CAPÍTULO CUATRO
Hangeng había arreglado que llamaran a Henry para despertarle y le
mandaran el desayuno. Escuchó atentamente cuando le explicó cómo utilizar el
dinero y firmar la nota. Henry no sabía cómo escribir, pero le enseñó a hacer
garabatos, al menos algo que pudiera pasar por una firma. Aprendió con una
rapidez increíble, lo que le dio esperanzas de que su adaptación a vivir fuera
de la cueva no serí
difícil.
difícil.
Durmieron unas pocas horas, envueltos uno alrededor del otro, después
que ZiTao y Hangeng prepararan su plan de ataque. También se aseguró de que su
compañero bebiera de él, ya que realmente necesitaba su fuerza. Tras eso se
bebió varias bolsas de sangre para reponer fuerzas y estar preparado para la
lucha. ZiTao también bebió un par de ellas y organizó con el coordinador del
banco de sangre otra entrega para el día siguiente.
Había
sido mucho más difícil dejar a su compañero de lo que pensó que sería. Ahora
comprendía por qué los guerreros eran más lentos y aceptaban menos misiones
tras encontrar a sus compañeros. Hangeng sentía que una de sus mitades estaba a
dos horas en la habitación del hotel.
—Buena
idea traer juguetes, ¿eh? —preguntó ZiTao cuando Hangeng ralentizó el coche de
alquiler a pocos kilómetros de dónde estaba la cueva. Desde que ZiTao bajó del avión llevaba
suministros con él, un baúl de armas y municiones ultravioletas.
—Es
verdad —se rio cuando aparcó y salieron. El sol asomaba por el horizonte, por
lo que llegaron en el momento perfecto. Habían tomado un ferry a la isla desde
la costa e iban contra reloj, tenían todo el día—. Aunque también tenemos
nuestros dones para patearles el culo a los demonios.
—Sí,
pero hay demasiados y yo solo puedo congelar a unos pocos a la vez. —Se encogió
de hombros mientras cargaban el equipo. El don de ZiTao era la capacidad de
mantener, literalmente, a una persona como rehén. Podía congelar los
movimientos de cualquiera a unos veinte metros de distancia. Pero tenía razón,
solo podía hacerlo con cuatro o cinco a la vez—El fuego también funciona. Pero si hay más de diez allí, estaríamos
en serios problemas sin las armas.
—Eso
es cierto —contestó. Cerró el coche y fueron andando, haciendo el menor ruido
posible. Aunque fuera era de día, podían alertar a los animales salvajes.
Cubrieron el área rápidamente, asegurándose de tener granadas preparadas antes
de escalar el muro.
El
plan era lanzar granadas ultravioletas y todas las llamas que pudieran a los
demonios. Si los rehenes eran humanos, no les haría más que leves quemaduras en
la retina si las miraban. Si eran vampiros, tendrían una quemadura solar leve,
pero eso era mucho mejor que la alternativa de quedarse allí.
Fueron
capaces de escalar el acantilado en menos de media hora, por lo que el sol,
estaba alto y brillante. Hangeng tomó la delantera y entró en la cueva,
permaneciendo a la luz del sol. ZiTao se unió a él, quitaron las horquillas de
las granadas y las arrojaron. Se volvieron hacia la entrada cuando estallaron y
empezaron los gritos. Volviéndose de nuevo hacia la entrada, de nuevo permaneciendo en la luz,
ZiTao se arrodilló y se puso en posición con su rifle.
Su
hermano pequeño era un tirador impresionante, algo sobre lo que siempre
bromeaba y se jactaba de ello. Tenía una semi-automática preparada con
cartuchos extra listos. Hangeng era un hombre de beretta, y se sentía desnudo
sin ella cuando estaba en el exterior.
La
diversión comenzó cuando pudieron ver algunas figuras quemándose mientras otras
trataban de escapar del fuego. De alguna manera, era como si hubiera antorchas
en la profundidad de la cueva que les permitían ver lo que estaba pasando.
ZiTao disparó, acertando en los objetivos. Vieron un pequeño grupo de figuras
acurrucadas en el rincón más alejado, y dieron gracias a que los demonios
estuvieran yendo hacia ellos.
Dos
demonios decidieron que su mejor oportunidad era salir y se precipitaron hacia
ellos. Era un plan estúpido, porque estaban parados a la luz del sol y llevaban
armas que los detendrían incluso antes de llegar. Efectivamente, antes de
acercarse incluso a tres metros, ya estaban en el suelo. Gritaron y comenzaron
a arder desde dentro. Los vigilaron por la esquina de los ojos mientras se
centraban en la mayoría que estaba en las cuevas.
—Tenemos
suficiente luz con las llamas para ver —le dijo a ZiTao señalando que se
movieran hacia adelante. Asintió con la cabeza cuando se puso de pie,
manteniendo su rifle mirando a través de la mira. Normalmente no estarían tan
preocupados, pero con rehenes, necesitaban estar seguros de disparar a los
objetivos correctos.
Liquidaron
a tres más que trataban de huir. No es que pudieran salir de la cueva, se
quemarían con la luz del sol. Pero intentar sobrevivir podría obligarlos a
hacer cosas raras.
ZiTao tomó posición al lado
derecho mientras Hangeng lo hacía en el izquierdo y echaron un vistazo a la
esquina.
—Habéis
terminado con todos —gruñó un hombre. Hangeng miró hacia abajo y vio uno que
estaba por delante de todos los supervivientes, parecía estar bien. Todos los
demonios eran un montón de cenizas—. Soy el segundo al mando del aquelarre de
Providence. Si me permiten usar un teléfono, puedo llamar y hacer que nos
saquen de aquí. Ustedes han hecho más que suficiente, guerreros.
—Kim Hangeng —dijo mientras estrechaba la mano al hombre después de levantarlo—. Este
es mi hermano, ZiTao.¿Son todos los rehenes como nosotros?
—No,
hay también algunos humanos —respondió con un suspiro—. Soy Reggie Marks. Hay
un chico en el aquelarre que tiene el don de borrar los recuerdos, así que
podemos sedarlos, limpiar su memoria y dejarlos en algún sitio como si hubieran
tenido amnesia.
—Nosotros
no deberíamos hacer eso —dijo ZiTao dándole la mano—. Pero si usted piensa que
es lo mejor, por nosotros está bien. Solo será necesario informar al Consejo
para que sepan que no dejamos cabos sueltos.
—Por
supuesto —sonrió cálidamente—. Gracias por salvarnos. Son verdaderamente un
orgullo para su familia.
—Gracias,
nuestros padres lo están —rio ZiTao como siempre, como un listillo—. Me
pregunto, ¿vieron ustedes un medio demonio mientras estaban aquí? Lo recogimos
cuando escapó y queríamos confirmarlo.
—Oh,
debes estar hablando de Henry —dijo Reggie abriendo los ojos—. No le haréis
daño, ¿verdad? Nació de esa manera. He oído hablar sobre su nacimiento, y
porqué salió así.Es un niño dulce, no como esos
monstruos sin alma, se lo aseguro.
—No,
no vamos a hacerle daño —contestó Hangeng intercambiando una mirada con su
hermano—. Pero cualquier información que nos pueda dar nos ayudaría. Lo
encontré ayer, y nos ha ayudado a llegar hasta
vosotros.
—Sabía que lo haría si conseguía ayuda. —Sonrió Reggie cuando se acercó
hacia la entrada de la cueva para poder realizar la llamada—. Es tu pareja, ¿verdad?
—¿Cómo
lo sabes? —preguntó tratando de ocultar sus reacciones.
—Parecías
asustado cuando tu hermano preguntó — respondió Reggie tocándole el brazo—. Te
diré todo lo que sé. Ha vivido un infierno, tanto, que no puedo ponerlo en
palabras, y necesita gran cantidad de amor para recuperarse.
—Lo
haré lo mejor que pueda —le susurró cuando sus ojos comenzaron a picar.
—Eso
es todo lo que cualquiera de nosotros puede hacer, hijo —dijo con una sonrisa.
Una parte de Hangeng quería preguntarle cuantos años tenía.
Reggie se veía fatal, lo cual era compresible, por donde estaba y lo
que había pasado, así que realmente no podría adivinar su edad. Pero no se
encontraba a menudo con vampiros
mayores que él. Así que tuvo la sensación de que él era mayor. De cualquier
manera, le hizo sonreír. Era agradable y trataba de ayudar, así que lo dejaría
pensar que era mayor, si quería.
Terminó
la llamada y comenzaron a hacer un plan. El aquelarre de Reggie llegaría con
los suministros para trasladar a los supervivientes de la cueva y para
borrarles la memoria.
Hangeng estaba preocupado por los seres humanos, dado que su mundo se
había vuelto del revés. Pero parecía que no estaban heridos y se quedó
tranquilo.
—Háblame
de Henry mientras esperamos, por favor —le dijo a Reggie cuando ZiTao y él
se sentaron con Hangeng al borde de la cueva.
—Escuché
de un demonio que estaba al cargo, Edward, que la madre de Henry estaba
embarazada cuando se convirtió en
demonio —explicó Reggie, y Hangeng asintió para que continuara—. Parece que
perdió a su compañero y se volvió loca.
Pero después de que se convirtiera en demonio, no le hizo daño a nadie más,
solo a un humano, que supongo que mató accidentalmente. Cuando tuvo a Henry,
los demonios pensaron que era como su Mesías y que podía parir más demonios
para ayudarlos en la guerra.
»—Se
equivocaron. Aquella vez fue el destino, porque ella estaba embarazada de cinco
meses de los seis de gestación de un vampiro. Edward intentó dejarla embarazada
a la fuerza y después de meses de intentarlo sin éxito, la mató de rabia.
Algunos de los demonios querían matar a Henry, porque al ser medio vampiro,
lo veían como un monstruo y una amenaza. Edward ordenó que nadie lo matara,
pero eso no los detuvo de torturarlo y mantenerlo como rehén.
—¿Por
qué pasaría por todo eso? —preguntó ZiTao, y Hangeng se sintió agradecido. Él
quería preguntar lo mismo, pero después de escuchar todo lo que su compañero
había pasado, tenía problemas para encontrar su voz.
—Parecía
que Edward quería que Henry pagara por los pecados de su madre. Además,
cuando se enteraron de que era empático, hicieron sus juegos más retorcidos
para divertirse mucho más. Pensaron que ya que no podían conseguir que alguien
con alma fuera como ellos, lo tendrían de mascota. Fui testigo cuando intentaron
hacerle beber de los seres humanos, y se negó. Parecía como si lo usaran para
sacar su mierda.
—¿Ha
oído hablar de alguien que sea medio demonio? — preguntó Hangeng, todavía
recuperándose de todo.
—No,
nunca he oído nada de eso —respondió Reggie moviendo la cabeza—. Sé que el sol
puede hacerle daño, pero también se lo hace más a los vampiros que a los
humanos. Pienso que le ha afectado ver morir a su madre en el pasado. Para mí
es un vampiro que no tolera el sol, y que parcialmente huele como un demonio.
—Estoy
de acuerdo —dijo ZiTao sorprendiendo a su hermano, que lo miró con los ojos
bien abiertos—. No es malo, Hangeng, ni siquiera se acerca. Es dulce y cariñoso,
y solo quiere tener una vida normal. No lo veo haciendo daño ni a una mosca, y
mucho menos siendo demonio. Creo que es una enfermedad genética, algo del
destino, un hombre que debe ser tratado
como alguien especial, y no que tenga parte de demonio.
—Gracias —susurró mientras se giraba para abrazar a su hermano—. Estoy
de acuerdo, pero tu apoyo significa mucho para mí.
—Nuestra
familia estará de acuerdo una vez que lo conozcan —dijo ZiTao en voz baja
mientras le palmeaba la espalda—. Después del shock inicial por su olor, ni
siquiera lo he vuelto a notar. No es
fuerte, y no puedo ver que nadie de la gente que amamos le reproche su
nacimiento. ¿Puedes tú?
—No,
no ahora que sabemos la historia completa —estuvo de acuerdo Hangeng.
No
pasó mucho tiempo hasta que se presentó la caballería y los ayudaron a sacarlos
a todos de la cueva. Intercambiaron sus números de teléfono con Reggie y le dijeron
donde se alojaban. Este les dijo que si necesitaban algo antes de irse, se lo
hicieran saber. Se dieron cuenta de que no podían volar en líneas regulares con
Henry, y los aviones particulares estaban en Irlanda. Así que le preguntaron
si podía prestarles una SUV para poder conducir de vuelta a Virginia.
—Será
bueno para él poder ver algo del país de camino a casa —dijo Reggie con una
sonrisa suave. Luego arregló que uno de sus chicos les dejara la camioneta y
les dio una buena despedida.
Hangeng se sentía mucho mejor después de hablar con Reggie y ZiTao. Sobre todo ahora
que sabía que los demonios que conocían a su compañero habían desaparecido.
—Te
extrañé —exclamó Henry lanzándose contra Hangeng un par de horas más tarde
cuando llegaron a la habitación del hotel—. ¿Estás bien? ¿Están todos muertos?
¿Rescatasteis a Reggie y a los demás?
—Estamos
bien, y sí están todos muertos, y Reggie te manda saludos. —Se rio cuando la
bola de energía se envolvió en él como un mono—. Quiero saber cómo estás, ¿has comido?
—Me
siento mucho mejor, gracias. —Sonrió ampliamente—. De hecho, nunca me he sentido
tan bien en mi vida. Me he comido todo mi desayuno y acabo de pedir el almuerzo
para todos hace unos minutos, cuando me di cuenta que llegaríais pronto.
—¿Cómo
lo hiciste si no sabes leer bebé? —le preguntó Hangeng tímidamente, sin querer
hacerlo sentir mal, pero curioso.
—Registran
todos los pedidos —respondió Henry con un guiño—. Les pedí lo mismo que en la
cena, pero quería una hamburguesa en vez de una sopa. Se veía tan bien, y mi estómago también se siente muy
bien, por lo que quise probar una. Espero que no esté mal.
—Es
maravilloso, mi amor —le contestó con los ojos picando de nuevo, pero esta vez
de la emoción. Después de todo lo que había pasado, algo tan pequeño como pedir
una hamburguesa al servicio de habitaciones, hacía que el joven fuera feliz. Se
sintió bendecido de que fuera su compañero—. Primero comamos y luego me ayudas
a ducharme.
—Oh,
me gusta ese plan —susurró mientras se acurrucaba contra él moviendo las cejas
sugestivamente. Henry echó un vistazo a ZiTao antes de presionar sus labios
en el oído de Hangeng para que su hermano no pudiera oírle—. Y descubrí el
cuarto de baño. Me di cuenta que no tendría que ir a la esquina como hacíamos
en la cueva. También descubrí el rollo de papel que hay en el soporte.
—Sí, se llama papel higiénico —le contestó cerrando los ojos, y se le
fue el buen humor. Se sentía como un idiota. ¿Cómo no le había explicado lo
básico del cuarto de baño?
—Hey,
no puedes pensar en todo —le dijo Henry, y le dio un beso suave. Frunció las
cejas y lo miró con confusión. ¿Cómo había sabido lo que estaba pensando?—.
Puedo sentir que estás molesto y gritándote a ti mismo.
—Debería
haber hablado contigo —le contestó intentando calmarse para que no notara sus
emociones negativas.
—No
puedes estar pendiente de todo, y yo me he sentido muy orgulloso de mí mismo
por haberlo descubierto —dijo mientras su rostro se sonrojaba. Le dio otro beso
antes de bajarlo al suelo cuando llamaron a la puerta. Una vez más, dio una
propina al chico que dejó la comida.
Comieron
rápidamente, ZiTao y Hangeng con hambre después de su misión de rescate,
mientras Henry parecía disfrutar de la comida. Gemía en voz alta mientras
masticaba después de cada bocado a la hamburguesa y las patatas fritas.
—Compórtate
bebé —gruñó Hangeng, y Henry lo miró con los ojos abiertos—. Come tan rápido
como puedas sin atragantarte.
—¿He
hecho algo mal? —preguntó mirando vacilante.
—No,
solo que los sonidos que haces me gustan demasiado—le contestó mientras movía una de sus manos a su entrepierna. Se quedó
sin aliento al sentir la mano de Hangeng, y renovó sus esfuerzos para comer en
tiempo record.
—Iré
a recibir el correo del banco de sangre y el SUV de Reggie —ZiTao se echó a
reír porque Hangeng levantó a Henry por encima de su hombro cuando dijo esto.
Le sonrió y fueron al cuarto de baño con Henry retorciéndose.
—¿Te
gusta que gima mientras estoy comiendo? —se rio cuando le dio la vuelta en la
ducha.
—Parece
que sí. —También rio mientras lo dejaba de pie y lo desnudaba rápidamente. Sus
manos le quitaron los pantalones a la vez que sus labios se encontraron. Un
momento después, los dos estaban completamente desnudos. Mientras entraban en
la ducha, sus labios jamás dejaron de acariciarse—. Te voy a hacer sentir muy
bien, bebé.
—Sí,
por favor. —Henry jadeó cuando Hangeng comenzó a acariciar su pene. Este
estaba impresionado de que alguien tan pequeño pudiera tener tanta carne entre
sus piernas—. Oh, joder Hangeng, estoy ardiendo.
—Te
tengo, cosa bonita. Solo déjate llevar y disfruta del viaje —le susurró al oído
antes de ponerse de rodillas—. Creo que es hora de que tengas tu primera mamada.
Miró
hacia abajo levantando una ceja, a modo de pregunta. En lugar de contestar,
Hangeng lamió la cabeza de su polla. Las rodillas de Henry se doblaron
mientras gritó, y Victor lo sujetó justo a tiempo. Lo apoyó contra la pared de
la ducha y lo tragó.
—Oh,
joder. Nunca he visto a nadie hacer eso —exclamó Henry. Hangeng pensó que se
lo explicaría cuando terminara de cuidar de él. Lo chupó y pasó su lengua por
la raja antes de llevarlo de nuevo hacia su garganta. Sabía a vino de tarta de
cerezas y era como el cielo. Gimió en voz alta mientras acariciaba su duro
saco. Henry gritó su nombre antes de disparar su semilla.
—Haciendo
esto das placer a tu pareja —le explicó mientras lo lamía para limpiarlo. Luego
se dejó caer contra la pared y lo acercó hacia él—. Por eso nunca lo has visto
hacer antes bebé. Yo solo estaba concentrado en hacer que te corrieras y los
demonios no saben nada sobre amar a nadie.
—Quiero
hacértelo a ti cuando pueda sentir mi cuerpo otra vez —jadeó con una sonrisa
tonta en la cara. Hangeng se rio y le dio un beso antes de alcanzar el jabón que
estaba sobre ellos. Lo lavó hasta que Henry estuvo en sus brazos como un
fideo mojado. Pero cuando pasó a lavar su bonito culo, parecía que su compañero
se había recuperado con bastante rapidez.
—¿Has
visto alguna vez a dos hombres tener relaciones sexuales? —le preguntó con
ganas de hacer algo nuevo, pero necesitando preguntar primero.
—No
estoy seguro de si lo que vi fue sexo —respondió Henry mordiéndose el labio
inferior—. Vi a Edward empujar su polla en el culo de otro
hombre, pero el hombre gritaba y lloraba para que Edward parara, le estaba
haciendo daño.
—Eso
fue porque Edward estaba violando al hombre — suspiró. Quería matarlo de nuevo
por el daño que había hecho a Henry a través de otros—. Me dijiste que
violaban a las mujeres, lo mismo les pasa a los hombres. Pero como los besos
que compartimos, cuando la gente lo quiere y no se hace con mala intención, es
increíble.
—Me
gustó el beso y lo de la ducha —dijo tras un momento—. Si dices que me gustará
el sexo, te creo.
—¿Confías en mí para intentar algo?
—Por
supuesto. Confío en ti con todo mi ser —susurró Henry besándolo. Lo acomodó a
horcajadas contra su regazo mientras le dejaba explorar su boca. Sus manos
enjabonadas acariciaron las mejillas de su culo. Abrió la boca y se estremeció
cuando su dedo índice se movió alrededor de su fruncido agujero—. Me gusta eso,
un montón.
—Te
arderá ligeramente la primera vez que tengas algo dentro de ti —le dijo
suavemente mientras seguía frotando sus dedos alrededor—. Solo tienes que
respirar profundamente y pasará, ¿de acuerdo?
—Bien
—contestó pareciendo un poco asustado. Hangeng le guiñó el ojo y lo besó,
dejando que tomase la iniciativa. Henry se quedó sin aliento mientras
empujaba un dedo dentro de su agujero abierto para él. Lo movió dentro y fuera
poco a poco, tratando de no asustarlo. Al cabo de unos momentos, cambió de ángulo
rozando su próstata. Rompió el beso y lo miró con ojos enormes—. Realmente me
gusta eso —jadeó mientras se sostenía de los hombros de Hangeng con fuerza—.
Quiero más.
—No
quiero hacerte daño, Henry —contestó en voz baja—. Tengo que extenderte antes
de poder añadir otro dedo.
—Me
gusta el ardor. Lo siento en mis pelotas —gimió mientras movía sus caderas
contra la mano de Hangeng. Creyendo lo que había dicho, añadió un segundo dedo—.
¡Oh, joder, dos es mejor que uno!
—Córrete para mí, pequeño compañero sexi —gruñó Hangeng posesivamente.
Amaba esa respuesta alegre, abierta, que estaba recibiendo. Henry asintió
antes de ponerse rígido y gritar su nombre hacia el techo. Su polla explotó, y
bajó la mano para acariciarse al ritmo de los dedos de Hangeng. A su amor le
gustaba eso, volverse salvaje en su regazo mientras llegaba al orgasmo.
—Muérdeme
—dijo el joven inclinando el cuello hacia un lado. Pero Hangeng no podía
reclamarlo. La sangre de demonio era como ácido, podía quemarlos, y no sabía lo
que pasaría si bebía de él, siendo parte demonio. En lugar de eso lo besó
cuando descendió de su clímax, deslizando los dedos de su culo cuando se recuperó.
Henry todavía estaba exhausto en su regazo, tratando de recobrar el aliento, cuando
Hangeng extendió la mano y agarró el champú. Rápidamente terminó de lavarlos a
los dos, levantándolo en brazos y cerrando el agua de la ducha cuando
terminaron. Salieron y cogieron toallas. Hangeng se dio cuenta que Henry estaba llorando en silencio contra él.
—Malachi, ¿qué está mal?
—¡No me quieres! —gritó tratando de alejarse de
él.
—¿De
qué hablas? —jadeó mientras lo abrazaba con firmeza pero suavemente. No quiso
dejar de luchar, así que lo dejó caer en la encimera, al lado del lavabo, y se
metió entre sus piernas mientras sostenía fuertemente sus hombros—. La prueba de lo mucho que te quiero está presionando contra tu estómago,
Henry.
—Pe…
pero… tú… tú… no me… mordis… te… te —sollozó Henry mientras miraba su dura
polla—. Así que me quieres para lo que Edward quería a esa gente, ¿pero no soy
lo suficiente para ser tu compañero?
—¡No!
—gruñó en voz alta, invadiendo su espacio hasta que sus narices se tocaron—. No
me compares con ese monstruo, Henry, nunca. Te quiero para siempre, y te he
dicho que he aceptado nuestro apareamiento. ¡Pero no puedo morderte!
—¿Por
qué no? —susurró mientras lo abrazaba. Hangeng notó lo asustado que estaba.
Había un montón de sentimientos que quería que su compañero sintiera en él,
pero el miedo no era uno de ellos. Hangeng respiró profundamente varias veces
antes de besarlo con pasión, metiendo la lengua en su boca. Henry gimió en
voz alta mientras se sometía a Hangeng y se envolvió en él. Lo besó durante
varios minutos antes de separarse para buscar
oxígeno.
—La
sangre de demonio nos quema como el ácido Henry—le dijo suavemente—. No sé lo que me haría beber de ella, teniendo en
cuenta que eres en parte demonio, y tienes algo de ellos en tu sangre, ¿de
acuerdo? Te quiero bebé. Creo que te he demostrado que no soy como Edward y me
dolió que pudieras pensar que somos iguales.
—No
quise decir que me hubieras violado, ni que no me gustase que lo hiciste
—respondió Henry con lágrimas en los ojos—. Eso no era lo que estaba tratando
de decir. Quería decir que podías joder a la gente y seguir adelante. Edward
era un adicto al sexo y nunca cuidó de nadie, excepto para follar, claro.
—Sin
embargo, incluso con esa descripción, ¿realmente crees que soy así?
—No,
no, no lo eres —dijo con firmeza negando con la cabeza—. No estaba pensando, lo
siento. Solo quería decir que no me querías nada más que para follar. A pesar
de todo no es justo, ya que a él nunca lo vi cuidar de una persona como tú has
cuidado de mí.
—Te
quiero para siempre Henry —susurró cuando sus ojos empezaron a picar de
nuevo—. No te quiero solo para el sexo ni para usarte. Quiero abrazarte cada
noche y despertarme contigo todos los días durante el resto de nuestras vidas.
Quiero cuidar de ti y mostrarte todo lo que tiene que ofrecerte el mundo. Creo
que te necesito tanto como tú me necesitas a mí, bebé.
—¿En
serio? —preguntó Henry, con sus cejas disparándose en su frente—. ¿Cómo
podrías necesitarme?
—Me
haces sentir cosas que jamás he sentido antes —le contestó honestamente—. Y
puedes preguntar a ZiTao, no soy una persona paciente. Probablemente, soy el
más impaciente, un hombre exigente. Pero contigo, soy paciente y quiero
ayudarte. No quiero ser exigente o arrogante contigo. Solo quiero amarte.
—Siento
haber dudado —dijo Henry abrazándolo con fuerza.
—Nos
conocemos solo desde hace dos días bebé. Tendremos malentendidos, incluso
después de estar acoplados durante décadas. Me alegro de haber hablado y
manejado esto para que no sigas pensando que no te quiero.
—¿Puedo complacerte ahora?
Hangeng gimió mientras sus pequeñas manos rodeaban su polla. En un flash lo tomó en
brazos y caminó hacia la cama dejándose caer de espaldas, rebotando en el
colchón mientras reían. Entonces se abrió a sus exploradoras manos, a su boca,
a su lengua. Hizo todo lo que Hangeng había hecho con él en la ducha. Hangeng se
dio cuenta que no solo le había abierto su cuerpo, sino que poco a poco Henry se estaba adueñando de su corazón.
CONTINUARÁ..

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