CAPITULO TRES
—Una
pregunta cada vez —rio—. Así es como conseguimos nuestra sangre. Los seres
humanos la donan, y mi familia tiene una compañía que se encarga de eso.
Le
explicó como trabajaba la empresa, respondiendo a sus preguntas. Henry podría
no tener ninguna educación, pero era inteligente. Cuando terminó, observó como Hangeng hundía los colmillos en la parte superior de la bolsa y la vaciaba. Lo
repitió con otras dos bolsas, y dejó las vacías en el refrigerador para que no
quedara ninguna evidencia.
—No
es brutal o repulsivo cuando se hace así —dijo después de un momento, cuando
Victor volvió de nuevo a su lado—. Siempre que he visto a alguien beber, ha
sido rasgando la carne y montando un desastre. Además de hacer daño a la
persona de quien bebían. Pero lo que has hecho, parece…
—¿Civilizado? —preguntó tratando de ayudarlo a completar la frase.
—Sí,
creo que eso es lo que significa, y suena bien. — Asintió y luego miró a
Hangeng. Abrió la boca, la volvió a cerrar, y Hangeng supo que quería preguntar
algo importante. Le guiñó el ojo cuando vio sus mejillas coloreadas—. ¿Fui
civilizado cuando te mordí en el cuello cuando nos conocimos?
—Sí, lo fuiste —le contestó después de un momento—. Pero en nuestro mundo, no puedes emparejarte
con alguien sin su permiso. Así que no diremos a nadie lo que ocurrió, aparte
de mi familia, ¿de acuerdo? Te alejarían de mí, y no quiero que eso ocurra.
—Lo
siento —dijo Henry gentilmente mirando hacia otro lado. Cada pulgada de
Hangeng gritaba que lo consolara y limpiara esa mirada de desesperación en su
rostro. Así que lo hizo. Al volver la cabeza, aplastó los labios sobre los de
Henry. Sintió el gemido en su pecho mientras lo besaba como un hombre sediento.
—Ábrela
la boca para mí bebé —gimió mientras lamía sus labios. Hizo lo que le pidió y
deslizó la lengua profundamente, explorando. Henry aprendía rápido, y pasó su
lengua por los labios de Hangeng lentamente, quien saqueó su boca, necesitando
su sumisión. El joven se la dio libremente, dejándolo tomar la iniciativa.
Hangeng envolvió los brazos alrededor de su cuerpo y rodó, por lo que Henry estuvo sobre sus caderas.
—Te
quiero tanto, Hangeng —dijo entre dientes mientras sus manos recorrían sus
costados—. Quiero experimentar todo contigo y no parar nunca.
—Muérdeme
bebé —ordenó Hangeng mirando sus profundos ojos azules—. Toma lo que necesites
de mí, compañero.
—Gracias
—gimió Henry. Le dio un rápido beso y siguió besando su mandíbula hasta el
cuello. Lamió la piel por encima de la yugular antes de hundir sus colmillos.
Hangeng gritó en voz baja por el placer, abrazando su cabeza cuando sintió que
estaba rígido y preocupado por hacerle daño.
—Se
siente tan jodidamente bien bebé —jadeó, y Henry se relajó. Hangeng volvió a
gemir cuando empezó a tomar sangre profundamente. Agarró sus caderas, rozando
una polla contra otra, la toalla se movió en el proceso cuando guió sus
movimientos. Se quedó sin aliento mientras seguía bebiendo de Hangeng y éste
movía ambos cuerpos juntos. Después de varios minutos de estar en el cielo,
Hangeng se dio cuenta de que el joven se acercaba al clímax—. Córrete para mí,
Henry. Déjate ir y córrete sobre tu compañero.
—¡Hangeng!
—gritó mientras levantaba su cabeza. Hangeng sintió el semen de Henry cubrir
su ingle cuando su placer se derramó. Se mordió el labio para no gritar y
asustar a su compañero, y lo siguió. Sus caderas se encontraban unas con las
otras tratando de extraer todo el placer.
—Increíble
—exclamó Hangeng mientras trataba de intentar recuperar el aliento minutos
después, cuando pudo sentir sus piernas de nuevo. Había sido el orgasmo más
alucinante de su vida y acababa de proporcionarle otro a su pequeño compañero.
No veía la hora de experimentar todo lo demás con él. Luego se imaginó esos
labios envueltos en su polla de veinticinco centímetros, y casi se corrió de
nuevo.
—Nunca
he sentido esto antes —jadeó Henry cuando lamió el mordisco cerrándolo—.
Quiero decir, he visto a hombres correrse antes, pero nunca lo había hecho.
—¿Este
ha sido tu primer orgasmo? —preguntó Hangeng con sorpresa.
—Siempre
había gente alrededor. —Se encogió de hombros—. No era como si quisiera estar
allí, mientras tenían relaciones delante de mí. No era así. No me gustaba verlo
y no me encendía. Aunque no es la primera vez que estoy cubierto de semen.
—¿Qué
significa eso Henry? —susurró Hangeng temiendo que hubiese sido violado.
—Algunos
de los chicos me mordían fuerte y me hacían sentir incómodo —dijo suavemente
mientras acariciaba su cara en el cuello de Hangeng—. Se masturbaban conmigo, yo
gritaba de horror y ellos me cubrían con su semen.
—Oh,
eso es jodidamente asqueroso. —Se formó un hueco en su estómago por lo enfermos
y retorcidos que eran los demonios—. Nunca te han forzado, ¿verdad?
—No,
nada de eso —respondió mientras se abrazaba con más fuerza. Sintió el alivio
inundar su corazón—. Simplemente les gustaba hacerme cosas malas porque sabían
que soy empático.
—¿Un
qué?
—Mi
don es sentir el dolor de otras personas o sentir si están haciendo daño
—explicó Henry estremeciéndose. Hangeng supo que no era por el frío—. Puedo
sentir si es dolor físico, emocional o mental, siempre y cuando no estén lejos.
—Eso
suena más como una maldición que como un regalo—contestó antes de poder pensarlo—. Lo siento bebé, pero no me gusta la
idea de que sientas dolor, aunque sea el de otras personas.
—No,
lo entiendo. ¿Cuál es tu don?
—Puedo
crear fuego y lanzar llamas. —Se estremeció sabiendo cuanto odiaban los
demonios el fuego por razones obvias.
—Eso
debe ser útil como guerrero —se rio. Hangeng se situó de manera que pudiera
verle bien los ojos. No había ningún enojo o miedo en su rostro, solo confianza
ciega—. Quiero decir, lo necesitarás para matar a los demonios, ¿verdad?
—En
realidad les odias, ¿verdad? —le preguntó Hangeng. Él pensaba de los demonios lo
mismo que el resto de los vampiros… que debían morir.
—Más
de lo que probablemente llegarás a entender — respondió Henry con un tono de voz y un gesto
frío—. Los quiero a todos muertos. Te diré exactamente como llegar a ellos, donde
están las cuevas, y con qué tienes que tener cuidado. Quiero saber que han
desaparecido y no volver a verlos de nuevo.
—Nos
encargaremos de eso, bebé —le susurró mientras pasaba las manos por sus brazos.
Se agachó y le dio un rápido beso antes de salir de la cama. Al entrar en el
cuarto de baño, mojó una toalla para limpiarse. Cuando regresó a la cama se
arrastró hacia él. El joven se acercó, al darse cuenta de lo que iba a hacer—.
Me gusta cuidar de ti, Henry.
—Me
alegro —jadeó cuando Hangeng limpió la semilla combinada, primero a Henry, y
luego a sí mismo—. Pero quiero hacer lo mismo por ti, Hangeng.
—Oh,
ese fue el mejor orgasmo que he tenido. —Se rio entre dientes mientras se
tumbaba y tiraba de Henry hacia él. No era suficiente, así que lo tumbó sobre
su cuerpo antes de tomar la sábana y cubrirlos a ambos—. Me cuidaste muy bien,
bebé.
—Este
es el mejor día de mi vida. —Bostezó. Hangeng no estaba seguro de qué decir, y
antes de poder responder, escuchó estabilizarse su respiración y observó que
era menos dificultosa, gracias a la sangre que había tomado de su cuerpo. Su
piel también estaba sanando, gracias a su sangre.
Se
dio cuenta que se lo habría dado todo para que sanara su cuerpo y su alma. Así
que quizás también había sido el mejor día de su vida.
Una
llamada en la puerta lo despertó y miró por encima del reloj para ver a
Henry. Habían dormido varias horas. Eran casi las nueve de la noche, y el visitante tenía que ser ZiTao. Apartó
suavemente a su compañero de encima de su cuerpo, se puso unos pantalones
cortos y fue a abrir la puerta mientras llamaban de nuevo.
—Odio
los vuelos comerciales —se quejó ZiTao arrastrándolo hacia sus brazos—. Se
habían llevado el jet de la familia y el del consejo para ir a Irlanda. Espero
que aprecies que tuviera que apartar mi cuerpo escultural de una mujer que
hablaba sin parar y coqueteaba constantemente conmigo. Incluso me preguntó si
quería unirme al club de los diez mil.
—Sí,
estoy en deuda contigo por tener que pasar por eso. — Rio al dejarlo entrar.
Tomó un menú—. Voy a pedir más comida para mi compañero, y yo también tengo
hambre, ¿qué quieres tú?
—¿Tu
compañero? —preguntó ZiTao estirando sus cejas. Aunque tenían el mismo tono
castaño de pelo, ZiTao lo tenía rizado, y por debajo de las orejas de largo,
cortado con un estilo casual, que siempre lo hacía parecer como si necesitara
un corte.
—Es
mi compañero, ZiTao —asintió—. No importa cómo se produjo, lo he aceptado. Es
realmente grande. Le dije que me recordaba a Jiyong, con una curiosidad casi
inocente que deseas fomentar.
—¿Tú? ¿Fomentar? ¿Se ha congelado el infierno?
—¿He
sido un hermano tan hijo de puta para que digas eso de mí? —le preguntó
sorprendido por la mala opinión que tenía de él.
—No,
Hangeng. En absoluto. Eres un hermano mayor fantástico —respondió ZiTao con
sorpresa en su rostro mientras se acercaba los dos pasos que los separaban y lo
abrazaba—. No eres lo que yo llamaría una persona cálida, pero eres un gran
maestro, un gran modelo a seguir como el más mayor y él más feroz protector de
todos nosotros. No dudes nunca que te amamos con todo nuestro corazón.
—Entonces,
¿por qué has dicho eso? —le preguntó cuando salió de sus brazos, buscando en su
rostro las respuestas.
—Simplemente
no eres con quien yo hablaría de mis sentimientos. —Se encogió de hombros y
Hangeng se estremeció involuntariamente ante la idea de hablar de emociones—.
¿Ves? Has temblado de miedo solo ante la idea de hablar de sentimientos,
Hangeng. Creo que he demostrado mi punto.
—Pero he sido un buen hermano, ¿verdad?
—Sí,
Hangeng. Has sido siempre un hermano maravilloso. No estaría aquí si no fuera
así, ¿de acuerdo? ¿De dónde viene toda esa duda?
—No
estoy seguro de ser suficiente para él. —Suspiró mirando los ojos de ZiTao—.
Ha vivido en una cueva toda su vida, ZiTao. ¿Sabes lo que eso significa? Tuve
que enseñarle a usar una cuchara para tomar una sopa. Caray, tuve que decirle
lo que era una sopa, el ginger ale, el pan. Henry no ha tomado nada más que
carne cruda en su vida.
—Una
vez que todo esto termine, serás tú mismo Hannie —dijo ZiTao usando el apodo que
él odiaba. Pero tuvo el efecto deseado y sonrió—. Solo piensa
en cómo mamá y Jessica caerán como leonas sobre él para ayudarlo. Mira como han
ayudado a Jiyong.
—Buen
punto. No quiero fallarle después de todo lo que ha tenido que pasar —suspiró.
ZiTao le dio una mirada compasiva. Llamó y entraron en la habitación.
—No
parece que sea un… demonio —ZiTao gruñó la última palabra cuando olfateó el
aire.
—Cálmate
ZiTao —le advirtió cuando vio a Henry en la cama perturbado. Se giró hacia
él con las manos en alto en señal de rendición.
—. Está bien bebé, este es mi
hermano pequeño. Tu olor solo lo sorprendió.
—Muy… muy bien —tartamudeó Henry, con el miedo escrito en su pequeña
cara. Al principio había pensado que tenía el color del pelo castaño, pero
había sido por décadas de suciedad. Cuando estuvo lavado, tenía un color rubio
rojizo y brillante. Era muy largo, lo tenía casi a mitad de la espalda, y necesitaba
un corte. Echó un vistazo a ZiTao, que ahora estaba tranquilo—. Hola, no soy
un demonio completo. Lo juro.
—No,
no, no lo eres —le susurró ZiTao mientras se acercaba a la cama—. No hueles
tan agrio como lo hacen los verdaderos demonios. Y no tienes los ojos rojos por
la sangre, pero eres tan pálido como ellos.
—Pero
yo los odio, realmente lo hago —dijo Henry con firmeza lanzando a su
compañero una mirada—. Le dije a Hangeng que os diría donde están y os ayudaría
a sacar a los rehenes.
—Vayamos
despacio —le contestó Hangeng sentándose junto a él en la cama—. Voy a pedir
algo más de la sopa que te gustó,
¿de acuerdo? También necesitas
tomar un poco más de mi sangre, y hablaremos mientras comemos.
—Está
bien —asintió mientras se arrastraba con entusiasmo hacia el regazo de Hangeng y
se sentaba a horcajadas.
Este le echó a su hermano una
mirada mordaz cuando gimió por la visión
del caliente cuerpo desnudo de su compañero.
—Está
desnudo, y es lindo. —ZiTao se encogió de hombros mientras iba a por una de
sus maletas—. Traje algo de ropa de Jiyong, la enganché de la ropa limpia de
la lavandería, así tendrá algo que ponerse. No seas tan quisquilloso conmigo.
—Bien, pero puedes esperar en la otra habitación —le dijo
enfáticamente. Gimió cuando Henry lamió su cuello y se centró únicamente en
su compañero—. Toma lo que necesites, bebé.
—Gracias
—susurró Henry antes de hundir sus colmillos. Trató de mantener el cuerpo
bajo control mientras bebía, cuidando de no tocarlo. Bebió unos dos litros y
lamió el mordisco cerrándolo—. ¿Por qué no me tocas como la última vez?
—Por
qué nos dejaríamos llevar, y tenemos compañía — contestó besándolo suavemente—.
No creas que no te deseo, tuve problemas para controlarme, y puedes sentir que
estoy bien duro.
—¿Es
malo que me guste que tengas problemas sin tocarme? —Se rio cuando lamió el
cuello de nuevo y se retorció en su regazo.
—No,
pero te hace ser un pequeño compañero sucio. —Rio mientras lo levantaba de su
regazo. Henry seguía riéndose cuando tomaron algo del montón de ropa que
ZiTao había puesto en la cama antes de salir. Acababan de entrar en la sala
contigua cuando llamaron a la puerta. Hangeng agarró su cartera y le dio una
propina al chico antes de tirar del carrito dentro.
—Cuando esté mejor puedo tomar alg más que sopa,¿verdad? —preguntó Henry mientras se sentaban
en la mesa— Quiero decir, me gusta la
sopa, pero sería muy aburrido después de un tiempo.
—Sí,
lo sería. —ZiTao se rio mientras pegaba un bocado a su hamburguesa.
—Sí, puedes tomar lo que quieras cuando estés mejor — contestó Hangeng,
hasta que se dio cuenta que no sería buena idea darle carta blanca—. Dentro de
lo razonable, por supuesto. No estoy seguro de lo que sería una buena comida
para ti.
—No
me gusta comer animales crudos, Hangeng —susurró mientras soplaba en la sopa sin
mirarlo.
—Lo
sé bebé —contestó suavemente mientras ponía una mano en su muslo—. Y no quise
hacerte sentir mal, es solo que después del beso pensé que tenía que comprobar.
Espero que esté bien.
—No,
lo entiendo —respondió él con una débil sonrisa—. Entonces, ¿ya puedo
informarte sobre la guarida de los demonios?
ZiTao estuvo genial, preguntó todo lo que necesitaban para saber la ubicación
correcta. Luego ayudó a Henry a dibujar como era la cueva, y qué sección era
cada una. Su principal preocupación, eran los secuestrados y la ruta de escape.
—Te
has convertido en un gran guerrero, hermanito —dijo Hangeng lleno de orgullo—.
Así sería exactamente como yo lo hubiera manejado todo.
—Oh,
eh, gracias —respondió él con las mejillas coloradas—. Es agradable escucharlo
de alguien con ochocientos años de experiencia.
—¿Cuántos
años tienes? —preguntó Henry mirando confundido. Hangeng no estaba seguro de
como explicárselo, ya que el joven no tenía ni idea de contar.
—Calculamos que tienes sobre veinticinco años,
¿verdad?—preguntó suavemente esperando que asintiera antes de continuar—.
Pues yo tengo, como treinta y seis veces esa
edad.
—No
entiendo lo que significa —respondió. Sí, decisión inteligente, no quería
confundirlo con las centenas, y terminó explicándolo con una multiplicación. «Idiota».
—Es
jodidamente viejo, dejémoslo así por ahora —se rio ZiTao dándole palmaditas a
Henry en el hombro. Hangeng le envió una mirada agradecida, y ZiTao le guiñó
un ojo—. Lo pondremos en perspectiva cuando aprendas a contar.
—Oh, así que Hangeng ya te contó lo estúpido que soy —dijo Henry bajando el rostro.
—No,
no dijo nada sobre que seas estúpido Henry — contestó ZiTao con firmeza,
alzando una mano para silenciar a Hangeng. Éste se calló y le dejó la
oportunidad—. Me dijo que has vivido toda la vida en esas cuevas de las que
hemos hablado. No puedo pensar en los mejores sistemas escolares allí, y no hay
razón para que mires tan avergonzado, ¿de acuerdo? Nada de esto es culpa tuya,
y ahora eres de la familia, así que te ayudaremos a aprender.
—Gracias.
—Henry le sonrió. Y ver lo bien que ZiTao lo manejaba, fue para Hangeng como
clavarse un cuchillo en el corazón.
—Serías
mejor compañero para él que yo —susurró antes de darse cuenta de que lo había
dicho en voz alta. Sus ojos picaban por las lágrimas que se formaban en ellos,
haciéndolo sentir peor.
—No
estoy de acuerdo —dijo ZiTao sacudiendo la cabeza—. Necesita a alguien con
quien sentirse seguro, ¿y quién es el más peligroso de los hermanos Kim?
Puedo ser más paciente de lo que tú eres, Hangeng, pero tienes la reputación que
se necesita para que encaje dentro de nuestro mundo.
—¿Qué
quieres decir? —preguntaron Henry, y Hangeng a la vez. Hangeng le apretó la mano
con suavidad y lo puso en su regazo, acercándolo.
—Hannie,
nadie te puede joder, hombre. Eres una fuerza a tener en cuenta —respondió
ZiTao lentamente, como si estuviera eligiendo cuidadosamente las palabras—.
Pero también eres, probablemente, el guerrero más respetado que tenemos. Te has dedicado
a nuestra raza, ¿durante cuánto?¿Ochocientos cincuenta años? Si cualquier persona de nuestro mundo
puede lograr que acepten un medio demonio, ese eres tú.
—Gracias
—dijo Hangeng con una sonrisa después de pensarlo—. Nunca lo pensé así, es bueno
que lo digas.
—No lo entiendo —susurró Henry acurrucándose.
—¿Qué significa?
—Está
diciendo que aunque seas diferente, mi reputación va a asustar tanto a la
gente, que no te tratarán mal.
—Estoy
acostumbrado a que la gente me trate como una mierda. —Se encogió de hombros
mientras inclinaba la cabeza para mirarlo—. No me importa nada de eso, porque
ahora tengo a alguien que me quiere. No me importa nada salvo estar contigo,
Hangeng.
—Gracias
—dijo contra sus labios cuando se inclinó y lo besó. ¿Qué más se podía decir a
una afirmación como esa? Sus palabras hicieron que se emocionara y su corazón
se llenó de alegría por su declaración. Sabía que era demasiado pronto para estar
enamorados, pero al decir eso estaba declarando básicamente, que estaba total y
completamente dedicado a Hangeng. El amor sería lo siguiente.
—Estaréis
bien chicos —se rio ZiTao señalando la forma en que estaban allí sentados,
envueltos uno alrededor del otro como si se tratara de su segunda naturaleza.
Hangeng sonrió al darse cuenta de que tenía razón. Estarían muy bien, después de
superar algunos obstáculos. Los demonios eran lo primero de la lista.
CONTINUARÁ.

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