Por
desgracia, me desperté de nuevo cuando me estaban sacando de la casa y me
subían en la parte de atrás de lo que parecía una ambulancia, pero no pensé que
Ren tuviera una de esas. Entonces me volví a despertar un poco más tarde en
la clínica cuando el médico estaba tratando de mantenerme con vida. Luché
contra ellos tanto como pude, hasta que alguien me contuvo. Estoy seguro de que
me desperté varias veces más, pero todo parecía estar en una neblina.
—¿Aron?
Necesito que te despiertes, Aron —dijo Ren en algún momento, no es que
tuviera idea de cuándo. Y lo vi de pie junto a mí, cuando abrí los ojos—.
¿Puedo quitarte las restricciones ahora? ¿Has terminado de luchar?
—Sí
—dije con voz ronca, completamente mintiendo a través de mis dientes. Tenía
toda la intención de tratar de volver a morir.
—Está
mintiendo. Sus ojos tienen ese tic cuando lo hace — le dijo Minho, cuando se
trasladó de pie junto a éste—. No le quites las restricciones.
—¿Por
qué no me dejas morir? —exclamé en voz baja mientras las lágrimas me caían—.
Por favor, déjame ir.
—No. He trabajado muy duro para mantenerte vivo,
Aron—me escupió el pequeño médico
cuando me miró con odio en sus ojos—. Sólo Dios sabe por qué sin embargo.
—Por
favor, por favor, Minho —le supliqué, me quedé mirando a mi amigo—. Incluso
Ren me quiere muerto, sólo míralo. Por favor, déjame
morir. No puedo seguir con esto. Es que no puedo.
—Sí,
puedes, Aron —dijo mientras se inclinaba para besarme en la mejilla—. No me
importa si Ren te odia, ¿de acuerdo? Sé quién eres realmente, y quiero que
sigas aquí. Vamos a explicárselo todo después de que estés mejor, te lo
prometo. Ya he hablado con Shindong, y sabe la verdad.
—Maté
a mi propio padre —le susurré mientras trataba de quitarme las restricciones—.
Le saqué los colmillos a SungJong. Le dije cosas horribles a Jiyong. Y HyunSeong cree
que soy un pequeño Thunder. ¿Para qué coño voy a vivir?
—Por
mí —exigió Minho mientras me sujetaba por los hombros—. Nunca te he pedido ni
una maldita cosa en mi puta vida, Aron. Te lo estoy pidiendo ahora. Júrame que
vas a dejar de tratar de poner fin a tu vida. Te lo ruego, que no lo vas a
hacer. Y sé que si haces una promesa, la cumplirás.
—Sí, claro —se rio el médico.
—Cállate
la boca, Ren—gruñó Minho—. No lo sabes todo. No tienes ni idea de lo que ha
pasado. Salvó tu vida al decirle a Shindong lo de la bomba.
—Y
yo salvé la de él —gritó Ren, pero luego se calló. Miré hacia donde él estaba
mirando, y ahí en la puerta estaban Shindong, MyungSoo, SungJong, TOP, y Jiyong.
—¿Realmente
necesitas más razones para dejarme morir, Minho? —le pregunté, asintiendo hacia
ellos—. Ya es suficiente,¿de acuerdo?
—No,
Aron, no está bien —dijo Shindong con firmeza, y volví la cara lejos de ellos.
Traté de enterrar mi cara en la almohada, pero no pude con las correas que me
restringían. En su lugar, básicamente me bloqueé y me aislé. No podía aguantar más. Mirando a la pared, escuché lo que estaba pasando, pero realmente
no podía contestar ni preocuparme—. Minho me lo contó, Aron. Y hay más en la
historia de lo que pensábamos.
—Me
dijo que lloraste cuando me arrancaste los colmillos—dijo SungJong en voz baja mientras caminaba frente a mí—. Que no querías
hacerlo, pero que tenías miedo por mí. Minho nos dijo que estabas tratando de
protegerme ese día en el hospital de Padre, no a la inversa. Y nos dijo que me
lanzaste toda esa mierda cuando me secuestraste porque si yo hubiera sabido por
qué lo estabas haciendo, Padre todavía habría ido a por mí.
Cerré
los ojos, no quería oír nada más y traté de evadirme mentalmente.
—Por
favor, Aron. No quiero que mueras, ¿de acuerdo? — Susurró SungJong, y sentí que me
daba un beso en la mejilla. No respondí o dije nada, a sabiendas de que estaba
soñando. Eso o ya estaba total y jodidamente chalado, y estaba realmente en una
habitación acolchada. Pero no dejaban de hablarme. Finalmente abrí los ojos y
miré a Minho.
—¿Si
me comprometo a no dejarme morir, se acabarán las alucinaciones? —le pregunté,
haciendo caso omiso de los resoplidos de asombro—. Todo el mundo saldrá de mi
cabeza, si te juro que no me voy a matar.
—¿Qué
alucinaciones, Aron? —dijo Minho cuando se inclinó hacia delante mientras se
sentaba en la cama y tomaba mi mejilla—. ¿Qué estás viendo, amigo?
—SungJong está aquí, y Jiyong —le respondí, sintiéndome molesto—. No hay manera de que
les importe una mierda si me muero, ¿de acuerdo?
—No,
si estuvieran en su sano juicio —murmuró Ren.
—Ellos
están realmente aquí —dije con firmeza y asentí hacia el doc—. Te juro que no
me voy a matar, ¿de acuerdo? Mira, no te estoy mintiendo, mi ojo no tiene
ningún tic. Por favor, Minho. Quítame los puños y déjame dormir, quizás así todo
salga de mi cabeza.
—Bien,
Aron —dijo Minho, con los ojos rebosantes de lágrimas mientras se inclinó y
abría las restricciones—. Pero me has hecho una promesa, ¿de acuerdo? No te
atrevas a romperla.
—No
lo haré. —Asentí, sólo quería dormir—. Solamente haz que se marchen, por favor.
No puedo aguantar nada más en mi cabeza. Es como si me torturaran escuchándolos
cuando sé que no son reales.
—Haré
que se vayan —dijo en contra de mis labios antes de besarme—. Solos tú y yo.
Todos los demás se irán a casa.
—Gracias
—suspiré cuando cerré los ojos y apreté mis manos contra mi pecho, ahora estaba
libre. Me puse de lado, me acurruqué en la almohada cuando Minho tiró de la
manta cubriéndome. Era una mierda porque sabía que iba a cumplir mi promesa a
mi amigo, pero me sentía bien porque a alguien finalmente le importaba.
Me
desperté con unos labios suaves besando mi cuello y un cuerpo duro pegado contra mi espalda. Al
darme cuenta de que era Minho, fui a alejarme cuando su mano viajó hasta mi
estómago.
—Por
favor, no —le susurré, y aflojó los brazos a mi alrededor. Me levanté de la
cama y miré a mi mejor amigo—. No puedo hacer esto, Minho.
—¿Por
qué eres heterosexual? —Me preguntó, mirando mi erección—. No estoy tan seguro
de eso, Aron.
—No,
sí, no lo sé —respondí mientras me ponía el pantalón afelpado que alguien había
dejado sobre la silla para mí—. No sé lo que soy. Y honestamente, quiero, pero
no por las razones equivocadas. Quiero ser consolado y cuidado, Minho. Quiero
ser amado y olvidar todo lo demás, pero no puedo hacerte esto.¿Tiene eso sentido? Tú eres la única persona que tengo en mi vida a la
que le importo una mierda, y no voy a utilizarte.
—Tal
vez realmente no eres el bastardo tan grande que todos pensábamos que eras
—dijo el doc. Salté por la sorpresa y me volví hacia la puerta en la que estaba
apoyado. Sentí que mis mejillas se calentaban, rápidamente me puse la
camiseta—. Y yo que pensaba que eras una mierda.
—Cree
lo que quieras, Ren. —Me encogí de hombros, mientras me ponía mis zapatillas
de deporte—. Me lo merezco¿vale? Gracias por salvarme, pero me gustaría irme
ahora.
—Entonces, ¿qué, estás sano y estable mentalmente ahora? —preguntó el médico, levantando una
ceja hacia mí—. Pensaste que estabas viendo cosas la otra noche, cuando tus
hermanos estaban tratando de llegar hasta ti para que vivieras.
—¿Eso
era real? —Contesté, abriendo mucho los ojos cuando miré a Minho—. ¿No estaba
alucinando?
—No, Aron, estaban realmente aquí —respondió en voz baja—. Decías que estabas
viendo cosas.
—Pensé
que tenía que ser así, SungJong dijo que me perdonaba
—le dije mientras me sentaba en la silla—. Todo está un poco borroso,
pero recuerdo que te prometí que no iba a tratar de matarme o simplemente
dejarme morir.
—Bien
—respondió Minho con un gesto mientras se sentaba—. Vamos a llevarte a casa,
ahora que estás mejor.
—No
puede salir porque ha prometido ser bueno —dijo el doc, lanzando sus manos al
aire.
—No
voy a romper mi promesa —le contesté, mirándolo fijamente a los ojos—. Nunca
rompo una promesa o me retracto de mis palabras
—Es
la verdad, Ren. Así es como la mitad de esta mierda comenzó —dijo Minho,
respirando profundamente.
—No,
Minho —le supliqué—. Por favor, dime que no se lo has dicho.
—No
lo hice, pero es necesario, Aron —respondió, moviendo la cabeza—. Eso
explicaría mucho.
—Sólo
necesito algo de tiempo, ¿de acuerdo? Necesito salir de aquí, irme lejos de
aquí por un tiempo y pensar en soledad — le dije, mirando a Ren—. No voy a
hacer nada, lo juro. Si las cosas empeoran, o creo que voy a romper esa
promesa, entonces es que estoy realmente loco. Volveré, y me puedes meterme en
una celda acolchada.
—Está
bien, puedes irte —suspiró el pequeño médico mientras se movía de la puerta
dándome su tarjeta—. Mi número de móvil está ahí, Aron. Llámame si las cosas
van mal y necesitas ayuda. Prométemelo.
—Tú
me quieres muerto. ¿Por qué me ayudarías más de lo que ya lo has hecho?
—Porque
si Shindong cree en ti, estoy dispuesto a dar un salto de fe. —Se encogió de
hombros Ren—. Tienes que tomar el triple del consumo normal de sangre.
—Gracias
—le susurré al sentir los lagrimones que querían empezar de nuevo. En lugar de
ceder, salí de la habitación y fuera de la clínica lo más rápido que pude. Fue
un poco duro
—¿A
dónde irás, Aron? —preguntó Minho mientras trotaba detrás de mí—. ¿Quieres
compañía?
—Quiero
encontrar a tu pareja —contesté en voz baja, y caminamos silenciosamente hasta
su coche.
—¿Y
qué si te quiero a ti? —susurró mientras me abrazaba por detrás, y yo apoyaba
mis manos en su coche. En cuanto estuve en sus brazos, me permití cepillar mis
labios contra los suyos—. Te quiero, Aron, tú eres mi mejor amigo.
—Yo
también te quiero, Minho —le contesté, ahuecando su mejilla—. Tú siempre has estado
ahí para mí, y con todo lo que quiero lo que me estás ofreciendo, no es
correcto. Todo está borroso para mí en este momento, ¿puedes entender eso? Te
mereces a alguien en tu corazón y en tu cama que esté ahí por las razones
correctas, no porque no tenga a nadie en el
mundo.
—Ahu
—dijo mientras giraba su cara como si lo hubiera golpeado.
—Oye,
esa no sería la única razón —le susurré mientras le volvía la cara hacia la
mía—. Siento algo por ti, aparte de ser únicamente mi mejor amigo, Minho. Pero
no creo que sea ese tipo de amor, y no voy a joder tu acoplamiento.
—No
sé si es esa clase de amor u otra cosa, Aron —dijo con lágrimas en los ojos—.
No creo que esté enamorado de ti. Sólo
sé que te quiero y quiero consolarte. Eres mi mejor amigo, y necesitas ser amado.
—Esa
no es una razón válida para que estemos juntos, lo sabes, Minho —le contesté, y
lo besé otra vez—. Y nos impactará en algún punto del camino porque no será
suficiente, lo que siento ahora no es suficiente. No puedo arriesgarme a
perderte como a mi mejor amigo cuando sé
que esto no es lo que ninguno de nosotros necesita.
—Muy
bien, imbécil —dijo, abrazándome con fuerza—. Todavía estás buenísimo, y
todavía quiero saber qué se siente enterrando mi polla en tu culo virgen.
—¿Cómo no supe que eras gay durante todos estos
años?—Me reí entre dientes mientras
le devolvía el abrazo—. ¿Y quién dice que yo tengo que ser el de abajo?
—La
mitad de la diversión está en luchar por quien está en la cima —dijo,
guiñándome un ojo, nos separamos. Me reí tanto que me hizo sentir años más
joven y que había tomado la decisión correcta. Minho se merecía el amor
verdadero, y aunque nunca quise sacar ese punto, su familia era casi tan jodida
como la mía. No quería que estuviéramos juntos porque no teníamos a nadie más.
Y
aunque durante meses fui un idiota porque todo el mundo a mi alrededor era gay.
Ahora, después de todo lo que había sucedido, no me importaba una mierda,
incluso yendo tan lejos como para besar a mi mejor amigo. Era como si al matar
a mi padre me hubiera liberado de todo a lo que una vez me había aferrado y
pudiera encontrar mi propio camino. ¿Cómo de frustrante era eso?
Minho me había llevado a casa, dejándome en el coche mientras iba al interior y hacía
lo que yo no podía. Volvió una media hora más tarde con las llaves de mi BMW,
una maleta con mis cosas, y ropa de verdad para que me la pusiera. Me bajé del
coche, me desnudé, y me puso el traje nuevo que estaba bien para que me vieran
en público.
—Eso
sí, no desaparezcas de la faz de la tierra, ¿de acuerdo? —Me pidió Minho mientras observaba como me cambiaba—. No me dejes aquí volviéndome loco con que
te haya sucedido algo. Necesitas tiempo y quieres espacio. Eso está bien. Voy a
mantener la fortaleza y mantener a todos alejados de ti. Pero me harás saber lo que está
pasando todos los días, Aron. O voy a buscarte y a atarte por el resto de tu
vida como mi esclavo sexual.
—Trato
hecho —Me reí cuando agarré mi cartera y las llaves—. ¿Harías algo más por mí?
—Cualquier
cosa —respondió con una sonrisa, y sabía que era la verdad—. Me estás dejando
al cargo.
—¿Puedes
ponerte en contacto con HyunSeong y decirle que sigue siendo el heredero? —le
pregunté, sabiendo que Minho odiaba a HyunSeong—. ¿Por favor, Minho? No debería
perder la herencia por las razones que fueron. Y realmente, no la quiero.
—Voy
a llamarlo y hablar con él acerca de lo que está pasando, si no fuera tan
capullo —dijo Minho después de unos momentos—. Pero, vamos a esperar hasta que
te aclares la cabeza, antes de que vayas regalando las llaves del castillo. ¿De
acuerdo?
—Sí,
es justo —le contesté, abrazándolo con rapidez una vez más antes de darme
vuelta hacia el garaje principal, con mi bolsa.
—Esto
no es un adiós, tonto del culo —gritó, y yo revolví los ojos.
—No,
es un hasta luego —respondí mientras abría la puerta de atrás y tiraba mi
maleta dentro. Luego me metí en el lado del conductor, arranqué, y salí del
garaje. Me saludó con la mano mientras me iba, me sentí libre por primera vez
en mi vida. Thunder se había ido, y aunque tenía que lidiar con eso, por una
vez no tenía que manejar cualquier otra cosa. Solamente quería vivir.
Tomé un vuelo a Nueva York, pensando que podía volar a cualquier lugar que quisiera desde allí. Al mirar a través de los destinos posibles, olí algo que me hizo sudar de miedo.
Tomé un vuelo a Nueva York, pensando que podía volar a cualquier lugar que quisiera desde allí. Al mirar a través de los destinos posibles, olí algo que me hizo sudar de miedo.
—Entonces,
¿dónde vas? —me preguntó mi compañero de pie a mi lado.
—Realmente no lo sé —respondí, mi voz
temblorosa—. ¿Y
tú?
—Iba a coger un vuelo de conexión a Italia
—contestó
lentamente—. Pero ahora estoy pensando que deberíamos ir a tu casa y
acoplarnos.
—Estoy
en una especie de fuga del hogar —le dije con honestidad—. Nunca he visto
Italia, sin embargo.
—¿Sí?
—Sí,
pero creo que será mejor para ti si vas por tu cuenta—le contesté mientras miraba en el tablero de salidas de vuelos—. No
soy una buena persona, y un montón de mierda acaba de golpearme. Es por eso por
lo que me estoy escapando por un tiempo, porque soy un desastre. Ni siquiera
creo que sepa quién soy, y eso es algo a lo que nadie debe estar sometido.
—Creo
que eres más agradable de lo que tú crees, si has sido capaz de admitir todo
eso ante mí —dijo después de unos momentos—. También tengo un poco de
introspección que hacer. Acabo de recibir una patada en mi culo por ser gay.
Así que tengo mi propio conjunto de problemas. Y aunque no estoy seguro de
que pueda meterme en una nueva relación y más entre compañeros, sería un
gilipollas sólo por alejarme de mi pareja. ¿No te parece?
Pensé
en lo que dijo durante unos minutos, dándole vueltas en mi cabeza antes de
contestar. —Así que Italia, ¿eh?
—Sí,
sonaba lo suficientemente lejos —contestó en voz baja, y finalmente me miró. Di
un grito ahogado en estado de shock por lo hermoso que era. No estaba hablando
de lindo o sexi, era impresionante. Se me quedó mirando cuando miré a sus ojos.
—Eres hermoso
—le dije
finalmente mientras me empapaba
en todo
lo de
él.
Medía un
1.70 frente
a
mis
2.01.
Mientras que yo tenía los
ojos marrón claro
y
el pelo rubio oscuro, mi compañero lo
tenía
rubio,
casi blanco, pero el
pelo blanco
le rozaba
sus hombros y sus brillantes
ojos azules
me
hicieron pensar
que
veía mucho más de
lo que
estaba en la superficie.
—Estaba
pensando lo mismo de ti —contestó, sonrojándose. Pensé que estabas tan buenorro
que me sentí endurecer. Levantó la nariz y olfateó el aire mientras sus ojos se
agrandaron.
—Lo
siento —dije, sintiendo el calor subiendo por mi propia cara.
—Yo
no —susurró mientras se inclinaba y ponía su mano contra mi pecho—. Me encanta
que te pongas duro con solo mirarme.
—¿Quién
no lo haría? —le pregunté mientras miraba a su rosada lengua salir como una
flecha y lamer sus lujuriosos labios por los que cualquier mujer mataría. Era
casi de aspecto frágil con su figura delgada, las caderas y las manos pequeñas. Sus
ojos se movían alrededor para ver si había alguien lo suficientemente cerca
como para oírnos.
—¿Por qué eres tan grande para ser un vampiro?
—Soy un guerrero —le contesté y vi como la lujuria le nublaba los
ojos—. ¿Cómo te llamas, pequeño?
—Minhyun —dijo mientras buscaba mi
rostro—.
¿Sabes
lo que soy?
—Un cambiaformas de algún tipo —le respondí con honestidad. No olía a
lobo o a cualquiera de los otros cambiaformas con los que me había encontrado.
—Soy un leopardo blanco —dijo, sonrojándose de
nuevo—.
Debes
saber que entramos en celo con el ciclo lunar.
—De ahí el color del pelo —le contesté, mi mano temblorosa mientras me
acercaba y lo tocaba. Era tan suave que todo en lo que podía pensar era en cómo
se sentiría contra mi cuerpo desnudo—. Así que Italia, ¿verdad?
—¿En
serio? —Susurró Minhyun mientras me miraba con ojos esperanzadores—. ¿Estás
dispuesto a intentarlo?
—Si
estás dispuesto a ser paciente conmigo, pequeño —le contesté, inclinándome para
cepillar sus labios con los míos. Fue un beso rápido, pero los dos estábamos
jadeando cuando nos separamos—. Soy Kwak Aron.
—Quiero
saberlo todo sobre ti, Aron —dijo, levantando su rostro para otro beso—. Pero
mi vuelo sale dentro de media hora, y creo que será mejor que compres tu
billete.
—Estoy
de acuerdo —le contesté, besándolo rápidamente de nuevo porque no podía dejar
pasar la oportunidad. Moví mi mano sobre la suya, entrelazando nuestros dedos, cuando me agaché para
recoger mi maleta—. ¿Tu equipaje ya se ha cargado porque es un vuelo de
conexión?
—Sí,
sólo tengo esto —respondió mientras recogía su mochila. Antes de que incluso me
hubiera dado cuenta, tomé su mochila y me la eché sobre mi hombro. Tomé su mano
mientras me sonreía y se sonrojaba. Fuimos al mostrador. Compré mi billete y
cambié el de Minhyun a primera clase. Empezó a protestar, pero le puse mala cara y
le hice un gesto hacia mi cuerpo demasiado grande.
—Realmente
no me harías sentarme en un asiento tan pequeño como si fuera el de un coche
para un vuelo de catorce horas, ¿verdad?
—No,
eso sería mezquino. —Se rio mientras nos dirigíamos a nuestra puerta. La mano
de Minhyun se sentía tan suave y pequeña en comparación a la mía que me daba miedo
hacerle daño. Como si sintiera lo que sentía, se inclinó después de que tomamos
asiento a la espera de la llamada de embarque—. Soy un cambiaformas, Aron. Te
prometo que no me romperé.
—Lo
siento —le contesté tímidamente mientras miraba a esos brillantes ojos azules—.
No estoy seguro de cómo estar con un hombre.
—¿Soy
tu primero? —preguntó Minhyun, sus ojos como platos. Asentí y fui a girar mi cara,
pero su mano me detuvo—. ¿La idea de estar acoplado a un hombre te repulsa?
—No,
estoy un poco sorprendido solamente —le respondí con honestidad y curvé mi
cejas—. Pensé que iba a estar molesto, pero no lo estoy. Estoy muy contento de
haberte encontrado.
—Bueno, eso es un comienzo —ronroneó Minhyun cuando acarició con su cabeza
mi hombro. Sentí como me puse duro como una roca en un instante. Dulce
infierno, mi compañero era un gato, y su
ronroneo me encendía. ¡Eso no era lo que esperaba!
CONTINUARÁ......
CONTINUARÁ......

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