sábado, 15 de junio de 2019

MAS ALLA DE LOS HERMANOS KIM 01: KWAK ARON

CAPITULO CUATRO


Por desgracia, me desperté de nuevo cuando me estaban sacando de la casa y me subían en la parte de atrás de lo que parecía una ambulancia, pero no pensé que Ren tuviera una de esas. Entonces me volví a despertar un poco más tarde en la clínica cuando el médico estaba tratando de mantenerme con vida. Luché contra ellos tanto como pude, hasta que alguien me contuvo. Estoy seguro de que me desperté varias veces más, pero todo parecía estar en una neblina.
—¿Aron? Necesito que te despiertes, Aron —dijo Ren en algún momento, no es que tuviera idea de cuándo. Y lo vi de pie junto a mí, cuando abrí los ojos—. ¿Puedo quitarte las restricciones ahora? ¿Has terminado de luchar?


—Sí —dije con voz ronca, completamente mintiendo a través de mis dientes. Tenía toda la intención de tratar de volver a morir.
—Está mintiendo. Sus ojos tienen ese tic cuando lo hace — le dijo Minho, cuando se trasladó de pie junto a éste—. No le quites las restricciones.
—¿Por qué no me dejas morir? —exclamé en voz baja mientras las lágrimas me caían—. Por favor, déjame ir.
—No. He trabajado muy duro para mantenerte vivo, Aron—me escupió el pequeño médico cuando me miró con odio en sus ojos—. Sólo Dios sabe por qué sin embargo.
—Por favor, por favor, Minho —le supliqué, me quedé mirando a mi amigo—. Incluso Ren me quiere muerto, sólo míralo. Por favor, déjame morir. No puedo seguir con esto. Es que no puedo.
—Sí, puedes, Aron —dijo mientras se inclinaba para besarme en la mejilla—. No me importa si Ren te odia, ¿de acuerdo? Sé quién eres realmente, y quiero que sigas aquí. Vamos a explicárselo todo después de que estés mejor, te lo prometo. Ya he hablado con Shindong, y sabe la verdad.
—Maté a mi propio padre —le susurré mientras trataba de quitarme las restricciones—. Le saqué los colmillos a SungJong. Le dije cosas horribles a Jiyong. Y HyunSeong cree que soy un pequeño Thunder. ¿Para qué coño voy a vivir?
—Por mí —exigió Minho mientras me sujetaba por los hombros—. Nunca te he pedido ni una maldita cosa en mi puta vida, Aron. Te lo estoy pidiendo ahora. Júrame que vas a dejar de tratar de poner fin a tu vida. Te lo ruego, que no lo vas a hacer. Y sé que si haces una promesa, la cumplirás.
—Sí, claro —se rio el médico.

—Cállate la boca, Ren—gruñó Minho—. No lo sabes todo. No tienes ni idea de lo que ha pasado. Salvó tu vida al decirle a Shindong lo de la bomba.
—Y yo salvé la de él —gritó Ren, pero luego se calló. Miré hacia donde él estaba mirando, y ahí en la puerta estaban Shindong, MyungSoo, SungJong, TOP, y Jiyong.
—¿Realmente necesitas más razones para dejarme morir, Minho? —le pregunté, asintiendo hacia ellos—. Ya es suficiente,¿de acuerdo?

—No, Aron, no está bien —dijo Shindong con firmeza, y volví la cara lejos de ellos. Traté de enterrar mi cara en la almohada, pero no pude con las correas que me restringían. En su lugar, básicamente me bloqueé y me aislé. No podía aguantar más. Mirando a la pared, escuché lo que estaba pasando, pero realmente no podía contestar ni preocuparme—. Minho me lo contó, Aron. Y hay más en la historia de lo que pensábamos.
—Me dijo que lloraste cuando me arrancaste los colmillos—dijo SungJong en voz baja mientras caminaba frente a mí—. Que no querías hacerlo, pero que tenías miedo por mí. Minho nos dijo que estabas tratando de protegerme ese día en el hospital de Padre, no a la inversa. Y nos dijo que me lanzaste toda esa mierda cuando me secuestraste porque si yo hubiera sabido por qué lo estabas haciendo, Padre todavía habría ido a por mí.
Cerré los ojos, no quería oír nada más y traté de evadirme mentalmente.
—Por favor, Aron. No quiero que mueras, ¿de acuerdo? — Susurró SungJong, y sentí que me daba un beso en la mejilla. No respondí o dije nada, a sabiendas de que estaba soñando. Eso o ya estaba total y jodidamente chalado, y estaba realmente en una habitación acolchada. Pero no dejaban de hablarme. Finalmente abrí los ojos y miré a Minho.
—¿Si me comprometo a no dejarme morir, se acabarán las alucinaciones? —le pregunté, haciendo caso omiso de los resoplidos de asombro—. Todo el mundo saldrá de mi cabeza, si te juro que no me voy a matar.
—¿Qué alucinaciones, Aron? —dijo Minho cuando se inclinó hacia delante mientras se sentaba en la cama y tomaba mi mejilla—. ¿Qué estás viendo, amigo?
—SungJong está aquí, y Jiyong —le respondí, sintiéndome molesto—. No hay manera de que les importe una mierda si me muero, ¿de acuerdo?
—No, si estuvieran en su sano juicio —murmuró Ren.


—Ellos están realmente aquí —dije con firmeza y asentí hacia el doc—. Te juro que no me voy a matar, ¿de acuerdo? Mira, no te estoy mintiendo, mi ojo no tiene ningún tic. Por favor, Minho. Quítame los puños y déjame dormir, quizás así todo salga de mi cabeza.
—Bien, Aron —dijo Minho, con los ojos rebosantes de lágrimas mientras se inclinó y abría las restricciones—. Pero me has hecho una promesa, ¿de acuerdo? No te atrevas a romperla.
—No lo haré. —Asentí, sólo quería dormir—. Solamente haz que se marchen, por favor. No puedo aguantar nada más en mi cabeza. Es como si me torturaran escuchándolos cuando sé que no son reales.
—Haré que se vayan —dijo en contra de mis labios antes de besarme—. Solos tú y yo. Todos los demás se irán a casa.
—Gracias —suspiré cuando cerré los ojos y apreté mis manos contra mi pecho, ahora estaba libre. Me puse de lado, me acurruqué en la almohada cuando Minho tiró de la manta cubriéndome. Era una mierda porque sabía que iba a cumplir mi promesa a mi amigo, pero me sentía bien porque a alguien finalmente le importaba.
Me desperté con unos labios suaves besando mi cuello y  un cuerpo duro pegado contra mi espalda. Al darme cuenta de que era Minho, fui a alejarme cuando su mano viajó hasta mi estómago.
—Por favor, no —le susurré, y aflojó los brazos a mi alrededor. Me levanté de la cama y miré a mi mejor amigo—. No puedo hacer esto, Minho.
—¿Por qué eres heterosexual? —Me preguntó, mirando mi erección—. No estoy tan seguro de eso, Aron.


—No, sí, no lo sé —respondí mientras me ponía el pantalón afelpado que alguien había dejado sobre la silla para mí—. No sé lo que soy. Y honestamente, quiero, pero no por las razones equivocadas. Quiero ser consolado y cuidado, Minho. Quiero ser amado y olvidar todo lo demás, pero no puedo hacerte esto.¿Tiene eso sentido? Tú eres la única persona que tengo en mi vida a la que le importo una mierda, y no voy a utilizarte.
—Tal vez realmente no eres el bastardo tan grande que todos pensábamos que eras —dijo el doc. Salté por la sorpresa y me volví hacia la puerta en la que estaba apoyado. Sentí que mis mejillas se calentaban, rápidamente me puse la camiseta—. Y yo que pensaba que eras una mierda.
—Cree lo que quieras, Ren. —Me encogí de hombros, mientras me ponía mis zapatillas de deporte—. Me lo merezco¿vale? Gracias por salvarme, pero me gustaría irme ahora.

—Entonces, ¿qué, estás sano y estable mentalmente  ahora? —preguntó el médico, levantando una ceja hacia mí—. Pensaste que estabas viendo cosas la otra noche, cuando tus hermanos estaban tratando de llegar hasta ti para que vivieras.
—¿Eso era real? —Contesté, abriendo mucho los ojos cuando miré a Minho—. ¿No estaba alucinando?
—No, Aron, estaban realmente aquí —respondió en voz baja—. Decías que estabas viendo cosas.
—Pensé que tenía que ser así, SungJong dijo que me perdonaba
—le dije mientras me sentaba en la silla—. Todo está un poco borroso, pero recuerdo que te prometí que no iba a tratar de matarme o simplemente dejarme morir.
—Bien —respondió Minho con un gesto mientras se sentaba—. Vamos a llevarte a casa, ahora que estás mejor.


—No puede salir porque ha prometido ser bueno —dijo el doc, lanzando sus manos al aire.
—No voy a romper mi promesa —le contesté, mirándolo fijamente a los ojos—. Nunca rompo una promesa o me retracto de mis palabras
—Es la verdad, Ren. Así es como la mitad de esta mierda comenzó —dijo Minho, respirando profundamente.
—No, Minho —le supliqué—. Por favor, dime que no se lo has dicho.
—No lo hice, pero es necesario, Aron —respondió, moviendo la cabeza—. Eso explicaría mucho.
—Sólo necesito algo de tiempo, ¿de acuerdo? Necesito salir de aquí, irme lejos de aquí por un tiempo y pensar en soledad — le dije, mirando a Ren—. No voy a hacer nada, lo juro. Si las cosas empeoran, o creo que voy a romper esa promesa, entonces es que estoy realmente loco. Volveré, y me puedes meterme en una celda acolchada.
—Está bien, puedes irte —suspiró el pequeño médico mientras se movía de la puerta dándome su tarjeta—. Mi número de móvil está ahí, Aron. Llámame si las cosas van mal y necesitas ayuda. Prométemelo.
—Tú me quieres muerto. ¿Por qué me ayudarías más de lo que ya lo has hecho?
—Porque si Shindong cree en ti, estoy dispuesto a dar un salto de fe. —Se encogió de hombros Ren—. Tienes que tomar el triple del consumo normal de sangre.
—Gracias —le susurré al sentir los lagrimones que querían empezar de nuevo. En lugar de ceder, salí de la habitación y fuera de la clínica lo más rápido que pude. Fue un poco duro
teniendo en cuenta que casi había drenado casi toda mi sangre y que mi costado estaba quejándose.
—¿A dónde irás, Aron? —preguntó Minho mientras trotaba detrás de mí—. ¿Quieres compañía?
—Quiero encontrar a tu pareja —contesté en voz baja, y caminamos silenciosamente hasta su coche.
—¿Y qué si te quiero a ti? —susurró mientras me abrazaba por detrás, y yo apoyaba mis manos en su coche. En cuanto estuve en sus brazos, me permití cepillar mis labios contra los suyos—. Te quiero, Aron, tú eres mi mejor amigo.
—Yo también te quiero, Minho —le contesté, ahuecando su mejilla—. Tú siempre has estado ahí para mí, y con todo lo que quiero lo que me estás ofreciendo, no es correcto. Todo está borroso para mí en este momento, ¿puedes entender eso? Te mereces a alguien en tu corazón y en tu cama que esté ahí por las razones correctas, no porque no tenga a nadie en el mundo.
—Ahu —dijo mientras giraba su cara como si lo hubiera golpeado.
—Oye, esa no sería la única razón —le susurré mientras le volvía la cara hacia la mía—. Siento algo por ti, aparte de ser únicamente mi mejor amigo, Minho. Pero no creo que sea ese tipo de amor, y no voy a joder tu acoplamiento.
—No sé si es esa clase de amor u otra cosa, Aron —dijo con lágrimas en los ojos—. No creo que esté enamorado de ti. Sólo  sé que te quiero y quiero consolarte. Eres mi mejor amigo, y necesitas ser amado.
—Esa no es una razón válida para que estemos juntos, lo sabes, Minho —le contesté, y lo besé otra vez—. Y nos impactará en algún punto del camino porque no será suficiente, lo que siento ahora no es suficiente. No puedo arriesgarme a perderte como a mi mejor amigo cuando sé que esto no es lo que ninguno de nosotros necesita.
—Muy bien, imbécil —dijo, abrazándome con fuerza—. Todavía estás buenísimo, y todavía quiero saber qué se siente enterrando mi polla en tu culo virgen.
—¿Cómo no supe que eras gay durante todos estos años?—Me reí entre dientes mientras le devolvía el abrazo—. ¿Y quién dice que yo tengo que ser el de abajo?
—La mitad de la diversión está en luchar por quien está en la cima —dijo, guiñándome un ojo, nos separamos. Me reí tanto que me hizo sentir años más joven y que había tomado la decisión correcta. Minho se merecía el amor verdadero, y aunque nunca quise sacar ese punto, su familia era casi tan jodida como la mía. No quería que estuviéramos juntos porque no teníamos a nadie más.
Y aunque durante meses fui un idiota porque todo el mundo a mi alrededor era gay. Ahora, después de todo lo que había sucedido, no me importaba una mierda, incluso yendo tan lejos como para besar a mi mejor amigo. Era como si al matar a mi padre me hubiera liberado de todo a lo que una vez me había aferrado y pudiera encontrar mi propio camino. ¿Cómo de frustrante era eso?
Minho me había llevado a casa, dejándome en el coche mientras iba al interior y hacía lo que yo no podía. Volvió una media hora más tarde con las llaves de mi BMW, una maleta con mis cosas, y ropa de verdad para que me la pusiera. Me bajé del coche, me desnudé, y me puso el traje nuevo que estaba bien para que me vieran en público.
—Eso sí, no desaparezcas de la faz de la tierra, ¿de acuerdo? —Me pidió Minho mientras observaba como me cambiaba—. No me dejes aquí volviéndome loco con que te haya sucedido algo. Necesitas tiempo y quieres espacio. Eso está bien. Voy a mantener la fortaleza y mantener a todos alejados de ti. Pero me harás saber lo que está pasando todos los días, Aron. O voy a buscarte y a atarte por el resto de tu vida como mi esclavo sexual.
—Trato hecho —Me reí cuando agarré mi cartera y las llaves—. ¿Harías algo más por mí?
—Cualquier cosa —respondió con una sonrisa, y sabía que era la verdad—. Me estás dejando al cargo.
—¿Puedes ponerte en contacto con HyunSeong y decirle que sigue siendo el heredero? —le pregunté, sabiendo que Minho odiaba a HyunSeong—. ¿Por favor, Minho? No debería perder la herencia por las razones que fueron. Y realmente, no la quiero.
—Voy a llamarlo y hablar con él acerca de lo que está pasando, si no fuera tan capullo —dijo Minho después de unos momentos—. Pero, vamos a esperar hasta que te aclares la cabeza, antes de que vayas regalando las llaves del castillo. ¿De acuerdo?
—Sí, es justo —le contesté, abrazándolo con rapidez una vez más antes de darme vuelta hacia el garaje principal, con mi bolsa.
—Esto no es un adiós, tonto del culo —gritó, y yo revolví los ojos.
—No, es un hasta luego —respondí mientras abría la puerta de atrás y tiraba mi maleta dentro. Luego me metí en el lado del conductor, arranqué, y salí del garaje. Me saludó con la mano mientras me iba, me sentí libre por primera vez en mi vida. Thunder se había ido, y aunque tenía que lidiar con eso, por una vez no tenía que manejar cualquier otra cosa. Solamente quería vivir.

Tomé un vuelo a Nueva York, pensando que podía volar a cualquier lugar que quisiera desde allí. Al mirar a través de los destinos posibles, olí algo que me hizo sudar de miedo.
—Entonces, ¿dónde vas? —me preguntó mi compañero de pie a mi lado.
—Realmente no lo sé —respondí, mi voz temblorosa—. ¿Y
tú?

—Iba a coger un vuelo de conexión a Italia —contestó
lentamente—. Pero ahora estoy pensando que deberíamos ir a  tu casa y acoplarnos.
—Estoy en una especie de fuga del hogar —le dije con honestidad—. Nunca he visto Italia, sin embargo.
—¿Sí?

—Sí, pero creo que será mejor para ti si vas por tu cuenta—le contesté mientras miraba en el tablero de salidas de vuelos—. No soy una buena persona, y un montón de mierda acaba de golpearme. Es por eso por lo que me estoy escapando por un tiempo, porque soy un desastre. Ni siquiera creo que sepa quién soy, y eso es algo a lo que nadie debe estar sometido.
—Creo que eres más agradable de lo que tú crees, si has sido capaz de admitir todo eso ante mí —dijo después de unos momentos—. También tengo un poco de introspección que hacer. Acabo de recibir una patada en mi culo por ser gay. Así que tengo mi propio conjunto de problemas. Y aunque no estoy seguro de que pueda meterme en una nueva relación y más entre compañeros, sería un gilipollas sólo por alejarme de mi pareja. ¿No te parece?
Pensé en lo que dijo durante unos minutos, dándole vueltas en mi cabeza antes de contestar. —Así que Italia, ¿eh?
—Sí, sonaba lo suficientemente lejos —contestó en voz baja, y finalmente me miró. Di un grito ahogado en estado de shock por lo hermoso que era. No estaba hablando de lindo o sexi, era impresionante. Se me quedó mirando cuando miré a sus ojos.
Eres    hermoso    —le    dije    finalmente    mientras    me empapaba  en  todo  lo  de  él.  Medía  un  1.70  frente  a  mis  2.01. Mientras  que  yo  tenía  los  ojos  marrón  claro  y  el  pelo  rubio oscuro,  mi  compañero  lo  tenía  rubio,  casi  blanco,  pero  el  pelo blanco  le  rozaba  sus  hombros  y  sus  brillantes  ojos  azules  me hicieron  pensar  que  veía  mucho  más  de  lo  que  estaba  en  la superficie.
—Estaba pensando lo mismo de ti —contestó, sonrojándose. Pensé que estabas tan buenorro que me sentí endurecer. Levantó la nariz y olfateó el aire mientras sus ojos se agrandaron.
—Lo siento —dije, sintiendo el calor subiendo por mi propia cara.
—Yo no —susurró mientras se inclinaba y ponía su mano contra mi pecho—. Me encanta que te pongas duro con solo mirarme.
—¿Quién no lo haría? —le pregunté mientras miraba a su rosada lengua salir como una flecha y lamer sus lujuriosos labios por los que cualquier mujer mataría. Era casi de aspecto frágil con su figura delgada, las caderas y las manos pequeñas. Sus ojos se movían alrededor para ver si había alguien lo suficientemente cerca como para oírnos.
—¿Por qué eres tan grande para ser un vampiro?

—Soy un guerrero —le contesté y vi como la lujuria le nublaba los ojos—. ¿Cómo te llamas, pequeño?
—Minhyun —dijo mientras buscaba mi rostro—.
¿Sabes lo que soy?

—Un cambiaformas de algún tipo —le respondí con honestidad. No olía a lobo o a cualquiera de los otros cambiaformas con los que me había encontrado.
—Soy un leopardo blanco —dijo, sonrojándose de nuevo—.
Debes saber que entramos en celo con el ciclo lunar.

—De ahí el color del pelo —le contesté, mi mano temblorosa mientras me acercaba y lo tocaba. Era tan suave que todo en lo que podía pensar era en cómo se sentiría contra mi cuerpo desnudo—. Así que Italia, ¿verdad?
—¿En serio? —Susurró Minhyun mientras me miraba con ojos esperanzadores—. ¿Estás dispuesto a intentarlo?
—Si estás dispuesto a ser paciente conmigo, pequeño —le contesté, inclinándome para cepillar sus labios con los míos. Fue un beso rápido, pero los dos estábamos jadeando cuando nos separamos—. Soy Kwak Aron.
—Quiero saberlo todo sobre ti, Aron —dijo, levantando su rostro para otro beso—. Pero mi vuelo sale dentro de media hora, y creo que será mejor que compres tu billete.
—Estoy de acuerdo —le contesté, besándolo rápidamente de nuevo porque no podía dejar pasar la oportunidad. Moví mi mano sobre la suya, entrelazando nuestros dedos, cuando me agaché para recoger mi maleta—. ¿Tu equipaje ya se ha cargado porque es un vuelo de conexión?
—Sí, sólo tengo esto —respondió mientras recogía su mochila. Antes de que incluso me hubiera dado cuenta, tomé su mochila y me la eché sobre mi hombro. Tomé su mano mientras me sonreía y se sonrojaba. Fuimos al mostrador. Compré mi billete y cambié el de Minhyun a primera clase. Empezó a protestar, pero le puse mala cara y le hice un gesto hacia mi cuerpo demasiado grande.
—Realmente no me harías sentarme en un asiento tan pequeño como si fuera el de un coche para un vuelo de catorce horas, ¿verdad?
—No, eso sería mezquino. —Se rio mientras nos dirigíamos a nuestra puerta. La mano de Minhyun se sentía tan suave y pequeña en comparación a la mía que me daba miedo hacerle daño. Como si sintiera lo que sentía, se inclinó después de que tomamos asiento a la espera de la llamada de embarque—. Soy un cambiaformas, Aron. Te prometo que no me romperé.
—Lo siento —le contesté tímidamente mientras miraba a esos brillantes ojos azules—. No estoy seguro de cómo estar con un hombre.
—¿Soy tu primero? —preguntó Minhyun, sus ojos como platos. Asentí y fui a girar mi cara, pero su mano me detuvo—. ¿La idea de estar acoplado a un hombre te repulsa?
—No, estoy un poco sorprendido solamente —le respondí con honestidad y curvé mi cejas—. Pensé que iba a estar molesto, pero no lo estoy. Estoy muy contento de haberte encontrado.


—Bueno, eso es un comienzo —ronroneó Minhyun cuando acarició con su cabeza mi hombro. Sentí como me puse duro como una roca en un instante. Dulce infierno, mi compañero era un gato,  y su ronroneo me encendía. ¡Eso no era lo que esperaba!

CONTINUARÁ......

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