CAPITULO SEIS
TAEMIN.
Me quedé con la boca abierta de asombro, viendo a nuestra pareja irse. Quiero decir, simplemente se fue dejándonos como si fuéramos unos niños traviesos que tenían que limpiar su propio desorden. Mirando por encima a Key, hice una mueca, dándome cuenta de que la analogía no estaba tan lejos de la realidad.
Minho estaba en lo cierto. Ahora entendía la situación mucho mejor y no me sorprendió darme cuenta de que estaba equivocado en cuanto a que Key quisiera que siguiera pidiendo perdón. Así que bien teníamos que arreglarlo. Pero luego vino el tema principal, si podríamos superarlo. Minho nos había dejado para que lo descubriéramos por nosotros mismos.
¿Cómo podía sacar el tema a colación sin necesidad de iniciar una gran pelea con el elefante? Sobre todo cuando el elefante tenía más de 600 años de edad y parecía incluir algo más que a nosotros dos. Maldito elefante.
Realmente sólo quería disparar a la maldita cosa.
—¿Cómo...? —empecé a preguntar, y gruñí cuando me dio un puñetazo en la cara. Sentí un dolor agudo que se inició en algún lugar de mi pómulo e irradió hacia el resto de mi cara. Di un grito ahogado, y unos pasos hacia atrás. Me incliné hacia delante por un momento, apoyándome en mis rodillas, sintiendo un constante martilleo en mi cabeza.
Con el tiempo se calmó un poco, y miré a mi hermano. Estaba de pie, inmóvil, con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado y sus brazos cruzados sobre el pecho. Cuando vio que lo estaba mirando, abrió la boca para hablar.
—Eso es por no creer en mí, o confiar más en una persona que acabas de conocer —Key me gruñó, sus colmillos fuera.
—¿Entonces vamos a luchar? —Solté un bufido, escupiendo la sangre que estaba en mi boca. Me la limpié con la parte de atrás de mi mano, y luego sacudí mi cabeza para despejarme.
—A mí me parece un buen comienzo —dijo Key con una sonrisa malévola—. Tal vez si hubiera hecho esto desde el principio, no habría tenido que pasarme los últimos seiscientos años andando con pies de plomo a tu alrededor.
—Muy bien —gruñí, dejando salir mis colmillos. Él no era el único con ira acumulada. Lancé un golpe con mi izquierda y se agachó a la derecha, así que usé mi pie derecho para darle, golpeándolo en las costillas. Escuché su aguda respiración mientras tropezaba lejos de mí.
—¿Piensas que esto ha sido divertido para mí? No podía hablar contigo de esto porque era lo que nos tenía separados. Y la llegada de más hermanos a la familia, todos muy cercanos e inseparables, lo hacía peor. ¿Piensas que me amaban más? No, me tenían lástima, porque, no importaba lo que hiciera, no podía volver a donde estábamos antes.
—Mira, eso es parte del problema —gritó, y me dio una combinación de golpes de los que sólo pude eludir el primero. El primer corte de mi boca que se había curado, pero ahora estaba sangrando de nuevo, y otra vez tenía el labio partido.
«Hijo de puta»—. Tú forzaste todo esto. Regresaste, pero cuando hablaste conmigo, me hiciste creer que me culpabas,aunque no era culpa mía. Entonces, de repente, lo sientes y quieres el perdón y que todo vuelva a la normalidad. ¡Bien, pues perdóname jodidamente por no ser capaz de cambiar de marcha tan fácilmente! Tendré que seguir siendo el malo de la película.
—Nunca te culpé por no volver atrás —grité, lanzando mis manos al aire—. No sabía cómo ayudarte a volver. Lo intenté, Key. Por dios, que lo intenté.
—No, me acosaste —dijo, lanzándose hacia mí otra vez. Y ese comentario me molestó. Giré esquivándolo y le clavé duramente el codo en un lado—. 'Key, lo siento'. 'Key,¿no puedes perdonarme todavía?' 'Key, estaba equivocado'.
—¿Qué debería haber dicho? ¡Eso es lo que dice la gente cuando se disculpa! —Lo tiré al suelo, pero era igual de fuerte que yo y giró sobre nosotros. El lado de mi cabeza se golpeó dolorosamente contra el suelo, y sentí que goteaba sangre. Rodamos varias veces, antes de que se detuviera y se quedara inerte.
—Que creías en mí —susurró, con los ojos llorosos—. Que me amabas y no me dejarías otra vez—. Me congelé con mi puño en el aire, de repente no quería hacerle más daño del que obviamente ya le había hecho—. Nunca dijiste que me amabas. JungMo te jodió, saliste herido. Te hubiera consolado en un segundo, empujando lo que sentía a un lado. Pero no viniste a mí. Fuiste a Ma, como si ya no me quisieras.
—Oh, Key—jadeé—, no tenía ni idea, ni en un millón de años pensé que te sentirías de esa manera. —Dejé mi brazo caer a un lado—. Eso no es cierto. Solamente no quería echar más sal en la herida, haciéndote sufrir más porque mi corazón estaba roto. Esa no era tu carga. Era la mía.
—¡Por supuesto que lo era! —espetó, y me empujó fuera de él. Se puso en pie, enojado de nuevo—. Eres mi mellizo. ¡Siento tu dolor, idiota! Y, sin embargo, no podía ayudarte porque no me dejabas. Tú no me querías.
—¿Quieres saber por qué fui llorando a Ma? —pregunté, tratando de mantener la calma, porque obviamente uno de nosotros tenía que hacerlo. No esperé a que me respondiera—. Porque yo lo había estropeado todo y no sabía si podía arreglarlo. ¡Jodido JungMo! Odiaba al hijo de puta, pero te amaba a ti. No sabía cómo hacerlo mejor.
—¿Eso es cierto? —Sus ojos estaban muy abiertos en estado de shock—. ¿No llorabas por tu amor perdido?
—Un par de veces, seguro. Pero después de unos meses, no se trataba de eso —respondí con suavidad. Rocé con mi mano el lado de mi cabeza que chocó con el suelo, sintiendo en ella la sangre seca. Sin embargo el corte ya se había curado—. No era amor verdadero, Key. Fue una cruel broma y me dolía, pero nada comparado con perderte a ti.
—¡No me perdiste! Nunca regresaste a mí.
—Lo intenté, maldita sea. Me dejaste fuera. —Estábamos empezando a hablar en círculos. Necesitábamos a Ma aquí para que pateara nuestros culos.
—Debido a que siempre querías que te perdonara. Y lo hice. Te perdoné en el momento que me lo pediste y probablemente antes. Pero aun así siempre volvías a Ma, y sentía que ya no me querías cerca. —Se dejó caer de rodillas, pareciendo muy triste y perdido. No pude evitar lo que hice a continuación. Tal vez me golpeara de nuevo, pero tenía que tomar el riesgo.
—Fuimos unos idiotas —susurré mientras envolvía mis brazos a su alrededor—. Nunca quise que esto fuera así ni hacerte daño. Pensé que ya no me querías después de que te abandoné.
—Todo lo que quería era a mi mellizo —murmuró devolviéndome el abrazo—. Sólo quería que me amaras, que tuvieras fe en mí de nuevo, que me necesitaras.
—Siempre te necesito, Key. Y te amo. Eres mi mellizo. Minho podrá ser nuestro compañero, pero tú eres lo primero para mí. Y confío y tengo fe en ti. ¿Por qué crees que hice todo lo que hice o lo que tú querías desde entonces?
—Para tratar de conseguir que te perdonara —gruñó, comenzando a alejarme del abrazo.
—¡No idiota! —dije con firmeza, sacudiéndolo—. Porque confiaba en tu juicio. Si te hubiera escuchado antes, nada de eso habría pasado.
—Oh.
—Sí, oh. —Le solté una risita. Dios, somos dos estúpidos. Todos estos años de problemas y sentimientos dolorosos, y realmente, nos encerramos en nuestros pensamientos en vez de hablar y golpear al bastardo juntos.
Se dejó caer en mi contra, probablemente se sentía tan agotado como yo, por finalmente haber conseguido sacar esto a la intemperie. —¿Entonces deberíamos ir a buscar a nuestro compañero?
—No, dale un poco de tiempo. También tiene que pensar en todo esto, y honestamente, me gustaría tener un par de días solos para pasar el rato, ahora que hemos sacado al elefante.
—¿Qué elefante? —me preguntó mientras se sentaba de nuevo a sus pies, las cejas unidas por la confusión.
—Ese elefante que siempre ha estado en la habitación. — Me reí entre dientes mientras hacía un gesto entre nosotros. Tardó un segundo antes de ver la luz y sonrió. Sí, todo iba a ir bien ahora. Lo sabía.
—¿Zombis? —Key se encogió de hombros, y me entraron ganas de reír. En caso de duda, podíamos disparar con la Xbox.
—Los zombies suenan muy bien, mi mellizo. —Sonreí y me puse en pie, extendiendo mi mano para ayudarlo a levantarse. Me sonrió y me dio la mano. Luego echó un brazo sobre mi hombro, y así es como regresamos a casa... Juntos.
Key, y yo pasamos la semana poniéndonos al día. Sonaba extraño, ya que habíamos vivido juntos durante siglos. Infiernos, compartíamos habitación. Pero era algo que necesitábamos y estábamos más cerca que nunca.
También hablamos sobre los planes para el futuro. Nos gustaban los Estados Unidos, y aunque echaríamos de menos nuestra casa, estuvimos de acuerdo en que necesitábamos quedarnos aquí para hacer feliz a Minho. Pero, ¿dónde nos dejaba eso?
Rebotamos en torno a algunas ideas que tendríamos que hablar con nuestra pareja. Ese era el único estrés que sentíamos, Minho. Lo echábamos de menos ferozmente, y era una lucha constante no salir corriendo y arrastrarlo de vuelta a casa de Aron y darle el espacio que había pedido.
Después de una semana, llegamos a un compromiso. Visitaríamos el Complejo de los Guerreros durante el almuerzo. Al menos de esa manera podríamos hablar cara a cara con él. Habíamos estado enviándonos mensajes de texto, pero no era lo mismo. Ya era hora de mostrarle a nuestra pareja que las cosas iban a estar bien y rezar para que hubiera resuelto lo que había en su cabeza.
Minhyun nos llevó, ya que ninguno de nosotros estaba legalmente autorizado para conducir en este país. Él iba a ver a Aron, así que estaba bien para nosotros. Nuestro nuevo amigo nos gustaba mucho, había llamado a su compañero, e Isaac le había dicho que Minho estaría entrenando en la sala de pesas.
Cuando Minhyun nos dejó allí, seguimos sus instrucciones, y al menos para mí fue el choque de mi vida. Me quedé allí, congelado como un estúpido, como estoy seguro de que Key también estaba.
Sudor. ¡Ahora que teníamos un compañero, había sudor por todas partes! Había docenas de calientes guerreros sin camisa, sudorosos, y otros aún entrenando, por todo el lugar. Quiero decir, Dios mío, era un mar de deliciosa carne musculosa.
—Joder —exclamé en voz baja, mirando embobado. Podría haber encontrado a mi compañero, pero no estaba muerto. Podía apreciar la vista.
—Me gustas, bebé —ronroneó un hombre cuando se trasladó a mi lado. Di un paso atrás por la sorpresa. Era alto y moreno, y pude ver el sudor goteando de sus abultados músculos. Era caliente... tan caliente, y en ese momento estaba diciendo algo más. Sacudí mi cabeza y traté de concentrarme—. Pero tengo la sensación de que estás aquí para ver a otro.
—Minho, necesitamos a Minho —gimió Key. Era bueno saber que estaba tan afectado por esto como yo. Joder, estaba totalmente cachondo.
El hombre miró a su alrededor y señaló a una gran máquina de pesas en el centro del gimnasio. Había un montón de artilugios y pesos voluminosos y enormes distribuidos por todo el espacio, junto con unas pocas alfombras grises esparcidas aquí y allá. Parecía que las máquinas estaban organizadas en función de lo que estuvieran ejercitando.
Nuestro compañero parecía estar en la zona que se centraba en entrenar para conseguir fortalecer el torso. El hombre que se había acercado a hablar con nosotros no era nada en comparación con Minho, que parecía absolutamente delicioso mientras permanecía sentado sin camisa, trabajando sus músculos.
Asentimos nuestro agradecimiento y prácticamente corrimos hacia nuestro compañero, haciendo un alto cuando vimos que estaba levantando toneladas de peso, por lo que no era el momento para distraerlo.
—¡Jodido infierno! Él levanta más de 272 kilos —Key gimió. Me sentí como Minhyun cuando estaba en celo. Minho tiraba hacia abajo de una barra adjunta a decenas de pesos negros. Tiraba de ella hacia abajo, detrás de su cabeza hasta que quedaba al nivel de los hombros y luego extendía los brazos de nuevo.
¿El resultado? Cada firme y sudoroso músculo en su pecho, brazos, costados y estómago, estaba en exhibición, mostrando lo bien trabajados que estaban.
—Ha cogido peso de nuevo —dije encantado. Se veía que había ganado unos 9 kilos de puro músculo. ¡Maldita sea, se veía caliente! No sabía que los guerreros podían ponerse macizos tan rápidamente, pero pensaba hacer mi propia investigación. Lamiendo cada centímetro de su cuerpo.
Minho todavía estaba tirando de la barra, su pecho agitado por el esfuerzo. Ni siquiera nos vio cuando nos lanzamos a él, cada uno a caballo en uno de sus muslos.
—¡Guau, es necesario que dejéis eso! —Se rio entre dientes, sosteniéndonos antes de que todos nos cayéramos de la banca—. Tengo dos calientes y celosos compañeros en casa, y no ven con buenos ojos que los hombres me ataquen.
—Que se jodan —susurré mientras lamía una gota de sudor de su clavícula—. Somos nosotros los que estamos aquí ahora, y estamos en celo. Fóllame, Minho.
—A mí también —Key gimió una vez más, reflejando mis movimientos.
—Necesitamos tu polla, nuestro gran, fuerte, sudoroso y caliente hombre. —Nuestras rodillas chocaban, y me di cuenta que era porque los dos estábamos moliendo nuestra pollas contra los muslos de Minho. Sí, parecíamos una pareja de gatos en celo.
—Sí, tíranos al suelo y móntanos —le rogué descaradamente.
—¿Quieres que te folle frente a una sala llena de hombres semidesnudos? —Yo no sabía si él sonaba enojado o sorprendido. Estaba demasiado superado por la lujuria para centrarme en los detalles de su tono.
—¡Sí! —dijimos al mismo tiempo. Key agarró la cara de Minho y le dio un beso profundo y apasionado mientras yo me metía entre las piernas de nuestro compañero. Estábamos perdidos en el momento, todos habíamos olvidado que había más gente a nuestro alrededor.
—¿Minho, compartes? —gritó alguien, rompiendo nuestra niebla—. ¿Puedo ser el próximo?
—¡Vete a la mierda, Chanyeol! —gruñó Minho separando su boca de Key—. Estos son mis compañeros.
—Oh, lo siento hombre, sólo estaba jugando —dijo Chanyeol. Lo miré de nuevo lentamente desde la esquina de mi ojo—. No quise faltarte al respeto. —Ese Chanyeol, al parecer, era un tipo grande. Parecía que era, posiblemente, un poco más alto que Minho y sus hombros eran ligeramente más amplios. Ciertamente era atractivo, con sus ojos color ámbar y cabello castaño luminoso, pero no me sentí atraído por él.
La única persona a la que quería era a mi compañero.
—Actúas todo hombre de las cavernas con nosotros — Key ronroneó, moviendo sus caderas más rápido—. Joder, voy a correrme.
—No frente a todos, no así —replicó Minho, y se levantó. Lanzó a cada uno de nosotros sobre uno de sus hombros y se fue. Sentí que la lujuria de Key se disparaba a través del techo al igual que la mía propia. Pesábamos cada uno unos 90 kilos, y nos levantó como si fuéramos un saco de patatas de 4.
¡Joder, eso era caliente!
Cuando paró y nos bajó, deslizándonos por su cuerpo, miré a mi alrededor, dándome cuenta de que nos había llevado a los vestidores. ¡Oh dulce Ma misericordiosa, esto se ponía cada vez mejor y mejor! Oí gemir a key, y asentí mi acuerdo. Minho se echó a reír negando con la cabeza nuestras travesuras, y nos empujó de nuevo hacia una ducha vacía.
—Déjanos demostrarte que pensamos que eres una maravilla de hombre —le supliqué, encontrando mi lengua otra vez.
—Y hacer que nos perdones por interrumpir tu entrenamiento cuando simplemente queríamos decir hola y ver si querías comer con nosotros —añadió Key, mirando sin el más mínimo remordimiento.
—¿Y cómo me demostraríais eso? —preguntó Minho, su voz profunda por la lujuria. Yo diría que incluso ronca.
No necesitamos más invitación que esa. Bajé por delante sus pantalones cortos de gimnasia y caí sobre mis rodillas. Key me siguió, yo en el lado derecho y él en el izquierdo, y pasamos la lengua por la polla de nuestra pareja como si fuera el mejor regalo del mundo. Entonces lo succioné hasta mi garganta, Key hizo lo mismo con sus huevos.
Fue uno de los momentos más eróticos y más sucios de mi vida. Estábamos escondidos en la cabina de una ducha, chupando a nuestro compañero. Infiernos, podía escuchar a la gente en el vestuario. Miré a Minho, asegurándome de que lo estaba disfrutando.
Oh, lo hacía. Tenía el puño prácticamente en la boca para mantenerse en silencio, y la cabeza inclinada hacia atrás, apoyada contra los azulejos de la pared de la ducha, sus ojos reflejando el placer que le estábamos dando. Genial.
Rápidamente logré desabrochar mis jeans y comencé a masturbarme antes de que me derramara por la necesidad. Minho fue el primero, y se corrió en mi garganta, lo que me envió justo sobre el borde. Oí el gemido ronco de Key y supe que no había sido el único que no pudo resistirse.
Cuando todos bajamos de nuestro orgasmo, Minho se apoyó contra la pared mientras yo me sentaba de nuevo sobre mis pies, Key reflejando mi acción. Todos nos miramos con unas enormes sonrisas estallando en nuestras caras.
—Wofff ¿Va a ser esta vuestra reacción cada vez que entrene delante de vosotros? —preguntó Minho con un brillo malvado en sus ojos.
—Probablemente sí —admití con un encogimiento de hombros—. Te ves muy bien, pareja. Has ganado más peso.
—Los guerreros podemos ganar masa muscular más rápidamente que los seres humanos utilizando esteroides. —Se echó a reír, sacudiendo la cabeza—. Recordadme que vivamos donde vivamos, necesitamos construir un gimnasio en casa.
—O podemos visitarte aquí durante tu entrenamiento — ronroneó Key, moviendo las cejas sugestivamente mientras nos poníamos de pie.
—Siempre podéis hacer eso —estuvo de acuerdo Minho con un guiño—. Ahora, sobre ese almuerzo, hoy no puedo. Tengo una reunión con el coordinador.
—¿Ah, sí? Eso no suena bien —le dije, el miedo corriendo a través de mi cuerpo.
—Bueno, hay algunas cuestiones que resolver acerca de que yo no estuviera realmente en Grecia cuando se suponía que lo hacía. Shindong les dijo a todos que había retrasado el viaje cuando fui a hablar con él sobre los problemas que estoy teniendo. El coordinador me dio una semana para arreglar todos mis jodidos problemas y volver al camino correcto, o me dejaría en el banquillo. —Abrió la cortina, y salimos al vestuario—. No estoy preocupado. No soy el primer guerrero que está quemado y necesita algo de tiempo. —Su expresión era tranquila y no parecía nervioso, por lo que alivió un poco mi preocupación.
—Bueno, está bien, buena suerte con la reunión —dije, poniéndome de puntas para darle un suave beso a Minho—. Sólo queríamos verte y decirte que te echamos de menos.
—Sí, realmente —admitió Key en voz baja, dándole a Minho una pequeña sonrisa, y un beso—. Hemos trabajado nuestra mierda. ¿Quieres venir pronto a casa? Tenemos mucho de lo que hablar.
—Estoy de acuerdo —respondió, un poco cansado, pero felizmente saciado—. En esta reunión se decidirá mucho, pero iré a cenar esta noche. Aron quiere hablar conmigo, y planeo pasar la noche con vosotros. Sólo tengo que conseguir poner en orden mis historias y nosotros seguiremos a partir de ahí.
Sonaba un poco agorero, pero imaginé que era porque no tenía tiempo para explicárnoslo todo en ese momento. Nos dijimos adiós, después de darle unos cuantos besos de buena suerte, y nos dirigimos a casa. Sabía que yo iba a ser un manojo de nervios mientras Minho se encontrara en la reunión, a pesar de que su comportamiento era relajado.
Según Aron siempre había sido un buen guerrero, nunca había tenido problemas ni cuestionado las órdenes. Los Kim estaban de su parte, junto con Aron. El coordinador, o quien fuera, tendría que tomar eso en cuenta. ¿No?
Mierda. Cuando todo lo demás fallaba y mis nervios me acosaban... era hora de matar zombies.
CONTINUARÁ..........

No hay comentarios:
Publicar un comentario