CAPITULO SIETE
—¡No
puedo hacer esto Nari! —Oyó gritar a Henry dos días más tarde mientras
entraba a la cocina. No tenía intención de quedarse allí y hacer de espía, pero
estaba sorprendido por ese estallido viniendo de él—. Nunca voy a conseguirlo.
—Henry, ese lenguaje —criticó su madre mientras señalaba la silla
desde donde se había levantado de un salto, y volvió a sentarse.
—Estás
siendo muy duro contigo mismo —dijo Nari con suavidad y le hizo un gesto hacia
los libros que tenía delante—. No llevas nada más que dos días, y se necesitan
años. Sé paciente y aprenderás cada día un poco más.
—Los
demonios tenían razón. Soy estúpido. —Suspiró y golpeó su cabeza contra la
mesa—. Dijeron que era estúpido e inútil, y finalmente estoy de acuerdo con
ellos. Pensé que si podía salir de la cueva podría demostrar que estaban
equivocados, pero sólo estoy demostrando que tenían razón.
—Mamá,
¿me disculpas por favor? —le preguntó Hangeng con un tono helado colocándose al
lado de su compañero.
Henry levantó su cabeza, y su madre asintió con una sonrisa. Sabía que iba a tener
una conversación seria con él. Ella simplemente no sabía cómo hacerlo. O al
menos eso esperaba.
—Traeré a tu estudiante de vuelta tras un ajuste
de actitud.
—Que
sea sencillo, Hangeng —dijo ella gentilmente—. Esto es difícil para él.
—Entiendo
—contestó Hangeng, pero no iba a tolerar que su pareja se insultara a sí mismo.
Lo levantó y lo tiró encima de su hombro. Henry dio un grito de asombro.
—Lo
siento, Hangeng, ¿de acuerdo? No debería haber dicho esas cosas.
—No,
no deberías haberlo hecho. —Subió con él las escaleras—. Pero solo lo sientes
porque estoy enojado, no porque creas que no eres estúpido. Y no voy a permitir
que mi inteligente compañero piense eso de sí
mismo.
—Hangeng,
vamos, ¿por favor? —gimió mientras golpeaba su espalda como hacía en sus
habitaciones—. ¡No soy un niño! Suéltame y deja de actuar así.
—Te
estás comportando como un niño, así que te trataré como a uno —respondió Hangeng cuando entraron en su habitación. Lo dejó de pie y le quitó la ropa—. Necesitas
ser castigado por tu comportamiento, y te azotaré hasta que estés de acuerdo
conmigo en que eres inteligente.
—Nunca
estaré de acuerdo con eso —respondió Henry con firmeza cruzando los brazos
sobre su pecho y lanzándole puñales con su mirada—. Y ahora mismo no quiero
jugar ni ser azotado. No estoy de humor.
—Los
castigos no son para cuando te apetecen, compañero. —Casi gruñó sus palabras al
mismo tiempo que se sentaba sobre la cama y lo tumbaba sobre su regazo. Se
retorció y luchó contra él, pero era fácil sujetarlo con una mano mientras le
daba azotes con la otra—. Esto es por hablar mal de ti mismo.
—Le azotó varias veces más en rápida sucesión—. Eso es por no creer en
ti y no ser paciente después de todo lo que has pasado.
—Lo
entiendo, puedes parar —dijo, pero Hangeng podía sentir su polla dura atrapada
entre sus piernas—. Está bien, tengo que ser más paciente.
—Admite
que eres inteligente —gruñó. Cuando no respondió le dio cinco azotes en cada
mejilla—. Puedo hacer esto todo el día, bebé. Incluso puedo hacerlo más
despacio. Admite que no eres estúpido.
—No —susurró agarrándose a la pierna de Hangeng con fuerza. Le golpeó
más fuerte esta vez, y gritó sorprendido—. ¡No voy a mentirte!
—¿Por
qué crees que eres estúpido Henry? —preguntó Hangeng dándose cuenta de que
estaba tan enfadado con lo que había dicho que no sabía por qué lo había
hecho—. Explícamelo.
—Hemos
estado trabajando en leer y escribir durante cuatro días y todavía no puedo
escribir mi nombre en cursiva sin joderlo.
—Oh
bebé —suspiró Hangeng y lo puso a horcajadas sobre su regazo. Henry se abrazó
a él—. ¿Puedes escribir tu nombre?
—Sí.
Pero no puedo firmar —susurró contra su cuello—. Tu madre va a enfadarse
conmigo y va a dejar de enseñarme.
—Para
ahora mismo —gruñó de nuevo y golpeó su culo unas cuantas veces con ambas
manos—. Mi madre es una maestra maravillosa, no te atrevas a pensar menos de
ella. Ha enseñado a siete chicos rebeldes todo lo que saben, y nunca, nunca
renunció con nosotros.
—No lo digo en contra de Nari, te lo juro Hangeng —declaró con firmeza
y se echó hacia atrás para poder mirarlo a los ojos—Tu madre es maravillosa. La quiero mucho. Solo quería decir que cada
uno tiene su punto de ruptura y yo voy a empujar el suyo.
—Eso
no va a pasar bebé —dijo antes de besar sus labios suavemente—. Mi madre tiene
la paciencia de un santo.
—Está
bien. Te creo. No creo que se quede atascada con un estudiante malísimo.
—Deja
de decir eso —gruñó colocándolo de nuevo en su regazo. Le golpeó duro de nuevo
una y otra vez. Estaba preocupado de hacerle daño, pero sintió el pre-semen
filtrarse a sus pantalones vaqueros—. Has aprendido a escribir en cuatro días.
¿Qué más has aprendido?
—Acabo
de terminar el último de esos vídeos, y he leído unos libros infantiles. Nari quiere intentar que lea un libro del siguiente nivel.
—Bebé,
eso es increíble —exclamó sentándolo a horcajadas con la última palabra—.
¿Confías en mi madre?
—Por supuesto, Nari es genial, solo… Hangeng le tapó la boca con la mano y le cortó.
—Por supuesto, Nari es genial, solo… Hangeng le tapó la boca con la mano y le cortó.
—¿Confías
en mí, Henry? —Juntó sus cejas y asintió, y casi podía ver que estaba
intentando hacer la conexión. Poco a poco quitó la mano de su boca y acarició
su mejilla—. Entonces confía que nunca te vamos a mentir bebé. Tengo fe en ti
Henry. Mi madre dice que estás haciendo un gran trabajo. Creo que estás
trabajando mucho, y mira todo lo que has logrado. Estoy orgulloso.
—¿Lo
estás? —susurró abriendo los ojos.
—Lo
estoy —asintió sonriendo—. Hay un dicho popular, “no puedes enseñar a un perro
viejo trucos nuevos”, aprender se hace más difícil a medida que creces Henry.
Tu lo has hecho todo en cuatro días, bebé. Sé que no eres un niño, pero lleva
años aprender a escribir en cursiva. Relájate, ¿de acuerdo?
—¿Estás
seguro que lo estoy haciendo mejor de lo que lo haría la mayoría? —preguntó
vacilante después de unos momentos.
—Estoy
muy seguro. Afloja un poco la cuerda. Han pasado cuatro días Henry.
Infiernos, la Biblia dice que el Dios cristiano lo hizo todo en siete días.
Creo que puedes tardar un poco más en escribir en letra cursiva.
—Buen
punto. —Se rio mientras se retorcía en su regazo besándolo en el cuello—.
Asíííííííííí que… ¿Me castigas más y lo disfrazamos de sexo?
—¿Quieres
que lo disfracemos de sexo? —gruñó cuando besó su hombro.
—Bueno,
tenía la esperanza de hacerlo mientras mi castigo estaba todavía en marcha.
—¡Ah!
¿Qué tienes en mente? —preguntó echándose hacia atrás quitándose la camisa.
—Tenía
la esperanza de que podías tumbarme sobre la cama y azotarme mientras me follas
—dijo en voz baja con las mejillas coloradas. Estaban oficialmente del mismo
color que el culo después de la paliza que le había dado.
—Umm.
Creo que me gusta esa idea —gimió Hangeng mientras le frotaba el culo
consiguiendo que gritara—. ¿Fui demasiado duro contigo bebé?
—No,
y tienes derecho a azotarme para sacarme de mi mieditis —respondió mientras se
deslizaba de su regazo—. Sabías que quería hacerlo, por lo que en realidad no
era un castigo. Además tienes razón, puedo dudar de mí mismo a veces, pero
confío en Nari y en ti. No tengo razones para pensar que ninguno de los dos me
mentiría. No estaba pensando, estaba dejando que mis dudas salieran.
—¿Y
ahora? —Victor se estaba desnudando tan rápido como los vampiros podían,
queriendo resolver el asunto y pasar a cosas mejores.
—Y
ahora creo que necesito darme una oportunidad. —Se encogió de hombros. Henry se inclinó sobre la cama con los pies en el suelo mientras descansaba su peso
sobre sus antebrazos. Victor gimió por la vista—. Todavía no puedo decir que
creo que soy inteligente, pero no voy a volver a decir que soy estúpido.
—Eso
es un comienzo —contestó Hangeng mientras se movía detrás de él, frotando las
mejillas de su culo. Miró hacia abajo para ver las huellas de sus manos que lo
estaban poniendo tan duro como una piedra—. Me gusta marcar este magnífico y
firme culo, Malachi.
—A
mí también me gusta —gimió mientras empujaba su culo más fuerte contra las
manos de Hangeng.
—No
seas tan exigente —gruñó dándole una palmada en el culo. Su compañero gimió
empuñando las sábanas—. Sabes que me gusta cuando ruegas, Henry.
—Por
favor, Hangeng,marca mi culo con tu mano. Dale a tu pareja más de lo que
necesita.
—Sé
lo que necesitas —susurró abriendo las piernas con su pie. Le dio un azote
suave a su saco, y Malachi gritó arqueando la
espalda. La vista
era impresionante—. ¿Te ha gustado
bebé?¿Quieres
más?
—Sí,
por favor, oh sí —dijo entre dientes. Rotó entre los suaves azotes en sus
pelotas y las duras palmadas en el culo, asegurándose de que movía el tapón.
Henry se volvía loco bajo él, haciendo sonidos impresionantes. Cuando no pudo
aguantar más, sacó el tapón y alineó su polla.
—Es
hora de que te recompense por tomar el castigo como un buen compañero —gruñó
Hangeng mientras se enterraba en casa, golpeando las bolas del uno contra las
del otro. No empezó despacio, sabiendo que ambos estaban más que preparados
para un viaje rápido. Estaba lubricado y extendido desde que llevaba el tapón,
así que sabía que no le estaba haciendo daño.
—Más
duro Hangeng. Dame más duro —rogó Henry en voz alta—. Oh joder, puedo sentirte
por todas partes. Es tan bueno que no quiero que termine.
—Podremos hacerlo de nuevo, bebé.
—¿Me
lo prometes? —agonizó bajo las rápidas embestidas, mientras miraba por encima
de su hombro. Sintió una sonrisa extenderse en su rostro cuando comenzó a
follarlo incluso más fuerte.
—¡Oh
infierno, sí! —contestó entre estocadas, moviéndose más rápido para enfatizar
el punto—. Córrete para mí, ¡ahora!
—¡Hangeng! —gritó Henry tan fuerte que pensó que las ventanas se
sacudirían. Se puso rígido y se corrió. Su culo exigía la liberación de Victor
mientras gritaba con cada erupción. Lo siguió directamente, rugiendo cuando se
corrió dentro de él. Cuando ambos terminaron, se dejó caer a un lado para no
aplastarlo.
—Te
amo Henry —jadeó varios minutos después mientras envolvía su cuerpo.
—Te
amo también, compañero —respondió él, y acarició el cuello de Hangeng con su
cara mientras ponía una pierna sobre sus caderas. Era como si estuviera
tratando de meterse dentro, pero era demasiado tarde. Henry era una parte de
Hangeng de la que nunca podría librarse aunque quisiera. Y sabía que nunca lo
haría, nunca querría dejarlo ir.
—¿Estáis
listos para esto? —les preguntó Ren ese mismo día cuando se sentaron en el
laboratorio.
—¿Estás
seguro de que no le hará daño a Hangeng? — contestó vacilante Henry de nuevo.
Había
expresado varias veces su preocupación sobre que Hangeng tomara una gran
cantidad de su sangre, tras lo cual él tendría que beberse varias bolsas de la
sangre de Hangeng que Ren almacenaba.
—Probablemente
estará un poco cansado todo el día de hoy, pero eso es lo peor que podría
suceder. Ambos estaréis agotados y hambrientos durante un par de días. Aunque
no puedo saber cuánto, ya que no hemos hecho esto nunca.
—Lo sabemos Ren dijo Hangeng lanzándole una sonrisa. Parecía más seguro de lo que
realmente se sentía.
—Estás
preocupado —susurró Henry cuando Hangeng lo levantó contra el mostrador—.
Puedo sentirlo.
—Confío
en Ren—le contestó lentamente escogiendo las palabras con cuidado—. Pero,
sí, siempre hay un riesgo, y tú eres mi compañero, bebé. Es normal que me
preocupe. Si no pensara que esto fuera a funcionar, no estaría dispuesto a
hacerlo, ¿de acuerdo?
—De
acuerdo, entonces vamos a hacerlo —respondió asintiendo después de un momento.
Luego inclinó su cuello y abrió sus piernas para que Hangeng se situara entre
ellas.
—Os
daré unos minutos, ya que esta es vuestra
primera vez —dijo Ren en voz baja mientras salía por la puerta.
—Me
entrego a ti libremente, Hangeng—susurró Henry mirándolo a los ojos. Hangeng se movía entre sus muslos para que sus ingles se rozaran, mientras Henry pasaba las manos por su pecho—. Soy tuyo, mi compañero. Mi corazón, mi alma, mi
cuerpo y mi ser te pertenecen.
—Gracias
—le contestó Hangeng en voz baja mientras con una mano le acariciaba la espalda
y la otra agarraba su cabello para retenerlo. Lamió su cuello con movimientos
largos y suaves y pasó la mano por su culo. Apretó suavemente, quería que
recordara cómo se habían divertido antes, en lugar de su miedo.
Funcionó. Henry gimió en voz alta y empujó sus caderas contra las de Hangeng, quien se
tomó unos segundos para hundir los colmillos en su cuello. Gimió por el sabor
de su sangre cuando pasó a lo largo de su lengua, llevó una mano entre ellos y
le acarició el pene a través de sus pantalones cortos. La sangre de Henry no
tenía un sabor dulce como había escuchado a la gente describir la de sus
compañeros, pero no sabía nada mal. Supuso que era debido a los trastornos que
había tenido en la sangre. Era como el café amargo, buena, pero con un regusto
ácido.
—Hangeng —gritó mientras se corría, la semilla caliente se filtró por sus pantalones
cortos contra su mano.
Siguió
bebiendo de él. Ren le había dicho que tenía que tomar por lo menos tres
litros. Luego le darían a Henry, los cinco que le habían extraído a él
durante los últimos días. Ren creía que tendrían suficiente con el
intercambio de entre siete u ocho litros. También había tenido en cuenta la
sangre residual que quedaría en sus músculos.
Hangeng gimió mientras bebía, continuó trabajando la polla de Henry mientras seguía
corriéndose. Parecía el conejito Energizer de los orgasmos. Normalmente, los orgasmos
decaían cuando dejaban de beber, ya que las olas del clímax estaban vinculadas
de alguna manera a cada pulsación de la sangre, así que como Hangeng seguía
bebiendo, Henry continuaba corriéndose.
Finalmente,
cuando pensó que había tomado lo que necesitaba, Hangeng abrió la boca y se
retiró. Se sentía un poco mareado, pero se inclinó hacia adelante para lamer la
marca de apareamiento cuando Henry quedó inerte entre sus brazos.
—¿Estás bien, bebé?
Abrió
y cerró la boca un par de veces, tratando de limpiar su garganta. Cuando fue
obvio que su voz no podía salir, decidió renunciar, dándole solamente una
amplia sonrisa y lanzándole un beso. Hangeng se echó a reír. ¡Vaya un pequeño
duende al que se había acoplado! Y lo amaba jodidamente tanto que ya no podía
imaginar su vida sin él.
De
repente, Hangeng tuvo que sentarse. Encontró un taburete con ruedas y dejó caer
su culo antes de desplomarse. Inclinándose sobre su compañero, puso la cabeza
contra su muslo. Su respiración comenzó a volverse más difícil, como si tuviera
algodón en los pulmones. Luego le dolió el estómago, como si necesitara vomitar
en ese momento, pero no sabía si podía.
—Muy
bien, ya siento mis miembros otra vez —jadeó Henry incorporándose—. ¿Hangeng?
¿Hangeng, estás bien?
—Creo
que no. —Dio un grito ahogado y su cabeza comenzó a doler.
—¡Ren!
—gritó con todas sus fuerzas, lo que no hizo ningún bien al dolor de cabeza de
Hangeng.
—¿Hangeng?
Habla conmigo hermano. Necesito saber qué sientes para poder ayudarte —inquirió
Ren de cuclillas frente a él. Hangeng levantó la cabeza
para contestarle, pero la habitación comenzó a girar y lo siguiente que sintió
fue el duro suelo.
—¡Joder!
¡He matado a mi compañero! —exclamó Henry saltando del mostrador y
arrodillándose a su lado—. Por favor no me dejes, mi gran macho dominante. Te
amo, ¿de acuerdo? Te quiero mucho y no puedes dejarme nunca.
—No
voy a ningún sitio bebé —jadeó un segundo más tarde.
—¡Henry!
¡Henry! —gritó Ren para conseguir que le prestara atención. Cuando la tuvo,
le señaló las bolsas que estaban en el mostrador—. Bebe, ¡ahora! No serás capaz
de ayudarlo sin eso. Vas a necesitar fuerzas.
—Bien,
bien. Puedo hacerlo. —Se levantó de un salto y empezó a chupar inmediatamente
de una bolsa.
—¿Qué
te duele Hangeng? Dime lo que sientes —le preguntó de nuevo Ren volviéndose
hacia él.
—Respiro
como si tuviera la boca llena de algodones —dijo con calma, cerrando los ojos y
tratando de concentrarse. Sabía que si se angustiaba, Henry sentiría el
pánico, y no podía hacerle eso—. Me duele la cabeza y tengo calambres en el
estómago, como si fuera a lanzar un misil por el culo. —Henry terminó la primera
bolsa y comenzó con la segunda.
—Olvidé
que podía pasar eso —dijo Ren frustrado pasándose una mano por su pelo—.
Todavía tardarás unos minutos en superar la crisis.
—Cansado,
estoy muy cansado y sediento. Pero no de sangre —gimió en voz baja cuando otro
dolor le golpeó en la cabeza—. Solo quiero mi cama y mi compañero para
acurrucarme.
—Bueno,
eso es lo que haremos ahora mismo —rio Ren sacando su teléfono móvil. Marcó
unos números y segundos más tarde estaba hablando. Hangeng estaba lo
suficientemente cerca como para seguir su conversación—. Mi amor, ¿estás
disponible para ayudarme con Hangeng? Voy a curarlo, pero necesito beber de ti,
Baekho. Y es posible que sea necesario que traigas a alguno de tus hermanos para
poder llevarlo a la cama.
—¿Qué pasó? ¿Está bien?
—Estará
bien cuando su cuerpo se acostumbre a la sangre. Es lo mismo que cuando los
humanos sufren una intoxicación alimenticia si algo extraño entra en su
sistema. Puedo ayudarlo con su dolor de cabeza y sus calambres estomacales, y
estará bien en uno o dos días. Con Henry a su lado, tardará menos de lo que
parece en estar bien.
—Lo que tú digas mi genio —rio Baekho en el teléfono—.
Ahora vamos a ayudarte. Te amo.
—También te amo, mi gran guerrero.
—¿Entonces,
realmente va a vivir? —preguntó Henry cuando Ren colgó el teléfono.
—Sí,
realmente va a vivir —respondió Ren sonriendo suavemente a Henry, y luego a
Hangeng—. La reacción ha sido algo más rápida y más fuerte de lo que había
pensado, pero no hay nada de qué preocuparse.
—No, no te siento ni preocupado ni molesto —suspiró Henry tomando la
tercera bolsa.
—Te
amo Henry —le dijo Hangeng mientras lanzaba besos al aire desde donde estaba.
—Te
amo muchísimo, mi macho dominante —se rio Henry.
—¿Qué
es eso de macho dominante? —preguntó Ren en un susurró para que solo Hangeng lo oyese.
—Cuando
alguien es posesivo, celoso y gruñón, la mayoría de la gente dice que es un
cavernícola —le explicó. Se detuvo mirando a Henry—. Pero después de todo lo
que ha pasado en la cueva, no quiero que piense en cavernícolas nunca más, no
quiero que nada le recuerde ese lugar.
—Lo amas y eres un buen compañero para él —dijo Ren con una sonrisa.
—¿Qué
estáis susurrando? —preguntó Henry levantando una ceja mientras pasaba de la
bolsa tres a la cuatro.
—Nada
—respondieron ambos. Y por suerte, las tropas llegaron justo en ese momento.
—Dejadme
curarlo antes de sacarlo de aquí —dijo Ren a ZiTao, Jongdae, Baekho y TOP.
Colocó una mano sobre su frente y la otra en su estómago.
Al
principio Hangeng no sintió nada, pero después fue como si una agradable
almohadilla térmica irradiara calidez y confort. Dio un grito ahogado cuando
los calambres y dolores de cabeza disminuyeron.
—Quédate quieto —le ordenó TOP cuando intentó levantarse. Estaba
demasiado débil como para luchar—. Nosotros te llevaremos arriba, ¿de acuerdo?
Solo relájate y deja que te ayudemos.
—Está
bien —murmuró mientras se volvía a tumbar. Por mucho que odiara la idea de que
lo llevaran como a un inválido, la sensación de que lo ayudaran estaba bien.
—Yo
a ti más, bebé. —Cerró los ojos, pero los volvió a abrir cuando comenzó a
sentir náuseas. Sus hermanos tardaron más de tres minutos en sacarle del
laboratorio y llevarlo al ascensor. Minutos más tarde, Hangeng estaba en el baño
de la habitación, mientras, ZiTao y TOP, pretendían que la pared era muy
fascinante.
Ellos
lo ayudaron a volver a la cama, Henry le hizo tomar una bebida deportiva
antes de darles a todos las gracias por su ayuda, y se quedaron dormidos uno
alrededor del otro. Hangeng estaba dispuesto a pasar por ese dolor para poder
aparearse oficialmente con su pareja. Pero no podía dejar de preguntarse que si
su dolor era peor de lo que Ren había esperado, ¿cómo sería de incómodo para
Henry?
CONTINUARÁ.........
CONTINUARÁ.........

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