CAPÍTULO 2
Llegaron a Providence y encontraron un Marriott para alojarse. La mujer de recepción les dijo que no podía darles habitación porque no habían hecho reserva, pero su tono cambió cuando vio la tarjeta de platino. Era asombroso lo que el dinero podía hacer a veces. Reservó dos habitaciones contiguas para cuando ZiTao volviera. Entonces fue al coche, se colgó el equipaje al hombro y cargó a Henry, rezando para que nadie lo viera.
No sería bueno que ningún ser humano lo viera cargando a un hombre herido apenas vestido y cubierto con una chaqueta. Gracias a Dios, llegaron al ascensor y a la habitación sin que nadie lo hiciera. Henry siguió dormido todo el tiempo, su respiración seguía siendo dificultosa.
Llamó al servicio de habitaciones, ordenando sopa, un montón de pan y ginger ale, pensando que Henry necesitaría sujetar lo que pudiera en el estómago después de lo que había pasado. Se pusieron de acuerdo en que lo enviarían en una hora. Pensó que así le daría tiempo para limpiarlo y ponerlo en la cama.
Luego envió un mensaje a ZiTao diciéndole donde estaban, y el número de habitación. Le llegó una respuesta inmediata asegurándole que estaba en el aeropuerto esperando su vuelo. Entonces llamó al banco de sangre local, aliviado por tener uno cerca. El coordinador con el que habló era vampiro, y le dijo que le enviaría un mensajero con una gran cantidad de sangre. Quería que Henry bebiera de él, que tuviera la sangre de un vampiro fuerte, pero tenía que reabastecerse de combustible.
—Henry, despierta —dijo mientras sacudía su hombro con suavidad.
—¡No! ¡No me hagas daño! —gritó mientras se retorcía y trataba de pegarle. Lo tomó suavemente de los brazos mientras su corazón se rasgaba.
¿Que habría sufrido su compañero para que reaccionara de esa manera cuando trataba de despertarlo?
—Henry, bebé, está bien. Soy Hangeng, estamos en el hotel—le susurró al oído mientras lo acercaba a sus brazos—. Estás a salvo. Nadie te hará daño nunca más.
—¿Hangeng? —preguntó Henry cuando sus ojos revolotearon y se abrieron. Hangeng se dio cuenta de cuando lo reconoció y sonrió—. ¿Acabas de llamarme bebé?
—Umm, sí lo siento —contestó con el rostro enrojecido de vergüenza—. Ahora que me has reclamado, estoy sintiendo cosas por ti.
—Lo siento —susurró, con lágrimas en sus ojos—. Me odias, ¿verdad?
—No, no te odio —respondió Hangeng con honestidad llevándolo al baño. Lo sentó en la tapa del inodoro mientras abría un grifo. Se había asegurado que la habitación tuviera una gran bañera para que Henry pudiera disfrutar de un baño de agua fría cuando su piel estuviera ardiendo por las quemaduras—. Trato de ver las cosas desde tu punto de vista. Lo hago. Pero no es fácil para mí, ¿de acuerdo? Pero decidí conducir hasta aquí y tener la mente abierta, escuchar lo que me tengas que contar. Me imagino que si sé todo lo que te ha
pasado,podré perdonar como se ha producido nuestro apareamiento.
pasado,podré perdonar como se ha producido nuestro apareamiento.
—Eso es genial —susurró. Hangeng miró por encima de su hombro para verlo tirando de uno de los muchos agujeros de su pantalón—. Tenía mucho dolor y no podía dejar de pensar que no quería que mi compañero me matara. Lo siguiente que supe es que te pedía disculpas y después te mordí. No estaba pensando en morderte, no fue planeado. Te lo juro, Hangeng.
—Te creo. —Y así lo hacía. Era obvio que había sido maltratado, golpeado y dejado morir de hambre. Si a esto le añadía que lo había encontrado medio muerto al sol, podía comprender que su cerebro no había estado trabajando a un alto rendimiento cuando lo conoció—. Vamos a enfocarnos en el presente, y trabajar para que te pongas bien, ¿de acuerdo?
—Está bien —dijo en voz baja, volviendo la mirada de Hangeng a la bañera—. ¿Qué es eso?
—¿La bañera? —preguntó confuso, pero luego entendió. Henry había vivido toda la vida en una cueva, no sabía lo que eran la mayoría de las cosas—. Se utiliza para bañarse. La estoy llenando con agua fría para que podamos bañarte y limpiarte, pero sin hacer daño a tus quemaduras. Luego atenderé tus heridas.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo?
—Soy tu pareja. —Se encogió de hombros, sin saber que más decir—. Mi deber es cuidar de ti.
—No sé cómo cuidar de ti para agradecértelo —dijo Henry en voz baja y con aprensión.
—Ya pensaremos en ello más tarde —le contestó con una sonrisa suave. Se giró y apagó el agua. Comenzó a desnudarse,pero se congeló quedándose sin aliento cuando le echó un vistazo y vio su boca abierta—. ¿Henry?
—Nunca he estado sexualmente con nadie.
—No vas a estar con nadie, nunca, solo conmigo —gruñó, sus instintos posesivos lo estaban pateando—. Soy más que suficiente para complacerte.
—Ya lo veo —respondió cuando se humedeció los labios y miró su pecho. Hangeng gimió mientras terminaba de desnudarse. Su compañero iba a tener las manos llenas, pero ya lo estaba seduciendo. Con solo ver su rosada lengua fuera lamiendo sus labios suaves, ya estaba duro como una roca, y con ganas de hundir la polla en su virginal culo apretado. Los ojos de Henry se abrieron después de que se quitara los vaqueros—. ¿Es para mí?
—No creo que estemos en esa etapa todavía —respondió con cuidado, sin querer herir sus sentimientos—. Pero si eso ayuda, es por tu culpa. Ahora voy a limpiar tu cuerpo, y sí, me gusta que nadie te haya tocado.
—¿Y si quisiera que me besaras? —susurró Henry mientras miraba de la polla a la cara de Hangeng. Oh, joder, quería disparar justo en ese momento. ¿Cómo era posible que alguien tan evidentemente inocente, fuera tan sexy al mismo tiempo?
—Ya lo haremos algún día —le contestó con una voz ronca, que apenas reconoció como suya. Apartó sus pensamientos, y se centró en cuidar a su compañero. Henry no estaba en condiciones para el sexo que a Hangeng le gustaba, si lo estaba alguna vez—. Vamos a lavarte. Pedí comida y sangre, y ya vienen en camino.
—No... no me vas a hacer... be...beber de otra persona,¿verdad? —preguntó abriendo los ojos con miedo—. No... no puedo hacer eso Hangeng. Trataron de que hiciera daño y bebiera de los humanos, pero no... no podía.
—No, la sangre viene en una bolsa de donación —le respondió tras tomar unas profundas respiraciones. Lo llenó de rabia que los demonios intentaran usar a su compañero para divertirse—. Yo beberé la sangre, y tú beberás de mí. Estás herido y débil y necesitarás la fuerza que mi sangre puede proporcionarte.
—Gracias —dijo Henry alejándose, no antes de que Hangeng viera las lágrimas en sus ojos. Probablemente era la primera persona que había sido amable con él. A pesar de que estaba herido, era una bendición que lo quisiera disimular.
Hangeng no era conocido por ser el hombre más agradable del mundo, ni el más paciente. Si el destino lo hubiera acoplado con alguien que esperaba mucho de él, los dos estarían jodidos. Eso no quería decir que no odiara lo que Henry había sufrido, porque lo hacía.
—De nada —contestó mientras le quitaba suavemente la camisa. Dio un grito ahogado por lo que vio. Estaba cubierto por picaduras, contusiones y heridas.
—Me daban animales para que bebiera de ellos y luego me golpeaban —explicó cuidadosamente sin mirarlo a los ojos. La sangre animal podía mantenerlos vivos en un apuro, pero no era la dieta ideal para ellos, podían volverse locos porque la sangre tenía una composición genética diferente—. A veces pienso que me engañaron y me alimentaron con sangre humana, pero no puedo estar seguro. Les gustaba oírme gritar y llorar cuando bebían de mí.
—Tenía que ser sangre humana. No podemos sobrevivir de la sangre de los animales —le susurró suavemente. Se inclinó sobre él mientras lo ayudaba a quitarse los pantalones, que prácticamente, se deshicieron en sus manos. Añadió a su lista mental conseguir ropa. De nuevo se alegró de estar en un hotel de primera, ya que podía llamar al conserje y pedirle que recogiera algunas cosas—. Vamos a lograr que mejores, bebé. No vivirás de esa manera nunca más.
—¿Y qué pasa con eso de ser medio demonio? —preguntó cuando lo levantó en brazos—. ¿Cómo sobrevivir en tu mundo cuando la gente me quiere muerto?
—No lo sé, pero te mantendré a salvo —le respondió con honestidad. Se metió lentamente en la bañera y fue sentándose poco a poco «¡Joder hace frío!» El cuerpo de Henry estaba ardiendo, caliente contra su piel, el agua se sentía como hielo al otro lado.
—Oh Dios, me duele —gritó.
—Lo sé bebé —susurró mientras bajaba del todo—. Solo respira y mejorará. Tengo que limpiar tus heridas rápidamente, y si el agua estuviera más caliente, te dolería la piel.
—Está bien —jadeó, sus ojos azul oscuro se abrían hacia Hangeng con total confianza. Podía ver el dolor escrito en su cara, pero sus ojos indicaban que lo creía.
—¿Cuántos años tienes? —le preguntó mientras enjabonaba una toalla, con la esperanza de distraerle.
—No lo sé.
—¿Has pasado la transición, o siempre has bebido sangre?—preguntó sin saber cómo lidiar con el hecho de que Henry fuera menor de edad. Parecía muy joven, pero todos ellos lo parecían durante su primer siglo.
—No siempre he bebido sangre —jadeó mientras Hangeng le lavaba las piernas. Lo sentó en el asiento de la bañera, pensando que así sería más fácil atenderlo. Empezó a lamentar esa idea cuando lo vio inclinarse hacia él, como si fuera un buffet de carne sin tocar—. Ya pasé por mi transición. Fue hace tiempo, tal vez la mitad de mi vida...
—Bueno, entonces tendrás como veinticinco o treinta años—le contestó después de un momento de hacer cuentas en su cabeza—. Atravesamos nuestra transición durante la pubertad. Yo pasé la mía a los dieciséis años. Supongo que tus primeros recuerdos serán de cuando tenías cinco años, por lo que la mitad de tu vida se situaría más o menos ahí.
—¿Eso es mayor? —preguntó inclinando la cabeza.
—Comparado conmigo no. —Soltó una risita. Luego se dio cuenta de algo—. ¿Alguna vez te han enseñado los números Henry? Quiero decir, ¿sabes leer o contar?
—No, no sé nada —susurró y apartó la mirada—. Aprendí a hablar oyendo a los demonios en la cueva. Crecí escuchando fragmentos de información de lo que ellos y yo éramos, dándome cuenta que yo era un monstruo y por eso abusaban de mí.
—Eres diferente, realmente un milagro —le dijo acariciando su mejilla. Entonces Henry lo miró, las lágrimas corrían por sus mejillas—. No importa por qué, nadie tiene derecho a tratarte mal, ¿de acuerdo? No es culpa tuya haber nacido así, y nadie se tiene que basar en su opinión para hacerte daño.
—¿Incluso tú?
—Sí, incluso yo —asintió con comprensión. Le preocupaba como iba a tratarlo por ser solo medio vampiro—. Soy un guerrero Henry. Mi trabajo consiste en matar a los demonios.
No era nada personal,cuando te encontré,¿de acuerdo? Simplemente olías como un demonio.
—Pero me escuchaste y me diste una oportunidad — respondió con una débil sonrisa—. Me diste la oportunidad de explicarme.
—Me alegro de haberlo hecho. —Y se dio cuenta que era verdad. No importaba cómo había llegado hasta aquí, o lo que era Henry. Por encima de todo era su compañero, su otra mitad. Era suyo. Y quería cuidar de él de ahora en adelante. Empezando con ese baño.
—¿Crees que podrías quererme? —preguntó tras varios minutos de silencio, mientras Hangeng lo limpiaba suave pero rápidamente—. Es decir, ¿me quieres como compañero y no porque te de pena?
—No eres un caso de pena —gruñó, lamentándolo cuando se estremeció y se alejó de él. Cerró los ojos y tomó una profunda respiración antes de concentrarse en él—. Me siento mal por la forma que te ha tratado la vida. Pero sí, te quiero, y aunque no es hora de explorar eso, no estoy aquí porque te tenga pena, estoy aquí porque soy tu compañero y me necesitas.
—Me alegro de que estés aquí —dijo después de un minuto. Le lavó el pelo, intentando ignorar sus gemidos de apreciación mientras se lo acariciaba—. Nunca le había hecho eso a mi cabeza.
—¡Joder! —susurró llenándose de nuevo de rabia ¿Cómo era posible que alguien de veinticinco años hubiera vivido sin lavarse el pelo? Pensarlo lo hizo estremecerse involuntariamente—. ¿Te gusta?
—Sí. Es como el cielo. No sabía que mi cuerpo pudiera sentirse tan bien.
—Te adaptarás al mundo exterior de la cueva, Henry — dijo, más para sí mismo que para él. Se asustó al pensar en la cantidad de ayuda que necesitaría su compañero en los siguientes meses. En cierto modo, era como un niño, sus ojos lo exploraban todo, pero en otros aspectos era como un hombre maduro, como por ejemplo la erección que tenía entre las piernas mientras lo lavaba. Tenía que admitir que tardó en lavarle la ingle y el culo más de lo necesario, pero no podía evitarlo.
—Me gusta que me toques ahí —gimió separando las piernas—. Nunca he sentido ese deseo antes.
—Algo que me comprometo a estudiar más adelante —le contestó limpiándose la garganta y enjuagándolo. Lo puso de pie retirando todo el jabón y champú de su maltrecho cuerpo.
«¿Qué tipo de cabrón puede codiciar y burlase de un hombre herido como este?» «Oh, espera, ese soy yo».
—¿Me lo prometes?
—Sí. No creo ser lo suficientemente fuerte como para decirte que no —le susurró al oído, sintiendo su escalofrío cuando lo levantó en sus brazos. Después de salir y secarlos a ambos, lo acostó en la cama y lo cubrió con una sábana ligera para no lastimar su piel. Siguió con la toalla envuelta en su cintura, sin molestarse en vestirse, ya que imaginó que se echarían una siesta. Llamaron a la puerta, y se dio unas palmaditas en la espalda por lo bien que había calculado el tiempo hasta que llegara el servicio de habitaciones.
—Tengo su pedido señor —dijo un agradable hombre de mediana edad mientras abría la puerta.
—Muchas gracias —contestó. Firmó la factura y le dio dos billetes de veinte—. ¿Hay por aquí alguna farmacia? ¿O quizás podría conseguir un botiquín de primeros auxilios?
—Podemos llamar a un médico si lo necesita, señor Kim—contestó el hombre ensanchando sus ojos y tratando de echar un vistazo discretamente. Henry estaba a salvo en la otra habitación, así que no tenía que preocuparse, pero no iba a permitir que alguien del personal estuviera cotilleando. Miró hacia abajo, se fijó en su nombre, Tom, y decidió ponerle en su sitio.
—Oh, querido, no necesitamos ningún médico. —Se rió rodando sus ojos—. Mi pareja tiene alergia al sol, pero eso no hace que pueda detenerlo. ¡Por supuesto que no! El hombre se quema como un bicho crujiente. Quería algo de aloe o quizás crema para quemaduras para poner en sus mejillas.
—Entiendo —dijo con un guiño—. Mi esposa es igual. Tiene alergia a los mariscos, pero aún así se pirra por los camarones. Luego se pone enferma durante varios días. Personalmente, creo que lo hace por el TLC y la atención que le doy después.
—Ese es un buen punto. —Se quedó sin aliento—. ¡Apuesto a que mi pequeño hombre también ha estado haciéndolo a propósito! Debería retener mis cuidados. Eso debería evitar que se friera al sol.
—Probablemente no, si es terco. —Tom sonrió cuando Hangeng negó con la cabeza ante la verdad de su declaración—. Voy a hablar con el conserje para ver si tiene lo que necesita, y en el peor de los casos, podemos enviar a alguien para que lo traiga. Podríamos traer un botiquín o ir a la farmacia.
—No importa el dinero —le dijo. Estaba más preocupado por dejar a su compañero sin atender—. Necesito mimar a mi bebé, así que si puede enviar a alguien fuera, por mí está bien.
—Me ocuparé de ello, señor Kim.
—Gracias Tom, eres un regalo del cielo —respondió con gratitud cuando cerró la puerta. Llevó el carrito con la cena a la otra habitación. Henry lo estaba mirando como si quisiera golpearlo—. ¿Henry? ¿Qué pasa?
—Nada, solo que tú coqueteas con quien quieres — respondió en un tono helado mientras miraba por detrás de Hangeng. Su pequeño compañero estaba celoso.
—Es un hombre casado, bebé —susurró mientras dejaba el carro junto a la cama y se sentaba—. En segundo lugar, estaba siendo amable porque pareció asustado cuando le pedí suministros médicos. No podía dejar que pensara que tenía un hombre herido, golpeado y mordido aquí dentro, bebé. Eso sería malo, ¿verdad?
—Oh, está bien —susurró Henry mirando sus manos fijamente—. Creía que estabas coqueteando. Quiero decir, los demonios femeninos coquetean con todos. Al menos eso es lo que yo he visto.
—No, no soy un hombre coqueto. —Se rio, la idea de que lo creyera coqueto lo divirtió—. Ni siquiera consideré que lo que hacía era coqueteo, solo fui un poco agradable para conseguir lo que quería. Ahora, nada de eso, ya está arreglado. Vamos a saciarte antes de que vuelva con los suministros. Necesitas descansar y beber de mí.
—Está bien —dijo lanzando una vidriosa mirada de lujuria hacia la cara y luego el cuello de Hangeng, quien se dio cuenta que le gustaba la idea de estar lo suficientemente cerca como para beber de él, si la tienda de campaña de la sábana era una indicación. Fingiendo que no lo había visto, puso las bandejas en sus regazos—. ¿Qué es esto?
—Sopa de pollo —contestó ayudándole a tomar la cuchara correctamente—. Es lo que me da mi madre cuando no me siento bien o me lesiono. Es ligera para el estómago, y tiene verduras y pollo.
—Nunca he comido otra cosa que carne cruda —suspiró Henry mirando el plato como si fuera a morderlo. Hangeng no estaba seguro de qué hacer, así que cogió su cuchara y la metió en su sopa, sopló para enfriarla y se lo comió. Eso pareció apaciguar sus preocupaciones, porque al siguiente momento hizo lo mismo—. ¡Está delicioso!
—Sí. Siempre he sido un fan. —Hangeng se rio entre dientes mientras le entregaba el pan. Sonrió ampliamente cuando le mostró como utilizarlo para mojar el caldo y comerlo así también. Una vez más, se sorprendió al darse cuenta de lo inocente que era cuando se rio por las burbujas de la cerveza de jengibre haciéndole cosquillas en la nariz—. Oh, Jiyong y tú os vais a llevar a las mil maravillas.
—¿Oh, es ese tu hombre? —preguntó Henry dejando la bebida y la cuchara—. No puedo pensar que un dios de hombre como tú esté solo, Hangeng.
—No hay nadie más que tú en mi vida, ni ahora ni nunca bebé —le respondió, sabiendo en su corazón que era verdad. Nunca habría nadie más para él, solo Henry—. Jiyong es el compañero de mi hermano TOP, y en cierto modo, es muy parecido a ti. También estuvo cautivo contra su voluntad y ha sufrido mucho.
—¿Tienes familia de verdad? —preguntó abriendo mucho los ojos. Se sentó con las piernas cruzadas frente a Hangeng y éste lo puso al corriente de su familia y sus compañeros. Entonces le habló sobre las fiestas de comida, y cómo pedían alimentos nuevos para probar, básicamente de todos los menús. El joven sonrió con nostalgia ante la idea de estar rodeado de una familia mientras comían.
Henry había terminado cuando llamaron otra vez a la puerta. Hangeng recogió su bandeja y dejó el pan y las bebidas en la mesita. Era el servicio de mensajería con la sangre, pero nada más dejarla, Tom regresó con los suministros que le había pedido. En ambos casos les dio generosas propinas, le dieron las gracias y regresó con su compañero.
Henry miró con curiosidad cuando lo tumbó en la cama y le quitó la sábana. Le explicó que le iba a aplicar crema de aloe para las quemaduras. Se la puso con suavidad, apretando los dientes mientras veía cada pulgada de cuerpo maltratado. También tuvo que hacer caso omiso de sus exclamaciones de dolor unas veces, y otras de sus gemidos de placer.
—Gracias Hangeng —susurró Henry cuando se inclinó y le puso crema en las mejillas. Le sonrió mientras se inclinaba hacia adelante. Sabía lo que se avecinaba, pero no podía detenerlo. Pensó en la expectación que tenía Henry con la idea de un beso. Gruñó y mordió el labio de Hangeng fuertemente, haciendo que se le saltaran las lágrimas y comenzara a salir sangre de su labio.
—¿Qué cojones, hombre? —gritó, y saltó hacia atrás—¿Por qué me haces daño? He sido agradable contigo, Henry.
—Yo... yo... pensé, yo... he visto... así... —balbuceó cuando Hangeng se bajó de la cama y corrió al cuarto de baño. Mojó un paño en agua fría y lo aplicó al labio marcado con los dientes tomando aire. Algo no estaba bien. No parecía como si hubiera querido herirle, pero ¿qué coño? Sacudió la cabeza, consternado, mientras entraba de nuevo en la habitación. Henry estaba sentado con las rodillas contra su pecho mientras sollozaba con la cabeza agachada.
—No llores, bebé —le susurró sentándose en la cama junto a él—. Simplemente no entiendo por qué hiciste eso. ¿Me lo explicas?
—He visto a la gente besarse antes, y eso es lo que han hecho —dijo entre sollozos. Al parecer, había visto como se besaban los demonios y parecía ser tan enfermo y retorcido como sus ideas sobre cómo vivir la vida—. Ellos tenían relaciones frente a mí, y siempre había sangre, gritos y mordiscos.
—A ellos les gusta infligir dolor y ser violentos —explicó Hangeng mientras lo abrazaba estrechamente. Su labio ya se estaba curando, y chupó la última gota de sangre—. De ahora en adelante no intentaremos nada que hayas aprendido de ellos,¿de acuerdo? Así no se besa a la gente que se cuida, bebé. Me da miedo cual será tu idea del sexo si esto es lo que hacen con un beso.
—Lo siento, Hangeng, lo siento —susurró mientras enterraba su cara en su cuello—. Solo quería besarte, no hacerte daño. Pero eso es lo que pensaba que era besar, y estaba confundido. No quiero decir que no quiera, quiero estar contigo.
—Está bien, bebé —le dijo Hangeng, besándolo suavemente en la frente—. Esto es un beso Henry. Es diferente cuando es en los labios, pero es amable y cariñoso. No tiene intención de causar dolor, aunque puede ser apasionado y necesitado a veces. Pero nunca hace daño a la pareja.
—Por favor, enséñame lo que te gusta —le rogó, levantando la cabeza, y Hangeng no pudo resistirse a sus ruegos. Además sabía que si ahora se negaba, después se sentiría tan culpable por lo sucedido, que podría hacerle más daño que bien. Se agachó y rozó sus labios con ligereza.
—Eso es un beso —susurró contra sus labios antes de darle otro más firme—. Eso también lo es. Te gustan, ¿verdad? Pero no hay dolor, ¿no?
—No hay dolor —coincidió Henry mientras lo besaba, suavemente esta vez—. Pero siento algo que no había sentido antes. Es como si quisiera que me poseyeras, me consumieras y me marcaras como tuyo.
—Con el tiempo bebé. Tienes demasiadas heridas para tener relaciones, y quiero que tu primera vez sea mágica, ¿de acuerdo?
—Confío en ti Hangeng. — Henry asintió, y Hangeng sintió la verdad de sus palabras en su alma—. Siento haberte hecho daño, nunca fue mi intención. Quiero amarte, complacerte y hacerte feliz.
—Todo está olvidado. —Sonreía cuando se alejó para tomar el refrigerador con la sangre—. Solo tenemos que ser pacientes uno con el otro. Y hablar de estas cosas.
—¿Por qué tengo que ser paciente contigo? ¿Qué es eso? — Henry miró las bolsas de sangre que Hangeng estaba poniendo en su regazo como si fueran una serpiente de cascabel de tres metros. Suspiró por lo mucho que su compañero tenía que aprender sobre el mundo, pero parte de él se deleitaba con la idea de ser quien se lo enseñara. Además de que eso significaba que tendrían que pasar un montón de tiempo juntos, lo que también le gustaba. Pero, ¿y si no podía adaptarse al mundo en general?
CONTINUARA....
BUENO A PARTIR DE HOY VOY A VOLVER A ESCRIBIR Y SUBIR MIS ADAPTACIONES AQUÍ .
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