CAPÍTULO CINCO
Se
dirigieron a casa tan pronto como descendió el sol. Antes de que fuera seguro
sacar a Henry, Hangeng había ido con ZiTao a entregar el coche de alquiler, y
pasado todo a la camioneta que Reggie les había prestado. Si conducían toda la
noche y hacían solo unas pocas paradas, tardarían unas diez horas en llegar al
Complejo Kim. Tenían sangre más que suficiente para el viaje y habían tomado
algunos aperitivos y bebidas.
Hangeng condujo primero, mientras Henry, y ZiTao se echaban una siesta, por lo que le
dio tiempo a procesar todo lo que había sucedido. Llamaron a su madre para
decirle que estarían allí antes del amanecer. ZiTao llamó al Consejo mientras
Hangeng había estado ocupado con Henry, y les contó que la misión estaba
completada.
Solo
pensar en su compañero hacía que Hangeng sonriera como un loco. Era
completamente abierto y honesto, incluso en la forma en la que se enfrentaba a
sus miedos. La mayoría de las personas los ocultarían y dejarían que sus dudas
los carcomieran. Pero su compañero no, oh no, él lo soltaba directamente. Le
parecía una cualidad admirable, sobre todo porque él jamás la había tenido.
ZiTao
tenía razón cuando le había dicho que no era un tipo cálido, aunque con Henry deseaba serlo. Necesitaba ser todo lo que él hubiera querido o soñado. Ese era
un nuevo sentimiento para él. Por supuesto, había tenido relaciones antes, pero
nada serio. Era más probable que tuviera un colega para follar que un novio o una novia. Nunca le había preocupado el “equipo” que
tuviera su pareja, siempre y cuando, no exigiera mucho de la relación.
Todavía
estaba nervioso por llevar a su compañero a casa y por cómo sería aceptado por
todos. Quería decir, no todos los días un guerrero se emparejaba con una
persona que era parte demonio. Honestamente, no podía imaginar si había pasado
alguna vez. Pero la forma en la que ZiTao había reaccionado a la noticia de su
compañero, le dio esperanzas de que no sería tan malo.
Después
de unas tres horas, necesitaba estirarse y poner gasolina en el vehículo.
Despertó a sus compañeros de viaje cuando salió de la autopista. Henry miró
con asombro cuando lo vio por el espejo retrovisor.
—Voy a despejarme —dijo mientras salía del coche en la gasolinera. Pasó
la tarjeta de crédito por la máquina y echó gasolina. Fue de nuevo hacia el
coche y tomó la mano de su compañero.
—¿No quieres salir y despejarte? —le preguntó, mientras Henry lo
miraba como si le hubiera salido un tercer ojo—. Despejarte, es otra manera de
decir baño—. Le explicó al confundido hombre. Casi podía ver las ruedas de su
cabeza dando vueltas mientras buscaba el sentido a lo que había dicho.
—Baño es como retrete, ¿verdad?
—Sip,
lo tienes bebé —le contestó dándole un beso en la sien. Le había dejado trenzar
su cabello cuando salieron de la ducha y le gustaba como se balanceaba cuando
caminaba. Quizás le gustaría solo un arreglo en vez de cortarlo directamente.
También le gustaba la forma en la que esos cabellos de seda se sentían contra
su cuerpo desnudo, cuando estaban durmiendo o haciendo el amor.
Fueron
al servicio. ZiTao se escabulló para conseguir algunos granizados, y Hangeng comprendió lo que estaba haciendo su hermano. Se lo había pasado tan bien
enseñando cosas nuevas a Henry, que quería seguir viendo sus reacciones. Por
supuesto, a ZiTao no le encendía cuando su compañero gemía, ni tenía ganas de
hundir su polla en Henry, como él. O mejor que no lo hiciera.
—Salta
atrás bebé —le dijo abriendo la puerta para él. Henry sonrió y entró, Hangeng cerró la puerta antes de sacar la manguera y cerrar el depósito. Volvió a la
parte de atrás del vehículo, abrió la puerta y casi se tragó la lengua. Su
compañero estaba desnudo, enseñándole su culo, sus hombros descansando en el
asiento.
—Quiero
sentir tus dedos otra vez, Hangeng —le rogó mirándolo por encima del hombro.
—Joder,
yo, eh, sí… olvidé algunos dulces —dijo ZiTao al darse cuenta cuando abrió la
puerta del conductor. Rápidamente se fue tan ligero como había aparecido.
—Tápate
ahora mismo —le gruñó mientras lo obligaba a sentarse de nuevo. Agarró sus
pantalones y se los tiró mientras comenzaba a agitarse y llorar—. Mierda, lo
siento bebé.
—¿Por qué estás tan enfadado? —gimió intentando
tragar.
—Estamos
en público, y no quiero que nadie vea tu caliente cuerpo, salvo yo —le contestó
poniéndolo en su regazo—. Además, lo que compartimos es solo para nosotros,
¿de
acuerdo? ZiTao no debe verlo.
—Oh,
no sabía eso —susurró mientras enterraba la cara en su cuello—. A nadie le
importó nunca si yo los veía en la cueva. Parecía que les gustaba exhibirse.
—Hay
gente, no solo los demonios, a quienes les gusta que les vean —explicó tratando
de que lo entendiera fácilmente—. Además, estar desnudo en público, va en
contra de las leyes humanas. No podemos enseñar nuestros genitales al resto de
la gente, excepto en la intimidad. Lo mismo pasa con los pechos de las mujeres.
—¿Entonces
los hombres pueden mostrar sus pezones y
las mujeres no pueden? Me parece injusto.
—Bueno,
algunas personas se excitan con los senos de las mujeres tanto como con los
penes de los hombres, por lo que está prohibido enseñarlos en público.
—Pero
yo me excito viendo los pezones, pero eso se ve en público —replicó Henry echándose hacia atrás para poder mirarlo. Vio la confusión escrita en su rostro
y no tenía ni idea de cómo responder a eso.
—Honestamente,
estoy pillado bebé —se rio y le dio un rápido beso—. Veo tu lógica, pero esas
son las reglas. No estoy seguro de quien las puso, pero no está bien que la
gente esté desnuda en público. Y yo me pongo celoso si alguien ve tu delicioso
cuerpo sexi. Así que por eso gruñí y me enfadé, pero no debí haberlo hecho. Lo siento.
—Está
bien. —Henry se encogió de hombros—. Me alegro de que no estés enfadado
conmigo. No sabía que no estaba bien, yo solo te deseaba.
—Yo
también te deseo bebé —contestó moviendo sus caderas hasta que sintió su polla
dura—. Y la manera en la que tenías tu firme culo me puso caliente, pero no en
público o cuando haya personas, ¿de acuerdo? Me gusta mantener nuestros
momentos especiales e íntimos solo entre nosotros, para nosotros solos. ¿Tiene
eso sentido?
—Sí,
piensas que soy lo suficientemente especial para no querer compartirme con
nadie. —La sonrisa de Henry podría haber iluminado el túnel más oscuro—. Me
gusta eso. Puedes ser tan celoso y posesivo conmigo como quieras.
—Me
alegro —gruñó en broma lamiendo su cuello—. Eres todo mío, bebé, y a veces
puedo ser un hombre dominante. Pero nunca te lastimaría o golpearía, te lo
juro. Y con el tiempo, aprenderás a no tenerme miedo cuando gruña. Pero me
gusta estar al cargo y ser fuerte para ti, así que prepárate para que te tire
sobre mi hombro y te lleve a hacer perversiones.
—Tan
a menudo cómo quieras —gimió mientras frotaba el culo por encima de la ingle de
Hangeng.
Hangeng se mordió sus labios para no decirle lo que pensaba hacer con su apretado culo,
cuando su hermano entró en el coche.
—Aquí
tienes un granizado —dijo ZiTao mientras le entregaba uno a Henry, casi sin
mirarlo.
—Está
bien hermano —rio Hangeng mientras lo veía beber—. Le hablé sobre estar desnudo
en público y sobre no compartir nuestros momentos íntimos.
—Sí,
y no hacerlo en casa a menos que sea en las habitaciones privadas —se rio
ZiTao mientras arrancaba la camioneta y salían de la gasolinera—. A mamá le
daría un ataque si os pillara alguna vez.
—Oh
mierda. Esto es como el paraíso del azúcar —gimió Henry tomando otro sorbo de
granizado. Hangeng tendría que asegurarse de que su pareja no comiese ni bebiese
en público, porque cuando hacía esos ruidos, todo lo que quería era encontrar
la superficie más plana.
El
resto de la conducción pasó volando mientras se echaba una siesta y relevaba a
ZiTao. Agradeció que volviera a cambiarle el sitio un poco antes de llegar a
casa para que pudiera estar con Henry en la parte trasera, en caso de que
estuviera nervioso.
—Despierta
bebé. Estamos en casa —le susurró al oído, dejando besos a lo largo de su
cuello.
—Nunca
he tenido una casa antes —dijo mientras sus ojos se abrieron. Le sonrió
cálidamente antes de volver a mirar la mansión cuando se detuvieron justo delante
de las puertas—.¿Eso
es una casa?
—Es
una casa muy grande comparada con la mayoría, pero es nuestra casa.
—Me
voy a perder —gimió cuando volvió a sentarse sobre su regazo para ver mejor.
ZiTao aparcó delante de la casa en vez de en el garaje para descargar mejor las
cosas, y porque además esa no era su camioneta. Henry apretaba la mano de
Hangeng con tanta fuerza, que lo tenía sorprendido.
—No
hay nada que temer compañero. Estaré contigo todo el tiempo —le aseguró
mientras llegaron a la puerta principal y el mayordomo la abrió para darles la
bienvenida—. Gracias. ZiTao te dirá que cosa va a cada habitación, y también necesitamos devolver la camioneta.
Le aseguró que lo haría con una sonrisa y dijo que se alegraba que
hubieran llegado a casa. Hangeng se se dio cuenta de que su mayordomo abrió mucho
los ojos al olfatear el aire antes de ocultar su gesto. Esperaba que fuera la
forma en que todos manejaran su reacción ante el olor de Henry, ya que
obviamente, no era una amenaza y agarraba su
mano.
Hubo
gritos y gruñidos de “¡Demonio!” al entrar en la cocina. Henry envolvió ambas
manos alrededor del brazo de Hangeng y se pegó a su lado.
—Todo
está bien —dijo Hangeng con calma levantando la otra mano. Ren, Baekho, TOP,
Jongdae, MyungSoo y SungJong se agacharon listos para atacar, mientras ponían a
Ren, Jessica y a su madre tras ellos.
—. Este es Henry Lau, mi compañero.
—Es
un placer conocerte, Henry —sonrió Nari con dulzura mientras empujaba a
Jongdae y se acercaba a ellos. Lo abrazó y le dio un rápido beso en la mejilla
mientras el congelado joven se volvió y la miró—. Está bien, nadie va a hacerte daño, hijo. Creo que todo el
mundo se sorprendió por el olor. —Ella miró por encima del hombro y dijo en voz
alta—. Lo cual es una tontería, porque nos hemos levantado muy temprano para
daros la bienvenida.
—Correcto,
lo siento —dijo Jongdae tímidamente con sus mejillas enrojecidas. Se acercó
para estirar la mano a Henry.
—¿Qué
tengo que hacer? —preguntó Henry cuando miró primero la mano y luego su
cara—. ¿Tengo que darte algo?
—No,
tienes que agitarla —respondió Jongdae mirando a Hangeng juntando sus cejas.
Todas las caras en la cocina estaban confusas mientras Hangeng se apresuró a
explicar.
—Es
una forma de saludo entre la gente desconocida cuando se conocen —le dijo
mientras se acercaba y estrechaba la mano de su hermano—. Mi madre es más
cariñosa y se abrazó a ti, porque ahora eres de la familia, pero la mayoría de
la gente se saluda con las manos cuando conocen a alguien.
—¿Y
qué pasa si me equivoco y los beso? —preguntó Henry abriendo los ojos
mientras miraba la mano de Jongdae como si lo fuera a morder.
—Eres
inteligente, bebé. —Besó la parte superior de su cabeza cuando retiró las manos
de su brazo—. Haz lo que hice yo y estará bien.
—Muy
bien. —Se acercó lentamente y estrechó la mano de Jongdae—. Hola, soy Henry,
y no soy un verdadero demonio, te lo juro. Tengo alma y todo.
—Ya
me fijé en tus ojos —dijo Jongdae en voz baja, como si estuviera de acuerdo con
él y lo sonrió—. Nuestra madre tenía razón, el olor nos hizo saltar,
normalmente nos comportamos mejor, pero no estamos acostumbrados a madrugar
tanto.
—Lo
siento, tuvimos que viajar de noche porque el sol quema mi piel. —Se sacudieron
las manos, y Hangeng echó un vistazo a la cocina. Baekho y MyungSoo hicieron un
gesto, y se preguntó porque estaban tan distantes.
Él
le había dado la bienvenida a la familia a sus compañeros con los brazos
abiertos. Jongdae, su madre y ZiTao, habían hecho todo lo posible para que su
compañero se sintiera bienvenido.
—Yo…
yo lo siento. Pensé que podía hacer esto, pero no puedo —susurró Jessica mientras las lágrimas salían de sus ojos cuando se alejó de Ren. Miró a la
puerta de la cocina hacia donde ambos estaban parados, pero optó por salir por
la otra puerta que daba al comedor.
—¿Qué
hice mal? Dije hola —preguntó Henry mirando a su compañero con temor y
lágrimas en los ojos.
—Tu
raza le ha hecho mucho daño a mi familia —espetó Ren echándose hacia atrás.
—Ren —jadearon Hangeng y su madre a la vez. De todas las personas de quienes esperaba
represalias, Ren nunca hubiera sido una de ellos, ya que era de los más
amables. Aceptaba a la mayoría de las personas—. Pero necesitamos tu ayuda Ren. Necesito saber si puedo reclamarle por su sangre de demonio.
—¿Crees
que alguna vez ayudaría a esa cosa? —gritó Ren señalando a su pareja.
Instintivamente, Hangeng empujó a Henry tras él—. Volvimos corriendo a casa
desde Irlanda, donde CAP nos necesitaba, porque tú tenías problemas. Pensé
que volvíamos para deshacer el apareamiento o para ayudarte a deshacerte de eso.
—No
hagas esto Ren —dijo ZiTao mientras se movía al lado de Hangeng. Ni siquiera
habían notado que había entrado en la cocina—. Dale una oportunidad a Henry,
hermano. No es un demonio. He pasado suficiente tiempo con él para saber que es
un vampiro con algunas anomalías genéticas. Tenemos la confirmación de uno de
los líderes del aquelarre de Providence, al que Henry nos ayudó a rescatar.
Entiendes la genética. Piensa como un médico.
—Sus
ojos no son de color ojo, Ren —continuó Jongdae con suavidad moviéndose a un
lado para que Ren se fijara—. Y nunca he visto a un demonio llorar, ¿alguno
de vosotros lo ha hecho?
—No
—dijeron Baekho y MyungSoo, y Hangeng se dio cuenta que SungJong estaba temblando en los
brazos de MyungSoo.
Bueno,
mierda, dos de los compañeros de sus hermanos se estaban volviendo locos por su
compañero.
—Henry no puede hacer nada con su nacimiento, más que ninguno de
nosotros. —Miró a Ren, rogándole con los ojos para que le diera una
oportunidad a su compañero.
—Hola Henry, soy Jiyong el compañero de
TOP—dijo Jiyong dando un paso hacia adelante para
acercarse a ellos.
—¡Jiyong no! —exclamó SungJong agarrando su brazo—. No… no sabes lo que los demonios pueden
hacer. Esta es la primera vez que los ves, no se puede confiar en él.
—¿Tú
también SungJong? —susurró Hangeng sintiendo romperse su corazón cuando echó un
vistazo a Baekho y MyungSoo. Ellos tenían sus rostros en blanco, y no podía leer
sus caras—. ¿Por qué?
—No
sabes lo que me hicieron a mí, Hangeng —susurró mientras miraba de MyungSoo a
Hangeng.
—Sí,
lo sé hermano —gruñó cuando sus emociones pasaron del dolor a la ira—. Yo
estaba allí cuando te rescatamos. He estado alrededor de más demonios que todos
vosotros juntos. He matado más demonios que tres guerreros de esta casa juntos.
Sé lo que es un demonio, y Henry no es uno de ellos.
—Sé
lo que me dice su olor —se mofó Ren estrechando sus ojos—. Olvidas que
también he estado alrededor de ellos.
—¡Eso
es una mierda! He estado ahí para cada uno de vosotros cuando me habéis
necesitado, sin hacer preguntas. Cuando Thunder dañó a SungJong, ¿quién buscó la
retribución? Ayudé a Baekho a construir el maldito hospital, Ren. He amado a
todos los compañeros de mis hermanos. Y ahora que necesito vuestro apoyo y
confianza, ¿no me los dais? Qué os jodan, nos vamos de aquí.
Tiró
de Henry a sus brazos cuando la cocina estalló en un caos. ZiTao y Jongdae estaban impidiéndoles salir y pidiendo tiempo para hablar con todos. Ren y SungJong parecían ser los únicos que pedían que Henry se fuera, mientras MyungSoo y Baekho parecían indecisos. Si Hangeng no hubiera estado tan molesto, casi
se podría haber sentido mal por ellos. O estaban del lado de su hermano, o de
sus parejas. TOP y Jiyong estaban discutiendo con Ren y exigiendo que
cambiara de actitud.
—¡Suficiente!
—gritó su madre con toda la fuerza de sus pulmones. En todos mis años de vida,
jamás había oído eso. Todos se quedaron en silencio al instante, sin duda todos
por la misma razón, sorprendidos.
—Tienen
razón —sollozó Henry mientras palmeaba el pecho de Hangeng para llamar su
atención. Lo miró con atención sin saber a qué se refería cuando decía que era
correcto—. Son tu familia, y esta es su casa. Tienen derecho a sentirse
seguros. Tengo que irme Hangeng. No entiendo lo que está pasando o por qué me
odian, pero no puedo estar en medio de esto.
—Bebé,
eres mi compañero —le susurró cuando sus ojos comenzaron a picar—. Eres mi
casa. Donde tú vayas, iré yo. Si no nos quieren aquí, encontraremos otro sitio
dónde vivir.
—Nadie
va a ninguna parte —dijo su madre con firmeza aplastando la mano contra el
mostrador rompiendo la formica. Se volvió hacia SungJong con ira en sus ojos—. Os
amo tanto como si fuerais nuestros hijos.
Hangeng también es mi hijo, y su compañero será tratado con el mismo respeto en
esta casa que el que os hemos mostrado. Sé que te han herido los demonios, y
creo que todos podemos entender tu reacción.
—Con excepción de Henry —susurró ZiTao mirando desde su madre al
joven—. No tiene ni idea de lo que está pasando aquí.
—Lo
sé. Ahora llegaremos a eso —contestó su madre antes de girarse hacia Ren y
SungJong. Señaló a Henry que estaba temblando en los brazos de Hangeng contra su
pecho—. Solo ha estado aquí diez minutos y ya puedo ver que no es un demonio. Ha puesto
a Hangeng y las necesidades de esta familia por delante de las suyas. Está
llorando porque estáis siendo crueles con él. Tiene miedo y está confundido,
los demonios no hacen eso.
¡Sacad
las cabezas de vuestros culos y actuad como adultos!
—Es
tu casa Nari. Como desees —dijo Ren formalmente antes de hacer una
reverencia y salir por la puerta del comedor sin mirar atrás.
Básicamente
se trató de una forma educada de levantarle el dedo después de que ella dijera
que Henry también era su hijo. ¿Qué cojones? Hangeng jamás había visto ese
lado de Ren.
—Todavía
tiene pesadillas —susurró Baekho cuando lo miró pidiendo que le entendiera—.
Jessica y Ren tienen pesadillas por lo qué sucedió hace tantos años. No… no
sabía que iban a reaccionar así, pero estoy preocupado por él. No me importa
que Henry sea parte demonio o lo que sea, siempre y cuando a ti te haga feliz
Hangeng. Hablaré con Ren.
—Eso
es todo lo que te pido —suspiró y asintió mientras sostenía a Henry más
cerca—. Nunca había visto ese lado de él, y no quería intranquilizarlo, Baekho.
Adoro a tu pareja como un hermano. Siempre he estado a su lado. Yo… solo pensé
que estaría del mío cuando llegara el momento.
—No
creo que tenga nada que ver contigo, o incluso con Henry —dijo Baekho mientras
se pasaba las manos por su cara—. Ren y Jessica perdieron todo por los
demonios en una mañana, sin ningún tipo de advertencia. Vosotros no sabéis los
detalles, yo sí. Y la realidad es peor de lo que podáis imaginar.
—Henry no es uno de ellos —susurró Hangeng mientras dejaba caer sus lágrimas—. Es
dulce, inocente y amoroso, y se parece mucho a Jiyong, aunque también es
diferente. Está lleno de energía, Baekho, y con ganas
de aprender y ver el mundo fuera de la cueva.
—¿Qué cueva? —preguntó Baekho mientras los
miraba.
—No
es mi historia para contarla —dijo su madre encogiéndose de hombros. Hangeng le
lanzó una cuestionadora mirada. A ella le habían contado todo lo que sabían del
nacimiento y cautiverio de Henry—. Desayunemos civilizadamente y hablemos.
—¿Te
quieres quedar bebé? —le preguntó Hangeng a Henry girándolo para mirarlo a los
ojos—. Por favor, quédate y déjame contarle a mi familia todo para que lo
entiendan. Y ellos pueden contarte todo para que no estés confundido y creas
que es algo personal.
—No
puedo irme si no quieres Hangeng. Eres enorme y mucho más fuerte que yo.
—Nunca
te obligaría a hacer ninguna cosa que no quieras, Henry —le dijo suavemente
mientras tomaba su cara con las manos. Se inclinó para besar cada uno de sus
ojos antes de besarle suavemente los labios—. Te estoy pidiendo que te quedes.
Te estoy pidiendo que me ayudes a explicárselo todo para que ellos te conozcan
y nos acepten como compañeros. No puedo perderte, bebé.
—Confío en ti, compañero —susurró al momento asintiendo. Se levantó de
puntillas tirando de la cabeza de Hangeng hacia abajo para darle un beso apasionado. Henry movió sus labios al oído
para que solo Hangeng pudiera oírlo—. Pero después te exigiré un montón de
abrazos y amor. Todavía no he conseguido tus dedos dentro de mí como quería en
la gasolinera. Me siento frágil, asustado, y como si fuera a perderte.
—Sí,
nos amaremos el resto del día —dijo Hangeng en voz baja—. No podrías deshacerte
de mí ni aunque lo intentases. Soy un adicto a ti, Henry.
—Está
bien —respondió echándose hacia atrás en sus brazos, mirando sus ojos un
momento—. Entonces le explicaremos a tu familia que no soy un demonio sádico
sin alma, y que los odio tanto como ellos.
—¿Los
odias? —preguntó Jiyong mientras ayudaba a llevar la comida a la mesa. La
mayoría del personal no se había levantado todavía, por lo que tomarían el
desayuno y algunas bebidas. Pero eso funcionó, porque cuantas menos personas
escucharan la historia de Henry en esos momentos, mejor.
Se
sentaron y Henry contestó a Jiyong, explicándoselo todo. ZiTao y Hangeng interrumpían con lo que habían aprendido de Reggie y explicaron que el hombre
había estado preocupado por si le hacían daño, antes de enterarse de que eran
compañeros. Cuando terminaron, había pasado una media hora, y Hangeng podía ver
que SungJong pensaba tan fuerte, que casi podía oler el humo saliendo de sus
orejas.
—Lo
siento Henry —susurró SungJong tras unos minutos, mirándolo—. Los demonios me
secuestraron hace unos meses y me mantuvieron prisionero. Sé exactamente lo que
son capaces de hacer, y creo que es encomiable que hayas sobrevivido a todo eso
con la cordura intacta. Espero que puedas perdonarme por la forma en que
reaccioné. Tenía miedo, estaba a punto de mearme de miedo cuando olí a demonio.
—No
puedes controlar como te sientes. —Henry se encogió de hombros—. ¿Podemos
olvidarlo? Quiero decir,¿todavía quieres que me vaya?
—No,
eres parte de esta familia —respondió SungJong con una suave sonrisa y se inclinó
sobre la mesa para tomar su mano.
Henry miró sus manos unidas, confundido durante un momento.
—Me
está consolando, ¿verdad? Me siento mejor desde que me ha tocado. —Henry miraba a Hangeng y luego a sus manos.
—Sí,
bebé —le respondió Hangeng con una sonrisa por lo rápido que su compañero
entendía las cosas—. SungJong te está mostrando su aceptación y que ya no tiene
miedo de tocarte.
—Genial.
Yo no tengo miedo de tocarte tampoco SungJong. — Le sonrió ampliamente mientras
Hangeng apoyaba una mano en su muslo—. Pido disculpas si no se decir o hacer las
cosas de manera correcta, pero me comprometo a
intentarlo.
—Eso es todo lo que tienes que hacer, Henry —dijo Baekho poniéndose de
pie y mirándolo—. Solucionaremos este problema, hermano. Contaré todo esto a Ren y Jessica. Por favor, solo dale la oportunidad de disculparse y aceptarte.
No te vayas Hangeng. Me romperías el corazón, y no estoy seguro de si esta
familia sería capaz de recuperarse.
—Siempre
que me puedas prometer que no será una amenaza contra mi compañero —le contestó
Hangeng tras un momento de reflexión. Baekho le dio un guiño antes de darse la
vuelta e ir hacia la puerta—. Te amo, Baekho. Nunca tuve intención de ponerte en
esta posición ni de hacerle daño a tu compañero.
—También
te amo Hangeng —dijo con una sonrisa suave y las lágrimas formándose en sus
ojos—. No deberías tener que enfrentarte a esto por haber encontrado a tu
compañero.
Se
fue antes de que nadie pudiera decir nada, y Hangeng sintió la necesidad de
confortar a Henry. Lo levantó de la silla y
lo sentó en su regazo
envolviendo sus brazos
alrededor. Se acurrucó contra su pecho mientras pasaba las manos por sus brazos,
reconfortándolo como lo había visto hacerlo a él. Esta no era la cálida acogida que siempre había
esperado para el día que llevara a su compañero a casa, pero Henry merecía la
pena. Solo rezaba para que supiera que no estaba de acuerdo con Ren.
No hay comentarios:
Publicar un comentario