martes, 7 de mayo de 2019

LOS HERMANOS KIM 4: HANGENG




CAPÍTULO CUATRO



ZiTao y Hangeng decidieron irse un par de horas antes del amanecer para llegar a los acantilados justo después de que saliera el sol. El objetivo principal era atraparlos cuando estaban en su peor momento. En segundo lugar, si las cosas iban mal, no podrían seguirlos a la luz del sol.

Hangeng había arreglado que llamaran a Henry para despertarle y le mandaran el desayuno. Escuchó atentamente cuando le explicó cómo utilizar el dinero y firmar la nota. Henry no sabía cómo escribir, pero le enseñó a hacer garabatos, al menos algo que pudiera pasar por una firma. Aprendió con una rapidez increíble, lo que le dio esperanzas de que su adaptación a vivir fuera de la cueva no serí
difícil.


Durmieron unas pocas horas, envueltos uno alrededor del otro, después que ZiTao y Hangeng prepararan su plan de ataque. También se aseguró de que su compañero bebiera de él, ya que realmente necesitaba su fuerza. Tras eso se bebió varias bolsas de sangre para reponer fuerzas y estar preparado para la lucha. ZiTao también bebió un par de ellas y organizó con el coordinador del banco de sangre otra entrega para el día siguiente.
Había sido mucho más difícil dejar a su compañero de lo que pensó que sería. Ahora comprendía por qué los guerreros eran más lentos y aceptaban menos misiones tras encontrar a sus compañeros. Hangeng sentía que una de sus mitades estaba a dos horas en la habitación del hotel.
—Buena idea traer juguetes, ¿eh? —preguntó ZiTao cuando Hangeng ralentizó el coche de alquiler a pocos kilómetros de dónde estaba la cueva. Desde que ZiTao bajó del avión llevaba suministros con él, un baúl de armas y municiones ultravioletas.
—Es verdad —se rio cuando aparcó y salieron. El sol asomaba por el horizonte, por lo que llegaron en el momento perfecto. Habían tomado un ferry a la isla desde la costa e iban contra reloj, tenían todo el día—. Aunque también tenemos nuestros dones para patearles el culo a los demonios.

—Sí, pero hay demasiados y yo solo puedo congelar a unos pocos a la vez. —Se encogió de hombros mientras cargaban el equipo. El don de ZiTao era la capacidad de mantener, literalmente, a una persona como rehén. Podía congelar los movimientos de cualquiera a unos veinte metros de distancia. Pero tenía razón, solo podía hacerlo con cuatro o cinco a la vez—El fuego también funciona. Pero si hay más de diez allí, estaríamos en serios problemas sin las armas.
—Eso es cierto —contestó. Cerró el coche y fueron andando, haciendo el menor ruido posible. Aunque fuera era de día, podían alertar a los animales salvajes. Cubrieron el área rápidamente, asegurándose de tener granadas preparadas antes de escalar el muro.
El plan era lanzar granadas ultravioletas y todas las llamas que pudieran a los demonios. Si los rehenes eran humanos, no les haría más que leves quemaduras en la retina si las miraban. Si eran vampiros, tendrían una quemadura solar leve, pero eso era mucho mejor que la alternativa de quedarse allí.

Fueron capaces de escalar el acantilado en menos de media hora, por lo que el sol, estaba alto y brillante. Hangeng tomó la delantera y entró en la cueva, permaneciendo a la luz del sol. ZiTao se unió a él, quitaron las horquillas de las granadas y las arrojaron. Se volvieron hacia la entrada cuando estallaron y empezaron los gritos. Volviéndose de nuevo hacia la entrada, de nuevo permaneciendo en la luz, ZiTao se arrodilló y se puso en posición con su rifle.
Su hermano pequeño era un tirador impresionante, algo sobre lo que siempre bromeaba y se jactaba de ello. Tenía una semi-automática preparada con cartuchos extra listos. Hangeng era un hombre de beretta, y se sentía desnudo sin ella cuando estaba en el exterior.

La diversión comenzó cuando pudieron ver algunas figuras quemándose mientras otras trataban de escapar del fuego. De alguna manera, era como si hubiera antorchas en la profundidad de la cueva que les permitían ver lo que estaba pasando. ZiTao disparó, acertando en los objetivos. Vieron un pequeño grupo de figuras acurrucadas en el rincón más alejado, y dieron gracias a que los demonios estuvieran yendo hacia ellos.

Dos demonios decidieron que su mejor oportunidad era salir y se precipitaron hacia ellos. Era un plan estúpido, porque estaban parados a la luz del sol y llevaban armas que los detendrían incluso antes de llegar. Efectivamente, antes de acercarse incluso a tres metros, ya estaban en el suelo. Gritaron y comenzaron a arder desde dentro. Los vigilaron por la esquina de los ojos mientras se centraban en la mayoría que estaba en las cuevas.
—Tenemos suficiente luz con las llamas para ver —le dijo a ZiTao señalando que se movieran hacia adelante. Asintió con la cabeza cuando se puso de pie, manteniendo su rifle mirando a través de la mira. Normalmente no estarían tan preocupados, pero con rehenes, necesitaban estar seguros de disparar a los objetivos correctos.
Liquidaron a tres más que trataban de huir. No es que pudieran salir de la cueva, se quemarían con la luz del sol. Pero intentar sobrevivir podría obligarlos a hacer cosas raras.

ZiTao tomó posición al lado derecho mientras Hangeng lo hacía en el izquierdo y echaron un vistazo a la esquina.
—Habéis terminado con todos —gruñó un hombre. Hangeng miró hacia abajo y vio uno que estaba por delante de todos los supervivientes, parecía estar bien. Todos los demonios eran un montón de cenizas—. Soy el segundo al mando del aquelarre de Providence. Si me permiten usar un teléfono, puedo llamar y hacer que nos saquen de aquí. Ustedes han hecho más que suficiente, guerreros.
—Kim Hangeng —dijo mientras estrechaba la mano al hombre después de levantarlo—. Este es mi hermano, ZiTao.¿Son todos los rehenes como nosotros?

—No, hay también algunos humanos —respondió con un suspiro—. Soy Reggie Marks. Hay un chico en el aquelarre que tiene el don de borrar los recuerdos, así que podemos sedarlos, limpiar su memoria y dejarlos en algún sitio como si hubieran tenido amnesia.
—Nosotros no deberíamos hacer eso —dijo ZiTao dándole la mano—. Pero si usted piensa que es lo mejor, por nosotros está bien. Solo será necesario informar al Consejo para que sepan que no dejamos cabos sueltos.

—Por supuesto —sonrió cálidamente—. Gracias por salvarnos. Son verdaderamente un orgullo para su familia.
—Gracias, nuestros padres lo están —rio ZiTao como siempre, como un listillo—. Me pregunto, ¿vieron ustedes un medio demonio mientras estaban aquí? Lo recogimos cuando escapó y queríamos confirmarlo.

—Oh, debes estar hablando de Henry —dijo Reggie abriendo los ojos—. No le haréis daño, ¿verdad? Nació de esa manera. He oído hablar sobre su nacimiento, y porqué salió así.Es un niño dulce, no como esos monstruos sin alma, se lo aseguro.
—No, no vamos a hacerle daño —contestó Hangeng intercambiando una mirada con su hermano—. Pero cualquier información que nos pueda dar nos ayudaría. Lo encontré ayer, y nos ha ayudado a llegar hasta vosotros.

—Sabía que lo haría si conseguía ayuda. —Sonrió Reggie cuando se acercó hacia la entrada de la cueva para poder realizar la llamada—. Es tu pareja, ¿verdad?
—¿Cómo lo sabes? —preguntó tratando de ocultar sus reacciones.
—Parecías asustado cuando tu hermano preguntó — respondió Reggie tocándole el brazo—. Te diré todo lo que sé. Ha vivido un infierno, tanto, que no puedo ponerlo en palabras, y necesita gran cantidad de amor para recuperarse.

—Lo haré lo mejor que pueda —le susurró cuando sus ojos comenzaron a picar.

—Eso es todo lo que cualquiera de nosotros puede hacer, hijo —dijo con una sonrisa. Una parte de Hangeng quería preguntarle cuantos años tenía.
Reggie se veía fatal, lo cual era compresible, por donde estaba y lo que había pasado, así que realmente no podría adivinar su edad. Pero no se encontraba a menudo con vampiros mayores que él. Así que tuvo la sensación de que él era mayor. De cualquier manera, le hizo sonreír. Era agradable y trataba de ayudar, así que lo dejaría pensar que era mayor, si quería.
Terminó la llamada y comenzaron a hacer un plan. El aquelarre de Reggie llegaría con los suministros para trasladar a los supervivientes de la cueva y para borrarles la memoria.

Hangeng estaba preocupado por los seres humanos, dado que su mundo se había vuelto del revés. Pero parecía que no estaban heridos y se quedó tranquilo.
—Háblame de Henry mientras esperamos, por favor —le dijo a Reggie cuando ZiTao y él se sentaron con Hangeng al borde de la cueva.
—Escuché de un demonio que estaba al cargo, Edward, que la madre de Henry estaba embarazada cuando se  convirtió en demonio —explicó Reggie, y Hangeng asintió para que continuara—. Parece que perdió a su compañero y se  volvió loca. Pero después de que se convirtiera en demonio, no le hizo daño a nadie más, solo a un humano, que supongo que mató accidentalmente. Cuando tuvo a Henry, los demonios pensaron que era como su Mesías y que podía parir más demonios para ayudarlos en la guerra.
»—Se equivocaron. Aquella vez fue el destino, porque ella estaba embarazada de cinco meses de los seis de gestación de un vampiro. Edward intentó dejarla embarazada a la fuerza y después de meses de intentarlo sin éxito, la mató de rabia. Algunos de los demonios querían matar a Henry, porque al ser medio vampiro, lo veían como un monstruo y una amenaza. Edward ordenó que nadie lo matara, pero eso no los detuvo de torturarlo y mantenerlo como rehén.
—¿Por qué pasaría por todo eso? —preguntó ZiTao, y Hangeng se sintió agradecido. Él quería preguntar lo mismo, pero después de escuchar todo lo que su compañero había pasado, tenía problemas para encontrar su voz.
—Parecía que Edward quería que Henry pagara por los pecados de su madre. Además, cuando se enteraron de que era empático, hicieron sus juegos más retorcidos para divertirse mucho más. Pensaron que ya que no podían conseguir que alguien con alma fuera como ellos, lo tendrían de mascota. Fui testigo cuando intentaron hacerle beber de los seres humanos, y se negó. Parecía como si lo usaran para sacar su mierda.
—¿Ha oído hablar de alguien que sea medio demonio? — preguntó Hangeng, todavía recuperándose de todo.

—No, nunca he oído nada de eso —respondió Reggie moviendo la cabeza—. Sé que el sol puede hacerle daño, pero también se lo hace más a los vampiros que a los humanos. Pienso que le ha afectado ver morir a su madre en el pasado. Para mí es un vampiro que no tolera el sol, y que parcialmente huele como un demonio.
—Estoy de acuerdo —dijo ZiTao sorprendiendo a su hermano, que lo miró con los ojos bien abiertos—. No es malo, Hangeng, ni siquiera se acerca. Es dulce y cariñoso, y solo quiere tener una vida normal. No lo veo haciendo daño ni a una mosca, y mucho menos siendo demonio. Creo que es una enfermedad genética, algo del destino, un hombre que debe ser tratado  como alguien especial, y no que tenga parte de demonio.

—Gracias —susurró mientras se giraba para abrazar a su hermano—. Estoy de acuerdo, pero tu apoyo significa mucho para mí.
—Nuestra familia estará de acuerdo una vez que lo conozcan —dijo ZiTao en voz baja mientras le palmeaba la espalda—. Después del shock inicial por su olor, ni siquiera lo  he vuelto a notar. No es fuerte, y no puedo ver que nadie de la gente que amamos le reproche su nacimiento. ¿Puedes tú?
—No, no ahora que sabemos la historia completa —estuvo de acuerdo Hangeng.
No pasó mucho tiempo hasta que se presentó la caballería y los ayudaron a sacarlos a todos de la cueva. Intercambiaron sus números de teléfono con Reggie y le dijeron donde se alojaban. Este les dijo que si necesitaban algo antes de irse, se lo hicieran saber. Se dieron cuenta de que no podían volar en líneas regulares con Henry, y los aviones particulares estaban en Irlanda. Así que le preguntaron si podía prestarles una SUV para poder conducir de vuelta a Virginia.
—Será bueno para él poder ver algo del país de camino a casa —dijo Reggie con una sonrisa suave. Luego arregló que uno de sus chicos les dejara la camioneta y les dio una buena despedida.
Hangeng se sentía mucho mejor después de hablar con Reggie y ZiTao. Sobre todo ahora que sabía que los demonios que conocían a su compañero habían desaparecido.
—Te extrañé —exclamó Henry lanzándose contra Hangeng un par de horas más tarde cuando llegaron a la habitación del hotel—. ¿Estás bien? ¿Están todos muertos? ¿Rescatasteis a Reggie y a los demás?

—Estamos bien, y sí están todos muertos, y Reggie te manda saludos. —Se rio cuando la bola de energía se envolvió en él como un mono—. Quiero saber cómo estás, ¿has comido?
—Me siento mucho mejor, gracias. —Sonrió ampliamente—. De hecho, nunca me he sentido tan bien en mi vida. Me he comido todo mi desayuno y acabo de pedir el almuerzo para todos hace unos minutos, cuando me di cuenta que llegaríais pronto.

—¿Cómo lo hiciste si no sabes leer bebé? —le preguntó Hangeng tímidamente, sin querer hacerlo sentir mal, pero curioso.
—Registran todos los pedidos —respondió Henry con un guiño—. Les pedí lo mismo que en la cena, pero quería una hamburguesa en vez de una sopa. Se veía tan bien, y mi estómago también se siente muy bien, por lo que quise probar una. Espero que no esté mal.
—Es maravilloso, mi amor —le contestó con los ojos picando de nuevo, pero esta vez de la emoción. Después de todo lo que había pasado, algo tan pequeño como pedir una hamburguesa al servicio de habitaciones, hacía que el joven fuera feliz. Se sintió bendecido de que fuera su compañero—. Primero comamos y luego me ayudas a ducharme.
—Oh, me gusta ese plan —susurró mientras se acurrucaba contra él moviendo las cejas sugestivamente. Henry echó un vistazo a ZiTao antes de presionar sus labios en el oído de Hangeng para que su hermano no pudiera oírle—. Y descubrí el cuarto de baño. Me di cuenta que no tendría que ir a la esquina como hacíamos en la cueva. También descubrí el rollo de papel que hay en el soporte.

—Sí, se llama papel higiénico —le contestó cerrando los ojos, y se le fue el buen humor. Se sentía como un idiota. ¿Cómo no le había explicado lo básico del cuarto de baño?
—Hey, no puedes pensar en todo —le dijo Henry, y le dio un beso suave. Frunció las cejas y lo miró con confusión. ¿Cómo había sabido lo que estaba pensando?—. Puedo sentir que estás molesto y gritándote a ti mismo.

—Debería haber hablado contigo —le contestó intentando calmarse para que no notara sus emociones negativas.
—No puedes estar pendiente de todo, y yo me he sentido muy orgulloso de mí mismo por haberlo descubierto —dijo mientras su rostro se sonrojaba. Le dio otro beso antes de bajarlo al suelo cuando llamaron a la puerta. Una vez más, dio una propina al chico que dejó la comida.

Comieron rápidamente, ZiTao y Hangeng con hambre después de su misión de rescate, mientras Henry parecía disfrutar de la comida. Gemía en voz alta mientras masticaba después de cada bocado a la hamburguesa y las patatas fritas.
—Compórtate bebé —gruñó Hangeng, y Henry lo miró con los ojos abiertos—. Come tan rápido como puedas sin atragantarte.
—¿He hecho algo mal? —preguntó mirando vacilante.
—No, solo que los sonidos que haces me gustan demasiado—le contestó mientras movía una de sus manos a su entrepierna. Se quedó sin aliento al sentir la mano de Hangeng, y renovó sus esfuerzos para comer en tiempo record.
—Iré a recibir el correo del banco de sangre y el SUV de Reggie —ZiTao se echó a reír porque Hangeng levantó a Henry por encima de su hombro cuando dijo esto. Le sonrió y fueron al cuarto de baño con Henry retorciéndose.

—¿Te gusta que gima mientras estoy comiendo? —se rio cuando le dio la vuelta en la ducha.
—Parece que sí. —También rio mientras lo dejaba de pie y lo desnudaba rápidamente. Sus manos le quitaron los pantalones a la vez que sus labios se encontraron. Un momento después, los dos estaban completamente desnudos. Mientras entraban en la ducha, sus labios jamás dejaron de acariciarse—. Te voy a hacer sentir muy bien, bebé.
—Sí, por favor. —Henry jadeó cuando Hangeng comenzó a acariciar su pene. Este estaba impresionado de que alguien tan pequeño pudiera tener tanta carne entre sus piernas—. Oh, joder Hangeng, estoy ardiendo.

—Te tengo, cosa bonita. Solo déjate llevar y disfruta del viaje —le susurró al oído antes de ponerse de rodillas—. Creo que es hora de que tengas tu primera mamada.
Miró hacia abajo levantando una ceja, a modo de pregunta. En lugar de contestar, Hangeng lamió la cabeza de su polla. Las rodillas de Henry se doblaron mientras gritó, y Victor lo sujetó justo a tiempo. Lo apoyó contra la pared de la ducha y lo tragó.

—Oh, joder. Nunca he visto a nadie hacer eso —exclamó Henry. Hangeng pensó que se lo explicaría cuando terminara de cuidar de él. Lo chupó y pasó su lengua por la raja antes de llevarlo de nuevo hacia su garganta. Sabía a vino de tarta de cerezas y era como el cielo. Gimió en voz alta mientras acariciaba su duro saco. Henry gritó su nombre antes de disparar su semilla.

—Haciendo esto das placer a tu pareja —le explicó mientras lo lamía para limpiarlo. Luego se dejó caer contra la pared y lo acercó hacia él—. Por eso nunca lo has visto hacer antes bebé. Yo solo estaba concentrado en hacer que te corrieras y los demonios no saben nada sobre amar a nadie.
—Quiero hacértelo a ti cuando pueda sentir mi cuerpo otra vez —jadeó con una sonrisa tonta en la cara. Hangeng se rio y le dio un beso antes de alcanzar el jabón que estaba sobre ellos. Lo lavó hasta que Henry estuvo en sus brazos como un fideo mojado. Pero cuando pasó a lavar su bonito culo, parecía que su compañero se había recuperado con bastante rapidez.
—¿Has visto alguna vez a dos hombres tener relaciones sexuales? —le preguntó con ganas de hacer algo nuevo, pero necesitando preguntar primero.
—No estoy seguro de si lo que vi fue sexo —respondió Henry mordiéndose el labio inferior—. Vi a Edward empujar su polla en el culo de otro hombre, pero el hombre gritaba y lloraba para que Edward parara, le estaba haciendo daño.
—Eso fue porque Edward estaba violando al hombre — suspiró. Quería matarlo de nuevo por el daño que había hecho a Henry a través de otros—. Me dijiste que violaban a las mujeres, lo mismo les pasa a los hombres. Pero como los besos que compartimos, cuando la gente lo quiere y no se hace con mala intención, es increíble.
—Me gustó el beso y lo de la ducha —dijo tras un momento—. Si dices que me gustará el sexo, te creo.
—¿Confías en mí para intentar algo?

—Por supuesto. Confío en ti con todo mi ser —susurró Henry besándolo. Lo acomodó a horcajadas contra su regazo mientras le dejaba explorar su boca. Sus manos enjabonadas acariciaron las mejillas de su culo. Abrió la boca y se estremeció cuando su dedo índice se movió alrededor de su fruncido agujero—. Me gusta eso, un montón.
—Te arderá ligeramente la primera vez que tengas algo dentro de ti —le dijo suavemente mientras seguía frotando sus dedos alrededor—. Solo tienes que respirar profundamente y pasará, ¿de acuerdo?

—Bien —contestó pareciendo un poco asustado. Hangeng le guiñó el ojo y lo besó, dejando que tomase la iniciativa. Henry se quedó sin aliento mientras empujaba un dedo dentro de su agujero abierto para él. Lo movió dentro y fuera poco a poco, tratando de no asustarlo. Al cabo de unos momentos, cambió de ángulo rozando su próstata. Rompió el beso y lo miró con ojos enormes—. Realmente me gusta eso —jadeó mientras se sostenía de los hombros de Hangeng con fuerza—. Quiero más.

—No quiero hacerte daño, Henry —contestó en voz baja—. Tengo que extenderte antes de poder añadir otro dedo.
—Me gusta el ardor. Lo siento en mis pelotas —gimió mientras movía sus caderas contra la mano de Hangeng. Creyendo lo que había dicho, añadió un segundo dedo—. ¡Oh, joder, dos es mejor que uno!

—Córrete para mí, pequeño compañero sexi —gruñó Hangeng posesivamente. Amaba esa respuesta alegre, abierta, que estaba recibiendo. Henry asintió antes de ponerse rígido y gritar su nombre hacia el techo. Su polla explotó, y bajó la mano para acariciarse al ritmo de los dedos de Hangeng. A su amor le gustaba eso, volverse salvaje en su regazo mientras llegaba al orgasmo.
—Muérdeme —dijo el joven inclinando el cuello hacia un lado. Pero Hangeng no podía reclamarlo. La sangre de demonio era como ácido, podía quemarlos, y no sabía lo que pasaría si bebía de él, siendo parte demonio. En lugar de eso lo besó cuando descendió de su clímax, deslizando los dedos de su culo cuando se recuperó.
Henry todavía estaba exhausto en su regazo, tratando de recobrar el aliento, cuando Hangeng extendió la mano y agarró el champú. Rápidamente terminó de lavarlos a los dos, levantándolo en brazos y cerrando el agua de la ducha cuando terminaron. Salieron y cogieron toallas. Hangeng se dio cuenta que Henry estaba llorando en silencio contra él.
—Malachi, ¿qué está mal?
—¡No me quieres! —gritó tratando de alejarse de él.

—¿De qué hablas? —jadeó mientras lo abrazaba con firmeza pero suavemente. No quiso dejar de luchar, así que lo dejó caer en la encimera, al lado del lavabo, y se metió entre sus piernas mientras sostenía fuertemente sus hombros—. La prueba de lo mucho que te quiero está presionando contra tu estómago, Henry.
—Pe… pero… tú… tú… no me… mordis… te… te —sollozó Henry mientras miraba su dura polla—. Así que me quieres para lo que Edward quería a esa gente, ¿pero no soy lo suficiente para ser tu compañero?

—¡No! —gruñó en voz alta, invadiendo su espacio hasta que sus narices se tocaron—. No me compares con ese monstruo, Henry, nunca. Te quiero para siempre, y te he dicho que he aceptado nuestro apareamiento. ¡Pero no puedo morderte!

—¿Por qué no? —susurró mientras lo abrazaba. Hangeng notó lo asustado que estaba. Había un montón de sentimientos que quería que su compañero sintiera en él, pero el miedo no era uno de ellos. Hangeng respiró profundamente varias veces antes de besarlo con pasión, metiendo la lengua en su boca. Henry gimió en voz alta mientras se sometía a Hangeng y se envolvió en él. Lo besó durante varios minutos antes de separarse para buscar oxígeno.

—La sangre de demonio nos quema como el ácido Henry—le dijo suavemente—. No sé lo que me haría beber de ella, teniendo en cuenta que eres en parte demonio, y tienes algo de ellos en tu sangre, ¿de acuerdo? Te quiero bebé. Creo que te he demostrado que no soy como Edward y me dolió que pudieras pensar que somos iguales.
—No quise decir que me hubieras violado, ni que no me gustase que lo hiciste —respondió Henry con lágrimas en los ojos—. Eso no era lo que estaba tratando de decir. Quería decir que podías joder a la gente y seguir adelante. Edward era un adicto al sexo y nunca cuidó de nadie, excepto para follar, claro.

—Sin embargo, incluso con esa descripción, ¿realmente crees que soy así?
—No, no, no lo eres —dijo con firmeza negando con la cabeza—. No estaba pensando, lo siento. Solo quería decir que no me querías nada más que para follar. A pesar de todo no es justo, ya que a él nunca lo vi cuidar de una persona como tú has cuidado de mí.


—Te quiero para siempre Henry —susurró cuando sus ojos empezaron a picar de nuevo—. No te quiero solo para el sexo ni para usarte. Quiero abrazarte cada noche y despertarme contigo todos los días durante el resto de nuestras vidas. Quiero cuidar de ti y mostrarte todo lo que tiene que ofrecerte el mundo. Creo que te necesito tanto como tú me necesitas a mí, bebé.

—¿En serio? —preguntó Henry, con sus cejas disparándose en su frente—. ¿Cómo podrías necesitarme?
—Me haces sentir cosas que jamás he sentido antes —le contestó honestamente—. Y puedes preguntar a ZiTao, no soy una persona paciente. Probablemente, soy el más impaciente, un hombre exigente. Pero contigo, soy paciente y quiero ayudarte. No quiero ser exigente o arrogante contigo. Solo quiero amarte.
—Siento haber dudado —dijo Henry abrazándolo con fuerza.
—Nos conocemos solo desde hace dos días bebé. Tendremos malentendidos, incluso después de estar acoplados durante décadas. Me alegro de haber hablado y manejado esto para que no sigas pensando que no te quiero.
—¿Puedo complacerte ahora?

Hangeng gimió mientras sus pequeñas manos rodeaban su polla. En un flash lo tomó en brazos y caminó hacia la cama dejándose caer de espaldas, rebotando en el colchón mientras reían. Entonces se abrió a sus exploradoras manos, a su boca, a su lengua. Hizo todo lo que Hangeng había hecho con él en la ducha. Hangeng se dio cuenta que no solo le había abierto su cuerpo, sino que poco a poco Henry se estaba adueñando de su corazón.
CONTINUARÁ..

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