En un mundo donde los humanos y los seres paranormales coexisten en secreto, y donde los demonios sin alma deambulan, los vampiros sueñan con estar unidos a sus compañeros.
Kim ZiTao es el más joven de los siete hermanos Kim.
Aunque es más conocido por traer felicidad a los que lo rodean, ha estado teniendo problemas para manejar sus propias... Necesidades sexuales. La frustración y el odio a sí mismo, lo han llevado por el camino de la autodestrucción.
Wu Yifan Kris, es un médico y un guerrero que salva a ZiTao en más de un sentido. Entiende que su compañero tiene que sanar de nuevo y sentirse sexualmente satisfecho. Sin embargo, los años que Kris ha pasado solo lo han puesto en un lugar donde parece que no puede entender como satisfacer a su pareja emocionalmente.
¿Aprenderá Kris a expresar su amor por ZiTao de otra manera que no se la sexual? O ¿terminará alejando a ZiTao?
CAPITULO UNO
ZITAO
—Están todos muertos. Los maté. A todos ellos. —Susurré con horror, mirando a mí alrededor la carnicería que estaba ante mí, mientras estaba agazapado en un rincón con la cabeza apoyada contra la fría pared.
La mesa rota en el centro de la habitación, y las gotas de sangre seca de los cinco cadáveres decoraban las paredes grises con salpicaduras chillonas. Pequeños charcos de sangre brillaban en la penumbra del suelo de cemento.
Mirando al hombre que estaba más cerca, pude ver que tenía los ojos abiertos. Recordé como su mirada cambió, de odio a miedo, cuando la vida lo había abandonado.
—¿Qué has matado? Algunas ratas están mejor meando fuera de Washington —Se echó a reír mi hermano mayor.
—Humanos. —Esa palabra estuvo flotando en el aire por un momento, como si ambos deseáramos que se alejara la verdad. Sentí mis entrañas retorcerse asquerosamente.
—¿Has matado a humanos? ¡Dios mío, ZiTao! ¿Por qué?—Susurró Hangeng al teléfono, y supe que no estaba solo allí donde estuviese.
—Me cogieron. Iban a...
—¿Así que fue en defensa propia? —Eso esperaba o iba a estar en un montón de problemas. Pero no sabía si estar dispuesto a ir a casa con un hombre, ser drogado y despertarme rodeado de cinco, sería justificable para El Consejo—. No te muevas, ¿vale? Voy a localizar tu teléfono e iré hasta allí.
—Lo siento. —Exclamé sintiendo como el dolor irradiaba intensificándose—. Puede que no esté consciente cuando llegues para poder ayudarte. No tenía intención de matarlos.
—¿Qué? —Rugió Hangeng. Y una parte de mí, pensó que debía haberle mencionado que estaba herido—. ¿Por qué no me has dicho que estabas herido?
¿Qué había que decir? No quería sonar como un gilipollas pidiendo ayuda. Y tras el minuto de conversación al teléfono no sonaba mucho mejor. Pero sabía lo que quería decir. Desearía que hubiese sido lo primero que saliese de mi boca, en vez de confesar que había matado a mis atacantes.
—¿Cómo es de malo? —preguntó después de ladrar unas órdenes a alguien al fondo.
—No he tomado sangre en más de una semana. —Admití tímidamente. Joder. No había forma de esconderse después de esto—. Hani, por favor, no se lo digas a nadie. Por favor, hermano. No puedo permitir que lo sepan y me vean así. —Sentí un par de lágrimas escaparse de mis ojos—. Sé que tengo mucho que explicar, pero no puedo hacerlo frente a todos.
Se quedó en silencio un momento. Me preocupó el haber perdido la conexión.
—De acuerdo, hermanito. Voy a llevar a Baekho y a Ren, los necesitaremos si estás herido.
—No, por favor. —Gemí, sabiendo que era una causa perdida. Una vez que Hangeng tomaba una decisión, era más fácil mover la luna.
—Es mi oferta final o llamo a mamá. —Sí, me figuré algo de eso.
—Baekho y Ren. —Susurré.
—Eso pensaba. —Respondió y suavizó su tono—. El helicóptero estará preparado en cinco minutos. Ya estamos en camino. Partimos del Complejo de los Guerreros, ¿de acuerdo? No tardaremos mucho, ¿cómo estás de mal?
—No creo que sea mortal, pero estoy destrozado y me han cortado. Se estaban pasando. —Revolví los ojos por lo estúpido que sonaba. Y en el momento en que salió de mi boca supe lo que iba a preguntar.
—¿Qué información estaban tratando de sacarte con esa tortura?
Sí, eso era.
—Hani. —Suspiré, dándome cuenta que iba a tener que decir las palabras en algún momento—. Me drogaron en un club. Me desperté desnudo atado a una mesa, mientras cinco sádicos, intentaban violarme con juguetes, yo estaba totalmente drogado. Pero cuando uno fue a penetrarme, me volví loco. No sé si fue la adrenalina, pero de repente me pude mover y noté clara mi cabeza. Rompí la mesa y los maté a todos.
—Bien. Lamento que hayas sido tú, quien lo hiciera, pero cualquiera de esta familia habría matado a esos hijos de puta. Estaremos allí pronto. —Hangeng colgó sin decir una palabra.
Amaba a mi hermano mayor. Infiernos, me encantaban todos mis hermanos, pero Hangeng y yo estábamos muy unidos. Y el hombre tenía muy mala leche cuando se trataba de su familia.
Cerré los ojos durante unos segundos antes de mirar por encima de los cuerpos esparcidos alrededor, y darme cuenta que les había hecho un favor. Yo lo prefería rápido, luchando por sobrevivir. Teniendo seis hermanos mayores y una madre, ellos probablemente hubieran sido más crueles. Estos humanos habrían sufrido mucho más, en las manos de cualquiera de ellos.
Pero, ¿cuántas vidas acababa de destruir? Ellos eran siete hermanos, y le preocupaba cuando la gente se enterase de lo que había pasado allí. Irían contra ellos también. El mayor era Hangeng, luego TOP, Jongdae, Baekho, Luhan, MyungSoo y por último yo. Tenía setenta y seis años, y todavía me trataban como si tuviera doce años, pero al menos no era el más bajito.
Había vampiros normales, de todas formas y tamaños, igual que los humanos. Luego estaban algunos de nosotros que nacimos guerreros. Cuando atravesamos nuestra transición en la pubertad para convertirnos en vampiros completos, de los que necesitan sangre para sobrevivir, algunos crecemos masivamente. Medía un metro sesenta y uno antes de mi transición a los catorce años, que fue pronto para la mayoría, y un metro noventa y cinco después de acabarla. Nuestra gran altura y mayor musculación era lo que determinaba que fuéramos guerreros en nuestra raza.
¿Por qué los vampiros, fuertes, rápidos, casi invencibles necesitan sus propios guerreros? Por los demonios.
Los demonios fueron una vez vampiros, que decidieron que no querían la sangre para alimentarse, como el resto de nosotros. Ellos la querían por el poder, para matar. Los vampiros somos regidos por un Alto Consejo, vivimos con un estricto código: No dañar a los humanos, el cual acababa de romper, y ocultar las pruebas de nuestra existencia a los seres humanos. En las últimas décadas con bancos de sangre por todo el mundo, la mayoría propiedad de familias vampíricas, no teníamos la necesidad de alimentarnos de los humanos para sobrevivir, nunca más.
Mmm, sangre, sonaba bien en estos momentos. ¿Qué tipo de vampiro imbécil, se niega a sí mismo la sangre con el sexo? Oh, espera... yo. Mi madre iba a patearme el culo si alguna vez lo descubría. Gemí de dolor más fuerte cuando, noté gotear más rápidamente la sangre por mi costado.
Mi familia vivía bajo ese código en todo lo que hacían. Infiernos, mis padres tenían siete hijos, todos resultamos ser guerreros y servimos a nuestra raza por los siglos de los siglos. Era lo correcto. Habíamos nacido para ayudar a nuestra gente, por lo que nunca nos cuestionamos qué haríamos. Aunque hubo un tiempo en el que algunos demonios lo entendieron, escogieron el camino del mal.
Les gustaba la emoción de perseguir y matar a los humanos, que simplemente no estaban preparados para detenerlos, si querían hacerles daño. Pero incluso, los humanos psicópatas, pensarían que los demonios no estaban bien de la cabeza al elegir esa vida. Los demonios eran, los de las leyendas humanas basadas en vampiros. Chupadores de sangre, criaturas viles, que perdieron sus almas, y se quemaban por la luz del sol o por los objetos sagrados.
Los vampiros éramos diferentes. Podíamos morir, por supuesto, pero no como decían la mayoría de las leyendas. El ajo, no nos hacía nada. De lo que estaba agradecido todos los días. Las pizzas no serían pizzas sin ajo. Las cruces no nos dañaban, la plata no hacía gran cosa, y podíamos estar a la luz del sol. Por supuesto no era algo que nos gustara mucho, porque éramos sensibles a ella, pero ciertamente no estallábamos en llamas. Simplemente no había vampiros viviendo en las playas mexicanas bebiendo mojitos.
Todos los vampiros teníamos uno o dos dones especiales. El mío era la capacidad de mantener retenido a alguien con la mente. Podía hacer eso a cuatro o cinco personas a la vez. Baekho podía leer la mente de las personas, lo que era bastante útil en la batalla. MyungSoo podía hablar con los animales, era un estupendo truco de salón, pero no era un gran don para el trabajo de campo, a menos que necesitáramos una distracción.
Mirando alrededor me estremecí cuando vi mi ropa, los pantalones de cuero y la camisa de seda roja, cortada a tiras en la mesa. Era obvio que me la habían cortado por encima. Entonces, ¿qué hago ahora? ¿Solo sentarme aquí en la esquina y sangrar desnudo y muerto de frío? Realmente esperaba que hiciera lo que hiciera los otros edificios que me rodeaban estuvieran desiertos. Dudaba haber estado en silencio, cuando me volví loco. Pero teniendo en cuenta lo que estaban haciéndome, no creía que hubieran elegido el centro de la ciudad.
Vi una vieja lona negra a unos metros. Ahora que la adrenalina había desaparecido y sentía que estaba a punto de desmayarme no estaba seguro de poder llegar a ella. Me di la vuelta de rodillas, jadeando, un dolor intenso me atravesó el cuerpo. Me arrastré hacia ella y me la eché encima hasta que llegara la ayuda.
—¡ZiTao! —Gritó Hangeng y se dio cuenta que seguro me había desmayado. Maldita sea, estaba en mal estado.
—Aquí. —Lo llamé después de varios intentos para conseguir que mi garganta funcionara de nuevo. Oí pasos trotando hacia mí. De pronto las caras de Hangeng, Baekho y Ren llenaron mi visión—. Lo siento mucho.
—Nada de eso, hermanito. —Dijo Baekho suavemente mientras Ren se arrodillaba a mi lado. Traté de empujarlo.
—No, tú no. —Jadeé. El dolor cruzó el hermoso rostro de Ren, era como un hermano para mí también—. No quiero que ninguno de mis hermanos vea esto.
La comprensión sustituyó al dolor, y asintió. —Tenemos a una enfermera y un médico nuevos en la sala de trauma del complejo. Es él o yo.
Sólo me llevó un segundo decidirme. Un extraño era mejor que un miembro de mi familia.
—Él.
—Está bien. Vamos a llevarte al helicóptero. Iré contigo mientras Baekho y Hangeng arreglan todo esto y vuelven con tu coche. —Dijo suavemente mientras me ayudaba a sentarme—.¿Dónde está tu coche?
Oh, mierda. Nombré el club donde había estado, y tres pares de ojos se abrieron desmesuradamente antes de poder ocultarlo. Sí, era un duro club de dominación. Estoy seguro que ellos pensaban que iba allí para ser el Dom. Tenía la esperanza de que nunca supieran la verdad.
—Encontraremos las llaves o haremos un puente. —Dijo Hangeng, el primero en encontrar su voz.
Asentí cuando desvié la mirada.
—Ve a que te cosan y luego hablaremos.
—Gracias por venir. —Gemí de dolor cuando me levantaron. Tratando desesperadamente de mantener la lona cerrada para que no vieran como estaba mi cuerpo. La agonía era demasiada, y necesité todo lo que tenía para evitar perder el conocimiento. Ren me sostuvo una vez que me acosté sobre los asientos. Vi los preocupados rostros de Hangeng y Baekho antes de que cerraran la puerta y despegáramos.
—El médico tiene que guardar mi secreto, ¿verdad? — Murmuré al borde de la inconsciencia.
—Sí. Hizo el mismo juramento que yo. Pero tendrás que contarnos algo, ZiTao. Habrá un montón de preguntas.
—Lo sé. Pero no todo el mundo tiene que conocer todos los detalles. —Respondí con la esperanza de que fuera suficiente.
—Está bien, hermano. Lo que tú quieras. Es un buen tipo, y es excelente en su trabajo. Te tratará bien. —Ren movió suavemente el pelo de mi frente hacia detrás de las orejas—Lamento mucho lo que te ha pasado. Baekho y Hangeng solucionaran el problema. No quiero que te preocupes por nada, salvo recuperarte.
—Maté a cinco humanos, Ren. Maté a cinco personas. — Susurré mirando a sus azules ojos—. Mi cuerpo destrozado es la menor de mis preocupaciones. —Sus ojos se cerraron con comprensión. Los vampiros tenían varias reglas, sobre todo los guerreros, vivíamos por la más importante de todas, nunca dañar a los humanos. Y cuando alguno se la saltaba, el Consejo no siempre era indulgente.
—No mataste a nadie al azar. Te secuestraron y torturaron. Iban a violarte y probablemente a asesinarte. ZiTao, el Consejo lo entenderá.
—Espero que sí. —Susurré con voz ronca. Si no, podría destruir a mi familia. No solo por el castigo que tendría, sino porque mis padres estaban en el Consejo. Si no se pronunciaban a mi favor después de cualquier investigación, que se llevara a cabo, no creo que pudiera mirar a mis padres de nuevo, ni volver a estar con ellos.
Pero me preocuparía de todo eso más tarde. Tenía que hacerlo. De lo contrario tendría demasiado en lo que pensar en ese momento. No podía dejar de ver sus caras cuando los estaba matando, ni lo que me habían hecho, cada vez que cerraba los ojos. Era más de lo que cualquiera podría manejar.
Noté al helicóptero descender, y abrí los ojos. No podía ver mucho, pero supuse que estaba en la pista de aterrizaje al lado del Complejo de los Guerreros. Bien. El hospital de Ren estaba unido al complejo y tenía su propia entrada. Todo lo que podía ver en mi estado era el color crema del exterior del hospital y las puertas negras a través de las que me entrarían. De esa manera no iríamos por la puerta principal, para que todo el mundo observara mi estado.
Ren junto con otro hombre me sacaron del helicóptero en camilla. Gemí y comencé a luchar en el momento en que su aroma me golpeó.
—¡ZiTao! ¡ZiTao! Está bien hermano. —Gritó Ren por encima del ruido del helicóptero—. Estamos en El Complejo de los Guerreros. Este es Kris, el médico del que te estaba hablando.
—No, él no. —Grité y traté desesperadamente de alejarlo, pero mi cuerpo se había vuelto lento y débil.
—Sí. —Gruñó Kris, recibiendo una extraña mirada de Ren—. Déjame que te atienda.
—No. —Susurré mirando a Ren con una expresión suplicante—. Así no es como se suponía que encontraría a mi compañero.
—Oh, mierda. —Exclamó Ren y echó un vistazo a Kris—.Elije entonces ¿Quién quieres que te trate?
Bueno, esa era una pregunta jodida, si es que alguna vez oí una. Tener a mi cuñado escuchando y viéndome todo, o a mi extraño compañero. Mi cabeza empezó a girar, y me di cuenta que iba a desmayarme antes de decidirme.
—Elígeme, pareja. —Me ordenó Kris con sus suaves labios presionando contra mi oreja—. Toma mi mano y muéstrale a Ren que quieres que te trate yo. Haré que todo esto desparezca y cualquier cosa de ahora en adelante.
Sonaba tan bien, tan invitador. Solo tenía que dejar que mi compañero se hiciera cargo de todo. Le tomé la mano, me di cuenta que era más grande que la mía. Asintió, y perdí el conocimiento.
KRIS
Ese era todo el reconocimiento que necesitaba. Diablos, era mi compañero, ahora se había desmayado, por lo que en realidad no importaba de todos modos. Pero cuando noté algo húmedo contra mis pantalones, me di cuenta de que sus lesiones debían ser mucho más graves de lo que él dejaba entrever, y que de cualquier forma, representaría un reto para nosotros.
—¡Joder! —Gruñó Ren. Me miró y seguí su mirada.
Sí. Había sangre goteando al final de la lona y en mis pantalones, de rozarme, las rojas gotas hacían un gran contraste contra el verde pálido de la tela.
—Vamos. —Le dije rápidamente, no estaba dispuesto a perder ni un segundo con este paciente. Sobre todo porque era mi compañero. Empujamos la camilla a través de las puertas dobles de la entrada lateral de la clínica. Las luces brillantes y las paredes blancas del hospital, asaltaron mis ojos cuando nos apresuramos por el pasillo con ZiTao.
Esta debía ser la primera semana más jodida, en un nuevo empleo de la historia. Llevaba allí cinco días, aprendiendo el oficio en el hospital del Complejo de los Guerreros, conociendo a Ren, y asentándome. Ahora me había encontrado con mi compañero, podía estar muriéndose, y sólo los Dioses sabrían lo que encontraríamos una vez que levantásemos la lona.
—Oh Dios mío. —Exclamó Ren con lágrimas llenando sus ojos, mientras poco a poco despegaba la lona de la herida carne de mi pareja. Aspiré profundamente a través de mis dientes. ZiTao estaba cubierto de sangre y con más heridas—.¿Trataban de despellejarlo vivo?
Me preguntaba lo mismo, pero no me detuve en la cuestión. Grité a los miembros del personal de la clínica. Desde que Ren construyó ese lugar habían contratado a una enfermera, y una administradora, yo era su más reciente adquisición. Y todas las manos serían pocas.
Me sentí mal por las dos mujeres cuando les ladré más órdenes, de lo que cualquier persona sensata sería capaz de manejar.
—¡Trae a Shindong aquí, ahora! Necesitamos su sangre. — Le ordenó Ren a la administradora, Mara. Nos disculparíamos más tarde por ser tan gritones, aunque estoy seguro de que lo comprendieron. No estábamos gritándoles a ellas, ya que no habían hecho nada malo. Era solo por la situación.
—Está de camino. —Respondió ella, mirándolo como si se estuviera preparando para el impacto.
—¿Qué? ¿Ya le habías llamado? Te dije que no se lo dijeras a nadie. —Ren estaba hirviendo y parecía como si se la fuera a comer, mientras trabajaba en ZiTao.
—No, le dijiste a Janice que no dijera nada sobre el paciente a quien iba a ayudar. —Dijo ella, sacudiendo la cabeza y presionando sus labios hasta formar una delgada línea—. No sabía que era el mismo paciente del que el piloto estaba hablando por la radio, dijo que Kim ZiTao estaba en camino. Pensé que traía a alguno más.
—¡Muy bien! —Gruñó Ren sacudiendo la cabeza y alzando las manos al aire—. Pero tendremos que tener una reunión, y trabajar nuestra comunicación, antes de que pase mucho tiempo.
—Sí doctor. —Dijo de forma rápida.
Como si supiera que estábamos hablando de él, Shindong llegó corriendo a la sala de trauma, con Nari pisándole los talones. Ambos rostros reflejaban una expresión angustiada.
—Janice, ponle una vía. —Ordené rápidamente, asegurándome de que la ingle de mi compañero estaba oculta a la mirada de sus padres por una sábana.
—¿Qué ha ocurrido? —Gruñó Shindong.
—No lo sabemos y no tenemos tiempo para preguntas —le espeté, sobre todo porque la incertidumbre, me estaba matando—. Su presión está bajando junto con el ritmo cardíaco. Si no conseguimos sangre, una sangre poderosa, para él, ahora mismo, morirá.
La cara de Shindong palideció mientras miraba a su hijo menor.
—Mierda, va a entrar en shock. —Dijo Ren.
—Oh, no. No lo va a hacer. —Proclamó Nari con firmeza agarrando a su marido, y girándole el rostro, mirándole directamente a los ojos le gritó—: Kim Shindong , sienta tu culo, así podrás ayudar a ZiTao.
Cuando él continuó simplemente mirando, sacudí la cabeza y volví a tratar de cerrar temporalmente todas las heridas de ZiTao, hasta que tuviéramos más tiempo para tomar medidas más permanentes, o acabar de curarlo. ¿Por qué no había curado como debía? Los vampiros, los guerreros especialmente, se curaban rápido.
Un fuerte ruido me llamó la atención y miré a tiempo para ver a Nari dejando caer su mano y una gran marca roja brillante en la mejilla de Shindong.
—Bien, gracias. —Murmuró Shindong frotándose la cara con cautela y aclarándose la garganta—. Lo siento. —Sus ojos estaban todavía demasiado abiertos, pero el color había regresado a su cara.
—No tienes nada que lamentar. —Dijo Ren suavemente cuando Janice les indicó a ambos que se sentaran junto a la cabecera de ZiTao y comenzó a ponerles las vías—. Nadie debería tener que ver a su hijo en este estado, si hubiera otra manera...
—No. Me alegra estar aquí. —Interrumpió Shindong—. Nuestro hijo nos necesita, y mientras más gente que lo quiera esté a su alrededor cuando está herido, mejor.
Levanté una ceja a Ren mientras trabajábamos. ¿Este hombre era real? ¿Podría la familia estar tan unida que todos estarían de pie aquí, mientras salvábamos a ZiTao si se lo permitíamos?
—Sí. —Afirmó Ren como si supiera las preguntas sin respuesta en mi cabeza—. Aparearse con la familia Kim es algo que no puedo poner en palabras.
—Bien, espero que sea en el buen sentido. —Murmuró Nari. Ella estaba sentada ahí, conectada a su hijo, susurrándole en voz baja, pero aún así había escuchado lo que Ren me había dicho. Oh, ella era buena.
—Por supuesto Nari. Pero después de siglos de ser sólo mi abuela y yo, hay que admitir que tu familia es un poco abrumadora.
—Nunca he negado eso, pero nosotros, todos y cada uno, te amamos. —Respondió ella vacilante, mirándome—.Bienvenido a la familia. Hablaremos más tarde, pero me gustaría saber el nombre del hombre que está salvando a mi hijo, y que además es su compañero.
—Wu Yifan Kris, Señora. —Wow, o tenía una bola de cristal bajo su perfectamente cuidada mano, o era psíquica.
—Encantada de conocerte, Kris. Ahora salva a mi hijo.
—Sí, Señora. —Murmuré.
Como sí fuera a dejar de hacerlo de todos modos, cuando estaba preocupado porque las cosas fueran a salir mal, la presión de ZiTao comenzó a subir. «¡Gracias joder!» La sangre de sus padres estaba ayudándolo.
—Espera, ¿es el compañero de ZiTao? —Le preguntó Shindong a su esposa en voz baja, tratando de no interrumpirnos.
Nari, le puso los ojos en blanco en broma a su marido, y suspiró. —¿Por qué si no, iba a estar discutiendo sobre como es ser un miembro de nuestra familia?
—Tanta sabiduría y belleza en una mujer es peligroso. — Dijo Shindong con tanto amor en su voz, que mi corazón dolió.
Al bajar la mirada al hombre roto, dañado, frente a mí, no pude evitar esperar, que fuese así para nosotros algún día.
Si podíamos curarlo.
—Está bien, tenemos todas las heridas más urgentes cerradas, y no hay lesiones internas. —Dije saliendo de mi ensoñación—. Se parecen a la mayoría de las lesiones abiertas, tienen los bordes dentados, pero en cambio están tan precisamente realizadas que parecen hechas por un escalpelo. — Era una de las cosas más extrañas que jamás había visto ¿Qué le había pasado a mi pareja?
—Hablaremos más tarde. —Me susurró Ren, echándole una mirada a los padres de Shindong, antes succionar un poco más de sangre—. Voy a comenzar a sanar las heridas más aparatosas, Janice, podrías por favor, pillar unas cuantas bolsas de sangre.
—¿Alguien estaba torturando a mi hijo? —Gruñó Nari mostrando sus colmillos cuando los ojos comenzaron a cambiarle. Wow, fue algo psicodélico. Pasaron de un hermoso color verde musgo, a brillar tanto que parecían iridiscentes.
—No lo sé, Nari. —Contestó Ren sin mirar a su suegra. Oh, eso era una jodida mentira. Podía no saberlo todo, pero seguro que sabía algo. De eso no tenía ninguna duda—. Y sabes que no puedo decirte nada de todos modos. Vamos a ayudarlo a ponerse mejor, y entonces podremos saber lo que ha sucedido.
—Por supuesto. —Dijo asintiendo amablemente con la cabeza. Sus ojos volvieron a la normalidad, y me di cuenta que era una mujer, a la que no querría joder de ninguna manera.
Menos mal que estaba a punto de acoplarme a esa familia.
¡Geniaaaal!
Y por si eso no fuera suficientemente malo.
—¿Está bien? —preguntó un hombre mientras entraba con otro en la sala de trauma. Maldita sea si no eran hermanos. Eché un vistazo a mi compañero, me di cuenta que tenía el mismo pelo y ojos, y era igual de grande.
—¿Cuánta gente hay en esta familia a la que voy a acoplarme? —Gemí, pensando seriamente, en que podrían ser más de lo que podría manejar.
El mayor de los dos, volvió su mirada hacia mí entrecerrando los ojos.
—Veremos si eres lo suficientemente bueno, como para acoplarte con nuestro hermano pequeño.
«¿Hablaba en serio?» Levanté una ceja, permaneciendo sentado donde estaba. Se acercó como si estuviera tratando de impresionarme con su tamaño. Sonreí levantando mis dos metros con nueve, riéndome cuando me di cuenta que era unos centímetros más alto. Mediría unos dos metros con siete centímetros.
—¿Por qué otra cosa nos batiremos ahora? —Le pregunté en tono sarcástico.
—No te vas a aparear sólo porque tú lo digas.
Asentí, y bajé la cabeza hacia el hombre que yacía inconsciente en la camilla, mi voz se ablandó hasta estar sólo un tono por encima del susurro, mientras miraba al cuerpo maltratado y golpeado de ZiTao. —Únicamente si lo hace él.
—Creo que encajará muy bien. —Dijo Shindong, riéndose entre dientes sacudiendo la cabeza.
—Te juro que empezaré a adoptar mujeres al azar como hijas, solamente para igualar los niveles de testosterona en la casa. —Se quejó Nari.
Y yo, tuve la sensación que necesitaría beber en exceso para hacer frente a esta familia.
CONTINUARÁ...........

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