sábado, 8 de junio de 2019

LOS HERMANOS KIM 4: HANGENG


CAPITULO SIETE
—¡No puedo hacer esto Nari! —Oyó gritar a Henry dos días más tarde mientras entraba a la cocina. No tenía intención de quedarse allí y hacer de espía, pero estaba sorprendido por ese estallido viniendo de él—. Nunca voy a conseguirlo.
—Henry, ese lenguaje —criticó su madre mientras señalaba la silla desde donde se había levantado de un salto, y volvió a sentarse.
—Lo siento. Siento que estoy golpeando mi cabeza contra la pared.


—Estás siendo muy duro contigo mismo —dijo Nari con suavidad y le hizo un gesto hacia los libros que tenía delante—. No llevas nada más que dos días, y se necesitan años. Sé paciente y aprenderás cada día un poco más.
—Los demonios tenían razón. Soy estúpido. —Suspiró y golpeó su cabeza contra la mesa—. Dijeron que era estúpido e inútil, y finalmente estoy de acuerdo con ellos. Pensé que si podía salir de la cueva podría demostrar que estaban equivocados, pero sólo estoy demostrando que tenían razón.
—Mamá, ¿me disculpas por favor? —le preguntó Hangeng con un tono helado colocándose al lado de su compañero.
Henry levantó su cabeza, y su madre asintió con una sonrisa. Sabía que iba a tener una conversación seria con él. Ella simplemente no sabía cómo hacerlo. O al menos eso esperaba.
—Traeré a tu estudiante de vuelta tras un ajuste de actitud.


—Que sea sencillo, Hangeng —dijo ella gentilmente—. Esto es difícil para él.
—Entiendo —contestó Hangeng, pero no iba a tolerar que su pareja se insultara a sí mismo. Lo levantó y lo tiró encima de su hombro. Henry dio un grito de asombro.
—Lo siento, Hangeng, ¿de acuerdo? No debería haber dicho esas cosas.
—No, no deberías haberlo hecho. —Subió con él las escaleras—. Pero solo lo sientes porque estoy enojado, no porque creas que no eres estúpido. Y no voy a permitir que mi inteligente compañero piense eso de sí mismo.
—Hangeng, vamos, ¿por favor? —gimió mientras golpeaba su espalda como hacía en sus habitaciones—. ¡No soy un niño! Suéltame y deja de actuar así.
—Te estás comportando como un niño, así que te trataré como a uno —respondió Hangeng cuando entraron en su habitación. Lo dejó de pie y le quitó la ropa—. Necesitas ser castigado por tu comportamiento, y te azotaré hasta que estés de acuerdo conmigo en que eres inteligente.
—Nunca estaré de acuerdo con eso —respondió Henry con firmeza cruzando los brazos sobre su pecho y lanzándole puñales con su mirada—. Y ahora mismo no quiero jugar ni ser azotado. No estoy de humor.
—Los castigos no son para cuando te apetecen, compañero. —Casi gruñó sus palabras al mismo tiempo que se sentaba sobre la cama y lo tumbaba sobre su regazo. Se retorció y luchó contra él, pero era fácil sujetarlo con una mano mientras le daba azotes con la otra—. Esto es por hablar mal de ti mismo.
—Le azotó varias veces más en rápida sucesión—. Eso es por no creer en ti y no ser paciente después de todo lo que has pasado.


—Lo entiendo, puedes parar —dijo, pero Hangeng podía sentir su polla dura atrapada entre sus piernas—. Está bien, tengo que ser más paciente.
—Admite que eres inteligente —gruñó. Cuando no respondió le dio cinco azotes en cada mejilla—. Puedo hacer esto todo el día, bebé. Incluso puedo hacerlo más despacio. Admite que no eres estúpido.
—No —susurró agarrándose a la pierna de Hangeng con fuerza. Le golpeó más fuerte esta vez, y gritó sorprendido—. ¡No voy a mentirte!
—¿Por qué crees que eres estúpido Henry? —preguntó Hangeng dándose cuenta de que estaba tan enfadado con lo que había dicho que no sabía por qué lo había hecho—. Explícamelo.
—Hemos estado trabajando en leer y escribir durante cuatro días y todavía no puedo escribir mi nombre en cursiva sin joderlo.
—Oh bebé —suspiró Hangeng y lo puso a horcajadas sobre su regazo. Henry se abrazó a él—. ¿Puedes escribir tu nombre?
—Sí. Pero no puedo firmar —susurró contra su cuello—. Tu madre va a enfadarse conmigo y va a dejar de enseñarme.
—Para ahora mismo —gruñó de nuevo y golpeó su culo unas cuantas veces con ambas manos—. Mi madre es una maestra maravillosa, no te atrevas a pensar menos de ella. Ha enseñado a siete chicos rebeldes todo lo que saben, y nunca, nunca renunció con nosotros.
—No lo digo en contra de Nari, te lo juro Hangeng —declaró con firmeza y se echó hacia atrás para poder mirarlo a los ojos—Tu madre es maravillosa. La quiero mucho. Solo quería decir que cada uno tiene su punto de ruptura y yo voy a empujar el suyo.


—Eso no va a pasar bebé —dijo antes de besar sus labios suavemente—. Mi madre tiene la paciencia de un santo.
—Está bien. Te creo. No creo que se quede atascada con un estudiante malísimo.
—Deja de decir eso —gruñó colocándolo de nuevo en su regazo. Le golpeó duro de nuevo una y otra vez. Estaba preocupado de hacerle daño, pero sintió el pre-semen filtrarse a sus pantalones vaqueros—. Has aprendido a escribir en cuatro días. ¿Qué más has aprendido?
—Acabo de terminar el último de esos vídeos, y he leído unos libros infantiles. Nari quiere intentar que lea un libro del siguiente nivel.
—Bebé, eso es increíble —exclamó sentándolo a horcajadas con la última palabra—. ¿Confías en mi madre?
—Por supuesto, Nari es genial, solo… Hangeng le tapó la boca con la mano y le cortó.
—¿Confías en mí, Henry? —Juntó sus cejas y asintió, y casi podía ver que estaba intentando hacer la conexión. Poco a poco quitó la mano de su boca y acarició su mejilla—. Entonces confía que nunca te vamos a mentir bebé. Tengo fe en ti Henry. Mi madre dice que estás haciendo un gran trabajo. Creo que estás trabajando mucho, y mira todo lo que has logrado. Estoy orgulloso.
—¿Lo estás? —susurró abriendo los ojos.

—Lo estoy —asintió sonriendo—. Hay un dicho popular, “no puedes enseñar a un perro viejo trucos nuevos”, aprender se hace más difícil a medida que creces Henry. Tu lo has hecho todo en cuatro días, bebé. Sé que no eres un niño, pero lleva años aprender a escribir en cursiva. Relájate, ¿de acuerdo?


—¿Estás seguro que lo estoy haciendo mejor de lo que lo haría la mayoría? —preguntó vacilante después de unos momentos.
—Estoy muy seguro. Afloja un poco la cuerda. Han pasado cuatro días Henry. Infiernos, la Biblia dice que el Dios cristiano lo hizo todo en siete días. Creo que puedes tardar un poco más en escribir en letra cursiva.
—Buen punto. —Se rio mientras se retorcía en su regazo besándolo en el cuello—. Asíííííííííí que… ¿Me castigas más y lo disfrazamos de sexo?
—¿Quieres que lo disfracemos de sexo? —gruñó cuando besó su hombro.
—Bueno, tenía la esperanza de hacerlo mientras mi castigo estaba todavía en marcha.
—¡Ah! ¿Qué tienes en mente? —preguntó echándose hacia atrás quitándose la camisa.
—Tenía la esperanza de que podías tumbarme sobre la cama y azotarme mientras me follas —dijo en voz baja con las mejillas coloradas. Estaban oficialmente del mismo color que el culo después de la paliza que le había dado.
—Umm. Creo que me gusta esa idea —gimió Hangeng mientras le frotaba el culo consiguiendo que gritara—. ¿Fui demasiado duro contigo bebé?
—No, y tienes derecho a azotarme para sacarme de mi mieditis —respondió mientras se deslizaba de su regazo—. Sabías que quería hacerlo, por lo que en realidad no era un castigo. Además tienes razón, puedo dudar de mí mismo a veces, pero confío en Nari y en ti. No tengo razones para pensar que ninguno de los dos me mentiría. No estaba pensando, estaba dejando que mis dudas salieran.


—¿Y ahora? —Victor se estaba desnudando tan rápido como los vampiros podían, queriendo resolver el asunto y pasar a cosas mejores.
—Y ahora creo que necesito darme una oportunidad. —Se encogió de hombros. Henry se inclinó sobre la cama con los pies en el suelo mientras descansaba su peso sobre sus antebrazos. Victor gimió por la vista—. Todavía no puedo decir que creo que soy inteligente, pero no voy a volver a decir que soy estúpido.
—Eso es un comienzo —contestó Hangeng mientras se movía detrás de él, frotando las mejillas de su culo. Miró hacia abajo para ver las huellas de sus manos que lo estaban poniendo tan duro como una piedra—. Me gusta marcar este magnífico y firme culo, Malachi.
—A mí también me gusta —gimió mientras empujaba su culo más fuerte contra las manos de Hangeng.
—No seas tan exigente —gruñó dándole una palmada en el culo. Su compañero gimió empuñando las sábanas—. Sabes que me gusta cuando ruegas, Henry.
—Por favor, Hangeng,marca mi culo con tu mano. Dale a tu pareja más de lo que necesita.
—Sé lo que necesitas —susurró abriendo las piernas con su pie. Le dio un azote suave a su saco, y Malachi gritó arqueando la espalda. La vista era impresionante—. ¿Te ha gustado bebé?¿Quieres más?

—Sí, por favor, oh sí —dijo entre dientes. Rotó entre los suaves azotes en sus pelotas y las duras palmadas en el culo, asegurándose de que movía el tapón. Henry se volvía loco bajo él, haciendo sonidos impresionantes. Cuando no pudo aguantar más, sacó el tapón y alineó su polla.


—Es hora de que te recompense por tomar el castigo como un buen compañero —gruñó Hangeng mientras se enterraba en casa, golpeando las bolas del uno contra las del otro. No empezó despacio, sabiendo que ambos estaban más que preparados para un viaje rápido. Estaba lubricado y extendido desde que llevaba el tapón, así que sabía que no le estaba haciendo daño.
—Más duro Hangeng. Dame más duro —rogó Henry en voz alta—. Oh joder, puedo sentirte por todas partes. Es tan bueno que no quiero que termine.
—Podremos hacerlo de nuevo, bebé.

—¿Me lo prometes? —agonizó bajo las rápidas embestidas, mientras miraba por encima de su hombro. Sintió una sonrisa extenderse en su rostro cuando comenzó a follarlo incluso más fuerte.
—¡Oh infierno, sí! —contestó entre estocadas, moviéndose más rápido para enfatizar el punto—. Córrete para mí, ¡ahora!
—¡Hangeng! —gritó Henry tan fuerte que pensó que las ventanas se sacudirían. Se puso rígido y se corrió. Su culo exigía la liberación de Victor mientras gritaba con cada erupción. Lo siguió directamente, rugiendo cuando se corrió dentro de él. Cuando ambos terminaron, se dejó caer a un lado para no aplastarlo.
—Te amo Henry —jadeó varios minutos después mientras envolvía su cuerpo.
—Te amo también, compañero —respondió él, y acarició el cuello de Hangeng con su cara mientras ponía una pierna sobre sus caderas. Era como si estuviera tratando de meterse dentro, pero era demasiado tarde. Henry era una parte de Hangeng de la que nunca podría librarse aunque quisiera. Y sabía que nunca lo haría, nunca querría dejarlo ir.

—¿Estáis listos para esto? —les preguntó Ren ese mismo día cuando se sentaron en el laboratorio.
—¿Estás seguro de que no le hará daño a Hangeng? — contestó vacilante Henry de nuevo.
Había expresado varias veces su preocupación sobre que Hangeng tomara una gran cantidad de su sangre, tras lo cual él tendría que beberse varias bolsas de la sangre de Hangeng que Ren almacenaba.
—Probablemente estará un poco cansado todo el día de hoy, pero eso es lo peor que podría suceder. Ambos estaréis agotados y hambrientos durante un par de días. Aunque no puedo saber cuánto, ya que no hemos hecho esto nunca.
—Lo sabemos Ren dijo Hangeng lanzándole una  sonrisa. Parecía más seguro de lo que realmente se sentía.
—Estás preocupado —susurró Henry cuando Hangeng lo levantó contra el mostrador—. Puedo sentirlo.
—Confío en Ren—le contestó lentamente escogiendo las palabras con cuidado—. Pero, sí, siempre hay un riesgo, y tú eres mi compañero, bebé. Es normal que me preocupe. Si no pensara que esto fuera a funcionar, no estaría dispuesto a hacerlo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, entonces vamos a hacerlo —respondió asintiendo después de un momento. Luego inclinó su cuello y abrió sus piernas para que Hangeng se situara entre ellas.
—Os daré unos minutos, ya que esta es vuestra  primera vez —dijo Ren en voz baja mientras salía por la puerta.


—Me entrego a ti libremente, Hangeng—susurró Henry mirándolo a los ojos. Hangeng se movía entre sus muslos para que sus ingles se rozaran, mientras Henry pasaba las manos por su pecho—. Soy tuyo, mi compañero. Mi corazón, mi alma, mi cuerpo y mi ser te pertenecen.
—Gracias —le contestó Hangeng en voz baja mientras con una mano le acariciaba la espalda y la otra agarraba su cabello para retenerlo. Lamió su cuello con movimientos largos y suaves y pasó la mano por su culo. Apretó suavemente, quería que recordara cómo se habían divertido antes, en lugar de su miedo.
Funcionó. Henry gimió en voz alta y empujó sus caderas contra las de Hangeng, quien se tomó unos segundos para hundir los colmillos en su cuello. Gimió por el sabor de su sangre cuando pasó a lo largo de su lengua, llevó una mano entre ellos y le acarició el pene a través de sus pantalones cortos. La sangre de Henry no tenía un sabor dulce como había escuchado a la gente describir la de sus compañeros, pero no sabía nada mal. Supuso que era debido a los trastornos que había tenido en la sangre. Era como el café amargo, buena, pero con un regusto ácido.
—Hangeng —gritó mientras se corría, la semilla caliente se filtró por sus pantalones cortos contra su mano.
Siguió bebiendo de él. Ren le había dicho que tenía que tomar por lo menos tres litros. Luego le darían a Henry, los cinco que le habían extraído a él durante los últimos días. Ren creía que tendrían suficiente con el intercambio de entre siete u ocho litros. También había tenido en cuenta la sangre residual que quedaría en sus músculos.
Hangeng gimió mientras bebía, continuó trabajando la polla de Henry mientras seguía corriéndose. Parecía el conejito Energizer de los orgasmos. Normalmente, los orgasmos decaían cuando dejaban de beber, ya que las olas del clímax estaban vinculadas de alguna manera a cada pulsación de la sangre, así que como Hangeng seguía bebiendo, Henry continuaba corriéndose.
Finalmente, cuando pensó que había tomado lo que necesitaba, Hangeng abrió la boca y se retiró. Se sentía un poco mareado, pero se inclinó hacia adelante para lamer la marca de apareamiento cuando Henry quedó inerte entre sus brazos.
—¿Estás bien, bebé?

Abrió y cerró la boca un par de veces, tratando de limpiar su garganta. Cuando fue obvio que su voz no podía salir, decidió renunciar, dándole solamente una amplia sonrisa y lanzándole un beso. Hangeng se echó a reír. ¡Vaya un pequeño duende al que se había acoplado! Y lo amaba jodidamente tanto que ya no podía imaginar su vida sin él.
De repente, Hangeng tuvo que sentarse. Encontró un taburete con ruedas y dejó caer su culo antes de desplomarse. Inclinándose sobre su compañero, puso la cabeza contra su muslo. Su respiración comenzó a volverse más difícil, como si tuviera algodón en los pulmones. Luego le dolió el estómago, como si necesitara vomitar en ese momento, pero no sabía si podía.
—Muy bien, ya siento mis miembros otra vez —jadeó Henry incorporándose—. ¿Hangeng? ¿Hangeng, estás bien?
—Creo que no. —Dio un grito ahogado y su cabeza comenzó a doler.
—¡Ren! —gritó con todas sus fuerzas, lo que no hizo ningún bien al dolor de cabeza de Hangeng.
—¿Hangeng? Habla conmigo hermano. Necesito saber qué sientes para poder ayudarte —inquirió Ren de cuclillas frente a él. Hangeng levantó la cabeza para contestarle, pero la habitación comenzó a girar y lo siguiente que sintió fue el duro suelo.
—¡Joder! ¡He matado a mi compañero! —exclamó Henry saltando del mostrador y arrodillándose a su lado—. Por favor no me dejes, mi gran macho dominante. Te amo, ¿de acuerdo? Te quiero mucho y no puedes dejarme nunca.
—No voy a ningún sitio bebé —jadeó un segundo más tarde.
—¡Henry! ¡Henry! —gritó Ren para conseguir que le prestara atención. Cuando la tuvo, le señaló las bolsas que estaban en el mostrador—. Bebe, ¡ahora! No serás capaz de ayudarlo sin eso. Vas a necesitar fuerzas.
—Bien, bien. Puedo hacerlo. —Se levantó de un salto y empezó a chupar inmediatamente de una bolsa.
—¿Qué te duele Hangeng? Dime lo que sientes —le preguntó de nuevo Ren volviéndose hacia él.
—Respiro como si tuviera la boca llena de algodones —dijo con calma, cerrando los ojos y tratando de concentrarse. Sabía que si se angustiaba, Henry sentiría el pánico, y no podía hacerle eso—. Me duele la cabeza y tengo calambres en el estómago, como si fuera a lanzar un misil por el culo. —Henry terminó la primera bolsa y comenzó con la segunda.
—Olvidé que podía pasar eso —dijo Ren frustrado pasándose una mano por su pelo—. Todavía tardarás unos minutos en superar la crisis.
—Cansado, estoy muy cansado y sediento. Pero no de sangre —gimió en voz baja cuando otro dolor le golpeó en la cabeza—. Solo quiero mi cama y mi compañero para acurrucarme.


—Bueno, eso es lo que haremos ahora mismo —rio Ren sacando su teléfono móvil. Marcó unos números y segundos más tarde estaba hablando. Hangeng estaba lo suficientemente cerca como para seguir su conversación—. Mi amor, ¿estás disponible para ayudarme con Hangeng? Voy a curarlo, pero necesito beber de ti, Baekho. Y es posible que sea necesario que traigas a alguno de tus hermanos para poder llevarlo a la cama.
—¿Qué pasó? ¿Está bien?

—Estará bien cuando su cuerpo se acostumbre a la sangre. Es lo mismo que cuando los humanos sufren una intoxicación alimenticia si algo extraño entra en su sistema. Puedo ayudarlo con su dolor de cabeza y sus calambres estomacales, y estará bien en uno o dos días. Con Henry a su lado, tardará menos de lo que parece en estar bien.
—Lo que tú digas mi genio —rio Baekho en el teléfono—.
Ahora vamos a ayudarte. Te amo.

—También te amo, mi gran guerrero.

—¿Entonces, realmente va a vivir? —preguntó Henry cuando Ren colgó el teléfono.
—Sí, realmente va a vivir —respondió Ren sonriendo suavemente a Henry, y luego a Hangeng—. La reacción ha sido algo más rápida y más fuerte de lo que había pensado, pero no hay nada de qué preocuparse.
—No, no te siento ni preocupado ni molesto —suspiró Henry tomando la tercera bolsa.
—Te amo Henry —le dijo Hangeng mientras lanzaba besos al aire desde donde estaba.
—Te amo muchísimo, mi macho dominante —se rio Henry.


—¿Qué es eso de macho dominante? —preguntó Ren en un susurró para que solo Hangeng lo oyese.
—Cuando alguien es posesivo, celoso y gruñón, la mayoría de la gente dice que es un cavernícola —le explicó. Se detuvo mirando a Henry—. Pero después de todo lo que ha pasado en la cueva, no quiero que piense en cavernícolas nunca más, no quiero que nada le recuerde ese lugar.
—Lo amas y eres un buen compañero para él —dijo Ren con una sonrisa.
—¿Qué estáis susurrando? —preguntó Henry levantando una ceja mientras pasaba de la bolsa tres a la cuatro.
—Nada —respondieron ambos. Y por suerte, las tropas llegaron justo en ese momento.
—Dejadme curarlo antes de sacarlo de aquí —dijo Ren a ZiTao, Jongdae, Baekho y TOP. Colocó una mano sobre su frente y la otra en su estómago.
Al principio Hangeng no sintió nada, pero después fue como si una agradable almohadilla térmica irradiara calidez y confort. Dio un grito ahogado cuando los calambres y dolores de cabeza disminuyeron.
—Quédate quieto —le ordenó TOP cuando intentó levantarse. Estaba demasiado débil como para luchar—. Nosotros te llevaremos arriba, ¿de acuerdo? Solo relájate y deja que te ayudemos.
—Está bien —murmuró mientras se volvía a tumbar. Por mucho que odiara la idea de que lo llevaran como a un inválido, la sensación de que lo ayudaran estaba bien.
—Estoy aquí, te veré en la cama —le dijo Henry suavemente arrodillándose a su lado y alejando el cabello de su frente. Tenía otra bolsa de sangre en la otra mano, supuso que sería la quinta—. Te quiero Hangeng.
—Yo a ti más, bebé. —Cerró los ojos, pero los volvió a abrir cuando comenzó a sentir náuseas. Sus hermanos tardaron más de tres minutos en sacarle del laboratorio y llevarlo al ascensor. Minutos más tarde, Hangeng estaba en el baño de la habitación, mientras, ZiTao y TOP, pretendían que la pared era muy fascinante.
Ellos lo ayudaron a volver a la cama, Henry le hizo tomar una bebida deportiva antes de darles a todos las gracias por su ayuda, y se quedaron dormidos uno alrededor del otro. Hangeng estaba dispuesto a pasar por ese dolor para poder aparearse oficialmente con su pareja. Pero no podía dejar de preguntarse que si su dolor era peor de lo que Ren había esperado, ¿cómo sería de incómodo para Henry?

CONTINUARÁ.........

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