LOS HERMANOS KIM 04: HANGENG
Kim Hangeng había visto cómo tres de sus hermanos y algunos de sus amigos habían encontrado a sus compañeros. Era feliz por ellos. De verdad, lo era. Pero pensaba que él, al ser el hermano mayor, ya debería haber encontrado al suyo.
Henry es medio demonio, y no ha conocido nada más que dolor y horror en su vida. Cuando encontró una oportunidad de huir de la cueva en la que había estado prisionero desde su
nacimiento, corrió hacia la salida y los efectos perjudiciales de los rayos del sol lo derribaron.
nacimiento, corrió hacia la salida y los efectos perjudiciales de los rayos del sol lo derribaron.
Cuando Hangeng vio a un hombre tirado a un lado de la carretera se detuvo para ayudarlo, pero se dio cuenta de que algo no estaba bien. Era un demonio. Olía como un demonio, pero también a algo más... Era su compañero.
¿Podrá Hangeng olvidar que Henry es medio demonio? Y, ¿cómo puede un demonio sin alma tener compañero?
¿Podrá Hangeng olvidar que Henry es medio demonio? Y, ¿cómo puede un demonio sin alma tener compañero?
CAPÍTULO 1
Todo el mundo había encontrado a sus compañeros, bien, al menos eso parecía. Baekho había aterrizado de culo en el hospital de Ren. Lo cual era genial por supuesto, porque Ren ayudó a que su hermano se curara, así que estaba agradecido que se hubieran encontrado el uno al otro. MyungSoo encontró a Kwak SungJong cuando estaban en una misión del Consejo. Y el resultado había sido que encontró a su compañero, que había estado a pocos kilómetros toda la vida.
Y de nuevo, estaba encantado que se hubieran encontrado el uno al otro, ya que nunca había visto a MyungSoo tan feliz. Unos meses más tarde, TOP viajó a Nueva York en busca de su alma y para explorar su sexualidad reprimida. Entró en un club y encontró a su compañero preso y siendo utilizado brutalmente.
¿Fue el azar?
¿Fue el azar?
Jiyong era una gran persona, exactamente lo que su hermano necesitaba, estaba lleno de vida, siempre dispuesto a ayudar y era una bola de energía. Más tarde, cuando le hizo una revisión médica, Ren descubrió que Jiyong era medio vampiro. Y luego, por algún milagro, el cerebro de genio de Ren con ayuda de la ciencia, consiguió convertir a Jiyong en un vampiro completo. Jiyong se estaba adaptando a ser vampiro como un pez en el agua, y ambos eran monumentalmente felices.
Incluso HyunSeong, el hermano mayor de SungJong, acababa de encontrar a sus compañeros en una misión en Irlanda, en la que Hangeng no participó, y había conseguido dos compañeros idénticos, gemelos. HyunSeong tenía dos mientras Hangeng ninguno.
Incluso CAP, cuando fue a ayudar en una misión, junto a los hermanos acoplados de Hangeng, encontró a su compañero en la misma familia.
Estaba feliz por sus amigos, se merecían toda la alegría que el apareamiento podía brindarles, pero él era miserable. Estaba celoso y se sentía como la mierda. Estaba feliz por ellos, realmente lo estaba, con todo su corazón. No es que quisiera quitarles los compañeros a sus hermanos, solo que también quería ser feliz.
¿No debería el mayor ser el primero en encontrar a su compañero? Eso sería lo justo. ¿No decía el antiguo adagio, "la edad antes que la belleza"?
Sabía que no era feo, de ninguna forma, y ninguno de sus hermanos era más guapo que él, ya que todos tenían los mismos ojos verde musgo y el mismo cabello castaño. Pero él era el mayor. Le seguían TOP, Jongdae, Baekho, Luhan, MyungSoo, y ZiTao, el bebé. Hangeng tenía ochocientos noventa y cinco años, y pensaba que ya tenía edad para ser feliz y sentar la cabeza.
¿Le dijo algo a alguno de ellos? Por supuesto que no. No era un completo hijo de puta.
Pero era difícil estar cerca de ellos, viendo todo el tiempo su felicidad y travesuras típicas de una luna de miel. Así que cuando el Consejo pidió un voluntario para investigar los rumores de una manada de demonios alrededor de Mohegan Bluffs en Rhode Island, se ofreció inmediatamente.
Había vampiros normales en todas formas y tamaños, igual que ocurre entre los humanos. Luego, otros como la familia Kim, que habían nacido guerreros. Cuando atravesaban en la pubertad la transición para convertirse en vampiros completos que necesitan sangre para sobrevivir, algunos crecieron enormemente. Cuando tenía dieciséis años,antes de su transición, Hangeng medía un metro con sesenta y ocho centímetros, y cuando esta terminó, dos metros con tres centímetros. Era la gran estatura y musculación lo que determinaba que serían los guerreros de su raza.
¿Por qué los vampiros, fuertes, rápidos y casi invencibles, necesitaban tener sus propios guerreros? Por los demonios.
Los demonios habían sido una vez vampiros que no querían la sangre para alimentarse, sino para conseguir poder, y por el placer de matar. Durante las últimas décadas, los vampiros siempre habían vivido con un estricto código de no hacer daño a los seres humanos y ocultar toda evidencia de su existencia. Con bancos de sangre por todas partes, la mayoría de los vampiros ya ni siquiera bebían directamente de un ser humano para sobrevivir.
El padre de Hangeng, Kim Shindong, había sido uno de los primeros vampiros en iniciar una empresa médica, y disponía de un montón de bancos de sangre. Aunque la familia había hecho mucho dinero vendiendo la sangre a los aquelarres de todo el país, también hizo mucho bien.
Habían instaurado un programa para pagar a los universitarios por donar su sangre cada dos semanas. La mayoría de las ciudades interiores tenían programas idénticos, pero ofrecían pocos dólares. Sus padres pensaron que los adultos que más dinero extra necesitaban, eran los universitarios. Y la donación estaba regulada, por lo que no se extraía a nadie lo suficiente como para que saliera herido.
Probablemente menos del veinticinco por ciento de la sangre iba a los vampiros, la mayoría iba a parar a los hospitales y clínicas de forma gratuita. Kim Shindong siempre había dicho que la creación de la compañía había sido una manera de ayudarlos a sobrevivir y ocultar quiénes eran de la población, pero eso no significaba que no tuvieran la responsabilidad de ayudar a otros. Recibían mucho de la población humana, y era importante devolverlo.
La familia vivía con ese código en todo lo que hacían. Infiernos, sus padres habían tenido siete hijos, y todos habían sido guerreros y habían servido a su raza por los siglos de los siglos. Era lo correcto. Habían nacido para ayudar a su gente, por lo que nunca cuestionaban qué hacer. Y mientras tanto, los que se convirtieron en demonios no lo entendieron, y escogieron el camino de la maldad.
Les gustaba la emoción de la persecución y matar a los humanos, quienes no podían detenerlos si querían hacerles daño. Pero así como había sicópatas humanos, los demonios no estaban bien de la cabeza y escogían esa vida. Era en ellos en quienes se basaban las leyendas humanas de los vampiros. Chupadores de sangre, criaturas viles sin almas, que ardían con la luz solar y los objetos sagrados.
Los vampiros eran diferentes. Podían morir, por supuesto, pero no como decían las leyendas. El ajo, no les hacía nada, las cruces no dolían, la plata no era gran cosa, y podían estar a la luz del sol. Por supuesto la luz solar no era su pasatiempo favorito, ya que eran muy sensibles, pero no estallaban en llamas. Aunque probablemente no habría demasiados vampiros viviendo en los trópicos.
Todos los vampiros tenían uno o dos dones especiales. El de Hangeng era el fuego. Podía controlar una llama a metros de distancia y disparar fuego con sus manos como un lanzallamas. Baekho podía entrar en la mente de la gente, lo que era útil en la batalla. MyungSoo podía hablar con los animales. Aunque era un buen truco de salón, no era demasiado efectivo en la lucha, a menos que necesitaran una distracción.
En opinión de TOP, uno de los hermanos de Hangeng, su padre tenía uno de los mejores dones, podía manipular el suelo.
Podía causar un terremoto en cualquier terreno, tan violento que nadie se podía mover. TOP tenía razón, era un buen don, al igual que el suyo. TOP podía controlar el viento. La madre de todos ellos, la pequeña Kim Nari, podía crear hielo. Podía construir un muro de dos metros de altura de hielo sólido en torno a ella en menos de un minuto. Era algo digno de ver.
A Hangeng su don le iba muy bien, ya que los demonios se encendían más rápido que un árbol de navidad muerto y seco. Su hermano TOP y Ren, habían diseñado municiones y granadas de luz ultravioleta que ayudaron en la guerra contra los demonios y permitieron que algunos aquelarres remotos pudieran protegerse. Durante siglos parecía que habían estado luchando una batalla perdida, pero ahora, con esos inventos, habían cambiado las tablas.
Hangeng se encontraba a media hora de distancia de los Mohegan Bluffs, en una carretera desierta, cuando vio una figura tendida en un lado de la carretera.
«¿Qué cojones?»
Apretó rápidamente los frenos y salió fuera del coche. Se aseguró de coger su 9 mm, por si acaso, y corrió hacia él.
El olor acre de la sangre le golpeó la nariz, aunque no tan fuerte como normalmente ocurría con los demonios. Y estaban a la mitad del día. Si era un demonio, debería ser un montón de cenizas.
«¿Pero qué coño?»
Cuando se acercó, vio el vapor que salía del pequeño, apenas vestido y golpeado cuerpo. Acercándose poco a poco y con cautela, casi saltó cuando el hombre rodó y lo miró. Mierda, era un demonio.
-Espera -dijo con voz ronca cuando levantó la pistola-.Nunca he matado a nadie, guerrero. ¡Lo juro! Nací así.
-Los demonios están muertos. No pueden tener hijos - gruñó cuando otra cosa lo golpeó al mismo tiempo. Aunque su sangre olía ligeramente rancia, lo que lo llamó fue el olor dulce que tenía al mismo tiempo.
«¡Joder! ¡Este hombre es mi compañero!»
-Mi... mi madre estaba embarazada... cu... cuando se convirtió en demonio. -Abrió la boca abrazándose a sí mismo-
Me escapé, pero el sol fue demasiado para mí. Nunca he hecho daño a un ser vivo en mi vida, nunca he bebido de un ser humano. Me han mantenido prisionero desde el día que nací. Por favor, ayúdame. No puedo volver allí.
Me escapé, pero el sol fue demasiado para mí. Nunca he hecho daño a un ser vivo en mi vida, nunca he bebido de un ser humano. Me han mantenido prisionero desde el día que nací. Por favor, ayúdame. No puedo volver allí.
-Eso no es posible -le susurró sintiendo la atracción hacia su compañero. Quería creerle desesperadamente, y había señales de que no era completamente un demonio. Había sobrevivido al sol, aunque su piel echaba humo y tenía una fea quemadura en el culo. Tampoco tenía los típicos ojos de un demonio, sino que eran de un azul media noche-. ¿Cómo te llamas?
-Lau Henry -contestó con los ojos llenos de lágrimas y casi sin aliento-. Eres mi compañero, ¿verdad? Hueles tan dulce, y no se trata solo de sed, porque puedo sentir la diferencia. Por favor, si fuera un demonio sin alma, no tendría un compañero.
-Intenta algo y termino contigo, compañero o no. ¿Está claro?
-Sí. Estoy demasiado débil y muerto de hambre como para hacerte daño -gimió Henry.
Echó otro vistazo a sus ojos brillantes, nariz pequeña, sus labios gruesos y sus mejillas regordetas como las de un querubín. Era precioso, incluso tan sucio como estaba, y Hangeng sintió que se ponía duro. Calculó que medía un metro sesenta y cinco y pesaba menos de cuarenta y cinco kilos. Sus instintos le gritaban que abrazara a su compañero, le diera un montón de comida y cuidara de él.
-Muy bien. -Con un gesto, metió su pistola en la parte trasera de sus pantalones. Se acercó, inclinándose, y lo levantó en sus brazos. Henry se sentía perfecto en ellos, como si estuviera destinado a estar allí. Gritó de dolor, y Hangeng aflojó el abrazo-. Lo siento. No quise hacerte daño.
-No, soy yo quien lo siente -susurró en su oído cuando envolvió los brazos alrededor de su cuello.
-¿Por qué? -preguntó completamente confundido mientras caminaba hacia el coche de alquiler.
-Por esto -contestó Henry hundiendo los colmillos en su cuello.
Gritó cuando su polla explotó al instante en sus pantalones cuando su compañero bebió de él. Le invadió un placer enorme, tan intenso, que cayó de rodillas y lo soltó, apoyándose en el coche para levantarse. Siguió corriéndose, disparando tanto semen en sus vaqueros como no sabía que tuvieran sus bolas.
-Ahora no me matarás -susurró Henry mientras lamía el mordisco-, pero tampoco me querrás, por haberte hecho esto.
-Probablemente -gruñó mientras bajaba de su orgasmo-. ¿Sabes que aparearse sin permiso es un delito castigado con la muerte?
-No, no lo sabía -dijo Henry mientras Hangeng abría la puerta de pasajeros y lo dejaba suavemente dentro del coche. - He vivido, literalmente, toda mi vida en una cueva. No sé nada de nada, excepto que he tenido que luchar para sobrevivir todos estos años. Y nunca quise que mi acoplamiento fuera de esta manera, sólo quería vivir.
-¿Cueva? He sido enviado por el Consejo para investigar las denuncias de que había demonios viviendo en los Mohegan Bluffs.
Hangeng cerró la puerta y caminó alrededor del coche hacia la otra antes de que Henry pudiera responder, dándole tiempo para que pensara lo que había dicho mientras él tenía un momento para digerir que ahora estaba acoplado. Inclinó la cabeza contra el techo del coche, sintiendo un pozo de desesperación en el estómago. Había esperado todos estos años para encontrar a su compañero, deseando desesperadamente encontrarlo. Y ahora estaba acoplado con un medio demonio, sin saber todavía si eso era posible, que acababa de reclamarlo sin su consentimiento.
«¿Qué cojones?»
Este no era el acoplamiento que siempre había soñado. Y se lo había imaginado mucho en los últimos ochocientos noventa y cinco años, las fantasías lo mantenían en marcha cuando se hundía y se resignaba a no encontrar nunca a su pareja ¡No era así como se suponía que sucedería! Se sobresaltó cuando se dio cuenta de que todavía estaba sentado en el coche al sol. «¡Joder! Me muerde y el instinto de apareamiento ya me está pateando, poniendo sus necesidades sobre las mías».
-Sé dónde están -jadeó Henry cuando Hangeng se metió en el coche-. Te ayudaré a encontrarlos. Espero que los mates a todos. Aunque no sirva para nada más, tal vez eso te ayude a ver que no soy uno de ellos. Y tienen prisioneros.
-Esto se pone cada vez mejor y mejor -gruñó Hangeng mientras se acercaba al asiento trasero para tomar su chaqueta y cubrir suavemente la piel expuesta al sol. Cuando Henry gritó de dolor, sintió un cuchillo en su corazón. «Genial, no solo me reclamó, sin que ya estoy sintiendo cosas por él»-. Lo siento, pero es mejor que seguir quemándote.
-Lo sé. Gracias -susurró mientras volvía la cabeza y se asomaba por debajo del abrigo. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras se mordía el labio inferior-. Lo siento. Sé que lo que hice fue horrible, pero sabía que no me matarías si te reclamaba.
-Lo hecho, hecho está -contestó en voz baja mientras ponía el coche en marcha. Necesitaba llegar a algún sitio seguro y oscuro, para poder curarle las heridas-. Solo descansa un poco, te ayudará.
-¿Cómo te llamas? -preguntó Henry con los ojos medio cerrados.
-Hangeng. Kim Hangeng.
-Umm. El nombre es tan hermoso como el hombre.
Hangeng alejó un momento la vista de la carretera y vio una sonrisa en su rostro. Su respiración se acompasó, a pesar que todavía parecía tener problemas para conseguir aire, y supo que se había dormido. Con solo mirarlo a la cara, sabía que todo lo que quería hacer era cuidar de él para siempre. Condujo al límite de velocidad, mientras se encaminaba hacia Providence, la ciudad más cercana, a hora y media de camino.
¡Estaba tan jodido!
Con manos temblorosas sacó el teléfono móvil y llamó a la única persona que sabía que no se reiría por la ironía de la situación y lo ayudaría.
-¿Baekho? Te necesito, hermano menor -dijo después de aclararse la garganta un par de veces para mantener sus emociones cuando contestaron la llamada.
-¿Hangeng? ¿Estás bien, hombre?
-No. Estoy muy lejos de estar bien, estoy en otro jodido mundo. -Se echó a reír. No sabía si se estaba riendo o llorando en ese momento, y no era una persona que llorase, nunca.
-¿Algo está mal con la misión? -preguntó Baekho con la voz llena de pánico-. ¿Estás herido, hermano?
-Sí, algo salió mal, muy, muy mal, pero no estoy herido.
-Hangeng ¡Habla conmigo! -exclamó Baekho sonando frustrado-. Estoy en Irlanda hombre. No puedo leer tu mente.¡Dime que está pasando!
-¿Pu... puedes preguntarle a Ren si ha oído hablar de alguna persona que sea me... medio demonio? -tartamudeó-. Pregúntale si es posible.
-Nunca he oído hablar de eso, pero Ren está curando a CAP. Se lo preguntaré cuando termine.
-¿Qué le ha pasado a CAP? -preguntó, quizá algo de drama alejaría su problema a un lado durante un momento.
-Está bien. Es una larga historia, pero tiene cicatrices. - Suspiró Baekho-. ¿Por qué preguntas acerca de los demonios, hermano?
-He encontrado a mi compañero -susurró tratando de poder explicar el resto.
-Eso está muy bien, pero no he...
-Es mitad demonio, o eso dice él -cortó sin querer escuchar las felicitaciones. Lo puso con rapidez al corriente de todo lo que había sucedido, antes de perder los nervios.
-Resolveremos eso Hangeng -dijo Baekho con firmeza-. Voy a buscar a Ren ahora, y volveremos a casa, ¿vale? También llamaré a ZiTao, sé que no está en ninguna misión.
-Cuéntale lo que está pasando. Quiero decir, estoy recién acoplado a Henry, y ya siento la fuerza de la unión. Cualquier persona que no lo sepa puede hacerle daño, Baekho. Y creo que me mataría.perderlo.
-Lo sé, Hangeng -contestó en voz baja-. Hablaré también con papá y mamá, para que llamen a las tropas para ayudar. No tienes que pasar por esto solo, y significa mucho para mí que me hayas llamado.
-Sabía que no te reirías de mí.
-Ninguno de nosotros se reiría de algo como esto -dijo Baekho con firmeza, sonando como si estuviera enojado de que Hangeng pensara lo contrario.
-No... no estaba seguro... no sabía que era... tan cretino -le dijo rápidamente-. No... no estoy realmente en mi cabeza en este momento, ¿sabes?
-Sí, te escucho. Déjame hablar con todos y nos veremos de vuelta en casa. Mándale un mensaje de texto a ZiTao desde donde estés, cuando encuentres un lugar para quedarte.
-Gracias Baekho -contestó con la voz llena de alivio. Nada parecía tan abrumador cuando tenía a mi familia detrás.Además, Ren era un genio de la medicina, si alguien podía ayudar, sería él. Terminaron diciendo adiós y colgaron.
Para ese momento, casi estaban en Providence, donde podría revisar a su compañero. Cristo, tenía un compañero.
Y había pedido esta misión porque estaba haciendo pucheros por estar solo mientras todos los demás habían encontrado los suyos.
Y entonces se dio cuenta. Si no se hubiera presentado voluntario para esta misión, a Henry lo hubiera encontrado otro guerrero y probablemente lo habría matado aunque sólo fuera medio demonio. El miedo recorrió su cuerpo cuando se dio cuenta de lo cerca que había estado de perderlo. Lo había escuchado cuando le había dicho que era medio demonio, pero no bajó su arma hasta que se dio cuenta de que eran compañeros.
Así que no solo estaba agradecido por haberse ofrecido para ir a esa misión, además eso hizo que se diera cuenta que ya lo había perdonado. No era como si lo hubiera herido o rechazado su apareamiento. Lo había hecho para asegurar su supervivencia, y aunque no sería lo que Hangeng hubiera hecho, este no era un medio demonio en frente de un guerrero muy grande.
Aunque no fuera nada más, decidió que necesitaba conocer su pasado, y de dónde venía. Tal vez sabiendo por lo que había pasado, su enojo desaparecería. No estaba seguro si era un buen plan, pero era lo único que se le ocurría.
CONTINUARA...

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