martes, 7 de mayo de 2019

LOS HERMANOS KIM 4: HANGENG


CAPÍTULO CINCO


Se dirigieron a casa tan pronto como descendió el sol. Antes de que fuera seguro sacar a Henry, Hangeng había ido con ZiTao a entregar el coche de alquiler, y pasado todo a la camioneta que Reggie les había prestado. Si conducían toda la noche y hacían solo unas pocas paradas, tardarían unas diez horas en llegar al Complejo Kim. Tenían sangre más que suficiente para el viaje y habían tomado algunos aperitivos y bebidas.
Hangeng condujo primero, mientras Henry, y ZiTao se echaban una siesta, por lo que le dio tiempo a procesar todo lo que había sucedido. Llamaron a su madre para decirle que estarían allí antes del amanecer. ZiTao llamó al Consejo mientras Hangeng había estado ocupado con Henry, y les contó que la misión estaba completada.
Solo pensar en su compañero hacía que Hangeng sonriera como un loco. Era completamente abierto y honesto, incluso en la forma en la que se enfrentaba a sus miedos. La mayoría de las personas los ocultarían y dejarían que sus dudas los carcomieran. Pero su compañero no, oh no, él lo soltaba directamente. Le parecía una cualidad admirable, sobre todo porque él jamás la había tenido.

ZiTao tenía razón cuando le había dicho que no era un tipo cálido, aunque con Henry deseaba serlo. Necesitaba ser todo lo que él hubiera querido o soñado. Ese era un nuevo sentimiento para él. Por supuesto, había tenido relaciones antes, pero nada serio. Era más probable que tuviera un colega para follar que un novio o una novia. Nunca le había preocupado el “equipo” que tuviera su pareja, siempre y cuando, no exigiera mucho de la relación.
Todavía estaba nervioso por llevar a su compañero a casa y por cómo sería aceptado por todos. Quería decir, no todos los días un guerrero se emparejaba con una persona que era parte demonio. Honestamente, no podía imaginar si había pasado alguna vez. Pero la forma en la que ZiTao había reaccionado a la noticia de su compañero, le dio esperanzas de que no sería tan malo.
Después de unas tres horas, necesitaba estirarse y poner gasolina en el vehículo. Despertó a sus compañeros de viaje cuando salió de la autopista. Henry miró con asombro cuando lo vio por el espejo retrovisor.

—Voy a despejarme —dijo mientras salía del coche en la gasolinera. Pasó la tarjeta de crédito por la máquina y echó gasolina. Fue de nuevo hacia el coche y tomó la mano de su compañero.

—¿No quieres salir y despejarte? —le preguntó, mientras Henry lo miraba como si le hubiera salido un tercer ojo—. Despejarte, es otra manera de decir baño—. Le explicó al confundido hombre. Casi podía ver las ruedas de su cabeza dando vueltas mientras buscaba el sentido a lo que había dicho.

—Baño es como retrete, ¿verdad?

—Sip, lo tienes bebé —le contestó dándole un beso en la sien. Le había dejado trenzar su cabello cuando salieron de la ducha y le gustaba como se balanceaba cuando caminaba. Quizás le gustaría solo un arreglo en vez de cortarlo directamente. También le gustaba la forma en la que esos cabellos de seda se sentían contra su cuerpo desnudo, cuando estaban durmiendo o haciendo el amor.

Fueron al servicio. ZiTao se escabulló para conseguir algunos granizados, y Hangeng comprendió lo que estaba haciendo su hermano. Se lo había pasado tan bien enseñando cosas nuevas a Henry, que quería seguir viendo sus reacciones. Por supuesto, a ZiTao no le encendía cuando su compañero gemía, ni tenía ganas de hundir su polla en Henry, como él. O mejor que no lo hiciera.
—Salta atrás bebé —le dijo abriendo la puerta para él. Henry sonrió y entró, Hangeng cerró la puerta antes de sacar la manguera y cerrar el depósito. Volvió a la parte de atrás del vehículo, abrió la puerta y casi se tragó la lengua. Su compañero estaba desnudo, enseñándole su culo, sus hombros descansando en el asiento.
—Quiero sentir tus dedos otra vez, Hangeng —le rogó mirándolo por encima del hombro.
—Joder, yo, eh, sí… olvidé algunos dulces —dijo ZiTao al darse cuenta cuando abrió la puerta del conductor. Rápidamente se fue tan ligero como había aparecido.
—Tápate ahora mismo —le gruñó mientras lo obligaba a sentarse de nuevo. Agarró sus pantalones y se los tiró mientras comenzaba a agitarse y llorar—. Mierda, lo siento bebé.
—¿Por qué estás tan enfadado? —gimió intentando tragar.

—Estamos en público, y no quiero que nadie vea tu caliente cuerpo, salvo yo —le contestó poniéndolo en su regazo—. Además, lo que compartimos es solo para nosotros,
¿de acuerdo? ZiTao no debe verlo.

—Oh, no sabía eso —susurró mientras enterraba la cara en su cuello—. A nadie le importó nunca si yo los veía en la cueva. Parecía que les gustaba exhibirse.

—Hay gente, no solo los demonios, a quienes les gusta que les vean —explicó tratando de que lo entendiera fácilmente—. Además, estar desnudo en público, va en contra de las leyes humanas. No podemos enseñar nuestros genitales al resto de la gente, excepto en la intimidad. Lo mismo pasa con los pechos de las mujeres.
—¿Entonces los hombres pueden mostrar sus pezones y  las mujeres no pueden? Me parece injusto.

—Bueno, algunas personas se excitan con los senos de las mujeres tanto como con los penes de los hombres, por lo que está prohibido enseñarlos en público.
—Pero yo me excito viendo los pezones, pero eso se ve en público —replicó Henry echándose hacia atrás para poder mirarlo. Vio la confusión escrita en su rostro y no tenía ni idea de cómo responder a eso.

—Honestamente, estoy pillado bebé —se rio y le dio un rápido beso—. Veo tu lógica, pero esas son las reglas. No estoy seguro de quien las puso, pero no está bien que la gente esté desnuda en público. Y yo me pongo celoso si alguien ve tu delicioso cuerpo sexi. Así que por eso gruñí y me enfadé, pero no debí haberlo hecho. Lo siento.
—Está bien. —Henry se encogió de hombros—. Me alegro de que no estés enfadado conmigo. No sabía que no estaba bien, yo solo te deseaba.
—Yo también te deseo bebé —contestó moviendo sus caderas hasta que sintió su polla dura—. Y la manera en la que tenías tu firme culo me puso caliente, pero no en público o cuando haya personas, ¿de acuerdo? Me gusta mantener nuestros momentos especiales e íntimos solo entre nosotros, para nosotros solos. ¿Tiene eso sentido?

—Sí, piensas que soy lo suficientemente especial para no querer compartirme con nadie. —La sonrisa de Henry podría haber iluminado el túnel más oscuro—. Me gusta eso. Puedes ser tan celoso y posesivo conmigo como quieras.
—Me alegro —gruñó en broma lamiendo su cuello—. Eres todo mío, bebé, y a veces puedo ser un hombre dominante. Pero nunca te lastimaría o golpearía, te lo juro. Y con el tiempo, aprenderás a no tenerme miedo cuando gruña. Pero me gusta estar al cargo y ser fuerte para ti, así que prepárate para que te tire sobre mi hombro y te lleve a hacer perversiones.
—Tan a menudo cómo quieras —gimió mientras frotaba el culo por encima de la ingle de Hangeng.
Hangeng se mordió sus labios para no decirle lo que pensaba hacer con su apretado culo, cuando su hermano entró en el coche.
—Aquí tienes un granizado —dijo ZiTao mientras le entregaba uno a Henry, casi sin mirarlo.

—Está bien hermano —rio Hangeng mientras lo veía beber—. Le hablé sobre estar desnudo en público y sobre no compartir nuestros momentos íntimos.

—Sí, y no hacerlo en casa a menos que sea en las habitaciones privadas —se rio ZiTao mientras arrancaba la camioneta y salían de la gasolinera—. A mamá le daría un ataque si os pillara alguna vez.
—Oh mierda. Esto es como el paraíso del azúcar —gimió Henry tomando otro sorbo de granizado. Hangeng tendría que asegurarse de que su pareja no comiese ni bebiese en público, porque cuando hacía esos ruidos, todo lo que quería era encontrar la superficie más plana.

El resto de la conducción pasó volando mientras se echaba una siesta y relevaba a ZiTao. Agradeció que volviera a cambiarle el sitio un poco antes de llegar a casa para que pudiera estar con Henry en la parte trasera, en caso de que estuviera nervioso.
—Despierta bebé. Estamos en casa —le susurró al oído, dejando besos a lo largo de su cuello.
—Nunca he tenido una casa antes —dijo mientras sus ojos se abrieron. Le sonrió cálidamente antes de volver a mirar la mansión cuando se detuvieron justo delante de las puertas—.¿Eso es una casa?

—Es una casa muy grande comparada con la mayoría, pero es nuestra casa.
—Me voy a perder —gimió cuando volvió a sentarse sobre su regazo para ver mejor.
ZiTao aparcó delante de la casa en vez de en el garaje para descargar mejor las cosas, y porque además esa no era su camioneta. Henry apretaba la mano de Hangeng con tanta fuerza, que lo tenía sorprendido.
—No hay nada que temer compañero. Estaré contigo todo el tiempo —le aseguró mientras llegaron a la puerta principal y el mayordomo la abrió para darles la bienvenida—. Gracias. ZiTao te dirá que cosa va a cada habitación, y también necesitamos devolver la camioneta.
Le aseguró que lo haría con una sonrisa y dijo que se alegraba que hubieran llegado a casa. Hangeng se se dio cuenta de que su mayordomo abrió mucho los ojos al olfatear el aire antes de ocultar su gesto. Esperaba que fuera la forma en que todos manejaran su reacción ante el olor de Henry, ya que obviamente, no era una amenaza y agarraba su mano.

Hubo gritos y gruñidos de “¡Demonio!” al entrar en la cocina. Henry envolvió ambas manos alrededor del brazo de Hangeng y se pegó a su lado.
—Todo está bien —dijo Hangeng con calma levantando la otra mano. Ren, Baekho, TOP, Jongdae, MyungSoo y SungJong se agacharon listos para atacar, mientras ponían a Ren, Jessica y a su madre tras ellos.
—. Este es Henry Lau, mi compañero.

—Es un placer conocerte, Henry —sonrió Nari con dulzura mientras empujaba a Jongdae y se acercaba a ellos. Lo abrazó y le dio un rápido beso en la mejilla mientras el congelado joven se volvió y la miró—. Está bien, nadie va a hacerte daño, hijo. Creo que todo el mundo se sorprendió por el olor. —Ella miró por encima del hombro y dijo en voz alta—. Lo cual es una tontería, porque nos hemos levantado muy temprano para daros la bienvenida.
—Correcto, lo siento —dijo Jongdae tímidamente con sus mejillas enrojecidas. Se acercó para estirar la mano a Henry.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó Henry cuando miró primero la mano y luego su cara—. ¿Tengo que darte algo?

—No, tienes que agitarla —respondió Jongdae mirando a Hangeng juntando sus cejas. Todas las caras en la cocina estaban confusas mientras Hangeng se apresuró a explicar.

—Es una forma de saludo entre la gente desconocida cuando se conocen —le dijo mientras se acercaba y estrechaba la mano de su hermano—. Mi madre es más cariñosa y se abrazó a ti, porque ahora eres de la familia, pero la mayoría de la gente se saluda con las manos cuando conocen a alguien.

—¿Y qué pasa si me equivoco y los beso? —preguntó Henry abriendo los ojos mientras miraba la mano de Jongdae como si lo fuera a morder.
—Eres inteligente, bebé. —Besó la parte superior de su cabeza cuando retiró las manos de su brazo—. Haz lo que hice yo y estará bien.
—Muy bien. —Se acercó lentamente y estrechó la mano de Jongdae—. Hola, soy Henry, y no soy un verdadero demonio, te lo juro. Tengo alma y todo.
—Ya me fijé en tus ojos —dijo Jongdae en voz baja, como si estuviera de acuerdo con él y lo sonrió—. Nuestra madre tenía razón, el olor nos hizo saltar, normalmente nos comportamos mejor, pero no estamos acostumbrados a madrugar tanto.

—Lo siento, tuvimos que viajar de noche porque el sol quema mi piel. —Se sacudieron las manos, y Hangeng echó un vistazo a la cocina. Baekho y MyungSoo hicieron un gesto, y se preguntó porque estaban tan distantes.
Él le había dado la bienvenida a la familia a sus compañeros con los brazos abiertos. Jongdae, su madre y ZiTao, habían hecho todo lo posible para que su compañero se sintiera bienvenido.

—Yo… yo lo siento. Pensé que podía hacer esto, pero no puedo —susurró Jessica mientras las lágrimas salían de sus ojos cuando se alejó de Ren. Miró a la puerta de la cocina hacia donde ambos estaban parados, pero optó por salir por la otra puerta que daba al comedor.
—¿Qué hice mal? Dije hola —preguntó Henry mirando a su compañero con temor y lágrimas en los ojos.
—Tu raza le ha hecho mucho daño a mi familia —espetó Ren echándose hacia atrás.

—Ren —jadearon Hangeng y su madre a la vez. De todas las personas de quienes esperaba represalias, Ren nunca hubiera sido una de ellos, ya que era de los más amables. Aceptaba a la mayoría de las personas—. Pero necesitamos tu ayuda Ren. Necesito saber si puedo reclamarle por su sangre de demonio.
—¿Crees que alguna vez ayudaría a esa cosa? —gritó Ren señalando a su pareja. Instintivamente, Hangeng empujó a Henry tras él—. Volvimos corriendo a casa desde Irlanda, donde CAP nos necesitaba, porque tú tenías problemas. Pensé que volvíamos para deshacer el apareamiento o para ayudarte a deshacerte de eso.
—No hagas esto Ren —dijo ZiTao mientras se movía al lado de Hangeng. Ni siquiera habían notado que había entrado en la cocina—. Dale una oportunidad a Henry, hermano. No es un demonio. He pasado suficiente tiempo con él para saber que es un vampiro con algunas anomalías genéticas. Tenemos la confirmación de uno de los líderes del aquelarre de Providence, al que Henry nos ayudó a rescatar. Entiendes la genética. Piensa como un médico.
—Sus ojos no son de color ojo, Ren —continuó Jongdae con suavidad moviéndose a un lado para que Ren se fijara—. Y nunca he visto a un demonio llorar, ¿alguno de vosotros lo ha hecho?

—No —dijeron Baekho y MyungSoo, y Hangeng se dio cuenta que SungJong estaba temblando en los brazos de MyungSoo.
Bueno, mierda, dos de los compañeros de sus hermanos se estaban volviendo locos por su compañero.

—Henry no puede hacer nada con su nacimiento, más que ninguno de nosotros. —Miró a Ren, rogándole con los ojos para que le diera una oportunidad a su compañero.

—Hola Henry, soy Jiyong  el compañero de TOP—dijo Jiyong dando un paso hacia adelante para acercarse a ellos.

—¡Jiyong no! —exclamó SungJong agarrando su brazo—. No… no sabes lo que los demonios pueden hacer. Esta es la primera vez que los ves, no se puede confiar en él.
—¿Tú también SungJong? —susurró Hangeng sintiendo romperse su corazón cuando echó un vistazo a Baekho y MyungSoo. Ellos tenían sus rostros en blanco, y no podía leer sus caras—. ¿Por qué?

—No sabes lo que me hicieron a mí, Hangeng —susurró mientras miraba de MyungSoo a Hangeng.
—Sí, lo sé hermano —gruñó cuando sus emociones pasaron del dolor a la ira—. Yo estaba allí cuando te rescatamos. He estado alrededor de más demonios que todos vosotros juntos. He matado más demonios que tres guerreros de esta casa juntos. Sé lo que es un demonio, y Henry no es uno de ellos.

—Sé lo que me dice su olor —se mofó Ren estrechando sus ojos—. Olvidas que también he estado alrededor de ellos.
—¡Eso es una mierda! He estado ahí para cada uno de vosotros cuando me habéis necesitado, sin hacer preguntas. Cuando Thunder dañó a SungJong, ¿quién buscó la retribución? Ayudé a Baekho a construir el maldito hospital, Ren. He amado a todos los compañeros de mis hermanos. Y ahora que necesito vuestro apoyo y confianza, ¿no me los dais? Qué os jodan, nos vamos de aquí.

Tiró de Henry a sus brazos cuando la cocina estalló en un caos. ZiTao y Jongdae estaban impidiéndoles salir y pidiendo tiempo para hablar con todos. Ren y SungJong parecían ser los únicos que pedían que Henry se fuera, mientras MyungSoo y Baekho parecían indecisos. Si Hangeng no hubiera estado tan molesto, casi se podría haber sentido mal por ellos. O estaban del lado de su hermano, o de sus parejas. TOP y Jiyong estaban discutiendo con Ren y exigiendo que cambiara de actitud.
—¡Suficiente! —gritó su madre con toda la fuerza de sus pulmones. En todos mis años de vida, jamás había oído eso. Todos se quedaron en silencio al instante, sin duda todos por la misma razón, sorprendidos.
—Tienen razón —sollozó Henry mientras palmeaba el pecho de Hangeng para llamar su atención. Lo miró con atención sin saber a qué se refería cuando decía que era correcto—. Son tu familia, y esta es su casa. Tienen derecho a sentirse seguros. Tengo que irme Hangeng. No entiendo lo que está pasando o por qué me odian, pero no puedo estar en medio de esto.
—Bebé, eres mi compañero —le susurró cuando sus ojos comenzaron a picar—. Eres mi casa. Donde tú vayas, iré yo. Si no nos quieren aquí, encontraremos otro sitio dónde vivir.
—Nadie va a ninguna parte —dijo su madre con firmeza aplastando la mano contra el mostrador rompiendo la formica. Se volvió hacia SungJong con ira en sus ojos—. Os amo tanto como  si fuerais nuestros hijos. Hangeng también es mi hijo, y su compañero será tratado con el mismo respeto en esta casa que el que os hemos mostrado. Sé que te han herido los demonios, y creo que todos podemos entender tu reacción.

—Con excepción de Henry —susurró ZiTao mirando desde su madre al joven—. No tiene ni idea de lo que está pasando aquí.
—Lo sé. Ahora llegaremos a eso —contestó su madre antes de girarse hacia Ren y SungJong. Señaló a Henry que estaba temblando en los brazos de Hangeng contra su pecho—. Solo ha estado aquí diez minutos y ya puedo ver que no es un demonio. Ha puesto a Hangeng y las necesidades de esta familia por delante de las suyas. Está llorando porque estáis siendo crueles con él. Tiene miedo y está confundido, los demonios no hacen eso.
¡Sacad las cabezas de vuestros culos y actuad como adultos!

—Es tu casa Nari. Como desees —dijo Ren formalmente antes de hacer una reverencia y salir por la puerta del comedor sin mirar atrás.
Básicamente se trató de una forma educada de levantarle el dedo después de que ella dijera que Henry también era su hijo. ¿Qué cojones? Hangeng jamás había visto ese lado de Ren.
—Todavía tiene pesadillas —susurró Baekho cuando lo miró pidiendo que le entendiera—. Jessica y Ren tienen pesadillas por lo qué sucedió hace tantos años. No… no sabía que iban a reaccionar así, pero estoy preocupado por él. No me importa que Henry sea parte demonio o lo que sea, siempre y cuando a ti te haga feliz Hangeng. Hablaré con Ren.
—Eso es todo lo que te pido —suspiró y asintió mientras sostenía a Henry más cerca—. Nunca había visto ese lado de él, y no quería intranquilizarlo, Baekho. Adoro a tu pareja como un hermano. Siempre he estado a su lado. Yo… solo pensé que estaría del mío cuando llegara el momento.
—No creo que tenga nada que ver contigo, o incluso con Henry —dijo Baekho mientras se pasaba las manos por su cara—. Ren y Jessica perdieron todo por los demonios en una mañana, sin ningún tipo de advertencia. Vosotros no sabéis los detalles, yo sí. Y la realidad es peor de lo que podáis imaginar.

—Henry no es uno de ellos —susurró Hangeng mientras dejaba caer sus lágrimas—. Es dulce, inocente y amoroso, y se parece mucho a Jiyong, aunque también es diferente. Está lleno de energía, Baekho, y con ganas de aprender y ver el mundo fuera de la cueva.

—¿Qué cueva? —preguntó Baekho mientras los miraba.

—No es mi historia para contarla —dijo su madre encogiéndose de hombros. Hangeng le lanzó una cuestionadora mirada. A ella le habían contado todo lo que sabían del nacimiento y cautiverio de Henry—. Desayunemos civilizadamente y hablemos.

—¿Te quieres quedar bebé? —le preguntó Hangeng a Henry girándolo para mirarlo a los ojos—. Por favor, quédate y déjame contarle a mi familia todo para que lo entiendan. Y ellos pueden contarte todo para que no estés confundido y creas que es algo personal.
—No puedo irme si no quieres Hangeng. Eres enorme y mucho más fuerte que yo.
—Nunca te obligaría a hacer ninguna cosa que no quieras, Henry —le dijo suavemente mientras tomaba su cara con las manos. Se inclinó para besar cada uno de sus ojos antes de besarle suavemente los labios—. Te estoy pidiendo que te quedes. Te estoy pidiendo que me ayudes a explicárselo todo para que ellos te conozcan y nos acepten como compañeros. No puedo perderte, bebé.
—Confío en ti, compañero —susurró al momento asintiendo. Se levantó de puntillas tirando de la cabeza de  Hangeng hacia abajo para darle un beso apasionado. Henry movió sus labios al oído para que solo Hangeng pudiera oírlo—. Pero después te exigiré un montón de abrazos y amor. Todavía no he conseguido tus dedos dentro de mí como quería en la gasolinera. Me siento frágil, asustado, y como si fuera a perderte.

—Sí, nos amaremos el resto del día —dijo Hangeng en voz baja—. No podrías deshacerte de mí ni aunque lo intentases. Soy un adicto a ti, Henry.
—Está bien —respondió echándose hacia atrás en sus brazos, mirando sus ojos un momento—. Entonces le explicaremos a tu familia que no soy un demonio sádico sin alma, y que los odio tanto como ellos.

—¿Los odias? —preguntó Jiyong mientras ayudaba a llevar la comida a la mesa. La mayoría del personal no se había levantado todavía, por lo que tomarían el desayuno y algunas bebidas. Pero eso funcionó, porque cuantas menos personas escucharan la historia de Henry en esos momentos, mejor.
Se sentaron y Henry contestó a Jiyong, explicándoselo todo. ZiTao y Hangeng interrumpían con lo que habían aprendido de Reggie y explicaron que el hombre había estado preocupado por si le hacían daño, antes de enterarse de que eran compañeros. Cuando terminaron, había pasado una media hora, y Hangeng podía ver que SungJong pensaba tan fuerte, que casi podía oler el humo saliendo de sus orejas.
—Lo siento Henry —susurró SungJong tras unos minutos, mirándolo—. Los demonios me secuestraron hace unos meses y me mantuvieron prisionero. Sé exactamente lo que son capaces de hacer, y creo que es encomiable que hayas sobrevivido a todo eso con la cordura intacta. Espero que puedas perdonarme por la forma en que reaccioné. Tenía miedo, estaba a punto de mearme de miedo cuando olí a demonio.

—No puedes controlar como te sientes. —Henry se encogió de hombros—. ¿Podemos olvidarlo? Quiero decir,¿todavía quieres que me vaya?

—No, eres parte de esta familia —respondió SungJong con una suave sonrisa y se inclinó sobre la mesa para tomar su mano.

Henry miró sus manos unidas, confundido durante un momento.
—Me está consolando, ¿verdad? Me siento mejor desde que me ha tocado. —Henry miraba a Hangeng y luego a sus manos.
—Sí, bebé —le respondió Hangeng con una sonrisa por lo rápido que su compañero entendía las cosas—. SungJong te está mostrando su aceptación y que ya no tiene miedo de tocarte.
—Genial. Yo no tengo miedo de tocarte tampoco SungJong. — Le sonrió ampliamente mientras Hangeng apoyaba una mano en su muslo—. Pido disculpas si no se decir o hacer las cosas de manera correcta, pero me comprometo a intentarlo.


—Eso es todo lo que tienes que hacer, Henry —dijo Baekho poniéndose de pie y mirándolo—. Solucionaremos este problema, hermano. Contaré todo esto a Ren y Jessica. Por favor, solo dale la oportunidad de disculparse y aceptarte. No te vayas Hangeng. Me romperías el corazón, y no estoy seguro de si esta familia sería capaz de recuperarse.
—Siempre que me puedas prometer que no será una amenaza contra mi compañero —le contestó Hangeng tras un momento de reflexión. Baekho le dio un guiño antes de darse la vuelta e ir hacia la puerta—. Te amo, Baekho. Nunca tuve intención de ponerte en esta posición ni de hacerle daño a tu compañero.
—También te amo Hangeng —dijo con una sonrisa suave y las lágrimas formándose en sus ojos—. No deberías tener que enfrentarte a esto por haber encontrado a tu compañero.
Se fue antes de que nadie pudiera decir nada, y Hangeng sintió la necesidad de confortar a Henry. Lo levantó de la silla y lo sentó en su regazo envolviendo sus brazos alrededor. Se acurrucó contra su pecho mientras pasaba las manos por sus brazos, reconfortándolo como lo había visto hacerlo a él. Esta  no era la cálida acogida que siempre había esperado para el día que llevara a su compañero a casa, pero Henry merecía la pena. Solo rezaba para que supiera que no estaba de acuerdo con Ren.
CONTINUARÁ.

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