaban el aire. Y aún, Hangeng no se estaba moviendo. Henry había logrado detener la hemorragia, pero las heridas se estaban reparando con demasiada lentitud para su gusto.

—¡Hangeng! ¡Despierta, maldita sea! —Golpeó las mejillas de su amante, sacudió sus hombros, e incluso tiró de la punta de su nariz. Nada sucedió—. Maldición, no vas a morir sobre mí. ¡Lo prometiste! Dijiste que podía confiar en ti. —Las lágrimas comenzaron a caer de nuevo, y Henry dejó caer su frente en el pecho de Hangeng y gimió de agonía—. Te amo. No puedes morir.

El dolor se transformó en ira, y Henry gruñó. No estaba seguro de quién o qué estaba enojado, pero nunca había sentido tanta furia antes. Se sentó con la espalda recta, cerrando su mano en un puño, y lo golpeó contra el pecho de Hangeng, justo sobre su corazón. —¡Jódete! ¡Te amo, y no voy a dejarte morir! Ahora abre tus jodidos ojos, Zheng Hangeng.

—Por favor deja de golpearme, —murmuró Hangeng sin moverse o abrir sus ojos—. Duele como el infierno.

Henry gritó y se lanzó por encima de su pareja. —¿Por qué siempre insistes en hacer las cosas de la manera más difícil?

La risa de Hangeng se convirtió en un gemido ahogado, y comenzó a toser cuando aferró a Henry más cerca de él. Cuando finalmente consiguió estar bajo control, se dejó caer de nuevo sobre el asfalto del camino de entrada y golpeó la parte superior de la cabeza de Henry. —Mírame.

Henry levantó su cabeza, mirando a los profundos ojos ambarinos de Hangeng. —¿Qué es, amor?

Hangeng sonrió, y aunque era pequeña y débil, era la cosa más bonita que Henry había visto. —También te amo, Henry. Eres mi luz. Voy a dormir ahora.

Henry sacudió su cabeza y se rió entre dientes cuando su pareja hizo justamente eso. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo extrañamente silencioso que estaba todo. Forzando sus ojos lejos de la cara de Hangeng, se dio la vuelta y quedó sin aliento. Todos y cada uno de los hombres lobos sin escrúpulos habían sido sometidos, y la nueva familia de Henry estaba alrededor con brillantes sonrisas en sus caras, satisfechos de sí mismos.

Todos parecían cansados, maltratados, y un poco peor por el desgaste, pero estaban vivos. Incluso Ren estaba sentado a un lado con sus parejas. Tenía un gran corte en un lado de su rostro, pero estaba sonriendo como un loco.

—Gracias, —dijo Henry con voz ahogada por el nudo en su garganta. 
Kris envolvió un brazo alrededor de su hermana y besó la parte superior de su cabeza. —Ahora este es nuestro hogar y nuestra familia. Protegemos lo que es nuestro.

—¡Aquí, aquí! —Varias personas gritaron cuando vítores y aplausos estallaron a través de la multitud.

Henry acarició la mejilla de Hangeng y cerró sus ojos. Se había tragado su miedo, encontrado el valor para levantarse y luchar por la gente que amaba.

Y habían ganado.

—¿No va a haber un juicio?

Hangeng hizo una mueca por los chillidos de Henry. — Henry, sólo escucha.

—¡Esto es una mierda! He estado esperando toda la semana para que hagan pagar a esos cabrones, ¿y ahora me estás diciendo que El Consejo no va a hacer nada?

—La manada ha sido desterrada al Desierto Sierra. Los helicópteros les dejaron esta mañana. Eso es el por qué no va a haber juicio. Los ancianos sentían que tenían suficientes pruebas para condenarlos sin uno.

—Oh.

La boca de Henry cayó abierta cómicamente, y Hangeng no pudo dejar de reír.

Había sido una larga semana, pero Hangeng finalmente estaba regresando a estar en óptimas condiciones. Henry le había cuidado de maravilla. En realidad no podría pedir una pareja mejor. Aún no podía creer que el pequeño enano había salvado su vida, pero siempre estaría agradecido por ello. El hecho de que Henry hiciera algunos nuevos amigos debido a la terrible experiencia fue sólo la guinda del pastel.

Afortunadamente, a Hangeng realmente le gustaba Kris y sus hermanos. Amber era una versión femenina de Henry, así que definitivamente podía ver por qué la pareja se llevaba tan bien. Incluso Kristal había comenzado a salir un poco fuera de su concha con la ayuda de Henry.

—Voy a hablar con Kris y sus hermanos.

—Dijeron sí, —respondió Henry cuando se dejó caer en el sofá y comenzó a hojear los canales de televisión.

—¿Cómo sabes qué es lo que iba a preguntarles?

Henry simplemente le miró y rodó sus ojos. —Quieres hacerles Ejecutores y tenerles para proteger la propiedad. Creo que es una gran idea. Les pregunté esta tarde mientras estabas durmiendo. Dijeron sí.

—¿Exactamente quién está al mando aquí? —Hangeng cruzó los brazos sobre su pecho, pero no podía haber estado más feliz de que Henry hubiera mostrado la iniciativa para hablar con los hombres lobos.

—Supongo que depende de a quién se lo preguntes, — bromeó de nuevo Henry.

—Ya sabes que te estás convirtiendo en un sabelotodo.

—Quizás necesito unas nalgadas. —Henry se puso de pie en el sofá y rebotó un poco, moviendo su culo en la dirección de Hangeng.

—Oh, vas a conseguir más que eso.

Hangeng gruñó juguetonamente cuando fue hacia su pareja. No pensaba que Henry realmente quisiera unas nalgadas. El pequeño chico había llegado tan malditamente lejos, pero probablemente nunca estaría preparado para esa clase de juego. A Hangeng no le importaba. Prefería mucho más el amor de su pareja que castigarlo, incluso el retorcido, tipo de castigo sexual.

Henry chilló, se arrojó sobre el respaldo del sofá, y corrió hacia su habitación. Hangeng salió en su persecución, atrapando a su amante y abordándole en el colchón. Cubrió a Henry bajo él y descansó sus frentes juntas mientras se reían tontamente. Maldición, amaba su vida.

—Te amo, Henry. Eres lo mejor que me ha ocurrido nunca.

Henry se puso serio, y alcanzó a trazar la mandíbula de Hangeng con un dedo. —También te amo, chico grande. Gracias por ser paciente y no darte por vencido conmigo. No puedo imaginar mi vida sin ti.

—Y nunca tendrás que hacerlo, —prometió Hangeng.

—Estoy sintiendo una gran presión, amor. Duele. —El labio inferior de Henry sobresalía, y sus ojos adquirieron la mirada de un cachorro perdido que hacía que Hangeng siempre se derritiera. 

Mientras fuese capaz de aliviar la mayor parte de la presión de su pareja, simplemente no necesitaba alimentarse con tanta frecuencia como necesitaba Henry. Una vez a la semana, el pequeño chico aún tenía que meterse en la sauna durante una hora más o menos. Decía que no le importaba, pero Hangeng deseaba poder hacer más para ayudar a su pareja.

—Lo siento, bebé. No necesito alimentarme de nuevo aún. ¿Quieres que vaya a la sauna contigo? —Acarició el pelo de la cara de Henry de nuevo y besó su sien.

—Mmm, —ronroneó Henry—. Eso no es lo que quise decir. —Se arqueó hacia arriba, inclinando su espalda y moliendo su polla cubierta de algodón contra la parte baja del vientre de Hangeng—. Parece que hay una gran cantidad de hinchazón en esta región.

Atrapándolo finalmente, Hangeng gruñó juguetonamente y mordisqueó el labio inferior de Henry. — Oh, ¿es eso cierto?

—Oh, sí, —respondió Henry seriamente—. Definitivamente deberías tener cuidado. Contenidos bajo presión y todo eso. Podría explotar si se manipula rudamente.

Hangeng gimió y dejó caer su frente en la de Henry. — Aún podemos usar la sauna.

—Si quieres. —Henry empujó sus hombros hasta que Hangeng rodó de encima de él. Entonces saltó fuera de la cama, se desnudó, y se dirigió hacia la puerta—. Bien, ¿vas a venir o no? Planeaba renovarme mucho esta noche.

Hangeng no sabía qué demonios quería decir, pero sonaba obsceno, y amaba eso. —Te daré una ventaja inicial.

—Ooh, ¿vas a cazarme?

Hangeng se levantó del colchón y comenzó a desnudarse lentamente. —Absolutamente.

Henry miró sobre su hombro y guiñó un ojo. —Y te permitiré atraparme.      

FIN


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