martes, 7 de mayo de 2019

LOS HERMANOS KIM 4: HANGENG

CAPITULO TRES 

—Una pregunta cada vez —rio—. Así es como conseguimos nuestra sangre. Los seres humanos la donan, y mi familia tiene una compañía que se encarga de eso.
Le explicó como trabajaba la empresa, respondiendo a sus preguntas. Henry podría no tener ninguna educación, pero era inteligente. Cuando terminó, observó como Hangeng hundía los colmillos en la parte superior de la bolsa y la vaciaba. Lo repitió con otras dos bolsas, y dejó las vacías en el refrigerador para que no quedara ninguna evidencia.



—No es brutal o repulsivo cuando se hace así —dijo después de un momento, cuando Victor volvió de nuevo a su lado—. Siempre que he visto a alguien beber, ha sido rasgando la carne y montando un desastre. Además de hacer daño a la persona de quien bebían. Pero lo que has hecho, parece…
—¿Civilizado? —preguntó tratando de ayudarlo a completar la frase.
—Sí, creo que eso es lo que significa, y suena bien. — Asintió y luego miró a Hangeng. Abrió la boca, la volvió a cerrar, y Hangeng supo que quería preguntar algo importante. Le guiñó el ojo cuando vio sus mejillas coloreadas—. ¿Fui civilizado cuando te mordí en el cuello cuando nos conocimos?
—Sí, lo fuiste —le contestó después de un momento—.  Pero en nuestro mundo, no puedes emparejarte con alguien sin su permiso. Así que no diremos a nadie lo que ocurrió, aparte de mi familia, ¿de acuerdo? Te alejarían de mí, y no quiero que eso ocurra.


—Lo siento —dijo Henry gentilmente mirando hacia otro lado. Cada pulgada de Hangeng gritaba que lo consolara y limpiara esa mirada de desesperación en su rostro. Así que lo hizo. Al volver la cabeza, aplastó los labios sobre los de Henry. Sintió el gemido en su pecho mientras lo besaba como un hombre sediento.
—Ábrela la boca para mí bebé —gimió mientras lamía sus labios. Hizo lo que le pidió y deslizó la lengua profundamente, explorando. Henry aprendía rápido, y pasó su lengua por los labios de Hangeng lentamente, quien saqueó su boca, necesitando su sumisión. El joven se la dio libremente, dejándolo tomar la iniciativa. Hangeng envolvió los brazos alrededor de su cuerpo y rodó, por lo que Henry estuvo sobre sus caderas.
—Te quiero tanto, Hangeng —dijo entre dientes mientras sus manos recorrían sus costados—. Quiero experimentar todo contigo y no parar nunca.
—Muérdeme bebé —ordenó Hangeng mirando sus profundos ojos azules—. Toma lo que necesites de mí, compañero.
—Gracias —gimió Henry. Le dio un rápido beso y siguió besando su mandíbula hasta el cuello. Lamió la piel por encima de la yugular antes de hundir sus colmillos. Hangeng gritó en voz baja por el placer, abrazando su cabeza cuando sintió que estaba rígido y preocupado por hacerle daño.

—Se siente tan jodidamente bien bebé —jadeó, y Henry se relajó. Hangeng volvió a gemir cuando empezó a tomar sangre profundamente. Agarró sus caderas, rozando una polla contra otra, la toalla se movió en el proceso cuando guió sus movimientos. Se quedó sin aliento mientras seguía bebiendo de Hangeng y éste movía ambos cuerpos juntos. Después de varios minutos de estar en el cielo, Hangeng se dio cuenta de que el joven se acercaba al clímax—. Córrete para mí, Henry. Déjate ir y córrete sobre tu compañero.


—¡Hangeng! —gritó mientras levantaba su cabeza. Hangeng sintió el semen de Henry cubrir su ingle cuando su placer se derramó. Se mordió el labio para no gritar y asustar a su compañero, y lo siguió. Sus caderas se encontraban unas con las otras tratando de extraer todo el placer.
—Increíble —exclamó Hangeng mientras trataba de intentar recuperar el aliento minutos después, cuando pudo sentir sus piernas de nuevo. Había sido el orgasmo más alucinante de su vida y acababa de proporcionarle otro a su pequeño compañero. No veía la hora de experimentar todo lo demás con él. Luego se imaginó esos labios envueltos en su polla de veinticinco centímetros, y casi se corrió de nuevo.
—Nunca he sentido esto antes —jadeó Henry cuando lamió el mordisco cerrándolo—. Quiero decir, he visto a hombres correrse antes, pero nunca lo había hecho.
—¿Este ha sido tu primer orgasmo? —preguntó Hangeng con sorpresa.
—Siempre había gente alrededor. —Se encogió de hombros—. No era como si quisiera estar allí, mientras tenían relaciones delante de mí. No era así. No me gustaba verlo y no me encendía. Aunque no es la primera vez que estoy cubierto de semen.
—¿Qué significa eso Henry? —susurró Hangeng temiendo que hubiese sido violado.
—Algunos de los chicos me mordían fuerte y me hacían sentir incómodo —dijo suavemente mientras acariciaba su cara en el cuello de Hangeng—. Se masturbaban conmigo, yo gritaba de horror y ellos me cubrían con su semen.


—Oh, eso es jodidamente asqueroso. —Se formó un hueco en su estómago por lo enfermos y retorcidos que eran los demonios—. Nunca te han forzado, ¿verdad?
—No, nada de eso —respondió mientras se abrazaba con más fuerza. Sintió el alivio inundar su corazón—. Simplemente les gustaba hacerme cosas malas porque sabían que soy empático.
—¿Un qué?

—Mi don es sentir el dolor de otras personas o sentir si están haciendo daño —explicó Henry estremeciéndose. Hangeng supo que no era por el frío—. Puedo sentir si es dolor físico, emocional o mental, siempre y cuando no estén lejos.

—Eso suena más como una maldición que como un regalo—contestó antes de poder pensarlo—. Lo siento bebé, pero no me gusta la idea de que sientas dolor, aunque sea el de otras personas.

—No, lo entiendo. ¿Cuál es tu don?

—Puedo crear fuego y lanzar llamas. —Se estremeció sabiendo cuanto odiaban los demonios el fuego por razones obvias.
—Eso debe ser útil como guerrero —se rio. Hangeng se situó de manera que pudiera verle bien los ojos. No había ningún enojo o miedo en su rostro, solo confianza ciega—. Quiero decir, lo necesitarás para matar a los demonios, ¿verdad?

—En realidad les odias, ¿verdad? —le preguntó Hangeng. Él pensaba de los demonios lo mismo que el resto de los vampiros… que debían morir.
—Más de lo que probablemente llegarás a entender — respondió Henry con un tono de voz y un gesto frío—. Los quiero a todos muertos. Te diré exactamente como llegar a ellos, donde están las cuevas, y con qué tienes que tener cuidado. Quiero saber que han desaparecido y no volver a verlos de nuevo.
—Nos encargaremos de eso, bebé —le susurró mientras pasaba las manos por sus brazos. Se agachó y le dio un rápido beso antes de salir de la cama. Al entrar en el cuarto de baño, mojó una toalla para limpiarse. Cuando regresó a la cama se arrastró hacia él. El joven se acercó, al darse cuenta de lo que iba a hacer—. Me gusta cuidar de ti, Henry.
—Me alegro —jadeó cuando Hangeng limpió la semilla combinada, primero a Henry, y luego a sí mismo—. Pero quiero hacer lo mismo por ti, Hangeng.
—Oh, ese fue el mejor orgasmo que he tenido. —Se rio entre dientes mientras se tumbaba y tiraba de Henry hacia él. No era suficiente, así que lo tumbó sobre su cuerpo antes de tomar la sábana y cubrirlos a ambos—. Me cuidaste muy bien, bebé.

—Este es el mejor día de mi vida. —Bostezó. Hangeng no estaba seguro de qué decir, y antes de poder responder, escuchó estabilizarse su respiración y observó que era menos dificultosa, gracias a la sangre que había tomado de su cuerpo. Su piel también estaba sanando, gracias a su sangre.
Se dio cuenta que se lo habría dado todo para que sanara su cuerpo y su alma. Así que quizás también había sido el mejor día de su vida.

Una llamada en la puerta lo despertó y miró por encima del reloj para ver a Henry. Habían dormido varias horas. Eran casi las nueve de la noche, y el visitante tenía que ser ZiTao. Apartó suavemente a su compañero de encima de su cuerpo, se puso unos pantalones cortos y fue a abrir la puerta mientras llamaban de nuevo.
—Odio los vuelos comerciales —se quejó ZiTao arrastrándolo hacia sus brazos—. Se habían llevado el jet de la familia y el del consejo para ir a Irlanda. Espero que aprecies que tuviera que apartar mi cuerpo escultural de una mujer que hablaba sin parar y coqueteaba constantemente conmigo. Incluso me preguntó si quería unirme al club de los diez mil.
—Sí, estoy en deuda contigo por tener que pasar por eso. — Rio al dejarlo entrar. Tomó un menú—. Voy a pedir más comida para mi compañero, y yo también tengo hambre, ¿qué quieres tú?

—¿Tu compañero? —preguntó ZiTao estirando sus cejas. Aunque tenían el mismo tono castaño de pelo, ZiTao lo tenía rizado, y por debajo de las orejas de largo, cortado con un estilo casual, que siempre lo hacía parecer como si necesitara un corte.
—Es mi compañero, ZiTao —asintió—. No importa cómo se produjo, lo he aceptado. Es realmente grande. Le dije que me recordaba a Jiyong, con una curiosidad casi inocente que deseas fomentar.
—¿Tú? ¿Fomentar? ¿Se ha congelado el infierno?

—¿He sido un hermano tan hijo de puta para que digas eso de mí? —le preguntó sorprendido por la mala opinión que tenía de él.



—No, Hangeng. En absoluto. Eres un hermano mayor fantástico —respondió ZiTao con sorpresa en su rostro mientras se acercaba los dos pasos que los separaban y lo abrazaba—. No eres lo que yo llamaría una persona cálida, pero eres un gran maestro, un gran modelo a seguir como el más mayor y él más feroz protector de todos nosotros. No dudes nunca que te amamos con todo nuestro corazón.
—Entonces, ¿por qué has dicho eso? —le preguntó cuando salió de sus brazos, buscando en su rostro las respuestas.
—Simplemente no eres con quien yo hablaría de mis sentimientos. —Se encogió de hombros y Hangeng se estremeció involuntariamente ante la idea de hablar de emociones—. ¿Ves? Has temblado de miedo solo ante la idea de hablar de sentimientos, Hangeng. Creo que he demostrado mi punto.
—Pero he sido un buen hermano, ¿verdad?

—Sí, Hangeng. Has sido siempre un hermano maravilloso. No estaría aquí si no fuera así, ¿de acuerdo? ¿De dónde viene toda esa duda?
—No estoy seguro de ser suficiente para él. —Suspiró mirando los ojos de ZiTao—. Ha vivido en una cueva toda su vida, ZiTao. ¿Sabes lo que eso significa? Tuve que enseñarle a usar una cuchara para tomar una sopa. Caray, tuve que decirle lo que era una sopa, el ginger ale, el pan. Henry no ha tomado nada más que carne cruda en su vida.
—Una vez que todo esto termine, serás tú mismo Hannie —dijo ZiTao usando el apodo que él odiaba. Pero tuvo el efecto deseado y sonrió—. Solo piensa en cómo mamá y Jessica caerán como leonas sobre él para ayudarlo. Mira como han ayudado a Jiyong.


—Buen punto. No quiero fallarle después de todo lo que ha tenido que pasar —suspiró. ZiTao le dio una mirada compasiva. Llamó y entraron en la habitación.
—No parece que sea un… demonio —ZiTao gruñó la última palabra cuando olfateó el aire.

—Cálmate ZiTao —le advirtió cuando vio a Henry en la cama perturbado. Se giró hacia él con las manos en alto en señal de rendición.

—. Está bien bebé, este es mi hermano pequeño. Tu olor solo lo sorprendió.

—Muy… muy bien —tartamudeó Henry, con el miedo escrito en su pequeña cara. Al principio había pensado que tenía el color del pelo castaño, pero había sido por décadas de suciedad. Cuando estuvo lavado, tenía un color rubio rojizo y brillante. Era muy largo, lo tenía casi a mitad de la espalda, y necesitaba un corte. Echó un vistazo a ZiTao, que ahora estaba tranquilo—. Hola, no soy un demonio completo. Lo juro.

—No, no, no lo eres —le susurró ZiTao mientras se acercaba a la cama—. No hueles tan agrio como lo hacen los verdaderos demonios. Y no tienes los ojos rojos por la sangre, pero eres tan pálido como ellos.
—Pero yo los odio, realmente lo hago —dijo Henry con firmeza lanzando a su compañero una mirada—. Le dije a Hangeng que os diría donde están y os ayudaría a sacar a los rehenes.

—Vayamos despacio —le contestó Hangeng sentándose junto a él en la cama—. Voy a pedir algo más de la sopa que te gustó,
¿de acuerdo? También necesitas tomar un poco más de mi sangre, y hablaremos mientras comemos.
—Está bien —asintió mientras se arrastraba con entusiasmo hacia el regazo de Hangeng y se sentaba a horcajadas.


Este le echó a su hermano una mirada mordaz cuando gimió  por la visión del caliente cuerpo desnudo de su compañero.
—Está desnudo, y es lindo. —ZiTao se encogió de hombros mientras iba a por una de sus maletas—. Traje algo de ropa de Jiyong, la enganché de la ropa limpia de la lavandería, así tendrá algo que ponerse. No seas tan quisquilloso conmigo.

—Bien, pero puedes esperar en la otra habitación —le dijo enfáticamente. Gimió cuando Henry lamió su cuello y se centró únicamente en su compañero—. Toma lo que necesites, bebé.

—Gracias —susurró Henry antes de hundir sus colmillos. Trató de mantener el cuerpo bajo control mientras bebía, cuidando de no tocarlo. Bebió unos dos litros y lamió el mordisco cerrándolo—. ¿Por qué no me tocas como la última vez?

—Por qué nos dejaríamos llevar, y tenemos compañía — contestó besándolo suavemente—. No creas que no te deseo, tuve problemas para controlarme, y puedes sentir que estoy bien duro.
—¿Es malo que me guste que tengas problemas sin tocarme? —Se rio cuando lamió el cuello de nuevo y se retorció en su regazo.
—No, pero te hace ser un pequeño compañero sucio. —Rio mientras lo levantaba de su regazo. Henry seguía riéndose cuando tomaron algo del montón de ropa que ZiTao había puesto en la cama antes de salir. Acababan de entrar en la sala contigua cuando llamaron a la puerta. Hangeng agarró su cartera y le dio una propina al chico antes de tirar del carrito dentro.
—Cuando  esté  mejor  puedo  tomar  alg más  que  sopa,¿verdad? —preguntó Henry mientras se sentaban en la mesa— Quiero decir, me gusta la sopa, pero sería muy aburrido después de un tiempo.
—Sí, lo sería. —ZiTao se rio mientras pegaba un bocado a su hamburguesa.

—Sí, puedes tomar lo que quieras cuando estés mejor — contestó Hangeng, hasta que se dio cuenta que no sería buena idea darle carta blanca—. Dentro de lo razonable, por supuesto. No estoy seguro de lo que sería una buena comida para ti.

—No me gusta comer animales crudos, Hangeng —susurró mientras soplaba en la sopa sin mirarlo.
—Lo sé bebé —contestó suavemente mientras ponía una mano en su muslo—. Y no quise hacerte sentir mal, es solo que después del beso pensé que tenía que comprobar. Espero que esté bien.

—No, lo entiendo —respondió él con una débil sonrisa—. Entonces, ¿ya puedo informarte sobre la guarida de los demonios?
ZiTao estuvo genial, preguntó todo lo que necesitaban para saber la ubicación correcta. Luego ayudó a Henry a dibujar como era la cueva, y qué sección era cada una. Su principal preocupación, eran los secuestrados y la ruta de escape.
—Te has convertido en un gran guerrero, hermanito —dijo Hangeng lleno de orgullo—. Así sería exactamente como yo lo hubiera manejado todo.
—Oh, eh, gracias —respondió él con las mejillas coloradas—. Es agradable escucharlo de alguien con ochocientos años de experiencia.


—¿Cuántos años tienes? —preguntó Henry mirando confundido. Hangeng no estaba seguro de como explicárselo, ya que el joven no tenía ni idea de contar.

—Calculamos que tienes sobre veinticinco años, ¿verdad?—preguntó   suavemente   esperando   que   asintiera   antes   de continuar—. Pues yo tengo, como treinta y seis veces esa edad.
—No entiendo lo que significa —respondió. Sí, decisión inteligente, no quería confundirlo con las centenas, y terminó explicándolo con una multiplicación. «Idiota».
—Es jodidamente viejo, dejémoslo así por ahora —se rio ZiTao dándole palmaditas a Henry en el hombro. Hangeng le envió una mirada agradecida, y ZiTao le guiñó un ojo—. Lo pondremos en perspectiva cuando aprendas a contar.

—Oh, así que Hangeng ya te contó lo estúpido que soy —dijo Henry bajando el rostro.
—No, no dijo nada sobre que seas estúpido Henry — contestó ZiTao con firmeza, alzando una mano para silenciar a Hangeng. Éste se calló y le dejó la oportunidad—. Me dijo que has vivido toda la vida en esas cuevas de las que hemos hablado. No puedo pensar en los mejores sistemas escolares allí, y no hay razón para que mires tan avergonzado, ¿de acuerdo? Nada de esto es culpa tuya, y ahora eres de la familia, así que te ayudaremos a aprender.

—Gracias. —Henry le sonrió. Y ver lo bien que ZiTao lo manejaba, fue para Hangeng como clavarse un cuchillo en el corazón.
—Serías mejor compañero para él que yo —susurró antes de darse cuenta de que lo había dicho en voz alta. Sus ojos picaban por las lágrimas que se formaban en ellos, haciéndolo sentir peor.


—No estoy de acuerdo —dijo ZiTao sacudiendo la cabeza—. Necesita a alguien con quien sentirse seguro, ¿y quién es el más peligroso de los hermanos Kim? Puedo ser más paciente de lo que tú eres, Hangeng, pero tienes la reputación que se necesita para que encaje dentro de nuestro mundo.
—¿Qué quieres decir? —preguntaron Henry, y Hangeng a la vez. Hangeng le apretó la mano con suavidad y lo puso en su regazo, acercándolo.
—Hannie, nadie te puede joder, hombre. Eres una fuerza a tener en cuenta —respondió ZiTao lentamente, como si estuviera eligiendo cuidadosamente las palabras—. Pero también eres, probablemente, el guerrero más respetado que tenemos. Te has dedicado a nuestra raza, ¿durante cuánto?¿Ochocientos cincuenta años? Si cualquier persona de nuestro mundo puede lograr que acepten un medio demonio, ese eres tú.

—Gracias —dijo Hangeng con una sonrisa después de pensarlo—. Nunca lo pensé así, es bueno que lo digas.

—No lo entiendo —susurró Henry acurrucándose. —¿Qué significa?

—Está diciendo que aunque seas diferente, mi reputación va a asustar tanto a la gente, que no te tratarán mal.
—Estoy acostumbrado a que la gente me trate como una mierda. —Se encogió de hombros mientras inclinaba la cabeza para mirarlo—. No me importa nada de eso, porque ahora tengo a alguien que me quiere. No me importa nada salvo estar contigo, Hangeng.
—Gracias —dijo contra sus labios cuando se inclinó y lo besó. ¿Qué más se podía decir a una afirmación como esa? Sus palabras hicieron que se emocionara y su corazón se llenó de alegría por su declaración. Sabía que era demasiado pronto para estar enamorados, pero al decir eso estaba declarando básicamente, que estaba total y completamente dedicado a Hangeng. El amor sería lo siguiente.
—Estaréis bien chicos —se rio ZiTao señalando la forma en que estaban allí sentados, envueltos uno alrededor del otro como si se tratara de su segunda naturaleza. Hangeng sonrió al darse cuenta de que tenía razón. Estarían muy bien, después de superar algunos obstáculos. Los demonios eran lo primero de la lista.
CONTINUARÁ.

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